Un Sentimiento
”Las montañas no son estadios donde satisfacer nuestra ambición deportiva, sino catedrales donde practicar nuestra religión” Anatoli BoukreevBienvenidos.
Gracias por visitar mi Blog, aquí podréis encontrar el diario de mis aventuras en MTB, disfrutando con mis compañeros de ruta, de la bici y de la naturaleza. Junto con las crónicas encontrareis el Track de la ruta, para que la podáis seguir sin problemas. Espero que tras visitar mi blog tengas una sonrisa o una idea para una futura ruta. Puedes contactar conmigo o agregarte a mi lista de amigos en Facebook con mi correo alakanbtt@gmail.comEstadísticas
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Vuelta al Parque Nacional de Doñana: Día 2 Costa Ballena – El Rocío.
La brisa buena sopló, la espuma blanca voló, el surco seguía libre detrás; éramos lo primero que alguna vez irrumpía dentro de ese mar silencioso.
Samuel Taylor Coleridge
Dormir cerca del mar siempre es una gozada y despertarse sintiendo las olas cerca de ti encogido en el calor del saco es una experiencia increíble. El invierno es duro para la vida al aire libre pero toda una gozada que merece la pena experimentar. El camping de costa ballena es muy bonito, bien decorado con las parcelas de arena de playa, algo incómodo para muchos días pero divertido y curioso cuando la arena de la playa la sientes en tus pies cada varios años.
Nos hacemos el desayuno en nuestro hornillo y tras recoger todo nos ponemos en marcha. En esta segunda jornada hemos decidido regresar a Sanlúcar por Chipiona, recorriendo los carriles bici de costa Ballena y disfrutando de la paz de la temporada baja, en donde apenas te cruzas con corredores y paseadores de perros enfundados en bufandas y gruesos abrigos. Si esta gente sube a la meseta se muere de frío.
Una vez en Sanlúcar compramos el pan para comer y un dulce para digerir el sablazo que nos van a meter en breve. Nos dirigimos a coger la barcaza y vemos tras subir las bicis abordo vemos los precios 15 euros por persona por cruzar el río. El capitán es la antitesis del mítico Sparrow a pesar de que se dediquen al mismo oficio y una vez que le pagamos nos ponemos en marcha y en apenas 5 minutos la barcaza despliega su proa para desembarcar a lo marine en las playas vírgenes de Doñana.
Las primeras sensaciones son increíbles, rodar por la arena compacta de la bajamar es como ir por una pista dura, se rueda de lujo sin mayor problema y a casi 20 km/h una pasada. En los primeros kilómetros tenemos la
compañía de unos pescadores en la orilla pero en apenas cuatro minutos estamos solos, ante nosotros 30 kilómetros de playa virgen, de arena compacta y dura junto a un mar que en retirada aún pronto empezara a tomar posesión de sus terrenos. Nos sentimos felices, tan solo escuchamos el mar, las aves marinas comiendo en la orilla y nuestros neumáticos rompiendo la infinidad de conchas vacías que pueblan la orilla. A lo lejos nada, el horizonte por el momento, el azul infinito del cielo y el mar.
Tras dos horas de viaje el cansancio comienza a aparecer, la huella en la arena es algo más profunda y nuestras pesadas bicicletas con el equipaje comienzan a lastrar lo suyo. El mar ha comenzado regresar a la costa y vamos buscando la orilla, la arena húmeda y dura. Las estampas de la bici rodando sobre la arena húmeda son increíbles. Despistado me hace ver que le apetece un descanso y se tira sobre la arena, nos tomamos un respiro mientras en la lejanía podemos ver ya nuestro objetivo, Matalascañas.
Tras tres horas recorriendo la playa, estoy de arena hasta la coronilla, odio la arena de playa, cada vez tenemos que ir más sobre la arena suelta y nos vemos obligados a arrastrar las bicis por la orilla. Queríamos seguir rodando por la orilla pero nuestro cupo de arena y playa esta copado hasta dentro de unos cuantos años por mi parte. Salir de la playa me costo mas que el cargar con la bici por las cimas de las montañas, los últimos metros fueron agónicos y rodar por asfalto fue como encontrar el santo grial del mtb.
En Matalascañas y tras un súbete un cuestón para volver a bajarlo por el otro lado de la barandilla y carga con la bici por unas escaleras por idiota decidimos comer en el paseo marítimo y limpiar las bicis de agua de mar y arena.
De Matalascañas salimos por carretera en la frontera que delimita el parque Nacional del parque natural. En esta carretera suelen morir algunos linces al año atropellados. Jorge y yo somos unos incultos ecologistas pero no vemos nada claro las salidas que el parque nacional ofrece a los linces para que salgan de su zona protegida, pero esta claro si están será por alguna razón muy lógico que no logramos entender o para que otro tipo de animales pueden salir y entrar del parque.
Al fin y tras un buen rato largo de carretera pedemos ver la aldea del rocío con su marisma, es la primera vez que estoy en esta zona y quedo maravillado por la estampa y por la señal de camping. Es como si la virgen obrase el milagro del día, ninguno de los dos sabía que en el rocío había un camping y pensábamos ir a uno que estaba a 30 kilómetros cuando apenas nos quedaban fuerzas y dos horas de luz.
Decidimos ir directamente al camping, montar las tiendas y disfrutar del rocío sin las alforjas y no puedo ser la mejor ocurrencia posible ya que el rocío no tiene calle asfaltada y es todo odiosa arena profunda de Playa sobre la que es imposible rodar y más en este puente que esta hasta los topes de gente. Es como una aldea sin ley en el que los caballos y los caches a caballo te pasan al galope al lado, los coches normales circulan a velocidades de vértigo y todos con algo en común, con una mano manejan la montura o el volante y con la otra sujetan un cubata. Decidimos por nuestra seguridad buscar las orillas de las calles y refugiarnos primero en la ermita donde visitamos a la Virgen y después en el paseo de la marisma donde disfrutamos de una atardecer precioso.
Con las últimas luces del día regresamos al camping en donde tras una ducha muy merecida y un paseo por el camping en busca de bebida nos preparamos la cena nos metemos de nuevo al saco que hace un frío que pela la jornada ha sido dura, muy dura pero inolvidable.
Sivina Ocampo dijo El recuerdo conserva una antigua retórica, se eleva como un árbol o una columna dórica, habitualmente duerme dentro de nuestros sueños y somos en secreto sus exclusivos dueños. Me alegra haber compartido con Jorge la experiencia de las primeras horas de rodar por la esencia de una verdadera ruta salvaje y sentir la libertad, el poder rodar hasta el infinito y más allá.
Track de la ruta
Vuelta al Parque Nacional de Doñana: Día 1 Coria del Río – Costa Ballena.
Y de repente el mar: la rabiosa rebeldía del Atlántico henchía sus oídos.
Clarice Lispector
De nuevo me toca huir de la rutina, esta vez gracias a Jorge. Le apetecía una escapada al sur, al clima templado, a rodar entre marismas, playas vírgenes emulando capítulos de Top Gear en el que disfrutan con sus coches por la baja mar de una playa espectacular y visitar un templo de peregrinación de muchos devotos como es la aldea del Rocío.
Madrugamos mucho, algo más de lo normal en mi caso y un esfuerzo titánico en el caso de Jorge no acostumbrado a dar los buenos días al alba a diario. Nos queda un largo viaje hasta Coria del Río en donde dejamos aparcado el coche no sin ante probar nuestra paciencia en un bar de carretera, nos tenemos que acostumbrar a otros ritmos de vida.
Las primeras pedaladas con mi querida Alima mi bici verde son complicados, algo no va y es complicada de conducir. Es como cuando intentan domar un potro salvaje y le ponen por primera vez una silla. La bici es imposible conducirla y se va para todos los sitios, ajustamos la rueda trasera y el peso en la altura de las alforjas y parece que a la bici le gusta más así pero eso nos cuesta el retraso de perder la barcaza que nos ha de cruzar el Guadalquivir y no vamos sobrados de tiempo.
Hemos calculado que para llegar de forma decente tendríamos que hacer 22 kilómetros a la hora, es algo que no veo a pesar de ser una ruta sin desnivel pero por ponernos a ello que no quede. La barcaza no tarda en regresar de la otra orilla y cargar y ponerse de nuevo a cruzar el río esta vez con nosotros iniciando nuestro viaje.
Como todos los comienzos de viajes, los primeros kilómetros son ajustes y mas ajustes del equipaje, hace un sol precioso y la temperatura es una delicia, es como rodar en primavera en pleno otoño casi a las puertas del invierno. Rodamos rodeados de marismas siguiendo la orilla del río Guadalquivir, las largas rectas son las protagonistas y nuestro entretenimiento es en ir
divagando sobre los cultivos, el uso de las distintas instalaciones que nos vamos encontrando, en como una morena busca un euro entre las piernas de un conductor y en ir probando la resistencia de la botella de agua de Jorge que no hace más que caerse una y otra vez hasta que dimos con su lugar en la bici. Vimos gran cantidad de aves como cigüeñas, flamencos y cigüeñuelas, así como un curioso rebaño de ovejas, inmenso que ocupaba una amplia franja de terreno seco entre las marismas y parecía que iban desfilando una tras otra. Dado que el tiempo es oro para nosotros hacemos una breve parada para comer una barrita disfrutando de una zona tranquila que nos acerca hasta la misma orilla del Guadalquivir.
La tarde le va ganando poco a poco el pulso al día, al calor y a la luz de Andalucía. Cuando ya estábamos algo empachados de marismas la ruta nos sorprende con un magnifico pinar en el que ya podemos ver letreros anunciándonos que estamos en Doñana y entramos por al Ermita de nuestra señora del Carmen en donde no solo podemos tomar agua de la fuente, también disfrutamos de un carril bici que sortea la zona arenosa del pinar que es una maravilla y nos dejará en la desembocadura del Guadalquivir a la altura del puerto de Bonanza para ya con las últimas luces del día llegar hasta el Bajo de Guía de Sanlúcar y poder disfrutar de una atardecer espectacular a la orilla del mar.
Instalamos nuestras potentes luces en la bici y nos abrigamos, la noche esta fresca, desde que salimos apenas hemos tenido contacto humano y en los pocos minutos que rodamos por Sanlúcar ya hemos oído frases del tipo “mira estos vienen de Ciudad Real”, “eso no es un luz es una farola”. El paseo marítimo con el ocaso es una pasada y más cuando puedes rodar por un precioso carril bici que fue respetado al 100 % por todos los viandantes, bueno menos por los reporteros de canal sur que no tenían suficiente paseo marítimo grabar. De Sanlúcar hasta nuestro camping en costa ballena lo recorremos en la oscuridad y refugio del carril bici que paralelo a la
carretera nos lleva hasta nuestro destino, con las fuerzas justas y deseosos de montar la tienda, cenar y buscar el agradable cobijo del saco de dormir.
Ha sido un día largo que hemos disfrutado a tope de sol a sol. Creo que nunca la frase de Hermann Hess haya sido tan acertada como lo que hemos vivido en la primera etapa de nuestro viaje Allí está todo lo que necesitas, sol y luna y estrellas, pues la luz que reclamas habita en tu interior.
Track Día 1 de la ruta
Publicado en Viajes, Viajes en Bicicleta
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Peña el águila entre la melancolía y el arroz con cosas.
“¡Siempre habrá un alfarero con su sueño en los dedos!”
Manuel Del Cabral
Hay veces que tienes que parar, ver como todo se mueve a tu alrededor, intentar por un momento dejar de ser un protagonista más de esta obra llamada mundo y sentarte al fondo de la sala, en la oscuridad para ver como se desarrolla la obra y a ser posible intentar encontrarle el argumento a esta obra llamada vida.
Adoro montar en bici en bici y adoro salir a la montaña, adoro madrugar y disfrutar los amaneceres pero últimamente me siento más apático que nunca. Tengo el blog abandonado, con un retraso tremendo en las crónicas y falta de calidad en las entradas, no me gusta y quiero ponerme las pilas en este sentido y volver a disfrutar escribiendo la crónica de cada salida.
Para romper esta apatía y aprovechando las primeras nieves caídas en la sierra le propuse a JJ una escapada a nuestro viejo patio de correrías andarinas que tantos buenos ratos nos ha regalado y JJ acepto con la condición de quedarme a degustar una de sus especialidades culinarias, el arroz con cosas.
Me gusta llegar al aparcamiento de las Dehesas de la Fuenfría y sentir el frío intenso de la montaña, estamos en otoño pero parece que el invierno se ha pasado para ver si todo esta apunto para cuando tenga que tomar el relevo. Nos lo tomamos con calma, hace mucho que no andamos y las piernas se resienten de la larga temporada que llevamos sin senderear y la edad junto con los kilos de más que arrastramos los dos se hacen notar en cada paso cuando la pendiente comienza a ser digamos que graciosa.
El frío es muy intenso, las nubes cubren el cielo y pronto la nieve comienza a cobrar el protagonismos dejando postales de autentica navidad en el entorno. La mala semana que he tenido comienza a difuminarse a medida que el paisaje se va volviendo más y más asombroso, la sonrisa se va dibujando bajo el buff que me protege del frío y el alma sale tímida de sus escondite para ver si no hay tontos con los que tratar que tanto la asustan a diario y la van matando poco a poco.
Alcanzamos el collado de Marichiva y decidimos ponernos las polainas. La nieve esta dura pero en las zonas donde el viento la acumulado te hundes bastante. A medida que vamos ganando altura por la siempre simpática cuesta de la peña del águila el sol se deja ver tímido por entre unas nubes que circulan a velocidad de vértigo y que cada vez son menos dejando un cielo azul intenso que en contraste con al blanca nieve dan al paisaje un tono majestuoso. Un bosque de árboles helados y esculpidos por el viento flanquean el camino, el entorno es espectacular, reina el silencio entre nosotros disfrutando de unos momentos de autentico lujo, la gente camina disfrutando fotografiando cada momento cambiante por la luz que hacen que la estampa cambie asombrándote aún más si cabe. Al llegar al la cima de la peña del águila el viento nos castiga como casi siempre en este lugar, pero ver a la maliciosa jugando con las nubes no tiene precio. Adoro el

otoño, seguramente mi estación favorita a pesar de ser en la que emocionalmente seguramente mas sufra y el invierno, con sus besos fríos y el regalo diario de un minuto más de luz.
Bajamos hacia el Collado de Cerromalejo, esta bajada cuando ha nevado es una de las zonas de cercedilla en donde se pueden encontrar las mejores estampas para hacer fotos y nosotros somos asiduos. Al llegar a la calle alta pronto la nieve deja paso al hielo con placas traicioneras que hay que gestionar con cuidado para no llevarte un buen traspié. La senda que nos deja de nueva en las Dehesas es una gozada, en ocasiones algo difusa y tienda a perderse pero merece la pena disfrutarla si bien el punto álgido de esta zona es la primavera donde el agua y el verdor te embriagan.
Bajamos contentos, por mi parte con el optimismo y fuerzas renovadas

para enfrentarme una semana más a la tontuna y con hambre para devorar el arroz con cosas de JJ. Que para mi le salio rico, rico pero para el no llego a los estándares que tienen acostumbrado en sus guisos.
El poeta Estadounidense Henry Wadsworth defino la melancolía como una tristeza, un deseo sin nada de dolor, parecido a la tristeza en la misma medida en que la neblina se parece a la lluvia. Y tal vez sea lo que este viviendo en estos momentos.
Track de la Ruta
Una vuelta por San Esteban de Gormaz.
“Cada experiencia lleva en sí misma su lección.”
Frank Herbert
Me levanto muerto, tengo las piernas como palos y el día no acompaña. Las nubes lo cobren todo y caen ligeras gotas pero Jaime sonría, habrá que montar no?
Desayunamos, recogemos la casa y tras guardar todos los bártulos cargamos las bicis en el coche en busca de cielos abiertos que nos permitan rodar camino de Madrid en nuestro viaje de vuelta. Pronto las nubes comienzan a dispersarse y el azul del cielo acompañado de una temperatura agradablemente otoñal comienza a sonreírnos invitándonos a parar y rodar un poco, unos kilómetros tranquilo para estirar piernas y terminar de rodar un puente que nos ha salido redondo.
Aparcamos en San Esteban de Gormaz y pronto nos ponemos a rodar por una carretera de estas terciarias sin tráfico que son una gozada para disfrutar de la flaca. Me siento agotado, con pocas fuerzas y fuelle para una ruta pero estamos para disfrutar y rodar un rato, la ruta no tiene grandes paisajes, salvo el magnifico castillo de Gormaz que domina toda la llanura desde su atalaya y que Jaime no puede resistirse a coronar mientras yo me dejo caer por una agradable bajada hasta Recuerda en donde me paso el desvío y tomo el camino del Duero pero en sentido contrario hasta que me doy cuenta y vuelta a tras para enlazar con el Track en el pueblo y esperar la llegada de Jaime.
La zona de recuerda con el Duero a un lado es bonita, la carretera se empeña en subir una loma, una joven de la localidad que ha salido a dar una vuelta con su bici hibrida charla con un joven que desde la furgoneta la hace ojito. Pasamos Villanueva de Gormaz y el paisaje se encajona, comienza a tener su encanto, una mujer arrastra un carro cargado de cosas a modo síndrome de Diógenes camina por mitad de una carretera solitaria junto a dos pequeños perros que salen a saludarnos y nos cuesta no atropellarlos. Al llegar a Fresno de Caracena un gran cartel nos anuncia “ Travesía muy peligrosa” y a la que me río por la exageración del anuncio a punto estoy de irme al suelo al pillar gran cantidad de tierra en la curva que tomamos para descojone de Jaime que me recuerda lo peligroso de la travesía, que por algo esta anunciado. Pero este pueblo lo recordaremos como el pueblo en el que se termina la carretera y no podemos continuar con el Track que teníamos ya que de asfalto se torna a pista en perfectas condiciones pero que no nos motiva para ir con las flacas, mi choni es poligonera pero muy señorita para los caminos.
Decidimos volver al coche y dar por concluida nuestra ruta estira piernas y la vuelta nos sorprende con una carretera en perfecto estado, vamos casi a estrenar y un paisaje de monte bajo espectacular para terminar cruzando el Duero con el otoño como protagonista en su ribera. Como se me ha roto la tarjeta de la cámara sacamos unas fotos con el teléfono las únicas para ilustrar esta crónica y completamos nuestro circulo rodando por un gran recta flanqueada por un mar de invernaderos que no nos quedo muy claro lo que cultivaban. Al final terminamos entre risas llegando al pueblo, yo ya con la reserva en mis piernas y feliz por el gran puente que hemos disfrutado y la verdad es que lo necesitaba.
Nos cambiamos y nos metemos para el cuerpo un bocadillo de salchichas con patatas fritas de bolsa y chorizo frito que habíamos preparado por la mañana, que para algo nos hemos puesto a quemar calorías esta mañana.
Esta no es una gran ruta pero vale como escusa para dar unas pedaladas, sentir el viento, el sol y hacer realidad el dicho de Rousseau Es verdaderamente libre aquel que desea solamente lo que es capaz de realizar y que hace lo que le agrada. Que le vamos a hacer nos gusta montar en bicicleta.
Track de la ruta.
(Perdón por las fotos pero fallo la cámara)
Publicado en Salidas con Flaca, Viajes
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