La vida es como una errata tipográfica: constantemente estamos escribiendo y reescribiendo las cosas, una y otra vez.
Bret Easton Ellis
Hacía mucho que no cargaba mi bici en la furgoneta para disfrutar de una ruta por la montaña, sin ser la de carretera en busca de puertos. Esta vez tampoco era la de montaña, miro por el espejo retrovisor y Dora, mi bici de Gravel, ve pasar el paisaje feliz. Carretera o caminos a ella la da igual puedo con todo.
Tengo unos días libres, montar en bici un día laboral tiene un color de luz especial, un aroma diferente, es como disfrutarlo el doble. He salido tarde, me gusta madrugar pero la edad cada vez se aferra más a las sabanas y en él duerme velas que ni te levantas ni te duermes pierdo el tiempo para ruta larga que tenía pensada. Al final decido salir de Becerril por el polígono industrial, esta cuesta siempre me ha despertado una media sonrisa, la sonrisa entera me la dibuja la subida hasta la entrada de la barranca, podía haber optado por subir por el camino de Santiago y disfrutar del sendero, pero las buenas ideas se me ocurren tarde, estoy muy oxidado en montaña.
Continuo subiendo ahora si por la carretera que te deja en el aparcamiento de la barranca, un ejército de ovejas invade la carretera custodiadas por un enorme mastín, es la primera vez que veo ovejas en la barranca, lo de parque nacional cada vez me sorprende más. Tengo mis dudas con el mastín, me paro delante de él, me mira y se da la vuelta como diciendo anda pasa.
Al llegar a la barranca dos autobuses han desembarcado hordas de jóvenes gritones que van arrasando con lo que encuentran, tirándose piñas unos a otros, dando palos a las plantas sin el menor control por los sufridores profesores que guían este ganado, lo de este parque nacional no deja de sorprenderme (bis).
La pista la recordaba mucho más compacta, mis neumáticos de la Gravel son para pistas duras y le cuesta mucha rodar por una superficie tan suelta. Hago una pausa en la fuente, los gritos han quedado atrás, reina el murmullo de la naturaleza, la luz jugueteando entre la espesura de los pinos y el agua corriendo por un caño que me regala un trago de frescor increíble. Sigo ascendiendo, el desarrollo de mi Gravel esta genial para viajar pero no para trepar cuestas de montaña. Algunos jubilados que disfrutan de un agradable paseo me saludan, dejo atrás la fuente de la campañilla y ahora es cuando la subida se pone interesante. La pendiente aumenta considerablemente, a la par que la arena en la pista lo que me hace perder tracción y poner pie a tierra. Tengo que empujar la bici un tramo corto hasta encontrar el suficiente agarre como para poder volver a pedalear y esta vez sí, sufriendo como un condenado me reencuentro con uno de mis rincones favoritos de la sierra de Madrid el mirador de las canchas con la Maliciosa en frente y Madrid en la lejanía luciendo su boina de humanidad.
Me refresco, tomo una barrita, un par de fotos y me dejo embriagar por la paz y la soledad que se respira, el sol calienta mi rostro, seca el sudor y me recarga unas pilas de esperanza vital que tengo al mínimo. Toca la bajada, algo que temo, ya que apenas tengo agarre por lo que no puedo lanzar la bici no me sería posible detenerla. Un par de sustos me hacen ajustar la velocidad, un grupo de senderistas me dicen que esa bici no es para las pistas, noto como Dora se ríe a carcajadas, que sabrán del Gravel. Al llegar a la barrera tengo que ajustar la dirección, wiggle no la dejo muy apretada. Bajo por la carretera hasta la Fonda real, esta vez sí a toda pastilla fustigado por una correa de la mochila mini que llevo a la espalda, me desvío hacia la presa de Navalmedio, en la valla retomo mis pedaladas y busco el sendero divertido que está pegado a la carretera. Que gozada, lo disfruto como un niño el día de reyes, hacía meses que no me lo pasaba tan bien sobre una bici y rodar con Dora por estos senderos es una delicia, sin suspensión sintiendo la piel de la tierra en tus brazos en tus piernas, puro flow en hermanamiento con la naturaleza como nunca antes lo había sentido.
Continuo por carretera, es tarde pero no quiero regresar a casa aún, me meto en la presa de Navacerrada y recorro su camino de la orilla hasta el antiguo chiringuito, el camino es ideal para la Gravel y se disfruta a tope volando, enarbolando la bandera pirata ciclista que no es otra que la sonrisa en los labios. Estoy disfrutando como hacía tiempo y quiero seguir, busco dar la vuelta al monte de collado (cerro del castillo), por su pista
algo rota al principio pero que por el éxtasis del momento me la bajo del tirón, toda una trialera para un bici de Gravel. La pista se vuelve más accesible, más dura y rodar es una delicia que lleva a ganar velocidad y volar por la pista flanqueada de pinas, el Gravel es una droga y Dora mi GT Grade me ha enganchado. Termino en la urbanización Serranía de la paloma, tan solo me queda ascender unos metros por la carretera y llegar al dique de la presa, inundar mis retinas con las cumbres madrileñas desde balcón donde disfrutarlas y dejarme caer hasta becerril.
La escritora Jamie McGuire, escribió en su libro maravilloso desastre: Supe en el segundo en que te conocí que había algo en ti que yo necesitaba. Resulta que no era algo en ti en absoluto. Eras solamente tú. Puede que el Gravel sea volver al origen del MTB, volver a la semilla que nos enganchó en esto del ciclismo, en la simplicidad de salir, montar y disfrutar descubriendo tu entorno con una nueva mirada.



Inició mi serie de rutas Gravel, de rutas en las que el asfalto y la tierra se dan la mano. Salgo de Alcorcón por el camino clásico de ruta de Flaca, es tarde y no puedo perder tiempo en la exploración de pistas para acortar el aburrido sube y baja de la universidad, lo dejo para otras aventuras. Me encuentro feliz, Dora es una bici sorpréndete con la que me siento como un niño disfrutado de su juguete preferido, ruedo rápido y me sorprendo, voy tan bien o mejor (a mi ritmo globero) como si hubiese salido con la de carbono.
las tostadas ya están quemadas en llegar hasta aquí. Bajo por las calles empinadas de Navalcarnero hasta las obras del metro, los juguetes rotos de la comunidad de Madrid que se guardan esperando tiempos mejores. Empiezo a disfrutar de la pista, de la tierra que le da al Gravel ese punto de picante a la ruta, el “burlesque” del ciclismo y como señorita con el can-can al vuelo me lanzo hacia el pinar, los ruedas gordas (yo también soy uno de ellos en mi faceta MTB) me miran cómo diciendo » donde va este» pero al ver como Dora surfea el mar de arena escucho un » joder y yo lo he pasado andando». Dejo el precioso pinar y como una campeona, Dora mi GT grade, navega por el mar de arena hasta alcanzar el mojón de Navalcarnero. La bajada al río está cerca, y la gestionó con prudencia, mis neumáticos son mixtos pero más de asfalto y pista dura que arenilla suelta. Mientras cruzó el puente escucho un » mira uno de los nuestros, yo no vuelvo». Lo dicen por el maillot de MBT del bajo Tiétar, una ruta dura, llena de cuestas, muchas cuestas.
La salida de Móstoles es cansina y empinada, decido subir hasta el helipuerto, perdón plaza de toros y enlazar con el parque. La pista me deja en un carril bici, esto es Gravel en estado puro, de la tierra al asfalto y tras reponer agua en la fuente del parque un poco más de tierra por el cementerio de Alcorcón, con su mini lago y su tanqueta de represión hundiéndose.

sosa y aburrida en mi vida, no hay bromas, la gente no habla, no hay música, no hay aplausos, solo sangre en la mirada y los GPS listos para que Strava dicte sentencia, todos sabemos que esos serán los tiempos oficiales. Salimos y adelantó a tres, encuentro mi lugar en la carretera y detrás mío unos tres mil ciclistas me que poco a poco me adelantaran por grupitos.
Dani tira para entrar en tiempo, yo no me veo, pero lo voy a intentar, dos chicas me adelantan, las mujeres del público enloquecen con ellas animándolas, paso el control Covadonga por un par de minutos y ante mi un muro, me encuentro bien, hordas de ciclistas con la marcha terminada regresan victoriosos, te anima, te animan mucho, la gente que ha subido para la clásica te anima también, pero empieza mi calvario, tengo fuerzas, tengo ganas pero no tengo piernas, los calambres comienzan en el comienzo de la huesera, intentó estirar, pero se pasan a la otra pierna, apenas puedo rodar unos cientos de metros sin volver a sentir los calambres, tan solo puedo estar 10 segundos subido en la bici con lo que cuesta arrancar tras cada parón, algunos se sientan para ver el paisaje, otros se dan la vuelta, no llegamos a control de meta, me da igual 

menos un cuchillo. Es día laborable y se nota un poco en la carretera, pero aun así el tráfico es prácticamente nulo. Prefiero empezar a rodar en invierno, cuando el frío te anima a buscar el calor interior, pero las primeras horas de las mañanas de verano tienen el aroma del aire fresco, como el aroma que desprende un horno al abrirlo para ver la cocción de la masa de un bollo o el pan, es la brisa templada, el beso que apenas te roza los labios y sabe a pasión.
Tras la bajada comienza el puerto de Alía o la subida a Puerto san Vicente, muy llevadero hasta sus dos kilómetros finales donde las rampas del 11% al 12% te meten todo el castigo de la subida como recuerdo por tu paso por Extremadura. Antes de coronar charlo con otro peregrino en bicicleta que comienza a bajar el puerto, somos sureños de Madrid, los únicos locos que en pleno agosto se ponen a peregrinar hacia Guadalupe.
Al final llego con tiempo suficiente para comprar el billete de tren, algo de comer en el Aldi que hay enfrente de la estación y sentarme un ratillo en un rincón de una estación fresquita que poco a poco se va llenando de viajeros que serán mis compañeros de viaje hasta Leganés, donde rodare unos kilómetros hasta Alcorcón y pondré fin a un viaje que he disfrutado, pero me que físicamente me ha costado mucho, tal vez demasiado a tenor de lo que dure la lesión de la mano y su recuperación pueda suponer.

paseo hasta Talavera y regresar a casa en tren. Como las mejores decisiones se dan pedaleando cargo la etapa 2 y comienzo dando pedales, me siento bien, el culo es llevadero, las piernas responden de lujo y la mano realiza las funciones básicas que necesito de mantenerme sobre el manillar, frenar y cambiar. Cuando me quiero dar cuenta me veo mirando mi sombra reflejada en al arcén, una bici enorme sobre la que va montada la estilosa figura de una señorita de Avignon, en seguida me veo con 15 kilómetros recorridos, a 15 kilómetros de mis dudas y mi fracaso, a 15 kilómetros de decir hacer toda la etapa por carretera y así dar un respiro a mi cuerpo, hay que seguir.
sobrino había ido en la bici a la fuente de dar de beber a las ovejas y el pensó: mira este con lo vago que es ha llegado hasta aquí con la bici y ostias tu que tenía motor y le dijo tu tas comprao una amoto. Y así es como las ebike han conquistado este agradable rincón de Toledo.
Yo apenas tengo ya nada de agua, la bajada es rápida, con un asfalto de lujo y busco una fuente mientras una sonrisa queda anclada en mi cara, menos mal que he superado mis miedos, mis temores y mi apatía.

