Bajo cero por la Peña del aguíla.

“Las cosas que se pueden comprar con dinero es mejor comprarlas sin pensar demasiado si ganas o pierdes. Es mejor ahorrar las energías para aquellas cosas que no pueden comprarse con dinero.”

Haruki Murakami


No podía estar dos semanas sin salir a la montaña, sin sentir la libertad del viento frío y húmedo abrazándome. He pasado dos semanas recluido entre el trabajo y mi casa por un resfriado perpetuo que no cesa y me ha deja sin apenas fuerzas. No lo dude, y tras ver como un sábado de nuevo amanecía lluvioso, sabía que al despertar lo último que miraría sería el tiempo o más bien este no sería un factor a tener en cuenta.

Vamos con tiempo, he quedado con JJ a las 9:00 en las Dehesas, al llegar a la presa de Navacerrada ligeras gotas salpican el cristal, las montañas están encamadas bajo un manto de nubes espeso que no deja pasar un solo rayo de sol y mucho menos el liguero de azul cielo con el que nos coquetea a los que vamos buscando en ocasiones el mar de nubes.

Comenzamos nuestra ruta por veredas y sendas conocidas, por un paisaje mil veces visto pero que no deja de sorprendernos. El entorno otoñal del valle del Fuenfría tiene un encanto especial, mas hogareño sin ser tan espectacular como los hayedos o los castañares cumple su cometido de despertar al alma, mientras camino por la vereda tocada con la misteriosa neblina que juguetea por entre los pinos recuerdo una frase que he leído esta semana de Thomas Mann, Los sentimientos y observaciones del hombre solitario son al mismo tiempo más confusos y más intensos que los de la gente sociable; sus pensamientos son más graves, más extraños y siempre tienen un matiz de tristeza. Imágenes y sensaciones que se esfumarían fácilmente con una mirada, con una risa, un cambio de opiniones, se aferran fuertemente en el ánimo del solitario, se ahondan en el silencio y se convierten en acontecimientos, aventuras, sentimientos importantes.

Pronto comenzamos a pisar las primeras nieves de esta nueva temporada. Me gusta pisar nieve virgen, abrir huella pudiendo ver tras de mi cada paso que ha dado, que útil sería en la vida andar siempre sobre nieve virgen.

Lo que en principio habíamos pensado de un paseo tranquilo bajo la lluvia se esta convirtiendo en un precioso paseo en el que a cada paso nuestra querida sierra no deja de sorprendernos con paraje impresionantes modelados a base de frío y viento. Una vez que dejamos el abrigo de la vereda que nos conduce hasta el collado de Marichivas, la nieve ya cubre cada rincón de la piel de la montaña, los árboles congelados están adornados con témpanos de hielo, una estampa de lo más navideña, vamos que el adelantarnos las fiestas no es ya cosa de los grandes centros comerciales.

Ascendemos despacio, disfrutando del gran regalo que nos ha dejado este domingo que pintaba en bastos. El viento sopla con gran fuerza, el termómetro marca -0,6 pero la sensación térmica es de varios grados inferior. Nos ponemos las bragas, que acto tan poco masculino y una vez protegidos le plantamos cara al viento continuando ruta hasta coronar los 2.000 metrillos del pico del águila. Le digo a JJ que es una pena no disfrutar de las vistas que este punto ofrece a lo que me responde con un “… te parece poco lo que estamos viendo” y la verdad es que tiene razón, el entorno nevado de esta cumbre sumido en un profunda niebla es algo maravilloso.

Y como la naturaleza es así de agradecida nos regalo una bajada sin nada de viento y una agradable temperatura de -1.6 grados por una senda espectacular con auténticas fotos de postal. La vereda de la piñuela y la senda bonita que hace años me enseño un viejo senderista culminan con una ruta maravillosa, que a pesar de mi resfriado y mi flojera en general he disfrutado como nunca y me ha hecho comprender que por nada del mundo hay que dejar de hacer lo que uno desea y el tiempo no es un condicionante para no llevarlos a cabo, ya lo dijo Ernesto Sábato Yo creo que la verdad es perfecta para las matemáticas, la química, la filosofía, pero no para la vida. En la vida, la ilusión, la imaginación, el deseo, la esperanza cuentan más.

Track de la ruta.

Galería de fotos de la ruta Completa

Publicado en Senderismo | Deja un comentario

Hayedo Tejera Negra

“Otoño manso, yo me poseo y me inclino ante tus aguas para beber el cielo, suave fuga de árboles y abismos.”

Salvatore Quasimodo


Los dos últimos años he de confesar que he ido buscando los colores del otoño. El Castañar del tiemblo primero, dando pasó este año al Canal de Castilla primero y ahora al Hayedo de Tejera Negra.

El otoño es mi estación del año favorita. El contraste de colores ocres, dorados, rojos fuego bajo unos cielos azules me hacen sentirme más vivo, precisamente cuando la naturaleza nos regala su último aliento de vida antes de vestirse de invierno.

Para esta semana tenía pensado acompañar a los Explorer MTB a una ruta que le tengo muchas ganas pero como se me había metido en la cabeza que era el sábado en lugar del Domingo y ese día yo no podía , la propuesta de  mi primo Borja una escapada a Tejera Negra, algo que tenía en mente hacía muchos años y la pereza del madrugón junto con la kilometrada para llegar me hacían retrasarla año tras año, este no podía dejar escapar.

El día amanece esplendido, no tanto como mis neuronas ya que en lugar de poner Cantalojas en el GPS puse Cantalejo, que es casi igual pero no lo mismo, menos mal que tan solo fueron 40 kilómetros de más, Jesús que Cruz. Al llegar al centro de interpretación los hombres y mujeres de rojo, los vigilantes del parque, te invitan a estacionar en la pradera que hay para tal fin frente al centro, como vamos en bici tenemos que dejar el coche allí y continuar con ellas siguiendo las estacas rojas que marcaran un circuito de 21 kilómetros por pista, lo primero que hacen es indicarnos que esta prohibido circular en bici por las senda de carretas, le decimos que nos parece muy bien pero que tenemos derecho a recorrerla desmontados con la bici al paso, a lo que también se niega. Como no queremos discutir comenzamos nuestra ruta disfrutando de unas vistas maravillosas de la zona y del río.

Al cruzar el puente una patrulla de forestales esta atenta para que no tomemos el sendero y continuemos por la pista,y yo que no sabia que al comprar la bici pasaría de ciudadano a delincuente. La subida es llevadera, pero poco a poco comienza a ser un tanto pesada, no por la inclinación sino porque no da un solo respiro. El único alivio lo tenemos cuando en el cruce las estacas rojas no indican que seguimos tras la valla y eso nos quitara el transito de coches pudiendo disfrutar al 100% del entorno.

Subiendo, subiendo, subiendo el otoño nos va regalando sus colores y guiños espectaculares con árboles que arden de rojo intenso, con robles amarillentos y hayas que medio desnudas van coqueteando con otras que apenas han iniciado su paso del verde claro al dorado otoñal.

Llegamos al cartel “Senda Peatonal Prohibido Bicicletas” algo que le hace mucha gracia al imbécil de turno, que lo celebra de forma jocosa con sus compañeros de ruta. Nosotros tenemos una cara de felicidad inmensa por esta viviendo este momento, pero el solo ha podido disfrutar con el cartel y no de lo que ha visto y a nosotros se nos priva por ir con un “arma de destrucción natural” como es una bicicleta. En ocasiones pienso que muchos nos ven con envidia por disfrutar con lo que hacemos y vernos llegar juntos a las cumbres cargando con nuestras máquinas, lo más curioso es que Peatonal en Castellano significa «Dicho de una zona urbana: Reservada a los peatones».

Desde el Cartel es todo bajada hasta un cruce en el que el guarda nos había indicado que partía una pista de 3 kilómetros sin salida y que para el tenía un paisaje mucho mas bonito que la senda carretas. Le hacemos caso continuamos por el pista encontrándonos a una pareja sentada a un lado junto con sus bicis disfrutando del paisaje y degustando una mahou cinco estrellas, a la mierda las bebidas isotónicas, seguro que sus barritas si son energéticas de verdad a base de cantimpalo llorón del bueno.

El guarda tenia razón en casi todo lo que nos dijo, el paisaje es espectacular, el otoño en esta zona soberbio, las montañas tentadoras pero nos mintió y de la forma más cruel que se le puede hacer a un ciclista, le pregunte si era llano y me contesto con un rotundo SI, cuando la realidad me obliga a meter en ocasiones el plato pequeño.

Al final del camino nos encontramos con un coche y una camper, curioso verdad. Como es la hora de comer, damos cuenta de nuestros bocadillos, el sol nos calienta, poco a poco algunas nubes van asomando por el horizonte, la temperatura es buena y tras reponer fuerzas el sueño invita a dar una cabezadita disfrutando de nuestra verde praderita, pero el cambio horario no nos lo permite y volvemos a retomar la marcha esta vez si disfrutando de una bien merecida bajada.

Al final de la pista nos encontramos con dos jóvenes foreros que se están saltando a la torera las prohibiciones y van bajando por las sendas, como somos más malos que Caín y tenemos alma de delincuentes disfrutamos de un pequeño tramo de sendero que nos deja en un precioso puente de pizarra en donde pincho.

Mientras reparo el pinchazo nos alcanzan los dos jóvenes que han sufrido un percance con la patilla, se la pongo medianamente bien y continuamos juntos hasta el inicio de la ruta en la que tras una charla sobre mapas, Mac y GPS nos despedimos.

Cargamos las bicis en el coche asegurandolas con una buena cadena, nos penemos rumbo a Ayllón un pueblo que nos ha llamado mucho la atención a la ida y que hemos decido parar para verlo a la vuelta.

El pueblo es una maravilla y merece una parada, su plaza es una preciosidad,  lastima que la estén remodelando y no sea muy fotogénica con tanta valla. Borja me anima ha subir hasta lo más alto del pueblo para ver la torre y el cristo que lo vigila. La noche nos ha sorprendido entre sus callejuelas y cuando llegamos la torre esta ya iluminada así como el cristo. Lo mejor de la subida, el atardecer maravilloso que pudimos disfrutar junto al cristo del sagrado Corazón y su torre iluminada.

De nuevo la noche es testigo de nuestro regreso al hogar, tras haber disfrutado de un día de lujo, de belleza y de algo de bici, poco pero bonito.

Escapadas así merecen la pena cuando regresas con el alma enriquecida, o como dijo Eladia Blázquez. Más allá de la historia de las vidas sin gloria, sin honor ni sustento; guardaré del que escribe su mejor pensamiento; quiero amar a quien vive con las alas del alma desplegadas al viento.

Track de la ruta

Galería de Fotos

Información Interesante

Folleto en PDF con información del Parque.

Página Web Castilla la Mancha de medio ambiente.

Otro PDF interesante sobre el Hayedo.

El Hayedo en Wikipedia

 

Publicado en Rutas con Encanto | 1 comentario

El Canal de Castilla En Otoño: De Alar del Rey a Fromista.

“Conozco los secretos del alma del paisaje, y sé lo que entristece, y sé lo que consuela, y el viento traicionero y el bárbaro oleaje conocen la invencible firmeza de mi vela.”

Francisco Villaespesa


Cuando emprendes un viaje siempre miras el tiempo y deseas que este sea calido, que el sol dibuje tu silueta en el camino y el viento sea un aliado que te empuje con cada pedalada que le robas al camino. Claro que cuando el pronóstico del tiempo lo que te muestra es todo lo contrario, uno cambia el viaje por la aventura. Hablo con mi primo y el esta dispuesto a rodar bajo la lluvia y a rodar bajo las condiciones que el destino nos ponga por delante. Tiene razón entramos en un periodo o que te amoldas a las circunstancias meteorológicas afrontándolas con tu mejor sonrisa o te encierras en casa hasta Abril o Mayo.

La vida o es una aventura atrevida o no es nada, como dijo Helen Keller y por eso decidimos ir a recorrer el canal de castilla en otoño con dos fuertes Borrascas correteando entre nosotros.

Cada vez que planifico algo y sale como tengo pensado una gran sonrisa de satisfacción ilumina mi cara. Fui capaz de cuadrar al minuto, el viaje para que según ponemos un píe en el tren anuncien por megafonía su salida. El tren es de los modernos, de eso que tiene una pegatina con una bici en la puerta un gran espacio para poder dejarlas y viajar tranquilo sin que molesten a nadie. En esta ocasión compartimos viaje con un vallisoletano que usa la bici como medio de transporte para su trabajo, es fotógrafo de la diputación y tiene que sacar fotos de las actividades deportivas que van a tener lugar en Palencia, tras su jornada laboral regresara en bici a Valladolid por el canal. Durante el trayecto vemos como los campos están saturados de agua y grandes charcos brillan por los caminos cuando algún rayo de sol se escapa entre las nubes.

Llegamos puntuales a Alar del Rey y según ponemos pie a tierra también lo hacen las primeras gotas de agua del día, Borja y yo nos miramos, sabíamos que iba a llover. Nos ajustamos el equipo, damos unas pedaladas y decidimos entrar en un bar para tomar algo caliente antes de empezar a pedalear. El bar esta frente a la estación, mientras nos tomamos unos cafés calentitos los lugareños nos informan de lo que tenemos que ver, pero no se ponen de acuerdo, la mujer nos manda por las vías a las cuevas de los presos y el hombre por el barrio del “chocho” para ver la toma del canal. Su discusión es en balde, esta claro que ese barrio hay que verlo.

La toma del canal es una gran lengua de agua que regula el Caudal de este, sus orillas doradas de otoño y la calma del lugar tan solo interrumpida por alguna que otra gota de agua invitan a quedarse a disfrutar del entorno.

Pero tenemos que partir, los informes que hemos contrastado sobre el tiempo con mapas nos dan una tregua de escasa cantidad de agua hasta las seis de la tarde por lo que tenemos que llegar a Frómista antes de esa hora.

El suelo esta compacto, muy húmedo pero sin barro lo que nos permite rodar con soltura disfrutando los primero metros del nacimiento del Canal de castilla y su primera exclusa.

El Canal luce sus mejores galas otoñales, el ocre luce por todas partes engalanando los alisos, olmos y chopos que pueblan los pequeños bosques de esta zona. Todo un mundo de sensaciones nos hace sentir vivos con cada pedalada, cada bocanada de aire o parpadeo. La ropa térmica comienza a mantenernos calientes, el aire frío te despeja y el hedor de la hojarasca que se pudre junto a las negruzcas plantas estivales marca el comienzo de una estación. Vamos disfrutando de cada giro que da el canal, para mi es todo un contraste de sensaciones, en mi recuerdo guardo las imágenes de cuando lo rodé en primavera y el verde intenso era el protagonista junto a una capa blanquecina de polen que cubría todo el suelo, el sonido de los pájaros y la calma absoluta del agua reflejando un cielo azul inmenso han dado paso a un silencio sepulcral en las copas de los árboles zarandeados por el viento y a un canal que se deja escuchar levemente la romper diminutas olas en las orillas.

La lluvia arrecia y unas viejas edificaciones nos sirven de refugio para tomar algo sólido. Tras el descanso, nos toca seguir pedaleando bajo la lluvia, pero esta vez se le ha unido un fuerte viento que apenas nos deja coger velocidad. El Terreno también ha dejado de drenar y la ruedas comienzan por tramos a hundirse engordando el nuestras cubiertas de barro.

Sobre el kilómetro 30 la lucha que tenemos contra los elementos es encarnizada llegando a rodar a 9 kilómetros a la hora en terreno llano con ligera bajada dado lo fuerte del viento y lo pegajoso del camino. En bicicleta hay dos cosas que odio, el viento y el barro. No puedo con ellas y están mermando mi moral, poco a poco me voy viniendo abajo, no consigo un ritmo de pedaleo y veo que los kilómetros pasan eternos por la pantalla del GPS. Hacemos pequeñas pausas, lo estoy pasando francamente mal, hacía años que sentía esta sensación en una ruta y entiendo como Suguss sufrió lo mismo que yo ahora por el barro, el por el calor.

Me acuerdo de Pantani y el odio que le tiene a este recorrido, le digo a Borja que para mi es la segunda y última vez que lo recorro. La naturaleza me da una tregua y deja de llover regalándonos de vez en cuando algunos rayos de sol, ha retirado parte de sus tropas pero sigue castigándonos con su peor arma el viento.

Los paneles nos anuncian Frómista a algo menso de 10 kilómetros, ya estamos secos pero con kilos de barro sobre nuestras bicicletas, el canal se muestra bello, dejándonos estampas maravillosas, tengo sentimientos encontrados de amor odio a un recorrido que me esta pasando factura y haciendo ver lo abandonada que he dejado la bicicleta este año.

Nos acercamos a Frómista uniéndonos al camino de santiago, el camino esta más arreglado y podemos rodar alegres, toda una montaña de boniatos se alza junto al camino. Hacemos las fotos de rigor en la esclusa tal vez más famosa del canal y vamos en busca del hostal que tenemos reservado. Mila, la hostelera es un encanto de señora, según nos ve llenos de barro llama a su marido y nos conducen hasta una garaje que tienen para limpiar las bicis de barro antes de dejarlas en la cochera. El trato, las instalaciones y el ambiente de este hostal hace que te sientas en casa.

Mientras nos duchamos comienza a llover de nuevo, vuelta por el pueblo y buena cena.

Borja y yo valoramos la situación y decidimos no continuar hasta Valladolid ya que nos dicen el camino está mucho más embarrado en estos tramos hasta Palencia y damos fe por lo que vimos el día anterior desde el tren.

Como no tenemos que madrugar para volver a Valladolid nos tomamos un cervecita y a la cama.

El canal en Otoño es altamente recomendable, más espectacular que en primavera para mi gusto, eso sí buscar días fríos y soleados en los que la luz saque el dorado espíritu del canal y el firme este duro para poder rodar placidamente, el viento se lo dejamos al destino que a fin de cuentas es el que nos empuja a vivir estas aventuras y si ha de soplar que sea como dijo  Vicente Gaos ¿Hacia dónde vamos? Vamos hacia el sueño… ¿De dónde venimos? Venimos del sueño… Como las olas, como los vientos….


Track de la ruta

Galería de Fotos

Recomendación:

Hostal Camino de Santiago

Para cenar Hotel Restaurante San Martin


Publicado en Viajes en Bicicleta | 5 comentarios

La ruta Cochina con Explorer MTB de Toledo.

“Si pongo ganas, si pongo corazón, si la ilusión me alcanza, si le echo ganas puede el viento y puedo yo, llenar de aire las alas, si pongo corazón.”

Rosana


La luna llena vigila la negra silueta de nuestra sierra madrileña bajo un cielo libre de nubes, mientras por el espejo retrovisor veo como el sol se abre por un horizonte con cielos enmarañados de nubes anaranjadas. Por primera vez en muchos meses voy a unirme a una ruta organizada con mucha gente gracias a una invitación de Pipo de los Explorer Mtb de Toledo, ellos tienen pensado salir de Cercedilla para devorar en Segovia un cochinillo retornando en tren hasta Cercedilla tras el banquete, a mi el Cochinillo la verdad no me hace mucha ilusión y desde el principio tenía la idea de acompañarles hasta Valsaín donde tomaría el camino de vuelta por la cruz de la Gallega. Ya lo dijo William Shakespeare El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos. Y en esta mano me puso como compañero de retorno a Totapillado que me llamo la misma semana para ver si montábamos algo juntos.

Es la primera vez que salgo con los Explorer MTB y me parece un grupo agradable con los que compartir kilómetros. La jornada comienza visitando una chocolatería para ir saciando los estómagos hambrientos del grupo, tras la ingesta de churros y chocolate con algún que otro pacharán nos ponemos en marcha rumbo a la fuenfría. Hace tanto que no monto por Cercedilla que se me están olvidando las entradas de los senderos,  se me ha olvidado en casa el soporte del GPS por lo que  navego de memoria y tomo un primer desvío equivocado, vuelta atrás para tomar el bueno para mi, pero no para algunos que ven en esta opción sin coches un suplicio para las piernas, jejeje pero merece la pena rodar por esta zona de Cercedilla y no subir siempre por la pestosa carretera.

Con los primeros kilómetros y las primera cuestas noto que voy muy falto de ritmo para rodar en grupo, bueno en general falto de kilómetros en las piernas, como ya es costumbre en mi voy coqueteando constantemente con las últimas unidades donde el ambiente siempre es algo más relajado y distendido hasta que la falta de fuerzas tornan los susurros agónicos por jadeos que suenan a plegaria.

Menos mal que el puerto de la Fuenfría no es de los de categoría especial y nos da unos buenos kilómetros de falso llano para reagrupar y hacernos unas risas mientras intercambiamos opiniones sobre caminos y posibles rutas a realizar. Coronamos Fuenfría y nos encontramos con algunos foreros a los que saludamos. Reponemos fuerzas con algo de fruta y primera foto de grupo tras coronar la mayor subida para la mayoría y el primer paso por cumbre del grupito de los tres trastornados. Decidimos unir la Fuenfría con los senderos del Eresma y para ello usamos una de las bajadas Clásicas más bellas que se disfrutan por la zona, el carril del Gallo.

Hace unos años su recorrido estaba más sucio de ramas y piedras pero ahora ya es hasta ciclable en sentido inverso lo que le da la categoría para mí la categoría  de maravilloso como el mismo Ortiz. Da gusto cuando bajas con gente y puedes escuchas como van disfrutando y se sorprenden con pasos que les hacen gritar de alegría. El segundo tramo del carril del Gallo que no lo tenía Pipo en el Guión le sorprende y les gusta,ya que es más técnico y divertido que el primero. En este tramo uno de los Explorer, no se su nombre, me dice una de las cosas más bonitas que se le pueden decir a un biker heterosexual “Quien eres, no conozco tu culo”, ains.  Siempre es agradable que ciertas partes de tu cuerpo pasen al anonimato más profundo.

Tras el carril de Gallo disfrutamos de los siempre divertidos y relajantes senderos del Eresma por el camino de pesquerías hasta llegar a las cercanías de la pradera de Navalhorno en donde  nos encontramos encaramada a lo alto del puente a una rubia madurita con pantalón ajustado y botas de montar, que mas de uno nos ofreceríamos encantados de ser su semental y nos montar. Paramos para ver los dos monumentos y un grito sale de entre el grupo “tírate ruuubia” ,jejeje genial. Al final no se tiro desde el puente pero si nos tiro una foto de grupo.

Nos despedimos de los Explorer y tras tomar unas coca-colas con un bocadillo nos ponemos a dar pedales para negociar la última subida del día la cruz de la Gallega. Mis dos compañeros van sobrados de fuerza y ritmo pero yo me voy quedando poco a poco, lo que hace menos de 8 meses era capaz de subir con plato mediano y charlando ahora me cuesta un suplicio. Comienzo a sufrir, como hacia años no sufría sobre una bicicleta,  el tiempo y los kilómetros de experiencia me han enseñado que es bueno padecer estos momentos y parecer ser que es lo que me gusta, algo que en ese momento no tenía nada claro. Giro mi cabeza y me sorprende un paisaje brutal, quiero sacar la cámara para inmortalizarlo pero se que son de esas fotografías mentales de disfrutar en el momento, de digerir en soledad con el sabor a sangre en la boca y el sudor corriendo por tu frente. Consigo coronar la cruz de la gallega sin aliento, les pido casi a mis compañeros que me rematen, no tengo fuerzas ni para un trote cochinero con la rubia. Cuando le pido a Totapillao que tiren ellos por su cuenta, que van con algo más de prisa me lanza una mirada de “tu tas tonto”.

La montaña que es mi amiga me regala una rampas suaves que me permiten meter el plato mediano y progresar con algo de alegría, vamos hablando y casi sin darnos cuenta nos encontramos con la fuente de la Reina en donde descansamos. Charlamos con una pareja que van hasta Segovia, la chica sale disparada lanzándose sin temor por una bajadita seguida de su acompañante, Tota me mira y me dice “… tu necesitas una de esas” ya te digo, lastima que estén en proceso de extinción y las que hay son ya especies protegidas y mimadas.

Salimos de la fuente de la reina y una vez más consigo coronar el puerto en plato mediano y esta vez desde la distancia eso si, veo a mis compañeros como lo hacen ellos también. Decidimos bajar por el camino viejo y la elección no fue nada buena. El camino que hace unos años fue una gozada disfrutar con la bici, ahora no es tan divertido dado lo roto que esta el camino, lo que nos hace bajarnos constantemente en sus tramos primero y medio, pero el último sigue siendo toda una gozada para disfrutar con la bici.

Decidimos bajar por donde subimos metiendo una última mini tríalera a modo de guinda que siempre esta bien para terminar con una sonrisa. Al llegar a cercedilla nos encontramos con viejos conocidos del foro con los que compartimos un rato de risas y terminamos nuestra ruta en los coches disfrutando de una palmera de chocolate como premio a tanto esfuerzo.

Me siento feliz, ya que he vuelto a llegar destrozado a casa, con las fuerzas justas para ducharme, cenar y buscar el descanso reparador de mi cama como un naufrago busca la orilla. Que razón tenía Paulo Coelho cuando decía que La felicidad es a veces una bendición, pero por lo general es una conquista.

Track de la ruta

 

Actividad: mountain bike
cerca de  Cercedilla, Comunidad de Madrid (España)

Distancia recorrida: 54,83 kilómetros
Altitud min: 1.162 metros, max: 1.799 metros
Desnivel acum. subiendo: 1.694 metros, bajando: 1.716 metros
Grado de dificultad: Difícil
Tiempo: 7 horas 45 minutos
Fecha: octubre 24, 2010

 

Álbum de fotos de la ruta gracias a Totapillao

Publicado en rutas | 3 comentarios

Boca del Asno-Chozo Aranguez-Sendas Valsaín MTB Trail

“Momento a momento, así es que vivimos ahora. Apreciamos cada día y también le tenemos miedo. Podría ser el último día. Suena chistoso, pero cualquier día te podría atropellar un auto o algo así. Estoy empezando a apreciarlo.”

Jhon Lennon

Mientra cierro la puerta con el alambre retorcido que hace de cerradura me pregunto porque seré tan cabezón. El día anterior me había dedicado a planificar la ruta, dibujarla y dejarlo todo listo con variantes para investigar diferentes zonas de los bosques de Valsaín, y en el último momento decido aparcar en la boca del Asno e improvisar.

Ha llovido mucho y el terreno se muestra pesado, la rueda se aferra a la tierra, apenas he dado un par de pedaladas y siento el corazón latiendo a toda máquina, el terreno se muestra desafiante y pendiente. Nunca he recorrido esta pista y no se donde me conducirá pero me gusta el paisaje, me encuentro a gusto y en soledad. La pendiente me supera y pongo pie a tierra,  pienso que sería mejor regresar a la boca del asno de donde he salido y buscar el track dibujado. El destino me guiña un ojo en forma de señal, “ fuente del charco de las ranas” con lo que me gustan las fuentes, para mi ya hay motivo suficiente para continuar ascendiendo empujando la bicicleta, mas la falta de seguridad en mis fuerzas que por lo imposible de subir montado que es 100% ciclable. La fuente es bonita, parece que la han creado en el 2009, apenas puedo leer la inscripción en el tronco por la humedad.

Vuelvo a montar sobre mi bici y consigo rodar un buen rato, algunos rayos de sol sortean el laberinto de la capa arbórea para iluminar una vereda que juega con tonos ocres y verdosos. Rodar por esta zona al final del verano con los helechos en su máximo esplendor es precioso, pero rodar en otoño, con la mayoría luciendo su ocre otoñal es una maravilla. La pantalla de mi GPS muestra que la senda que voy siguiendo me une a la pista muy lejos por lo que decido cargar con la bici unos 360 metros monte através, cuando estoy apunto a alcanzar la pista el sonido de unos cascos me anuncia la presencia de un jinete y su montura que van en busca del ganado, cruzamos un par de frases de cortesía y continuamos nuestro camino.

He alcanzado un pista asfaltada maravillosa que en con algún tobogán traicionero se deja hacer montado a lomos de mi querida bicicleta. Tras unos kilómetros gozando del sonido del bosque y los juegos de luz entre las formaciones de este gran ejercito de árboles que forman el bosque de Valsaín enlazo por fin con el track que tenía dibujado con la agradable sorpresa de que prácticamente entre pateo y golpe de orgullos a pedaladas en los tramos más duros de las subidas casi he alcanzado la pista superior que me va a dar acceso a mi objetivo anhelado durante tanto tiempo, el Chozo Aranguez en bici. En el último cruce me encuentro con un forestal, tiene cara de buena persona y me para ha hablar con el. Se le nota que agradece que la gente le dedique unos minutos de su tiempo para hacer más llevadera su dura jornada laboral, le digo que le cambio el trabajo con los ojos cerrados, el me dice que lo que yo veo tan bonito y apasionante es muy duro, yo le explico lo duro que es trabajar sin ver la luz del sol y tener que soportar las quejas de gente con las que no tengo nada de empatía a diario maldiciendo a Graham Bell por dar el primer paso hacía el desarrollo de las telecomunicaciones. Reímos un buen rato con anécdotas y nos enfrascamos en una conversación muy interesante sobre las fuentes de la zona, hablamos sobre el agua de ellas, su frescor y cual era mejor, le cuento mi descubrimiento de la mañana y el se muestra sorprendido ya que no la conoce y se la apunta, me cuenta la historia de la fuente del Tío Faicas una fuente que el pensaba que yo no conocía, le digo donde esta y el sonríe complaciente, nos despedimos tras media hora de conversación, hacía tiempo que no mantenía una conversación interesante con alguien, se las fuentes de Valsaín no son para hacer un tratado pero para los que en el agua vemos algo más que un liquido para calmar la sed, encontrar a otro aficionado es todo un hallazgo.

Levanto la vista y ya puedo ver frente a mi las cumbre de Peñalara y Claveles, la pista se me termina dejando paso a un sendero inciclable que obligara a cargar la bici durante unos 700 metros. Me doy cuenta que la niebla va bajando y se va tragando la montaña con un apetito voraz, tengo que acelerar el paso si quiero sacar alguna foto decente antes de alcance el Chozo y lo consigo. Por fin llego rodando hasta mi ansiado objetivo largamente esperado. Me hago unas fotos y como algo rápido ya que la temperatura baja y me veo engullido por la niebla en minutos.

Me prepara para la bajada, cambio de cristales y me abrigo bien, senda en su comienzo tiene un par de pasos de bajarse de la bici pero después es como rodar por el paraíso.

La senda se va cerrando y va jugando con el terreno zigzagueando, se pedalea sin esfuerzo en ligera bajada y me siento tremendamente feliz, estoy disfrutando como hacia años que no lo hacia sobre la bici. Poco a poco el terreno se va poniendo más interesante con algunos pasos muy divertidos hasta llegar a bajadas algo más inclinadas que me hacen olvidar que voy solo y debería rodar con más prudencia. Al llegar al río una senda que se aleja del track me tienta, la del track se como es pero esta no, por lo que decido disfrutarla, y el resultado es satisfactorio pero me quedo con la que tenía dibujada en el track ya que el final de la senda que decido tomar me obliga a subir el repecho bueno del raso del pino.

Para completar una ruta de cinco estrellas decido bajar por el sendero de dos cabañas. Esta tríalera hasta la granja es simplemente espectacular, la he recorrido yo creo en todas las épocas del año pero no nunca la ví tan alucinante y bella como en esta ocasión. La niebla se ha apoderado ligeramente del bosque dando un ambiente de cuento de hadas increible, presiento que puedo tener suerte y encontrar mi ninfa escondida tras algún helecho, peor en su lugar lo encuentro es el placer de estar haciendo lo que uno quiere, como quiere y cuando quiere, me doy cuenta que estos kilómetros son lujo, que estoy disfrutando plenamente del día y del momento. Comienza a caer una lluvia fina, intermitente que lejos de incomodar le de un toque más mágico y épico al momento. Las sendas se suceden una tras otra, rápidas sin complicación hasta llegar a la pradera de Navalhorno por donde enlazo con las sendas del río Eresma, que gracias a las fuertes lluvias del fin de semana luce un aspecto mucho más primaveral.

Una cara de hombre pintada sobre una cubierta de musgo me despide del río, la boca del asno esta próxima y toca poner fin a la ruta.

Solo puedo decir que ha sido toda una experiencia, algo casi místico, una ruta increible en la que tienes que ser consciente que tras cargar con la  bici al hombro la montaña te premia siempre con bajadas increíbles.

Termino de cargar la bici en el remolque, me veo reflejado en el cristal  dándome cuenta que tanto la bicicleta como yo estamos de  mierda de vaca y barro serrano del bueno hasta las orejas. Respiro fuerte, este es el olor de la felicidad, así es como me gusta terminar una ruta de mtb.

Track de la ruta

 

 

Publicado en Salidas en Solitario | 6 comentarios