¿Quién dijo que en nuestra vida no vuelve la primavera? Vuelven amorosamente sobre nosotros innumerables primaveras. Nos renovamos siempre; vivir es renovarse. Olvidemos los fantasmas; esperemos en lo único que existe: en el porvenir.
Rafael Barrett

Este año la primavera nos ha sorprendido y la edición invernal de nuestra escapada a la costa, para montar de corto ha sido algo más tardía. El día amanece raro algo plomizo y con el mar alzando algo la voz para llamar mi atención, Jorge tiene en Denia un pequeño paraíso donde escarparse, un refugio de mar y montaña que nos invita a disfrutar, olvidarnos por dos días de dietas objetivos y que hacerse cotidianos.
Rodamos por carreteras interiores sin tráfico, Sin ajetreos hasta alcanzar el carril bici que en agradable charla con Gonzalo nos lleva entre resiliencia y mindfulness a Pego. Toca quitarse ropa, comenzamos con las primeras cuestas de día, pronto me daré cuenta que hacer una ruta sin poder subir de pulsaciones por prescripción facultativa es algo realmente complicado, solución andar y empujar en las cuestas más duras cuando el pulso se dispara a 150 mi límite hasta que el cardiólogo vea las pruebas que tienen que hacerme.
Llegamos al pie del desvió de las antenas donde el grupo nos espera, ellos suben y bajan a la antena mientras Gonzalo y yo recuperamos el aliento con un paisaje de fondo increíble. La sorpresa estará en la bajada en forma de senda trialera, de las que te hacen gozar si el MTB forma parte de tu ADN. Hace cinco años, con mi doble, mi flow a tope y muchos dolores menos la habría disfrutado aullando como un lobo a la luna, surfeando sobre las piedras y saltando entre las rocas y escalones. Pero ahora mis kilómetros de carretera, los placeres de las pistas con la Gravel han convertido mi flow ciclista de montaña en un recuerdo del pasado. Así que me bajo la gran parte de la trialera andando.
A la altura de las ruinas del castillo donde finaliza la senda, el valle nos muestra su cara más colorida con los cerezos en flor. Su otra cara es más intensa, tenemos que ascender de nuevo y esta vez las rampas son de las caras con todo tipo de porcentajes y todos de dos dígitos. De nuevo camino, empujo la bici y busco en el horizonte una señal, un punto de inflexión en el terreno que ponga punto final al continuo sentido ascendente de la ruta. Pero he de decir que la zona es preciosa y que repetiría una vez recobre la limitación en ni esfuerzo.
Una carretera pone fin a la pista tormentosa, es la hora de comer y bajo amenaza de motín nuestro capitán opta por renunciar a llegar a la vía verde del serpis por senda. Bajamos por carretera y en un desvió me equivoco pegándonos una bajada extra con su correspondiente subida el karma del MTB es ecuánime e iguala un poco la ascensión acumulada en el grupo.
Una vez en Lorcha comemos en el polideportivo unos fabulosos bocatas y con las fuerzas repuestas afrontamos la vía verde del Serpis, una ruta preciosa para recorrerla en bici o corriendo, pero también realmente incomoda de rodar por el tipo de terreno.
Poder pedalear en mi pulso es una gozada y en un escenario tan magnífico un regalo para los sentidos, los túneles, tramos de senda y paso por una tubería puente se suceden cuando vamos dejando el interior y nos acercamos a la costa. Ya tan solo queda rodar por carreteras tranquilas y carriles bici. Comienza a atardecer y le ganamos la batalla a la oscuridad no hemos ganado la yonki lata de cerveza.
Mick Jagger dijo Un día tendré que pagar mi tributo al diablo, como Fausto. Pero por qué voy a dejar de disfrutar del sol de hoy para pensar en las nubes de mañana. Hemos sufrido, pero nos lo hemos pasado en grande.

Track de la ruta


Me levanto con miedo, miedo a todo, a no poder físicamente con la prueba y eso que un duatlón sprint a colapsar físicamente porque mi cuerpo no soporte el nivel de esfuerzo, miedo a básicamente cualquier cosa que me pasara por la cabeza y si podía fallar, estaba seguro que fallaría. Pero algo del entrenamiento si funciono, la constancia y la fuerza mental, los mementos en los que lago dentro de mi tiraba para hacer 5 minutos más corriendo o bajarme en la estación del gimnasio y con un frio tremendo ir a entrenar a la piscina. Me doy cuenta que ha sido el mejor entrenamiento que he tenido y sin darle más vueltas me voy al lugar de salida.
Valdebebas es como un muestrario de cuestas, las tienes grandes, extra grandes y algo más humanas. Las del triatlón son de estas últimas por suerte pero algunas con verlas se atragantan. Cuando llego está todo listo y a punto de darla la salida a la categoría mini sprint, veo gente por constitución más parecida a mí y talvez esta hubiese sido mi prueba para iniciarme, cuando se lo comento a Jorge mi compañero de locuras deportivas me dice literalmente “… no te lo hubiese permitido.” Una vez con los dorsales en nuestro poder, los colocamos en la bici, en el casco y en el portadorsal, dejamos la mochila en el guardarropa y al ir a dejar la bici en el box primera novatada, no tenemos el DNI por lo que los jueces no nos dejan dejar la bici, nos toca recuperar los DNI del guardarropa y esta vez sí nos permiten acceso pero también cometemos otra novatada al colocar mal las bicis en la barra, las pusimos con el manillar en el sentido contrario al reglamento, la de cosas que aprendemos en un momento. La temperatura es idónea, el sol brilla y se respira una ambiente increíble, desde el minuto cero la gente de la organización te hace sentirte genial y el speaker es fabuloso animando y alentando a los participantes a entrar en meta con la cabeza alta sin importar su posición.
unido a la carrera, sé que un ritmo de 5:20 para mi es imposible y aunque me he propuesto no obsesionarme con el pulso voy muy pendiente de no pasar las 160 pulsaciones lo que me hace ir un poco más lento de lo que podría llegar a ir. El paso de la acequia con los pallet se hace un poco complicado, resbalo pero no llego caer y Jorge a punto esta de salir también rodando. En nada las féminas cual agiles gacelas nos van pasando como motos, las animamos mientras mis ritmos van cayendo a los tristes 6:20-6:40 que en mis mejores días soy capaz de rodar sin morir en el intento. En la parte alta del circuito, en el carril bici podemos ver la bici escoba y una pareja de féminas que cierra la carrera, la otra pareja nos acaba de adelantar y el compañero empuja sutilmente a su compañera para hacerle la subida más amena. Los últimos 500 metros son tremendos y Jorge fiel a no dejarme en el primer run me acompaña, en la cuesta me pasa el último corredor masculino y las dos féminas en pareja que me han dado caza, oficialmente soy el último que pasa por la línea de cierre del run1.
La transición la hacemos rápido y casi me monto en la bici cuando una jueza me dice que tengo que correr hasta la bandera. Jorge sale como alma que lleva el diablo, como una fiera hambrienta de runner donde ahora él juega en su elemento y clama venganza. La verdad es que fue realmente sencillo dejar de ser último para ir fagocitando corredores hasta el 5 donde de nuevo mi paranoia por el pulso me hace regular y encontrar un posición cómoda al final de un grupo, por lo menos la primera vuelta donde el viento comienza a soplar. En la segunda vuelta decido acelerar, paso a más corredores en las subidas y bajadas pero el viento en la zona llana es un poco malicioso y castiga, se me cruza un perro que me hace derrapar y poner píe a tierra, paso a mas corredores, me pica una abeja en el muslo y ya me da igual, esto tengo que terminarlo. En el último giro veo como otro corredor cae al suelo sin consecuencias, hago la transición sin errores y salgo corriendo hacia el run 2, muy cansado pero aún con algo de fuerza que se fueron diluyendo a medida que subía una cuesta sin fin, para luego ver una bajada muy larga que tendría que volver a subir, me cruzo con Jorge que ya sube, nos saludamos y algunos runner que había adelantado en la bici se cobran su venganza en su terreno, que mal voy corriendo. Apenas quedan 800 metros, veo la meta a lo lejos y sonrío esto es duro pero divertido, me pasa una fémina que había adelantado en el último cuarto del circuito, nos animamos y ella acelera, mi pulsometro marca alerta pulsación máxima y regulo, me da igual, mi victoria es cruzar la meta, la gente aplaude, el speaker te recibe en la entrada para darte la mano, cruzas la línea de meta y eres feliz, por dejar de correr, por ver que si quieres, le pones dedicación y luchas puedes, pero sobre todo si crees en ti y
dejas a un lado todos tus miedos hasta donde el cuerpo aguante tu cabeza siempre ira un paso por delante.



A pocos metros de coronar me doy cuenta que no he presentado la cinta del pulsómetro nuevo 
La carretera se tornar de nuevo pendiente, toca el mini puerto de picadas con un rodar muy agradable sin tráfico apenas y con una puesta en escena que me hace más fáciles las pedaladas. Dejamos atrás la valla del Safari park y puedo ver algunos animales que campan a su aire entre los coches que los visitan. Una vez coronado el puerto de picadas la presa al fondo enclavada en un paisaje increíble te regala paz, un gran premio al trabajo del día para los que nos gusta alimentar el alma de aire libre y bellos parajes a cambio de sudor y sueño.

Voy somnoliento, escuchando a Bruce Springsteen y recorriendo la interminable sucesión de paradas, demasiado familiares para mi hasta tribuna donde haré transbordo hasta cuatro caminos donde tiene comienzo la carrera.


Los 48 me han enseñado a no planificar más allá de una hoja de ruta de donde quiero llegar, a vivir el día a día, al minimalismo y al mindfulness. A disfrutar de unas maravillosas vacaciones en soledad viviendo dos semanas en mi furgoneta, a disfrutar del mar y de la montaña. Ha poder creer más en mí porque me lo dice el viento, a emocionarte con un atardecer, a comenzar a recobrar la paciencia y poder disfrutar de lo lento (aún me cuesta) pero pongo toda mi voluntad puesta en ello.

