Hay un momento en la vida en que dejamos de mirar y nos dedicamos a ver. Ya no buscamos con los ojos. Fijamos la mirada en un punto del presente o del pasado y las imágenes llegan solas, repetidas, escuchadas. Es la vejez.
Alejandro Palomas.

Año a año repito rutas, lugares. ¿Me hago cómodo o busca la simplicidad fruto de la edad?. Quiero imaginar que hay un poco de todo, una mezcla de ganas con esencia de viejas fuerzas y un toque de ilusión. Los cincuenta son los nuevos treinta, y una mierda.
Quiero subir a los lagos de Covadonga de nuevo, esta vez con una gravel en mono plato y con un desarrollo que ni en mis mejores años subiría con soltura. ¿Será la crisis de los cincuenta? Yo no me he comprado un deportivo para ser mas joven, estar mas vivo, aferrarme a la vida, para eso ya tengo el triatlón. Soy consciente del paso de los años, cuando cada vez me es mas complicado motivarme para iniciar una aventura, un nuevo reto. He confesar que una parte de mi pide echar el ancla, encontrar un lugar donde fondear el barco de la vida y dejar reposar mi alma viajera física y disfrutar del sol del mediodía leyendo, pasar las tardes adormilado viendo pasar las nubes hasta el ocaso y disfrutando de mis recuerdos. 
Pero este año una vez más solté amarras, tal vez con las ganas de guardar el recuerdo de lo vivido en imágenes. He encontrado las fuerzas y las ganas en el canal de YouTube para seguir adelante un poco más y he confesar que cada vez me cuesta mucho mas de lo que se ve en el vídeo terminar los retos o las rutas. Esta vez no me veo con las ganas y las fuerzas para salir desde Ribadesella en la bici para coronar lagos, o tal vez por la cantidad de veces que el año pasado lo hicimos JJ y yo. En cualquier caso subo en la furgoneta hasta el aparcamiento de Covadonga y así sacar una visita posterior al entorno que merece mucho la pena.
Entro en el aparcamiento y dos coches tras de mi lo completan, el día esta ideal para disfrutar de Asturias. Grabo la entrada para el blog y comienzo la ascensión con el replicar de las campanas de fondo, en la rotonda me quedo sin desarrollo ya no tengo mas piñones y creo que tampoco fuerzas, subo como puedo a golpes de ilusión, tiran de mi ganas por pasar un día en la montaña, de divertirme grabando una ascensión sufriendo como muchos de los que leen este blog lo hacemos dejandonos el alma en cada pedalada, pero disfrutando cada segundo entre jadeos de paisajes increíbles.
La carretera esta cortada a los vehículos particulares, pero es tal el volumen de tráfico de autobuses y furgonetas que de no estar cortado sería un atasco permanente. Tomo un respiro en el primer mirador llamado de los canónigos para ver las vistas a Covadonga, lo de mirador es un eufemismo ya que esta completamente cegado por la vegetación, que poco cuidamos la mayor industria de nuestro país, el turismo. Si esto fuese un producto el no poder disfrutar de las vistas sería una fallo de fabricación, una garantía, pero tampoco es algo que moleste mucho, tan solo es un mirador para los que suben andando o en bici, vamos los que no ha pasado por caja por lo que no cuenta. Me tomo un descanso, repongo fuerzas y veo la gran diferencia entre como subo yo y como sube un aficionado normal de bici, me siento hundido. Pero bueno total lo mío solo es para disfrutar, no tengo tiempos en Strava que superar y no me soy a sentir mal si subo 20 segundos mas lento o 20 minutos, a mi con llegar vivo a la cumbre y disfrutar de las vistas me vale.
La subida por conocida, bueno como se ve en el video no tan conocida, no se hace mas llevadera, subo mejor de lo esperado, tal vez tenga mas fuerza y fondo del que pienso, a medida que gano altura me siento mas feliz, más fuerte y con mas ganas de terminar. Una vez que superas la huesera el paisaje gana protagonismos al sufrimiento, bueno no lo iguala o lo atempera, lo hace mas llevadero porque una parte de ti esta en paz. Cuando pienso que ya queda poca subida en un giro me encuentro encaramado en las alturas un autobús girando por la montaña, esta subida crece con los años, o mas bien mis piernas van siendo cada vez mas cortas para realizar estos esfuerzos. Dejo atrás el mirador de la reina, en bajada siempre me gusta hacer una pausa, que también la bajada se las trae. Queda poco, pequeña bajada en la que siento el aliento de la cumbre, hace algo de frío. El mastín que cuida el rebaño esta mas por pasar sus días descansando y se mueve lento, pesado, sin querer saber nada del mundo que lo rodea. Un último esfuerzo y los lagos ante mi de nuevo. Siempre me dibujan una sonrisa, seguramente porque es el fin de la subida, pero se que es por la felicidad del alma, algo dentro de mi ante paisajes impresionantes se siente en casa. No hay muchos turistas de autobús, se puede ir cómodamente y disfrutar de los lagos sin agobios ni incordio en los videos o las fotos.
En la bajada el tiempo asturiano toma protagonismos y comienza velar los lagos con niebla. Gracias por permitirme un año más disfrutarlos en su plenitud. Me abrigo y disfruto lo sufrido en la subida. El Mastín tirado en la carretera no permite al autobús avanzar no tiene muchas ganas de quitarse tampoco. En el mirador de la reina disfruto en solitario de las vistas, Rosalía luce preciosa en un entorno inigualable. Termino la jornada comiendo en el interior de mi furgoneta, fuera hace fresco y me doy de postre una vuelta por Covadonga, algo muy recomendable si llegas hasta aquí.
Luis Landero en “Hoy Júpiter” dijo La vida es sólo un soplo y un sueño, los años te atropellan, las edades vuelan, los imperios se desmoronan, cuando quieres darte cuenta hoy es ya mañana y mañana fue ayer. Yo siento el paso del tiempo cada día más rápido, pasan las estaciones, los años fugaces, toca disfrutar el tiempo de calidad.
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Crónica en video







Llego hasta la barrera que pone fin a la pista, repongo fuerzas y comienzo a subir por asfalto, tocan dos kilómetros y Rosalía nota que el 8% de carretera no es lo mismo que en pista, se la nota más juguetona, como diría
camino con el rumbo correcto. Una sucesión de giros y largas rectas me dejan de nuevo en mi track, toca la maldición del ciclista, una larga bajada en una subida, perder lo que has ganado sin piedad para nada. El GPS marca que he ascendido 1.000 metros, la pista por algunos momentos se hace mas rocosa, más divertida. La vacas se cruzan en tu camino y el bosque deja el protagonismo a los pastos. Hace mucho calor y pequeñas ráfagas de aire agradable me dan un poco de respiro. No me queda mucho para decir basta, ya no queda casi gasolina ni puerto. Tiro de oficio y consigo llegar a la carretera tras dejar atrás lo que para mi fueron las peores rampas de toda la ruta.

La alegría de subir acorde a mis fuerzas toca a su fin, la pista se pone exigente a la altura de la fuente de la campanilla, me asombra la cantidad de trail runner que hay, ¿ será el nuevo boom de deporte de moda?, la verdad es que es mi siguiente paso, quiero intentarlo una vez tenga fondo de carrera en asfalto, y se que no tiene nada que ver pero algo de fondo corriendo tengo que tener. Sufro en las rampas como hacia 20 años, pero las subo. La bici es noble y mis años de experiencia se notan. Disfruto un rato breve del mirador, la de veces que he estado yo solo sentado un buen rato de las vistas y ahora es una atracción. Bajar con los neumático de 45 y los frenos de disco es otra cosa, bajo seguro, disfrutando de la bajada, de las vistas y de la bici. 
Y si para colmo, el final de la ruta es la parte izquierda de la presa, no se puede terminar con mejor sabor de boca una ruta. Mas senderos, mas giros con vistas sorprendentes de una presa a rebosar de agua y todo ellos en un día caluroso pero atenuado por viento agradable.






