Una vuelta por la sierra de Espadán

Tú vives siempre en tus actos. Con la punta de tus dedos pulsas el mundo, le arrancas auroras, triunfos, colores, alegrías: es tu música. La vida es lo que tú tocas.

Pedro Salinas


Amanece un día fabuloso de esos que no te imaginas cuando unos días antes el símbolo de la lluvia prometía cubrir toda España.

Hace frío o algo más fresco de lo natural para los que nos cuesta reconocer que hace frío y que es mejor quedarse en casa al abrigo de la calefacción.

Tras desayunar cargamos las bicis en el coche y nos vamos hasta Algimia de Almonacid, un pequeño pueblo enclavado en sierra de Espadan. Nos abrigamos y comenzamos nuestra ruta adentrándonos por caminos arreglados con hormigón para que puedan acceder los vecinos a los olivos.

Pronto este terreno abrupto nos enseña las uñas y una buena cuesta nos saca los colores al frío ha pasado a anécdota, el firme te ayuda a no malgastar fuerzas y darlo todo con cada pedalada. La sierra del espadan no esta dota de montañas con grandes alturas pero subir a las que tiene requiere dar lo mejor que tienes. Cuando pensé en rodar por esta zona veía esta sierra como una película apta para mayores de 16 años en el que tal vez se vería un pecho traicionero en forma de cuesta o trialeras, pero que va a pocos kilómetros de empezar la ruta me veo sudando la gota gorda en una película apta solo para mayores de 18 años con un integral interesante a modo de rampón salvaje.

La bajada nos devuelve el frío al cuerpo así como a roda por las partes mas bajas de la ruta , pasamos por Almedijar en donde vemos como la pescadera ofrece su mercancía en la calle con cuatro gatos rondándola, con el frío que hace fresco si que se le va a mantener el genero.

Paramos en un bar tomarnos una cola Cao bien calentito, me gustan los locales que nos tienen en cuenta y en la tarifa de precios una reseña plato ciclista 3 euros. Mientras nos tomamos el cola Cao las clientas y la camarera más o menos todas de mi quinta, si para mi también pasa el tiempo, se divierten viendo como en el programa de la uno enseñan a bailar el Twist.

Dejamos el pueblo para meternos otra subida de las buenas de las de riñones, a medida que ganamos altura el paisaje es mas sorprendente y ves todas las pequeñas montañitas que nos rodean, peor lo mejor esta por llegar a pesar de que la subida de nuevo se hace presente disfrutas de una alcornocal precioso en el zona conocida como el Barranco de la Mosquera, primero por su zona más baja y después por una pista en altura con unas vistas del barranco alucinantes.

La pista nos deja en una carretera sin tráfico, a nosotros no nos paso un solo coche, al llegar a la cumbre de este mini puerto nos encontramos que el track nos manda descender por una pista para volver a ganar la altura perdida y encarar la subida por un collado que esta frente a nosotros que nos dejara en el Pico Espadán a 914 metros de altura. Antes de resignarnos a perder lo que tan duramente nos ha costado ganar con el sudor de nuestras piernas disfrutamos de unas buenas vistas de Sagunto con el mar de fondo y el comienzo de una trialeras que tiene una pinta de las de cinco estrellas que cuesta lagrimas no tirarme por ella en lugar de por la pista ya que la bajada que promete ser espectacular da hasta Ain.

Perdemos unos metrillos que me duelen en el alma y me cuesta volver a ganarlos un triunfo, aun mi estado de forma es patético para afrontar estos retos. Una larga bajada por pista nos deja el pico Espadán y ya por carretera sin mayor historia regresamos hasta Algímia en donde teníamos el coche aparcado.

Tras la ducha y un merecido descanso por una ruta que me ha dejado molido nos damos una vuelta por Azuébar pero el frío intenso pronto nos hace entrar en razón y regresar al hostal.

Para cenar esta noche nos han sorprendido con un primer palto de pastel de carne para chuparse los dedos y un bacalao muy bueno, tanto en su sabor como en su presentación para terminar con un tiramisú casero y una infusión de preparado de hierbas también casero que fue llegar a la cama caer rendido.

Esta zona de la sierra del Espadán estoy seguro que tiene que tener sendas y trialeras que volveré para disfrutarlas, pero en esta versión cicloturista pistera no esta nada mal.

Track de la ruta gracias a Alfonso Pitarque

Fotos de la Ruta

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El salto de la Novia

“El verdadero amor no se conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece.”

Jacinto Benavente

Desde hacia años no podía disfrutar de mis vacaciones completas y de este año no podía pasar, aún me quedaban por disfrutar 5 días que tenía que darlos de sí al máximo y la oportunidad del puente suponía culminar una año de viajecitos completo.

Como Borja también tenia vacaciones cuadramos los días y tan solo nos quedaba un problema por solucionar, ¿Dónde vamos en Diciembre y con una ola de frío polar que te hiela hasta la ganas de salir de casa?, la decisión fue sencilla, lo diga la rubia, y en este caso nuestra rubia era la página del tiempo que daba solo un día de lluvia para la zona de Castellón siendo la temperatura cuando menos apaña así que me pongo a buscar y en un pispas monto toda un semana de rutas con sitios chulos, curiosos y de hacer pierna para la primavera con mucha pista anti-barro por si las mocas.

El Jueves dejamos Madrid dudando entre si nevar o llover para cuatro horas y media después, aparcar en una cuneta de Castellón para decidir si hostal de carretera u hostal rural de pueblo perdido en la falda de una montañuca. La decisión la tomamos rápido, la señora del hostal rural es un encanto y no nos parece mal 35 € por persona dormir, desayunar y cenar.

Nos enseña una habitación gélida y nos da un radiador, mañana arreglan la calefacción, bueno la aventura es la aventura.

Dejamos todo en el hostal y para no perder una sola hora de luz más nos acercamos al pueblo de Navajas. Hacia tiempo había leído una leyenda que se desarrolla en este pueblo y me llamo la atención tanto que al estar tan cerca quería visitarlo. Cuentan que antiguamente las novias del lugar para verificar su amor y demostrar que tenían futura como pareja, tenían que dar un salto sobre el río Palancia de una orilla a otra sobre una rocas, si este se realizaba y la novia se encontraba con el feliz novio en la otra orilla significaba que el matrimonio era bendecido y la pareja tendría un gran futuro juntos. En caso contrario de no atreverse la novia esto generaría dudas y el matrimonio fracasaría rompiendo la pareja. Pues bien una de estas novias al realizar el salto se escurrió cayendo al río y siendo atrapada por un remolino, el novio al ver que se ahogaba su amada se lanzo en su rescate siendo el también atrapado pereciendo, al poco se encontraron los cuerpos juntos abrazados flotando en el río. Desde entonces no se volvió a celebrar esta tradición y en su honor hay en el pueblo una estatua en honor a los amantes o como recuerdo de esta leyenda.

Aparcamos junto a la estatua y nos enseguida quedamos prendados por un paraje precioso, la zona se conoce como el paraje del salto de la novia, el río lo recorre con aguas cristalinas murmullando sin levantar mucho escándalo, un par de fuentes nos invitan a saciar nuestra sed con unos buenos chorros de agua que manan de cabezas diablescas. Pero pronto toda la atención es para los dos saltos de agua enclavados en un cañón maravilloso nos dejan la boca abierta.

El ruido del agua al caer y buscar el río es melodioso, la humedad que desprende la caída te envuelve como abrazándote, sintiendo el húmedo beso que se reserva para quien la visita. Desde su mirador se divisa el otro salto de agua que golpea con furia una roca vestida de verde esperanza por aguantar muchos años el brutal castigo con el que ha sido condenada.

A escasos metros de este salto un puente de madera nos invita a cruzar de orilla y ver un escenario en el que en verano el ayuntamiento monta conciertos nocturnos. Que pueden ser seguidos desde la otra orilla tumbados o sentados en una pradera de césped extraordinaria besados por un río que se toma un descanso en forma de remanso para disfrutar del momento.

El sol da señales de ir tomando el camino hacia tierras más lejanas y sentimos como la temperatura comienza a bajar de forma considerable.

Damos una vuelta por las sendas del río pero decidimos volver al pueblo para comprar agua y retornar a nuestro hostal.

Cuando salimos de Navajas es noche cerrada y de camino nos sorprenden unas vistas maravillosas del pueblo de Segorbe con su muralla iluminada.

Conseguimos aparcar al final no solo nos recorrimos el casco antigua sino medio pueblo.

Al llegar al hostal somos los únicos huéspedes que hay y el cocinero nos dice que nos ha preparado una cena deliciosa para sorprendernos, un guiso de lentejas que estaba delicioso y un pollo con setas para chuparse los dedos para terminar con una Mouse de fresa que era una maravilla y todo casera, aderezado con un buen vino.

Cansados por el viaje, el recorrido cultural y la cena deliciosa caemos rendidos con la seguridad que hemos acertado de zona de para disfrutar de nuestras últimas vacaciones del año.

 

Track de la ruta

 

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Bajo cero por la Peña del aguíla.

“Las cosas que se pueden comprar con dinero es mejor comprarlas sin pensar demasiado si ganas o pierdes. Es mejor ahorrar las energías para aquellas cosas que no pueden comprarse con dinero.”

Haruki Murakami


No podía estar dos semanas sin salir a la montaña, sin sentir la libertad del viento frío y húmedo abrazándome. He pasado dos semanas recluido entre el trabajo y mi casa por un resfriado perpetuo que no cesa y me ha deja sin apenas fuerzas. No lo dude, y tras ver como un sábado de nuevo amanecía lluvioso, sabía que al despertar lo último que miraría sería el tiempo o más bien este no sería un factor a tener en cuenta.

Vamos con tiempo, he quedado con JJ a las 9:00 en las Dehesas, al llegar a la presa de Navacerrada ligeras gotas salpican el cristal, las montañas están encamadas bajo un manto de nubes espeso que no deja pasar un solo rayo de sol y mucho menos el liguero de azul cielo con el que nos coquetea a los que vamos buscando en ocasiones el mar de nubes.

Comenzamos nuestra ruta por veredas y sendas conocidas, por un paisaje mil veces visto pero que no deja de sorprendernos. El entorno otoñal del valle del Fuenfría tiene un encanto especial, mas hogareño sin ser tan espectacular como los hayedos o los castañares cumple su cometido de despertar al alma, mientras camino por la vereda tocada con la misteriosa neblina que juguetea por entre los pinos recuerdo una frase que he leído esta semana de Thomas Mann, Los sentimientos y observaciones del hombre solitario son al mismo tiempo más confusos y más intensos que los de la gente sociable; sus pensamientos son más graves, más extraños y siempre tienen un matiz de tristeza. Imágenes y sensaciones que se esfumarían fácilmente con una mirada, con una risa, un cambio de opiniones, se aferran fuertemente en el ánimo del solitario, se ahondan en el silencio y se convierten en acontecimientos, aventuras, sentimientos importantes.

Pronto comenzamos a pisar las primeras nieves de esta nueva temporada. Me gusta pisar nieve virgen, abrir huella pudiendo ver tras de mi cada paso que ha dado, que útil sería en la vida andar siempre sobre nieve virgen.

Lo que en principio habíamos pensado de un paseo tranquilo bajo la lluvia se esta convirtiendo en un precioso paseo en el que a cada paso nuestra querida sierra no deja de sorprendernos con paraje impresionantes modelados a base de frío y viento. Una vez que dejamos el abrigo de la vereda que nos conduce hasta el collado de Marichivas, la nieve ya cubre cada rincón de la piel de la montaña, los árboles congelados están adornados con témpanos de hielo, una estampa de lo más navideña, vamos que el adelantarnos las fiestas no es ya cosa de los grandes centros comerciales.

Ascendemos despacio, disfrutando del gran regalo que nos ha dejado este domingo que pintaba en bastos. El viento sopla con gran fuerza, el termómetro marca -0,6 pero la sensación térmica es de varios grados inferior. Nos ponemos las bragas, que acto tan poco masculino y una vez protegidos le plantamos cara al viento continuando ruta hasta coronar los 2.000 metrillos del pico del águila. Le digo a JJ que es una pena no disfrutar de las vistas que este punto ofrece a lo que me responde con un “… te parece poco lo que estamos viendo” y la verdad es que tiene razón, el entorno nevado de esta cumbre sumido en un profunda niebla es algo maravilloso.

Y como la naturaleza es así de agradecida nos regalo una bajada sin nada de viento y una agradable temperatura de -1.6 grados por una senda espectacular con auténticas fotos de postal. La vereda de la piñuela y la senda bonita que hace años me enseño un viejo senderista culminan con una ruta maravillosa, que a pesar de mi resfriado y mi flojera en general he disfrutado como nunca y me ha hecho comprender que por nada del mundo hay que dejar de hacer lo que uno desea y el tiempo no es un condicionante para no llevarlos a cabo, ya lo dijo Ernesto Sábato Yo creo que la verdad es perfecta para las matemáticas, la química, la filosofía, pero no para la vida. En la vida, la ilusión, la imaginación, el deseo, la esperanza cuentan más.

Track de la ruta.

Galería de fotos de la ruta Completa

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Hayedo Tejera Negra

“Otoño manso, yo me poseo y me inclino ante tus aguas para beber el cielo, suave fuga de árboles y abismos.”

Salvatore Quasimodo


Los dos últimos años he de confesar que he ido buscando los colores del otoño. El Castañar del tiemblo primero, dando pasó este año al Canal de Castilla primero y ahora al Hayedo de Tejera Negra.

El otoño es mi estación del año favorita. El contraste de colores ocres, dorados, rojos fuego bajo unos cielos azules me hacen sentirme más vivo, precisamente cuando la naturaleza nos regala su último aliento de vida antes de vestirse de invierno.

Para esta semana tenía pensado acompañar a los Explorer MTB a una ruta que le tengo muchas ganas pero como se me había metido en la cabeza que era el sábado en lugar del Domingo y ese día yo no podía , la propuesta de  mi primo Borja una escapada a Tejera Negra, algo que tenía en mente hacía muchos años y la pereza del madrugón junto con la kilometrada para llegar me hacían retrasarla año tras año, este no podía dejar escapar.

El día amanece esplendido, no tanto como mis neuronas ya que en lugar de poner Cantalojas en el GPS puse Cantalejo, que es casi igual pero no lo mismo, menos mal que tan solo fueron 40 kilómetros de más, Jesús que Cruz. Al llegar al centro de interpretación los hombres y mujeres de rojo, los vigilantes del parque, te invitan a estacionar en la pradera que hay para tal fin frente al centro, como vamos en bici tenemos que dejar el coche allí y continuar con ellas siguiendo las estacas rojas que marcaran un circuito de 21 kilómetros por pista, lo primero que hacen es indicarnos que esta prohibido circular en bici por las senda de carretas, le decimos que nos parece muy bien pero que tenemos derecho a recorrerla desmontados con la bici al paso, a lo que también se niega. Como no queremos discutir comenzamos nuestra ruta disfrutando de unas vistas maravillosas de la zona y del río.

Al cruzar el puente una patrulla de forestales esta atenta para que no tomemos el sendero y continuemos por la pista,y yo que no sabia que al comprar la bici pasaría de ciudadano a delincuente. La subida es llevadera, pero poco a poco comienza a ser un tanto pesada, no por la inclinación sino porque no da un solo respiro. El único alivio lo tenemos cuando en el cruce las estacas rojas no indican que seguimos tras la valla y eso nos quitara el transito de coches pudiendo disfrutar al 100% del entorno.

Subiendo, subiendo, subiendo el otoño nos va regalando sus colores y guiños espectaculares con árboles que arden de rojo intenso, con robles amarillentos y hayas que medio desnudas van coqueteando con otras que apenas han iniciado su paso del verde claro al dorado otoñal.

Llegamos al cartel “Senda Peatonal Prohibido Bicicletas” algo que le hace mucha gracia al imbécil de turno, que lo celebra de forma jocosa con sus compañeros de ruta. Nosotros tenemos una cara de felicidad inmensa por esta viviendo este momento, pero el solo ha podido disfrutar con el cartel y no de lo que ha visto y a nosotros se nos priva por ir con un “arma de destrucción natural” como es una bicicleta. En ocasiones pienso que muchos nos ven con envidia por disfrutar con lo que hacemos y vernos llegar juntos a las cumbres cargando con nuestras máquinas, lo más curioso es que Peatonal en Castellano significa «Dicho de una zona urbana: Reservada a los peatones».

Desde el Cartel es todo bajada hasta un cruce en el que el guarda nos había indicado que partía una pista de 3 kilómetros sin salida y que para el tenía un paisaje mucho mas bonito que la senda carretas. Le hacemos caso continuamos por el pista encontrándonos a una pareja sentada a un lado junto con sus bicis disfrutando del paisaje y degustando una mahou cinco estrellas, a la mierda las bebidas isotónicas, seguro que sus barritas si son energéticas de verdad a base de cantimpalo llorón del bueno.

El guarda tenia razón en casi todo lo que nos dijo, el paisaje es espectacular, el otoño en esta zona soberbio, las montañas tentadoras pero nos mintió y de la forma más cruel que se le puede hacer a un ciclista, le pregunte si era llano y me contesto con un rotundo SI, cuando la realidad me obliga a meter en ocasiones el plato pequeño.

Al final del camino nos encontramos con un coche y una camper, curioso verdad. Como es la hora de comer, damos cuenta de nuestros bocadillos, el sol nos calienta, poco a poco algunas nubes van asomando por el horizonte, la temperatura es buena y tras reponer fuerzas el sueño invita a dar una cabezadita disfrutando de nuestra verde praderita, pero el cambio horario no nos lo permite y volvemos a retomar la marcha esta vez si disfrutando de una bien merecida bajada.

Al final de la pista nos encontramos con dos jóvenes foreros que se están saltando a la torera las prohibiciones y van bajando por las sendas, como somos más malos que Caín y tenemos alma de delincuentes disfrutamos de un pequeño tramo de sendero que nos deja en un precioso puente de pizarra en donde pincho.

Mientras reparo el pinchazo nos alcanzan los dos jóvenes que han sufrido un percance con la patilla, se la pongo medianamente bien y continuamos juntos hasta el inicio de la ruta en la que tras una charla sobre mapas, Mac y GPS nos despedimos.

Cargamos las bicis en el coche asegurandolas con una buena cadena, nos penemos rumbo a Ayllón un pueblo que nos ha llamado mucho la atención a la ida y que hemos decido parar para verlo a la vuelta.

El pueblo es una maravilla y merece una parada, su plaza es una preciosidad,  lastima que la estén remodelando y no sea muy fotogénica con tanta valla. Borja me anima ha subir hasta lo más alto del pueblo para ver la torre y el cristo que lo vigila. La noche nos ha sorprendido entre sus callejuelas y cuando llegamos la torre esta ya iluminada así como el cristo. Lo mejor de la subida, el atardecer maravilloso que pudimos disfrutar junto al cristo del sagrado Corazón y su torre iluminada.

De nuevo la noche es testigo de nuestro regreso al hogar, tras haber disfrutado de un día de lujo, de belleza y de algo de bici, poco pero bonito.

Escapadas así merecen la pena cuando regresas con el alma enriquecida, o como dijo Eladia Blázquez. Más allá de la historia de las vidas sin gloria, sin honor ni sustento; guardaré del que escribe su mejor pensamiento; quiero amar a quien vive con las alas del alma desplegadas al viento.

Track de la ruta

Galería de Fotos

Información Interesante

Folleto en PDF con información del Parque.

Página Web Castilla la Mancha de medio ambiente.

Otro PDF interesante sobre el Hayedo.

El Hayedo en Wikipedia

 

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El Canal de Castilla En Otoño: De Alar del Rey a Fromista.

“Conozco los secretos del alma del paisaje, y sé lo que entristece, y sé lo que consuela, y el viento traicionero y el bárbaro oleaje conocen la invencible firmeza de mi vela.”

Francisco Villaespesa


Cuando emprendes un viaje siempre miras el tiempo y deseas que este sea calido, que el sol dibuje tu silueta en el camino y el viento sea un aliado que te empuje con cada pedalada que le robas al camino. Claro que cuando el pronóstico del tiempo lo que te muestra es todo lo contrario, uno cambia el viaje por la aventura. Hablo con mi primo y el esta dispuesto a rodar bajo la lluvia y a rodar bajo las condiciones que el destino nos ponga por delante. Tiene razón entramos en un periodo o que te amoldas a las circunstancias meteorológicas afrontándolas con tu mejor sonrisa o te encierras en casa hasta Abril o Mayo.

La vida o es una aventura atrevida o no es nada, como dijo Helen Keller y por eso decidimos ir a recorrer el canal de castilla en otoño con dos fuertes Borrascas correteando entre nosotros.

Cada vez que planifico algo y sale como tengo pensado una gran sonrisa de satisfacción ilumina mi cara. Fui capaz de cuadrar al minuto, el viaje para que según ponemos un píe en el tren anuncien por megafonía su salida. El tren es de los modernos, de eso que tiene una pegatina con una bici en la puerta un gran espacio para poder dejarlas y viajar tranquilo sin que molesten a nadie. En esta ocasión compartimos viaje con un vallisoletano que usa la bici como medio de transporte para su trabajo, es fotógrafo de la diputación y tiene que sacar fotos de las actividades deportivas que van a tener lugar en Palencia, tras su jornada laboral regresara en bici a Valladolid por el canal. Durante el trayecto vemos como los campos están saturados de agua y grandes charcos brillan por los caminos cuando algún rayo de sol se escapa entre las nubes.

Llegamos puntuales a Alar del Rey y según ponemos pie a tierra también lo hacen las primeras gotas de agua del día, Borja y yo nos miramos, sabíamos que iba a llover. Nos ajustamos el equipo, damos unas pedaladas y decidimos entrar en un bar para tomar algo caliente antes de empezar a pedalear. El bar esta frente a la estación, mientras nos tomamos unos cafés calentitos los lugareños nos informan de lo que tenemos que ver, pero no se ponen de acuerdo, la mujer nos manda por las vías a las cuevas de los presos y el hombre por el barrio del “chocho” para ver la toma del canal. Su discusión es en balde, esta claro que ese barrio hay que verlo.

La toma del canal es una gran lengua de agua que regula el Caudal de este, sus orillas doradas de otoño y la calma del lugar tan solo interrumpida por alguna que otra gota de agua invitan a quedarse a disfrutar del entorno.

Pero tenemos que partir, los informes que hemos contrastado sobre el tiempo con mapas nos dan una tregua de escasa cantidad de agua hasta las seis de la tarde por lo que tenemos que llegar a Frómista antes de esa hora.

El suelo esta compacto, muy húmedo pero sin barro lo que nos permite rodar con soltura disfrutando los primero metros del nacimiento del Canal de castilla y su primera exclusa.

El Canal luce sus mejores galas otoñales, el ocre luce por todas partes engalanando los alisos, olmos y chopos que pueblan los pequeños bosques de esta zona. Todo un mundo de sensaciones nos hace sentir vivos con cada pedalada, cada bocanada de aire o parpadeo. La ropa térmica comienza a mantenernos calientes, el aire frío te despeja y el hedor de la hojarasca que se pudre junto a las negruzcas plantas estivales marca el comienzo de una estación. Vamos disfrutando de cada giro que da el canal, para mi es todo un contraste de sensaciones, en mi recuerdo guardo las imágenes de cuando lo rodé en primavera y el verde intenso era el protagonista junto a una capa blanquecina de polen que cubría todo el suelo, el sonido de los pájaros y la calma absoluta del agua reflejando un cielo azul inmenso han dado paso a un silencio sepulcral en las copas de los árboles zarandeados por el viento y a un canal que se deja escuchar levemente la romper diminutas olas en las orillas.

La lluvia arrecia y unas viejas edificaciones nos sirven de refugio para tomar algo sólido. Tras el descanso, nos toca seguir pedaleando bajo la lluvia, pero esta vez se le ha unido un fuerte viento que apenas nos deja coger velocidad. El Terreno también ha dejado de drenar y la ruedas comienzan por tramos a hundirse engordando el nuestras cubiertas de barro.

Sobre el kilómetro 30 la lucha que tenemos contra los elementos es encarnizada llegando a rodar a 9 kilómetros a la hora en terreno llano con ligera bajada dado lo fuerte del viento y lo pegajoso del camino. En bicicleta hay dos cosas que odio, el viento y el barro. No puedo con ellas y están mermando mi moral, poco a poco me voy viniendo abajo, no consigo un ritmo de pedaleo y veo que los kilómetros pasan eternos por la pantalla del GPS. Hacemos pequeñas pausas, lo estoy pasando francamente mal, hacía años que sentía esta sensación en una ruta y entiendo como Suguss sufrió lo mismo que yo ahora por el barro, el por el calor.

Me acuerdo de Pantani y el odio que le tiene a este recorrido, le digo a Borja que para mi es la segunda y última vez que lo recorro. La naturaleza me da una tregua y deja de llover regalándonos de vez en cuando algunos rayos de sol, ha retirado parte de sus tropas pero sigue castigándonos con su peor arma el viento.

Los paneles nos anuncian Frómista a algo menso de 10 kilómetros, ya estamos secos pero con kilos de barro sobre nuestras bicicletas, el canal se muestra bello, dejándonos estampas maravillosas, tengo sentimientos encontrados de amor odio a un recorrido que me esta pasando factura y haciendo ver lo abandonada que he dejado la bicicleta este año.

Nos acercamos a Frómista uniéndonos al camino de santiago, el camino esta más arreglado y podemos rodar alegres, toda una montaña de boniatos se alza junto al camino. Hacemos las fotos de rigor en la esclusa tal vez más famosa del canal y vamos en busca del hostal que tenemos reservado. Mila, la hostelera es un encanto de señora, según nos ve llenos de barro llama a su marido y nos conducen hasta una garaje que tienen para limpiar las bicis de barro antes de dejarlas en la cochera. El trato, las instalaciones y el ambiente de este hostal hace que te sientas en casa.

Mientras nos duchamos comienza a llover de nuevo, vuelta por el pueblo y buena cena.

Borja y yo valoramos la situación y decidimos no continuar hasta Valladolid ya que nos dicen el camino está mucho más embarrado en estos tramos hasta Palencia y damos fe por lo que vimos el día anterior desde el tren.

Como no tenemos que madrugar para volver a Valladolid nos tomamos un cervecita y a la cama.

El canal en Otoño es altamente recomendable, más espectacular que en primavera para mi gusto, eso sí buscar días fríos y soleados en los que la luz saque el dorado espíritu del canal y el firme este duro para poder rodar placidamente, el viento se lo dejamos al destino que a fin de cuentas es el que nos empuja a vivir estas aventuras y si ha de soplar que sea como dijo  Vicente Gaos ¿Hacia dónde vamos? Vamos hacia el sueño… ¿De dónde venimos? Venimos del sueño… Como las olas, como los vientos….


Track de la ruta

Galería de Fotos

Recomendación:

Hostal Camino de Santiago

Para cenar Hotel Restaurante San Martin


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