Un hombre razonable es aquel que se adapta al mundo alrededor de él. El hombre no razonable espera que el mundo se adapte a él. Por lo tanto todo progreso es hecho por los hombres no razonables.
George Bernard Shaw

No madrugo mucho, las 8:00 es una buena hora para vaguear en la cama, alargar el café, las tostadas y el tiempo para vestirte de ciclista. Ayer pase todo el día en el Unibike, nada destacable, en el deje mis ilusiones de volver a una feria, El universo ciclista da un paso hacia el futuro y yo me he quedado en la estación, no me subo al tren eléctrico, sigo en el pasado, en el romanticismo de las grandes aventura en bici sufriendo cada pedalada, miro hacia el mundo Gravel, hacía marchas que evocan otros tiempos como la Eroica que desprenden aires de nostalgia, los grandes viajes en autosuficiencia donde la naturaleza, la bici y uno mismo son los protagonistas.
Inició mi serie de rutas Gravel, de rutas en las que el asfalto y la tierra se dan la mano. Salgo de Alcorcón por el camino clásico de ruta de Flaca, es tarde y no puedo perder tiempo en la exploración de pistas para acortar el aburrido sube y baja de la universidad, lo dejo para otras aventuras. Me encuentro feliz, Dora es una bici sorpréndete con la que me siento como un niño disfrutado de su juguete preferido, ruedo rápido y me sorprendo, voy tan bien o mejor (a mi ritmo globero) como si hubiese salido con la de carbono.
En el tramo peñazo del sube y baja me encuentro con un regalo, estrenó carretea recién asfaltada. Es una gozada pedalear por el asfalto negro como el betún y suave en el rodar como el culito de un ángel de victoria secret mega hidratado por las mejores cremas y acariciado por sabanas de seda. Llego pronto a Brunete, antes de lo esperado y tomo la rotonda hacia Navalcarnero, me doy cuenta que desde este punto puedo quitarme la peligrosa carretera por una pista, pero es tarde y lo dejo para la versión 2.0 de esta ruta. El tramo de carretera es pestoso, con mucho tráfico pero con gran ambiente ciclista que hace sea muy llevadero. En el Segundo cementerio hay una fuente, el primero que se ve en el Track fue un error, donde relleno el bidón y me tomo una barrita de cereales, que
las tostadas ya están quemadas en llegar hasta aquí. Bajo por las calles empinadas de Navalcarnero hasta las obras del metro, los juguetes rotos de la comunidad de Madrid que se guardan esperando tiempos mejores. Empiezo a disfrutar de la pista, de la tierra que le da al Gravel ese punto de picante a la ruta, el “burlesque” del ciclismo y como señorita con el can-can al vuelo me lanzo hacia el pinar, los ruedas gordas (yo también soy uno de ellos en mi faceta MTB) me miran cómo diciendo » donde va este» pero al ver como Dora surfea el mar de arena escucho un » joder y yo lo he pasado andando». Dejo el precioso pinar y como una campeona, Dora mi GT grade, navega por el mar de arena hasta alcanzar el mojón de Navalcarnero. La bajada al río está cerca, y la gestionó con prudencia, mis neumáticos son mixtos pero más de asfalto y pista dura que arenilla suelta. Mientras cruzó el puente escucho un » mira uno de los nuestros, yo no vuelvo». Lo dicen por el maillot de MBT del bajo Tiétar, una ruta dura, llena de cuestas, muchas cuestas.
Voy volando para como tengo las piernas por la vía verde, dejo atrás al grupo de MTB, Dora quiere superar los 30 Km/h pero yo no tengo tanta prisa y seguramente tampoco gasolina para ese alarde.
La salida de Móstoles es cansina y empinada, decido subir hasta el helipuerto, perdón plaza de toros y enlazar con el parque. La pista me deja en un carril bici, esto es Gravel en estado puro, de la tierra al asfalto y tras reponer agua en la fuente del parque un poco más de tierra por el cementerio de Alcorcón, con su mini lago y su tanqueta de represión hundiéndose.
Desde que tengo la Gravel me cuesta montar en la de montaña, vuelvo a disfrutar dando pedales. Sonrío, no ha sido un gran año en bici por molestias varias, pero recuerdo una frase de Mick Jagge Un día tendré que pagar mi tributo al diablo, como Fausto. Pero por qué voy a dejar de disfrutar del sol de hoy para pensar en las nubes de mañana. No vemos por los caminos con la Gravel, nos vemos en las carreteras con la flaca o nos veremos en la montaña con las ruedas gordas, pero nos veremos en bicicleta.



sosa y aburrida en mi vida, no hay bromas, la gente no habla, no hay música, no hay aplausos, solo sangre en la mirada y los GPS listos para que Strava dicte sentencia, todos sabemos que esos serán los tiempos oficiales. Salimos y adelantó a tres, encuentro mi lugar en la carretera y detrás mío unos tres mil ciclistas me que poco a poco me adelantaran por grupitos.
Dani tira para entrar en tiempo, yo no me veo, pero lo voy a intentar, dos chicas me adelantan, las mujeres del público enloquecen con ellas animándolas, paso el control Covadonga por un par de minutos y ante mi un muro, me encuentro bien, hordas de ciclistas con la marcha terminada regresan victoriosos, te anima, te animan mucho, la gente que ha subido para la clásica te anima también, pero empieza mi calvario, tengo fuerzas, tengo ganas pero no tengo piernas, los calambres comienzan en el comienzo de la huesera, intentó estirar, pero se pasan a la otra pierna, apenas puedo rodar unos cientos de metros sin volver a sentir los calambres, tan solo puedo estar 10 segundos subido en la bici con lo que cuesta arrancar tras cada parón, algunos se sientan para ver el paisaje, otros se dan la vuelta, no llegamos a control de meta, me da igual 

menos un cuchillo. Es día laborable y se nota un poco en la carretera, pero aun así el tráfico es prácticamente nulo. Prefiero empezar a rodar en invierno, cuando el frío te anima a buscar el calor interior, pero las primeras horas de las mañanas de verano tienen el aroma del aire fresco, como el aroma que desprende un horno al abrirlo para ver la cocción de la masa de un bollo o el pan, es la brisa templada, el beso que apenas te roza los labios y sabe a pasión.
Tras la bajada comienza el puerto de Alía o la subida a Puerto san Vicente, muy llevadero hasta sus dos kilómetros finales donde las rampas del 11% al 12% te meten todo el castigo de la subida como recuerdo por tu paso por Extremadura. Antes de coronar charlo con otro peregrino en bicicleta que comienza a bajar el puerto, somos sureños de Madrid, los únicos locos que en pleno agosto se ponen a peregrinar hacia Guadalupe.
Al final llego con tiempo suficiente para comprar el billete de tren, algo de comer en el Aldi que hay enfrente de la estación y sentarme un ratillo en un rincón de una estación fresquita que poco a poco se va llenando de viajeros que serán mis compañeros de viaje hasta Leganés, donde rodare unos kilómetros hasta Alcorcón y pondré fin a un viaje que he disfrutado, pero me que físicamente me ha costado mucho, tal vez demasiado a tenor de lo que dure la lesión de la mano y su recuperación pueda suponer.

paseo hasta Talavera y regresar a casa en tren. Como las mejores decisiones se dan pedaleando cargo la etapa 2 y comienzo dando pedales, me siento bien, el culo es llevadero, las piernas responden de lujo y la mano realiza las funciones básicas que necesito de mantenerme sobre el manillar, frenar y cambiar. Cuando me quiero dar cuenta me veo mirando mi sombra reflejada en al arcén, una bici enorme sobre la que va montada la estilosa figura de una señorita de Avignon, en seguida me veo con 15 kilómetros recorridos, a 15 kilómetros de mis dudas y mi fracaso, a 15 kilómetros de decir hacer toda la etapa por carretera y así dar un respiro a mi cuerpo, hay que seguir.
sobrino había ido en la bici a la fuente de dar de beber a las ovejas y el pensó: mira este con lo vago que es ha llegado hasta aquí con la bici y ostias tu que tenía motor y le dijo tu tas comprao una amoto. Y así es como las ebike han conquistado este agradable rincón de Toledo.
Yo apenas tengo ya nada de agua, la bajada es rápida, con un asfalto de lujo y busco una fuente mientras una sonrisa queda anclada en mi cara, menos mal que he superado mis miedos, mis temores y mi apatía.


Las pistas hasta ahora tiene todo el protagonismo, alternado toda clase de terrenos y cada vez más con un mayor e incómoda cantidad de bancos de arena que voy sorteando tanto en subida como en bajada, hasta llegar al tramo entre Casarrubios del Monte y Ventas de Retamosa donde la cantidad de arena era tal que era imposible rodar, teniendo que patear una metros hasta alcanzar el paso elevado de la autovía de la Sagra.
Como reto y no ha estado mal, me lo he pasado genial y por momentos el camino tenía su puntillo. Si lo volvería recorrer, creo que no, yo ya lo tengo en strava y para mí serán tiempos definitivos. Pero recuerdo la frase de Banana Yoshimoto Hasta ahora, yo pensaba que todo esto me había ocurrido porque me había equivocado en algo. Pero ahora me doy cuenta de que mi felicidad depende de todo lo que siempre me ha rodeado, pase lo que pase siempre será así, y por eso quiero regresar y empezar de nuevo , y quien sabe siempre hay un nuevo comienzo para una nueva aventura.

