No es el desafío lo que define quienes somos ni qué somos capaces de ser, sino cómo afrontamos ese desafío: podemos prender fuego a las ruinas o construir un camino, a través de ellas, paso a paso, hacia la libertad.
Richard Bach

Lo peor de las carreras son los madrugones, las 7 de la mañana en el despertador con el paso de los años son una tortura. Recuerdo que hace apenas tres años los disfrutaba incluso, las primeras luces, el olor a fresco matutino, pero ahora me cuesta un mundo resetear el modo noche y entrar en modo día.

Lo que si me gusta es ver como estos locos de camisetas de colores alegres van tomando la calle, nos vamos agrupando en la anden del metro y sentimos, compartimos una pasión común. Esta vez toda la carrera Skechers Norte & Sur, el reto madrileño. Los sureños vamos de rojo y salvo algún renegado de que en la CDC se sube de verde (quien sabe dónde está el límite norte-sur en el sentimiento madrileño) predomina el sur en el vagón. La línea 10 me deja en plaza castilla directamente, sin transbordos y poco a poco a medida que vamos llegando al norte de la capital el vagón es rojo y verde.
Llego pronto, demasiado pronto, pero ya hay una buena fila para hacer el último pis, dejar los nervios y centrarte en los 10 kilómetros de aparente bajada que nos esperan. La calle es una fiesta, la música, los encuentros tras semanas de hablar solo por el móvil y el estirar la camiseta hasta el no da más para cubrir los máximos centímetros de piel que dé para combatir el fresco mañanero con el que la primavera despide su último fin de semana antes que el verano comience su reinado.
Me pongo en mi cajón de salida aspirando a unos 55 minutos, seguramente poco realista, tengo unas agujetas del taller de fuerza del día anterior brutales, pero me pongo de los últimos junto a mis compañeros de los 60 minutos, si hace 3 meses me dicen que la hora en los 10 km sería un mal tiempo me partería de risa y firmaría la hora larga. Pero cuando entrenas quieres algo más, y ese algo más es lo que yo quiere entrenar, me falta espíritu competitivo, gastar todas mis fuerzas cruzando la meta, pero me cuesta y no termino de conseguirlo.
Salgo por el arco Rojo del sur y pronto el perfil en descenso de la marcha se hace notar en los ritmos impropios de mí corriendo a 5 km bajos el kilómetro. Decido regularme, bajar el ritmo y regular un poco. Alguna subida nos sorprende en el camino y se hace notar, cuando la gravedad es tu aliada y en unos metros quita el dedito que empuja se nota mucho.
En el kilómetro 3 y llegando a la avenida de Pío XII las grandes rectas nos dejan ver lo grandioso de estas carreras y es el espectáculo de color de miles de personas llenando las calles y disfrutando de la ciudad en el silencio de la mañana, tan solo con el golpeteo de las zapatillas con el asfalto y el jadeo de la respiración, de los aplausos y los afables visitantes asiáticos que miran con asombro el espectáculo. El kilómetro 5 me sorprende muy entero y además bien de tiempo, en mi objetivo, bebo un poco de agua y quiero aumentar el ritmo pero mis piernas no, mandan ellas y me quedo estancado en mis 6,30 minutos kilómetro de rigor.
Poco a poco la carrera se va estirando, los huecos para correr son mayores y cuando da el sol ya calienta en exceso. El final es muy agradecido, muy pendiente y la música de meta te anima a dar un poco más, aprieto un poco y cruzo la meta a un minuto con segundos de mi objetivo. No estoy contento porque se podría haber dado un poco más, tengo que aprender a sufrir.
Luis Sepúlveda dijo el sufrimiento no tiene mayores explicaciones, es parte del equilibrio de la vida. Se vive entre la alegría y el sufrimiento. Creo que esta frase refleja para mí lo que es la entrada en meta, dejar de correr y valorar tu carrera. A más sufrimiento, mayor alegría una ecuación absurda que me deja moderadamente satisfecho de endorfinas, la droga de los que practicamos deporte, la Skechers Norte & Sur, me ha gustado, si otro año puedo la volveré a correr.


Lunes: La semana se presenta intensa en el calendario de entrenamientos, durante todo el día tengo una sensación de agotamiento y somnolencia que parece genérico en la empresa, los bostezos son los nuevos buenos días.
Miércoles. En el metro camino a casa voy convenciéndome que estoy muy cansado, que mejor parar, dormir y descansar, que si hace aire, que total ….. .




Las horas de entrenamiento, el cansancio, la permanente falta de tiempo es llevadero, pero los madrugones de fin de semana son brutalmente duros de afrontar y asimilar. Quedo con Carmen del club a las 7:30 en la estación de metro de puerta del sur para ir juntos al punto de encuentro donde nos juntamos con el resto de componentes del club y con Jorge.
En el kilómetro 5 tenemos el avituallamiento de agua, algo que yo nunca había vivido en una carrera ya que para mi el kilómetro 5 siempre era meta, bebo un poco y veo como mi reloj que tiene conexión con Garmin detecta que estoy corriendo la liberty y empieza a darme segmentos e información que no estoy para ver. Carmen hace de mi entrenadora y me regaña por mi inexistente y deplorable técnica de carrera. Subimos concha espina y me va corrigiendo, pasos cortos, pecho fuera, mirada alta, rodillas arriba, …… no estoy para corregir tanto defecto en una cuesta y descubriendo un Madrid urbano a base de carreras que no deja de sorprenderme.

una temperatura genial. De Algete a Sanse es por carretera de la muerte, rotondas, conductores que no ven a los ciclistas o los ignoran y otros mucho mas amables te escoltan unos metros hasta que pasas la zona de riesgo, solo hay tres puntos malos, pero son muy malos. Una vez que llegas a Sanse la cosa mejora y empiezas a rodar por carriles bici hasta que enlazas con el carril de colmenar donde el tráfico ya es historia. Esta vez el recorrido Urbano por Sanse y Alcobendas se hace corto y hasta divertido, tal vez fruto de mi alegría en las piernas la CDC se me atraganta y subir hasta Alcorcón se hace un mundo. Llego a casa rondando las dos horas cuarenta de pedaleo para 55 km, llego de día y me permito el poder ayudar a un ciclista con la cadena rota, se la reparo y ya con las últimas luces del día y un hambre que me devora vivo solo busco estirar, proteínas y ducha, en ese orden.

voy para nada, me molesta el piramidal, la respiración es patética y no siento el flow con el que estos días he disfrutado nadando. La primera serie de ejercicio de piernas hago la mitad, ademas muy mal y con molestias, de la segunda serie de 5 hago solo tres y la tercera ni llego al bordillo por lo que decido dejarlo, es absurdo y hoy no me encuentro bien en el agua. Me paso por la piscina termal caliente para aliviar el dolor, pero la zona tranquila esta con un mal rollo tremendo por los in-cívicos que no respetan las normas. me voy a casa a descansar y dejar pasar los los días malos. Me paso la tarde estirando el piramidal, buscando nudos con la pelota de tenis en glúteo y calor, me acuesto con sensaciones agridulces.

