Todos los exploradores están buscando algo que han perdido. Rara vez es que lo encuentra, y más raro todavía que el logro les trae más felicidad que la búsqueda. «La ciudad y las estrellas» (1956), Arthur Clarke

JJ mi compañero de viaje en esta ocasión no soporta el calor, el es más de días a 20 grados y las temperaturas de Extremadura, Plan inicial de viaje, superaban su capacidad adaptativa al entorno. A última hora decidimos cambiar a Ribadesella, acampar al lado del mar y sufrir en las montañas Asturianas.
Nos levantamos pronto, la vida ciclista viajera del globero empieza pronto y a las 7:00ya estamos en pie preparando el desayuno. Salimos sobre las 8:00 rodando por un Ribadesella activo, precioso bajo un cielo azul y un sol que anuncia calor, pero con el contrapunto de unas montañas verdes envueltas con nubes amarradas en sus cumbres como gran des navíos celestes dispuestos a partir con los primeros vientos.
Ascendemos el sella hacia Arriondas, esta carretera es un suplicio, un purgatorio necesario para disfrutar del paraíso ciclista, de carreteras desiertas y de cumbres solitarias. Dejamos atrás Cangas de Onis pasando frente a su puente Romano y tras un largo llaneo empezamos a rodar con algo más de pendiente hacia el parque natural del Ponga, por estrechos acantilados pequeñas aldeas y paisajes que te hacen rodar con otra cadencia en el que sufrimiento está más aliviado.
San Juan de Beleño marca un punto de inflexión, dejas el pueblo y en pocos metros tienes que pagar el peaje por disfrutar este paraíso, la moneda de cambio la pendiente. Las rampas del 8% dan paso a las del 10% y estas a las del 12 mantenida durante un par de kilómetros que se hicieron eternos pero que una vez coronas te dejan ante un paisaje maravilloso. Nos abrigamos para bajar, un chaleco cortavientos que te da la vida y un bajada de ensueño curveando muy divertida hasta que JJ raja la cubierta con dos pequeñas piedras desprendidas de la pared de roca. Como la raja es pequeña reparamos y seguimos hasta un pueblo cercano a Cangas donde nos estemos un cachopo espectacular para dos en Casa Sánchez.
Durante la comida el viento se hace más notable en contra de nuestra marcha, lo que tenia que ser una bajada rápida hasta Ribadesella en un suplicio y cada kilómetro nos cuesta una barbaridad, es de esos momentos en los que te quedas saturado de bici, de pedalear y solo quieres parar. Nos cuesta mucho llegar, el culo no esta acostumbrado a rutas de 100 y está han sido 116 con 1.200 de desnivel, prueba superada pero que deja las piernas temblando para el resto de la semana.
Rumi en su libro Masnavi escribió Cómo puede haber cansancio cuando está presente la pasión? Oh, no suspires con pesadez por la fatiga: ¡Busca la pasión, búscala, búscala! « y esta semana me toca buscar mi pasión algo pérdida por la bici para superar las rutas.




Toca dejar Arenas bajo un calor sofocante, toca dejar atrás una semana de viejas rutas recorridas por piernas viejas y nuevos ánimos. Regreso por el camino largo y lento, por el puerto Pico y por los pueblos pequeños de la Avila montañosa y espectacular que son una delicia. Al final como decía René Rebetez
Track de la ruta ( En breve no más Wikiloc, buscando un buen Hogar).





La lluvia es la excusa de hoy para salir tarde, salgo hacia el lado contrario del día anterior hacia Ramacastañas, la carretera es un tobogán, te pregunta ¿ como tienes las piernas.? Y te das cuentas que van con las luces de emergencia encendidas, si hoy fuese un vehículo sería una cosechadora, lenta, inmensa totalmente fuera de su hábitat. La carretera hasta Lanzahita me anima un poco, las piernas comienzan a entonarse al tiempo que el cielo se va cerrando, tímidas gotas acompañan mi entrada al pueblo. Duran muy poco, el GPS me marca el tramo de subida con su altimetría de colores, salgo del pueblo y comienza la subida, sin un beso, una caricia así para empezar un 10% el GPS marca la rampa en marrón, el color de te vas a cagar cuando lo veas en la pantalla. La carretera es de ensueño para los que tengan piernas, una pesadilla para los obesos con piernas de palo. Cuando piensas que este rincón tan idílico no puede guardar tanta maldad te regala rampas del 11 %, 12% y hasta del 13% llegue a ver en la pantalla alternando los colores rojo naranja y mi temido marrón.
Me siento flojo, algo mareado, como mi mega barra energética de clif sabor menta. Verificó que la alerta de emergencia está activa y el live track activo, bueno si peto me encuentran. La altimetría de Garmin me dice que el puerto termina un kilómetro antes de lo real, como los odio. Me cuesta terminar un mundo, corono, lento pero feliz.

Una cosa es proponérselo y otra el poder dejar el mundo de la seminconsciencia, consigo dejar mi nirvana de mirada perdida y unicornio loco gritando de lado a lado de mi cerebro para ponerme a desayunar, vestirme de ciclista y casi dos horas después de lo planeado ponerme a pedalear. Dejar el oasis verde del camping y pedalear por el asfalto fue una bofetada de calor, de realidad veraniega, un té lo dije al unicornio que continúa dando vueltas por mi mente, ojalá vuelan pronto las voces.
donde los puertos de serranillos y Pedro Bernardo dejan de compartir tramo de subida, recargo de agua fría mis bidones y me hago fotos, miro el móvil, me distraigo en el paraje, se está genial. Hay que seguir, la carretera se despeja, se abre el telón de las vistas, el ibuprofeno del ciclista. El aire es agradable, ya no recordaba que las montañas tiene aire acondicionado. Serranillos es un puerto película cabròn ya que te enseña la meta y el purgatorio para llegar a ella, si lo aceptas sufres, pero en el último kilómetro cuando las fuerzas van justas y te sabes vencedor, puedes mirar hacia abajo y ver el campo de batalla, los kilómetros abatidos por tu tenacidad, por la fuerza que solo el deseo de coronar te lleva a completar la ruta. Ahora la foto en el cartel, no es una foto más, la tendrás mil veces repetida, pero esta es la de la nueva normalidad, la de la vida sin planes, donde cada día miramos de reojo si hay una vacuna de esperanza o una reclusión paliativa.

