La vida está hecha de encuentros y separaciones. La gente entra en tu vida a diario, les dices buenos días, les dices buenas noches, algunos se quedan unos minutos, otros se quedan unos meses, algunos un año, otros toda una vida. Pero con todos ocurre lo mismo, os encontráis y os separáis.
«Si pudieras verme ahora» (2006), Cecelia Ahern

En los tiempos del corona virus los reencuentros tienen la frialdad del norte de Europa, la nueva normalidad aséptica le quita encanto al carácter mediterráneo. Dani me pregunta cuanto hacia que no nos veíamos, muchos, tal vez demasiados años. Mis travesías por el desierto de la soledad son cada vez más prolongadas y me gusta estar con ellos, compartir con amigos pero también me gusta la soledad, es lo malo de no sentirse mal con uno mismo.
Salimos de Miraflores rumbo a Morcuera, vamos a mi ritmo que para ellos es descanso activo pero para mi es estar fuera de la zona de confort, vamos charlando y se meten conmigo porque no me esfuerzo en la bici, es verdad, no me gusta sufrir, me cuesta demasiado y no hacen mas que pasarnos ciclistas que parece que van en llano, creo que no estoy subiendo mal, pero el GPS no miente es la misma mediocridad de siempre y voy muy muerto, quiero bajar de la hora en Morcuera, objetivo de piernas pobres sobrepasadas de de peso y con las ganas gustas de estar pedaleando, no hace calor, no hay escusa donde agarrarse y coronamos con la hora cumplida y algún minuto de recargo, lo inmortalizamos en un cartel aguarda su turno para hacer foto, sin mascarillas, sin distancia social, se nos olvida que la nueva normalidad requiere otras formas de actuar, tenemos que tenerlo más en cuenta.
El asfalto de bajada de Morcuera hacia Rascafría esta de lujo, nos dejamos caer con algo de impulso para subir la velocidad y disfrutar con el riesgo controlado. Por lo normal siempre que sales te encuentras con un idiota, tenemos tantos. Este se ha comprado una bici y baja a toda leche, con posturitas de pro y poniéndonos en riesgo, a JJ casi le tira dos veces intentando adelantarle por la derecha y casi golpeando su rueda trasera, lastima que su radar de garmin no le alertase con un punto rojo de tonto tras de ti. Por suerte se aleja sin incidentes pero mucho me temo que sembrando de mierda nuestro deporte con su aptitud y forma de comportarse sobre una bici.
El tramo pesado de carretera entre Rascafría y Canencia esta vez se me hace más corto, con lo que me gusta por pista y como lo odio por carretera. Este Valle de Madrid es precioso, me encanta recorrerlo en Otoño y en invierno. En Otoño es ocre, la luz es calida diferente y el ambiente a leña quemada anuncia frío, a buscar el refugio del hogar. En invierno es la sonrisa del calor del sol en los días despejados, de cielos azules, de montañas blancas y el calor de tus esfuerzo abrigando tu subida a las cumbres. Ahora en verano es el gentío hacia el embalse, el transito, el ruido.
En Canencia reponemos agua, nos tomamos una barrita y tras un breve descanso nos ponemos con el último puerto, se me hace algo más pesado, quiero subirlo lo mejor posible pero voy a tirones, hace mucho que no hago dos puertos y me cuesta regular las fuerzas. Por esta cara del Puerto no es muy dura y es el lado más bonito de subir, lo disfruto y con una gran compañía entre risas y bromas. Coronamos con foto en la cumbre, tenemos muchas pero bueno una más antes que el cartel colapse por tanta pegatina y ya no tenga objeto por no verse ni el nombre ni la altitud.
Solo nos queda bajar y disfrutar de unas cervezas heladas, de analizar la salida en Strava y que se metan conmigo por ser un perro sobre los pedales, un perro verde.
.. Y cuando las estrellas salen
Ya estoy colgado del jirón de un sueño
El mundo entero no me vale
Ayer por la noche me estaba pequeño
Y plantao en un tiesto sin tierra
Me invento otro mundo de puertas abiertas
En donde los besos no sepan a mierda
Voy buscando otro yo a limpio trompicón
Y ya he vuelto a perderme
No pude juntar el agua con aceite
¿que quieres tú, compañera
Pa cuando vengas conmigo?
¿qué es lo que puede ofrecerte un
Salteador de caminos…
El perro verde ( Marea ).



Y es aquí a la hora cuantificar el esfuerzo donde me encontré desde el principio con un gran vacío en las Apps de registro de uso convencional en mi caso Garmin connect al usar un Garmin y como no Strava. Ambas te dan una información a mi gusto un tanto liosa y poco clara a la hora de analizar como has realizado tu entrenamiento. Mi primera App que verdaderamente me gusto y lograr llenar por completo mis necesidades para analizar el entrenamiento de una forma sencilla, clara y motivadora fue 


La subida es espectacular, con todo metido y dos dígitos en el GPS marcando la pendiente me acuerdo de JJ y de las dos liadas en las que me ha metido, pero tengo que perdonárselo si no me engaña el Fitu seguiría en la lista de pendientes y no las de lo estas haciendo gordito, dale papi sin miedo al éxito, vale si, tengo que ir dejando Tik Tok pero confieso que me gran parte de la música de los bailes suena en mi cabeza mientras me dejo los pulmones y el corazón con cada pedalada. Esta subida es durísima y si le añades en rampas del 12% ir sorteando vacas que bajan tan panchas pues no ayuda nada de nada.


Con los primeros claros que se van abriendo salimos del camping, salimos de Ribadesalla por la rampa que deja la población y hace años subí cuando participe en la marcha de lagos. Rodamos cerca de la costa, se nota la humedad del mar, su olor y con tan salo levantar la vista a tu derecha las grandes montañas hacia donde vamos a girar y poner rumbo hacia ellas. Cerca del desvió de Cuevas del Mar damos la espalda al mar para mirar cara a cara a las paredes que parecen infranqueables, tan solo vamos a subir 525 metros pero todos seguidos, uno de tras de otro y desde el nivel del mar.
hasta el collada de zardón el otro alto que me dijo JJ habián metido en la marcha pero sin subir por nuestra cara que es realmente dura. Esta subida merece mucho la pena y más si hace un día asturiano, de neblina, temperatura agradable rozando el ponte el chaleco y la humedad en la calzada.
La bajada sorteando vacas, pequeñas aldeas, casas rurales y una sonrisa algo helada pensando que estos días se los estamos robando al coronavirus me hace sentirme más fuerte, mas feliz y mas ciclista. Cruzamos Cangas de Onís, foto de rigor en el puente romano y toca sufrir la insufrible «bajada» hacia Ribadesella con el puñetero viento siempre plantando cara si bien hoy era algo mejor.
deliciosa. Nos acostamos pronto, al día siguiente toca la última ruta de nuestra escapada a Asturias, recuerdo la fresa de Walt Whitman de su libro Hojas de Hierba Ni yo ni otro ninguno puede recorrer este camino en tu lugar; Tú, sólo tú, debes recorrerlo no es largo, está a tu alcance; Quizá, sin percatarte, te hallas en él desde que naciste; quizá está en todas partes, en el mar y en la tierra. Cada vez me encuentro mas feliz de estar recorriendo este camino, ahora siento que estoy haciendo lo que quiero hacer.


San Juan de Beleño marca un punto de inflexión, dejas el pueblo y en pocos metros tienes que pagar el peaje por disfrutar este paraíso, la moneda de cambio la pendiente. Las rampas del 8% dan paso a las del 10% y estas a las del 12 mantenida durante un par de kilómetros que se hicieron eternos pero que una vez coronas te dejan ante un paisaje maravilloso. Nos abrigamos para bajar, un chaleco cortavientos que te da la vida y un bajada de ensueño curveando muy divertida hasta que JJ raja la cubierta con dos pequeñas piedras desprendidas de la pared de roca. Como la raja es pequeña reparamos y seguimos hasta un pueblo cercano a Cangas donde nos estemos un cachopo espectacular para dos en Casa Sánchez.


