El premio reside en mis actos, no en sus efectos. La recompensa está encerrada en lo hondo de mi respuesta en esa parte central de mí ser de la que arranca toda acción, gracias a que los resultados son impredecibles ningún esfuerzo de mi parte está condenado al fracaso. Incluso un fracaso no tomará la forma que imagino de antemano. Ante el futuro sólo puedo decir: «será interesante ver qué ocurre.»
Hugh Prather

Poner un calefactor en la furgoneta fue una gran idea, pero eso aumenta el confort y me arremolino dentro del saco hasta que la temperatura de mi pequeño hogar es el adecuado para salir de mi cascaron. Las cumbres están cargadas de nubes y hace un viento incomodo que no deja que el sol me caliente. Desayuno con pereza, tengo las piernas algo cargadas de ayer, pero si me he venido hasta aquí es para evitar el no salir, el forzarme a subirme en una bici y pedalear sin escusas, estas de vacaciones y pedaleas.
Una vez que la señorita Rottenmeier que vive en cabeza me deja vestirme con tranquilidad veo a lo lejos Serranillos, mi objetivo y por lo menos si lo veo es que no está cubierto, si lo sé es una frase para estudio. Esta vez no olvido el Buff que tanto eche en falta ayer y puedo pedalear sin tener que usar el chaleco, total pronto muy pronto comienza la subida. Es pesada, muy pesada y con unas curvas que hacen sacar lo mejor de tus piernas y eso que en las mías no hay nada. El 34 se niega a subir por lo que me apaño con el 32 y voy disfrutado con el valle, las montañas y una gran cantidad de jubilados que apañan sus olivos. San Estevan del valle siempre me ha recordado al pueblo de amanece que no es poco, con sus calles decoradas con recreaciones de cuadros famosos, imagino a sus gentes quedando junto al cuadro de los pechos con flores de
Gauguin. Este pueblo para mí siempre será de grato recuerdo por la marcha de Torozo, que preciosa e increíble trialera para disfrutar como un loco en mis viejos tiempos de loco por las bajadas intensas. Ahora voy dando panzazos de puerto en puerto buscando buenas fotos y mejores sensaciones.
Estoy cansado y me tomo esta subida de paseo puro y duro, parando para hacer fotos y videos, disfrutando de las vistas y del entorno sintiendo como susurra el viento entre los árboles, como juegan las nubes en el cielo, como la ardilla me mira curiosa hasta que estoy demasiado cerca y emprende una larga huida. Disfruto con las pequeñas cosas como ver a un señor mayor coger de la mano a su mujer a subir al coche y ver como se regalan unas sonrisas o simplemente como otro venerable anciano recoge con mucho mimo creo que unos higos de su huerto. La vida a bajas pulsaciones tiene otros matices que me encanta disfrutar.
Llegar al desvío de Pedro Bernardo me cuesta un triunfo, en el me encuentro a cuatro moteros que intentan decidir la ruta a tomar para continuar devorando kilómetros. Serranillos no lo tenía por un puerto tan duro como me está resultando, la verdad es que con la forma que tengo hasta subir un primero si ascensor me saca los colores. La fuente me llama y para a llenar el bidón y Penny me pide una foto con la cascada que hay al lado, hoy esta caprichosa y solo quiere que la fotografíe. Por fin corono el puerto y el aire es increíble en esta vertiente, valoro el seguir con mi ruta circular, pero estoy muerto. Como estoy apuntado al reto de subida de Strava me pregunto si mis 1000 metros de ascensión acumulada serán suficientes, pero dudo, así que me bajo al pueblo de Serranillos y con la subida mato dos pájaros de un tiro. Por un lado, le meto 500 metros más a la ruta y por el otro puedo llamar a esta salida Serranillos integral. La bajada bonita, pero nada del otro mundo, salvo las últimas curvas antes del pueblo muy divertidas y una vez alcanzo el letrero vuelta para atrás.
He de confesar que le tenía ganas a esta subida y que mejor ocasión que esta. Lo bueno de subir un puerto y más a mi ritmo es que descubres pequeñas joyas como la fuente de los gandules, una preciosidad de agua helada. Esta subida me la tomo más en serio y me meto un gel con cafeína para darle algo de gasolina a las piernas y bien que lo note, ya que subí genial el puerto, he de confesar que durante la bajada me imaginaba a suguss diciendo pero donde vas gordito si no puedes con tu alma, bajar pa subir.
Una vez coronado el puerto de nuevo y con un buen sabor de boca por la ruta solo queda la panzada de kilómetros de bajada, pero esta vez con un aire que empieza a tener malos humos y me da algún susto con sus rachas traicionares con aires de huracán. Pero al final llego al campin con buen pedaleo y ducha calentita que me lo he ganado.
La conclusión de esta ruta, que merece la pena arriesgarse, salir y disfrutar. Escucha a tus piernas ellas te dirán si puedes, la cabeza te engaña. Ya lo dijo Marc Chagall Si creo desde el corazón, casi todo funciona, si lo hago desde la cabeza, casi nada.




Nunca había rodado la carretera que desde el Arenal baja hasta Mombeltrán, otra pequeña joya que incorporo a mi red de rutas para enlazar nuevas combinaciones y evitar pasar dos veces por Arenas de San Pedro como hacia hasta ahora. Estas carreteras te regalan unas vistas increíbles del lado del valle de Serranillos y Pedro Bernardo con unos bancos situados estratégicamente para poder dejar corretear tu mirada por sus cumbres y disfrutar de la zona de cinco Villas con el castillo de Mombeltrán como gran protagonista en lo que la mano del hombre se refiere.


Me reúno con Jorge y comenzamos nuestro peregrinar hacia el sur, a subir los metros que la gravedad hacia nada me había regalado ahora me los cobra a un 2-3% de interés, en estos momentos es cuando recuerdas las horas de este invierno entre series, sofá y manta ahora acumuladas en el ecuador de una tripa descomunal. Mi ritmo no es malo, es patético, lo único que tengo alto son las pulsaciones y el colesterol. Jorge tiene una paciencia infinita y aguanta mi ritmo de tortuguita. Llegamos a Alcorcón entre pequeñas sendas y una ciudad que despierta, lo que nos permite rodar sufriendo apenas un par de tontos al volante. Parada obligada en la universidad Juan Carlos Primero para hacer un master exprés y continuar rumbo a Navalcarnero.
aguarda y nos cuesta mucho, más de los que recordaba subir el tramo de cuesta que nos deja el rodar tranquilo hasta el pinar de navalcarnero y posteriormente sus agradables cuestas encajonado por las ruinosas obras de un proyecto demasiado ambicioso para los tiempos que corren y congelado en el tiempo. Llegamos pronto, ya hay bikers tomando su aperitivo en las terrazas de la plaza, nosotros vamos al chino, somos ciclistas low cost de bajo presupuesto, unas patatas y unas coca-colas sentados a escasos metros de la plaza, al sol se está de lujo. A la una foto oficial, muy rápida, todo muy fugaz y dispersión.
El tramo de vuelta se me va atragantando cada vez más, los kilómetros van pasando factura y al llegar a Móstoles bromeo con Jorge sobre regresar en tren a casa, el abono transportes es una tentación. Pero me veo capaz de llegar montado y en la rotonda del centro de Salud nos encontramos con ciclista tirado en el suelo rodeado de personas mayores que le miran, esta dolorido y no pude incorporarse, Jorge toma el mando de la situación, dispersa a los curiosos y llama al 112, veo pasar una ambulancia y la paro como un si fuese un taxi, en menos de 5 minutos es atendido, entre 10 y 15 minutos después damos por concluida nuestra buena acción con el ciclista herido, Emilio, en la ambulancia y su hijo haciéndose cargo de su bicicleta. (Durante la semana nos ha informado que ha sido operado por rotura de fémur y tres clavos para fijarlo, tendrá para unos 6 meses hasta poder hacer vida normal).

Hundido por el fracaso en la intentona de anillo regreso al parque lineal, me castigo subiendo al mirador opuesto a la cabeza, las voces se callan, el pulso se dispara con la rampa de pendiente enorme, voy subiendo, inhalando con cada bocanada de aire el pestilente hedor de la cerca depuradora, me cruzo con un hombre mayor que incorpora el penetrante aroma de su perfume, es como un castigo que supero coronando el montículo donde me encuentro un nutrido grupo de ciclistas. Añoro los años cuando quedaba con gente y me lo pasaba bien, muy bien.
collarín es atendido por los sanitarios. Rodamos hacia el zoo, el cielo se ha encapotado y amenaza con descargar una buena tromba de agua, el aire comienza a ser muy intenso por lo que optamos rodar hacia casa por la pista de los militares, muy blandita, con un aire de cara que nos castiga, pero esta vez no puede con nosotros. De la venta la rubia a la pasarela hay un tramo divertido, ya me consuelo con poco. La pasarela está llena de ciclistas que la cruza, así como el sendero de la vía del tren. Esta vez llegamos bien, más enteros, volver a recobrar la forma es duro.
El día es fresco pero genial para montar en bici, en apenas 300 metros casi me estampo contra José al equivocarme de giro, madre mía esto va ser un suplicio de ruta con lo torpe que estoy. Los feligreses llenan la calle De la Iglesia con sus ramas de olivo, siempre estas fechas me recuerdan a mi abuela y la devoción con la que vivía esta semana adornando con palmas el balcón. Las presillas se prepara para la primavera, se pueden ligeras pinceladas, esbozos tímidos de una primavera deseosa de explotar, de vestir de verde el campo y llenar las praderas de flores. José (Suguss) para los nostálgicos de la vieja guardia del foro MTB se ha decido a disfrutar de su Cannondale volvo clásica con su lefty tuneada y actualizada.


