Cesa de definirte: concédete todas las posibilidades de ser, cambia de caminos cuantas veces te sea necesario.
Alejandro Jodorowsky

Hay lugares que te cautivan, rutas que añoras si hace mucho que no las recorres. Algo parecido me ocurre a mí con la zona de Chiloeches y el valle del Tajuña, ya que es uno de mis lugares preferidos para montar en bici de carretera y podría decir que mi hogar de flaca.
Aún los días no dan mucha tregua de margen para salidas largas de por la tarde, si eso le sumas que uno es lento pues no da para más de 50 kilómetros si empiezas a pedalear a las cuatro de la tarde. Pero sentía morriña y me había propuesto una ruta larga con tres
subidas chulas de montes alcarreños que son ideales para ir poniendo a punto las piernas. La primera de todas las de salida de Chiloeches la consigo hacer sin sufrir mucho, a mi ritmo cansino, voy haciendo inventario de lugares que me traen recuerdos. Hace algo de viento pero el verde y el intenso olor pasto de recién cortado te dan alas para sentir una asfalto en el que gran parte del tiempo puedes escuchar el entorno, tu rodar y hasta tus pensamientos.
Bajo hasta Aranzueque, apenas llevo 11 kilómetros y empiezan a saltar las primeras señales que algo no va bien, me siento mareado, falto de fuerzas. Evalúo la situación y me doy un voto de confianza, no quiero darme la vuelta y volver, pero el sentido común me invita a acortar la ruta, por lo que decido regresar por la larga subida que me dejaría de nuevo en el pozo pero pasando por Pioz. El valle del Tajuña me permite rodar fácil sin esfuerzo, pero me voy sintiendo más mareado y flojo. Apenas tengo un gel y una barrita, por lo que decido hacer un alto en Loranca de Tajuña y en mi lugar de paro habitual de otras rutas consumo todo lo que llevo de nutrición, he comido poco y pronto en el trabajo por lo que seguramente tenga una pájara. Confío en mi instinto y en que me apetece el rampón de la leche para salvar Loranca y ahorrarme unos cuantos kilómetros por lo que me tiro a seguir rodando hasta el siguiente desvío por el valle.
Poco a poco me voy sintiendo mejor, se me pasan los mareos justo cuando empieza la subida a Pioz. Una subida que temía ya que en bajada es muy rápida, pero me encuentro bien, la voy disfrutando, me siento feliz por estar disfrutando de una tarde que de no haber elegido la opción de salir con la bici la estaría gastando en sofá durmiendo la siesta. Los sueños a pedales saben mejor.
Pioz enseguida me muestra su fracaso urbanístico y su ruinoso castillo, me queda llanear, algo que tras la subida las piernas agradecen y recuperado de la pájara voy mucho mejor. Llegando al pozo noto que la luz del sol invita a ir retirándose, me quedan 11 kilómetros pero tengo ganas de más, esta ruta se me está quedando corta y eso que la voy a terminar con 50 kilómetros largos. Llegando al repetidor decido parar antes de tomar la bajada hasta Chiloeches, los campos verdes le abren camino al sol en su retirado, en el caso de un día que comienza a dibujar las nubes del fin de semana y de fondo emergiendo entre una neblina las cumbres de la sierra madrileña. Me siento afortunado de estar viviendo un atardecer mágico, de estar donde quiero estar, haciendo lo que quiero hacer a veces pienso que es hora de tomar otro rumbo pero en tardes como esta pienso como Michel Tournier (…) Me llené los ojos, el corazón, el alma con aquel espectáculo de tanta serenidad, para poder volver a él con el pensamiento, y obtener así un consuelo si la pasión llamaba un día a mí puerta.



premio de disfrutar de una amazona preciosa de mallas ajustadas, botas altas y fusta en ristre en busca de su montura. Camino del pardo hay un tránsito inusitado de ciclistas, muchos niños con sus padres y los últimos propósitos de año nuevo que quedan antes que el invierno si llega termine con ellos.
La mañana a eclosionado y me voy cruzando con infinidad de futuras señoras de alakan, la mayoría corriendo, está claro que por eso sigo soltero, me equivoque de deporte y el precio es ser un single. En lo que doy vueltas a esta idea en mi cabeza me pasa una biker, bici de 29 muy bien montada, ella bien equipada y con un ritmo muy bueno que soy capaz de seguir y superar si quisiera pero la verdad voy tan cómodo que no lo necesito. No es guapa pero destila todo lo que busco en una mujer o apunta hacia ello, será que mi ninfa no es como me la imagino. Seguramente no me gusta de ella el envoltorio, lo de fuera pero al final como en todo hay que valorar el contenido y en estas reflexiones llego al parque lineal en donde ya paso calor y me quito la chaqueta. 17 grados un 23 de Enero, el niño está haciendo de las suyas, lo peor es que me estoy temiendo ya un Soplao infernal.

La chaqueta que nos presenta Visijax tiene integrados 23 LED de alta intensidad, tanto rojos como blancos para alertar de nuestra presencia al resto de usuarios de la vía pública así como led de color naranja para indicar nuestros cambios de dirección.
12 Led Ámbar repartidos por las mangas para activarse cuando indicamos las maniobras de giro. Para ello simplemente hay que levantar el brazo del sentido en el que vamos a girar como lo haríamos normalmente y los led repartidos en la parte delantera y trasera de esa manga de la chaqueta se iluminaran durante diez segundos, lo que permite hacer la maniobra con total seguridad con ambas manos en el manillar.

horas de sol y el calor tuestan su piel para pasar a los tonos ocres. La senda invita a ir a las montañas, es el fondo con el que entrenamos y nos marca nuestro objetivo, sufrimos aquí para disfrutar allí. Prefiero verlo así mientras pedaleo hacia el monte de Boadilla, quería dar la vuelta al anillo verde pero uno esta mayor y le cuesta hacerse al frio madrugador.
Decido tomármelo con calma, una salida para disfrutar y rodar, pero también decido afrontar mis miedos, últimamente me bajo de la bici al menor obstáculo y es algo que por dentro me duele. Decido afrontar mis miedos y comienzo con el paso por debajo del puente de piedra frente a los campos de futbol, siempre está lleno de arena y me he caído un par de veces me abro para bajar y tomar lo más recto posible la trazada, no hay tráfico de bicis, subo piñones mientras bajo, entro en la arena y prueba superada, que bien van las de 29 para estos pasos. Hace tiempo instalaron un colector en una zona donde antes había un sendero muy divertido, veo que el terreno se ha asentado y la senda ya está muy marcada de nuevo por lo que decido recorrerla. Sin lugar a dudas la naturaleza vuelve a ocupar su lugar y la senda está recuperando el flow disfrutón que tenía antes de la obra. Pero al finalizar esta otro de mis grandes temores, cruzar el arroyo por dos tablones, en la umbría por lo que suelen resbalar mucho y hay un poco de profundidad, lo suficiente para hacerte daño. La entrada esta embarrada, levanto la vista y veo los tablones húmedos con un rastro de barro, eso significa agarre, mi mano toca el freno pero mi corazón dice no, mientras cruzo los tablones menos de un segundo y medio pienso eres imbécil por las veces que has pasado caminando. Dos de dos la terapia funciona.



El Segundo día salimos de Faro con marea alta, cielo azul precios y las barcas flotando sobre un mar en calma, pero pronto dejamos la línea de costa para adentrarnos en los pinares interiores y disfrutar de un poco de MTB por pistas bien cuidadas con sus continuas subidas y bajadas que te van mermando poco a poco las fuerzas, tras la calma de los pinares no tocan de nuevo los campos de golf y más núcleos vacacionales, la señalización de la Ecovía es poco menos que anecdótica y optamos por seguir un track que tenemos con el fin de llegar al cabo San Vicente.
impresionantes comienzan a hacer su aparición. Comemos en Vila do bispo y gracias a Jorge tomamos un camino que nos alejó unos buenos kilómetros de la carretera y rodamos por una zona ganadera preciosa en donde el verde intenso y el marrón de la tierra hacían un contraste maravilloso. La ecovía nos lleva hasta Sagres pero optamos por ir a visitar directamente nuestro objetivo del viaje, el cabo San Vicente y su famoso faro. Esta atardeciendo y el viento es fuerte, estamos felices por haber cumplido gran parte de nuestro viaje. La sensación de rodar por una carretera que te conduce al fin de la tierra, al final del camino es una maravilla. Toca pisar el freno y mirar el horizonte, no hay más caminos, no hay carreteras, no hay senderos, solo está el mar y afrontar tocar la orilla del otro extremo solo está en manos de los elegidos.
nos dejó un regalito a modo de trialera muy disfrutona que termino en un campo través saltando una valla y perseguidos por un perro, pero bueno son casas que pasan cuando viajes por terrenos desconocidos.

