Por los Senderos del Escorial

No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda, y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños. Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento.

Mario Benedetti


La niebla apenas me deja unos metros de visión, los suficientes para poder ver salir a Mon del portal de su casa empujando su bici, una sonrisa y un buenos días como a los que a mi me gustan “… esto no nos va a asustar ¿verdad?”, bien sabe mi amigo que la pedalada más dura cada fin de semana se da al levantarse uno de la cama un sábado a las 7:30 de la mañana y no cuando se monta en la bici o cuando levanta la persiana y el alba brilla sobre las aceras brillantes por el agua caída.

Los dos tenemos pocas fuerzas y muchas ganas de montar, pasarlo bien y disfrutar un buen rato en compañía de amigos. Cuando atravesamos el embalse de Valmayor el día nos regala un cielo azul precioso, uno de estos días que sueñas disfrutar durante toda una semana y se ve cumplido.

Llegamos al punto de encuentro un poco tarde, pero nuestro amigo Totapillao que nos esta esperando entiende nuestro retraso, el apenas acaba de llegar también si es que somos del club de los perros.

Para esta ocasión cargo en el GPS varias rutas, no tenemos claro que hacer, no sabemos como estará el terreno ni hasta donde aguantarán nuestras piernas, ante tanta dura decido ver que tal esta un track que tengo desde hace tres años en la recamara y nunca me ha dado por recorrerlo, su nombre los senderos del Escorial, atractivo ¿verdad?

La temperatura es muy agradable y anima a pedalear si ir encogido por el frío, el primer tramo es como un kilómetro por carretera, un mal menor teniendo en cuenta lo que nos regala por sufrirla. En cuanto empezamos a sentir el salpullido del asfalto, toda una pomada balsámica a modo de sendero divertidísimo, técnico, tendiendo a bajar pero en el que hay que dar pedales para disfrutar a tope de la bici no solo nos hacen entrar en calor, también comienza a dibujar en la comisura de los labios el esbozo de una sonrisa de las buenas. Dejamos atrás Peralejo para tomar una senda que esta vez nos toca en subida, muy ligera y disfrutonas con sus buenos charcos y sus pasos entretenidos que nos deja en Zarzalejo Estación.

Como ya he dicho nos hemos juntado cuatro perros de los buenos Mon, Totapillado y Tiny, Creo recordar poder encontrar una bajada divertida tras una tapia en Zarzalejo pero nos tacaría ir hasta el pueblo y ascender unos metros, pero como para nosotros cualquier escusa es buena para no subir o subir lo menos posible, un sendero picarón nos tienta y resulta ser entretenido.

En el horizonte Madrid aparece envuelto en mar de nubes, una densa niebla envuelve la capital dejando una estampa de foto, ya que tan solo se ven las torres de la antigua ciudad deportiva de Madrid desafiando a la naturaleza.

El camino que tomamos nos deja en la silla de Felipe II, pero nosotros vamos de senderitos y disfrutamos uno muy cortito pero disfruton de los buenos, de los que das gracias a Díos por tatuar en el planeta delgadas sendas de felicidad que poder disfrutar sobre dos ruedas. La mini senda tiene su continuidad en una trialerita de bajada, no muy técnica salvo un paso un tanto de valor pero que sin ser una cañera te deja el cuerpo bien servido en emociones.

El entorno de la silla esta precioso, un mar de hojas cubren el suelo mientras las sombras de las ramas desnudas juguetean entre ellas, el contraste de la hoja seca con el verde de los troncos deja un toque en el paisaje sensacional. Pero tanta belleza no puedo ser bueno para un biker que comienza a acumular kilómetros en sus piernas y el sendero cuesta pasa una factura enorme que nos obliga a reponernos antes de ir retornando hacía el Escorial.

Salimos de la pista para tomar una senda junto al quitamiedos que nos dejará en el cruce del escorial con la carretera de la cruz verde, la cual abandonaremos en unos metros para continuar ganando altura cerca de las casas del Valle, en donde una pista con unas vistas maravillosas nos dejara en las puertas del Escorial, pero es pronto y el GPS nos dice que aun nos queda tela por cortar, surgen dudas ya que tenemos que dejar la pista para meternos por una senda tentadora pero hacia arriba. Optamos por seguir y las z del sendero me sacan los colores, las piernas ya son dos palos insensibles sin apenas fuerzas para afrontar las zonas más duras.

Una vez en la zona más alta una senda en medio bajada nos hace disfrutar un rato hasta cruzarnos con una rampa de la buenas, de las caras, nos la quedamos mirando sin dar crédito a lo que el cabrón del garmin nos dice, que la rampa es para arriba, nos ha jodio, como el no da pedales.

Mon nos plantea una cuestión o dos cervezas en el bar si nos tiramos todo para abajo, o una si continuamos, yo no me encuentro con fuerzas, pero la curiosidad me mata y terminamos subiendo la rampa de las narices.

Una vez arriba rodamos un trecho hasta que de nuevo el GPS nos marca otra subidita cuando tenemos que frenar a Mon que continuaba pista hacia abajo. Esta vez nos lo pensamos un poco más, pero vuelve a triunfar el espíritu aventurero, bueno más bien nadie que dijera, “yo os espero en el Bar” y esta vez se obro el milagro.

Tras una breve y nada intensa subida, una senda alucinante, maravillosa, disfrutonas y bellísima nos va sorprendiendo con cada pedalada, culminando en un orgasmo puro cuando la senda nos sorprende con un paso bajo un árbol caído y tras el una cascada maravillosa entonando la oda a los decididos, a los entregados a la causa del disfrute y el buen rollo.

Con una sonrisa de oreja a oreja y el sentir de haber recorrido una gran ruta de disfrute, terminamos en el bar disfrutando de nuestras bien merecidas cervezas.

Que razón tenía Domenico Cieri Estrada cuando dijo Advertir la vida mientras se vive, alcanzar a vislumbrar su implacable grandeza, disfrutar del tiempo y de las personas que lo habitan, celebrar la vida y el sueño de vivir, ése es su arte.

Track de la ruta

 

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Una vuelta por la albufera de Valencia.

“Éramos yo y el mar. Y el mar estaba solo y solo yo. Uno de los dos faltaba.”

Antonio Porchia


Las vacaciones tocan a su fin y antes de volver a casa hemos decido visitar la albufera de Valencia. Hay mucha gente que no puede vivir sin el mar, lo necesita tanto como yo la montaña y he confesar que a mi me aburre mucho pero cuando me encuentro frente a el tras unos cuantos años sin sentir su caricia en mi piel y el embrujo de su melodía costera algo me cautiva.

Comenzamos la ruta desde el Palmar, pueblo enclavado en la misma albufera, Según aparcamos comienzan caer unos goterones de escándalo que animan al resto a unirse a la fiesta de la lluvia. La ruta del día anterior me había desanimado un poco y esta ruta por la albufera con el día que hacía no prometía mucho. Nos tomamos un café en un bar haciendo tiempo al mal tiempo y retornamos de nuevo al coche. Al poco de estar pensando opciones veo que deja de llover y en un arrebato de locura le digo a Borja que ahora o nunca, y al poco comenzamos a rodar bajo un tímido chaparrón que se aferra a una nube con más ganas de irse al interior que de quedarse en la costa.

Para mi la albufera de valencia es la serie que veían mis padres cuando yo era pequeño “Cañas y Barro” basada en la obra de Blasco y Ibáñez, fruto de la fama de esta serie aún quedan embarcaderos que ofrecen los servicios de paseos por barca bajo este nombre. He de confesar que rodar por la albufera no estaba entre mis opciones de rutas preferidas, pero cuando me lo propuso Borja me llamo la atención y fue tan solo rodar unos kilómetros por ella para caer rendido a su orilla por lo fascinante del entorno. Rodar por lenguas de tierra que se meten entre lagunas de agua que son plantaciones de arroz, el mar a escasos metros y de fondo las montañas me dejan fascinado, es una lástima no haber planeado mejor esta ruta y haber disfrutado todo un día en la albufera buscando alguna puesta de sol que prometen ser espectacular. El barro se ha apoderado de nuestras ropas y monturas, pero el cielo azul asoma entre las nubes y la temperatura invita a rodar en maillot largo sin chubasquero ni abrigo.

El desconocimiento de la zona nos obliga a seguir el track por lo que pronto nos saca de la albufera y rodamos por pistas mas secas que las anteriores pero con escaso interés salvo el de ir alternando huertos con cultivos de Naranjas u olivos.

Al llegar a la zona del puerto de Valencia comenzamos a cambiar de rumbo dirigiéndonos de nuevo hacia la albufera, tres prostitutas bailan en la entrada de una fábrica mientras nosotros hacemos malabarismo por no caernos en el barro de la zona. Desde que hemos dejado la albufera la ruta ha ido perdiendo encanto hasta llegar a aburrirnos un poco, hasta el punto de picarnos con una vespino pilotada por un vejete que nos miraba de cara de sorprendido al vernos adelantarle como posesos. Pero como toda ruta tiene su sentido, el objetivo de tanta vuelta inútil no era otro que hacer hambre para un final increíble. De repente dejamos las pistas aburridas por un carril bici maravilloso que pegadito a la orilla del Mar, nos hace olvidar los últimos kilómetros basura.

Los pinos vuelven a hacer su aparición y un cartel nos anuncia que entramos en algo maravilloso, Itinerario de los Sentidos. Y tanto, ya que vamos alternando carril bici con sendas increíbles, muy estrechas y cerradas en algunos casos, llenas de arena en otros pero todas divertidas y disfrutonas. La lluvia vuelve  a hacerse notar, estamos apenas a tres kilómetros del palmar y decidimos ir a toda máquina para concluir la ruta antes de quedarnos empapados y helados ya que esta vez la lluvia  cae con ganas.

Al llegar al coche cesa, lo que nos permite secarnos y cambiarnos tranquilamente, disfrutando de un buen bocata para poner el colofón a nuestra jornada ciclista.

Ha sido una pena no haber elegido mejor día para disfrutar de esta zona, una maravilla ya no solo la albufera, también la playa del Saler y su entorno alucinante. Ha sido un gran broche para las vacaciones, me voy con un  buen sabor de boca, a mar, o como diría Jenniley Bonilla Hace algún tiempo persiguen tus recuerdos mis caminos y sudan bajo el sol, tras mis talones los días más felices ya vividos.

 

Track de la ruta. Gracias a RutaDura

Galería de fotos

 

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La cueva Santa

La fe es un oasis en el corazón, que nunca será alcanzado por la caravana del pensamiento.

Khalil Gibran

Pues la verdad es que mucho no acertamos con el tiempo, el día anterior nos fuimos a andar pensando que llovería y aplazamos la ruta de bici, al bajar a desayunar nos encontramos que el suelo esta empapado y unos nubarrones negros se alejan por entre las montañas.

Dejamos el coche el Altura y comenzamos a rodar por la vía verde, la cual dejaremos a escasos metros del pueblo para adentrarnos en caminos de servicio para acceder a los olivos. A diferencia del primer día estos no estar adecuados con su capa de hormigón por lo que en ocasiones tenemos que sortear pequeñas trampa de barro. En apenas un par de kilómetros nos orientamos para comenzar la dura subida que nos llevará hasta la cueva santa por caminos cuando me doy cuenta que a unos 500 metros unos perros nos esperan ladrando en el camino, dos de ellos son de caza solo ladran pero me fijo en uno en especial, es un perro de presa que esta como poseído, se mueve frenético en círculos y de vez en cuando tira tierra para tras con sus patas traseras como un toro al envestir o como si fuese a salir corriendo hacia nosotros y derrapase de la potencia ejercida. Decido darme la vuelta, Borja se queda mirando en unos segundos me adelanta veloz con un “corre que viene”, miro para atrás y veo la bestia corriendo hacia nosotros saltando entre los olivos. Escucho la voz de un hombre llamando al perro, a la voz se le une la de una mujer, el perro sigue avanzando y de los gritos llamando al perro de forma insistente se puede apreciar cierta preocupación, el animal es peligroso y viene a atacarnos directo.

A escasos cien metros el animal decide darse la vuelta y nosotros optamos por buscar la carretera.

Es increíble la falta de civismo que tienen muchas personas impidiendo al resto disfrutar de los caminos públicos por mucho que pasen cerca de su casa de labriego y más con un animal de presa que te puede hacer mucho daño. El perro nos ha jodido la ruta, veo que puedo empalmar de nuevo el track más adelante, pero el día un tanto frío y triste, el terreno muy mojado y arcilloso, el cansancio que ya empieza a hacer acto de presencia nos hacen optar por la vía sencilla de subir a la cueva por la carretera.

Lo de sencilla es porque tan solo hay que seguirla la carretera ya que de subir un mini puerto no te lo quita nadie, además como el día no esta para muchos trotes apenas acude gente a visitarla y más cuando siendo lunes en principio tendría que estar cerrada.

Me cuesta un triunfo subir hasta la entrada de la cueva, tengo que ponerme en forma y dejar de ir arrastrándome de ruta en ruta, que no es forma de disfrutarlas. Dejamos las bicis en la entrada y visitamos la cueva Santa.

Este lugar es algo “campechano” un lugar de culto para estar por casa pero que guarda una cueva maravillosa que no deja indiferente, merece la pena buscar por Internet la historia de esta cueva que es apasionante y de todo el folklore que se ha generado al boca-boca popular, a mi me ha gustado y he disfrutado en su interior, no tanto como a Borja que la cueva a si no le ha gustado nada, es bueno tener gustos variados.

Me llama la atención una señora que baja con dificultad los escalones acompañada de una amiga también entrada en años que tampoco se le ve muy sobrada en salud, la mujer que baja apoyada el brazo de la amiga y de un señor que aparenta su hijo, da por bueno bajar el primer tramo y desde arriba se le ilumina la cara cuando ve la imagen de la virgen, la amiga la anima “ el año pasado estabas mucho peor y bajamos, mira este año gracias a al virgen que bien estas”, me hago un poco el remolón hasta que los tres llegan frente al altar y la mujer se aferra a la verga con emoción dando gracias a la virgen. Para muchos la fe es una perdida de tiempo, para otros una mano salvadora que les guía y les reconforta. Cuando salimos nos damos cuenta de la vocación que mueve este lugar de culto ya que comienza a llenarse de gente.

Damos una vuelta por los alrededores pero me siento muy cansado y con pocas ganas de rodar, le propongo un plan cultural para por la tarde y Borja acepta.

Del día tan solo nos resta descender y disfrutar esta vez de una deliciosa comida de nuestro chef Patrick.

Espero que nunca se entere que por la noche cenamos en un chino y nos gusto.

Track de la ruta  (Gracias a Toneitor)

Fue el track que usamos para guiarnos y prometía.

 

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De Senderismo por Gestalgar

“La vida no te está esperando en ninguna parte, te está sucediendo. No se encuentra en el futuro como una meta que has de alcanzar, está aquí y ahora, en este mismo momento, en tu respirar, en la circulación de tu sangre, en el latir de tu corazón. Cualquier cosa que seas es tu vida y si te pones a buscar significados en otra parte, te la perderás.”

Osho


Patrick el cocinero del hotel nos tenía preparada una sorpresa para el desayuno, estaba horneando unos cruasanes caseros que había hecho para que los degustáramos y fueron toda una delicia.

El pronostico del tiempo daba lluvias por lo que decidimos dejar la bici de lado un día y dedicarlo al senderismo por una ruta en la que me llamaron la atención algunas fotos que vi por Internet.

El GPS del Coche nos la juega y nos da una vuelta por la comarca hasta que terminamos en una carretera sin salida, cuento hasta tres y no sale disparado por la ventanilla, total estamos de vacaciones. Durante todo el trayecto vemos que la previsión ha fracasado y si bien esta algo nuboso la temperatura es idónea para pasar un día de campo. Dejamos el coche junto al campo de fútbol, un hombre mayor nos mira de reojo mientras nos preparamos mientras una joven pareja se interesa por mi Sandero ya que están pensando en comprar un coche de los de “tiempo de crisis” que para los Mercedes ya tendremos tiempo.

Este pueblo tiene muy cuidado todos los detalles para con el turismo, rutas bien señaladas con paneles informativos y los accesos a ellos en perfecto estado de revista. Nosotros vamos a recorrer la ruta Gestalgar-Balneario de la Chulilla- Gestalgar y la comenzamos en la zona que denominan el motor.

El motor no es más que un edificio de forma circular y cubierta cónica que sirve para elevar el agua de los manantiales hasta un depósito situado en la parte alta del pueblo desde el que se da servicio. La peculariedad del que nos encontramos frente a nosotros es que fue el único elemento ribereño que aguanto la riada por la crecida del río Turia en 1957.

Cruzamos el río y enfilamos nuestros pasos hacia la Peña María, el comienzo es pistero, un jinete se nos adelanta a galope por la pista, esta desemboca en un bonito paraje con una cascada que besa las aguas verdes turquesa de un pequeño estanque bajo la atenta mirada de la fuente del Morenillo de la que bebemos agua y llenamos nuestras cantimploras.

Un bellísimo rincón que seguro es una maravilla en primavera con todo su caudal de agua y las plantas en su máximo esplendor.

Dejamos la pista para comenzar a subir por una senda maravillosa que nos dejara en lo alto de la peña María con unas vistas alucinantes de Gestalgar y las pequeñas montañas que lo guardan. La senda continúa coqueteando con la montaña mostrándonos un paisaje precioso, diferente al que estamos acostumbrados. En unas peñas frente a una plantación de naranjas espectacular por la forma en la que están distribuidos los naranjos varios grupos practican escalada en un paraje espectacular.

La ruta deja la senda y se transforma en pista para terminar dejándonos en la carretera, la cual tenemos que recorrer unos kilómetros hasta cruzar un puente sobre el río Turia y ver desde la otra orilla el Balneario de Chulilla.

Hasta ahora la ruta me había gustado pero el último tramo pistero y por carretera me había dejado la moral por los suelos, con el consuelo de las primera sendas nos vamos adentrando por una especie de canal para terminar caminando dentro de un cañón por un camino que cada vez se va haciendo más y más angosto. Escucho uno balidos y veo como una gran cabra nos observa desde el otro lado del cañón. Sin apenas darnos cuenta nos vemos sorprendidos en un paraje salvaje junto al Río.

El camino se ha transformado en sendero que poco a poco se va juntando con el río, el cañón nos va encajonando hasta tener que caminar por el borde del canal que conduce el agua, hasta que este es engullido por la montaña y nos vemos obligados a caminar por una senda estrecha bien definida que va ganando altura poco a poco sorteando pasos muy aéreos nada peligroso gracias a una cadena de seguridad que te da confianza. El paisaje ha pasado de ser sorprendente a grandioso. El Cañón es pequeño, estrecho pero ver como la senda se va ganando un hueco por su pared para sortear el río y una vegetación muy tupida que nos impediría progresar resulta sobrecogedora.

Estoy entusiasmado con este final de ruta, maravillado me siento sorprendido por algo que no esperaba, disfruto cada paso, cada giro que da la senda ya que es más increíble que el anterior. La luz comienza a ser cada vez más tenue apenas nos queda una hora de buena luz para caminar pero tenemos la peña María frente a nosotros y sabemos que nos queda poco por disfrutar de esta maravilla.

Una vez alcanzamos la zona en la que se regula el río y el cañón nos devuelve el canal que lo cruza por su interior un pasarela nos conducirá de nuevo al pueblo junto al torreón del motor.

Vicente Aleixandre nos dijo Todo es sorpresa. El mundo destellando siente que un mar de pronto está desnudo, trémulo, que es ese pecho enfebrecido y ávido que sólo pide el brillo de de luz. Me he visto sorprendido por una naturaleza que me ha devuelto a mi niñez, a esos ojos que miran sorprendidos la cabalgata de los reyes con la esperanza y el deseo que en la noche  pasen por casa y dejen los regalos. Yo este año he llenado mis ojos de grandes vistas, este año he vuelto a ser ese niño y lo que es mas importante cada día comienzo a recuperar más la felicidad y las ganas de disfrutar de la vida que en ocasiones había perdido.

Track de la ruta

 

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Vía verde de los Ojos Negros y Salto de la Novia.

“Es bueno copiar lo que se ve, pero es mucho mejor pintar lo que queda en nuestra memoria después de ver algo. Se trata de una transformación en donde la imaginación y la memoria trabajar juntas. Sólo se puede reproducir algo que nos golpeó, es decir, sólo lo esencial.”

Edgar Degas

De nuevo los cielos azules nos dan los buenos días, cuando prácticamente toda España tiembla de frío por la ola polar nosotros nos desayunamos una mañana fresca, pero sin llegar a tener sensación de frío.

Comenzamos la ruta desde la localidad de Soneja, vemos que en la estación hay coches aparcados con los porta bicis señal que la vía verde no anda lejos. Aparcamos junto a unos contenedores de vidrio en el que nos sorprende un curioso anuncio “Jornadas Querer Transfeministas de desobediencia sexual” y como ponía la dirección del blog no he podido por más que leerlo y en su manifiesto dicen “…Porque somos individualidades rabiosas, no normativas, inconformistas, contestarías. Porque ser descaradas, sin vergüenzas, putas, perras, lobas, zorras, divinas y divas, no nos produce el más mínimo sentimiento de culpabilidad.” Así me gustan a mí las mujeres con las ideas muy claras y sin ataduras.

Al comenzar la ruta unas huellas inmensas me producen un escalofrío tremendo, ¿existirá el abominable hombre de las vías verdes? Un antiguo ferroviario jubilado que ha visto ultrajada la vía que cuido con mimo por un puñado de ciclistas que ahora la recorren de forma impúdica y los mata con una palanca de cambio de vías. Tanta información en tanpoco tiempo y sin apenas haber digerido la taza de café no puede ser bueno.

Nuestras primeras pedaladas las damos en un entorno que ha sido devorado por el fuego no hace mucho, una pena. El sol se agradece y mantiene la sensación térmica en fresco, Borja y yo vamos con ropa de invierno serrano y no sentimos calor, vamos bien cuando nos cruzamos con ciclista en pantalón corto, día raro, raro.

La vía nos ofrece un continuo cambio de paisaje alternando pinos, con olivos y naranjos, el firme esta perfecto para rodar y podemos ir charlando sin problemas, en altura un amable vejete en silla de ruedas nos indica la dirección para tomar la vía verde hacia la izquierda, curiosamente detrás de el había una placa que ponía hacia la derecha y así lo indicaba también mi GPS, le damos las gracias pero le decimos que iremos en dirección contrario pillándose un buen cabreo, cuanto daño está haciendo la crisis del ladrillo en nuestra tercera edad, esto de no poder ver Obras y dirigirlas les va a quitar la ilusión de vivir.

Pasamos por algunos túneles en los que funciona la iluminación, esta cambiando la sociedad o no se han dado cuenta aún los vándalos, un gran misterio sin resolver pero que nos ha permitido disfrutar de estas infraestructuras en su plenitud. Nos sorprende un cartel en la ruta al pasar bajo un puente “puente donde se cayo la burra y no se mato” que suerte la del animal, lastima que unos puentes después uno de ellos se llame despeña burras o algo así.

Alcanzamos el pueblo de Jérica, nos llama la atención su torre y nos vamos a verla, bonitas cuestas la de esta pueblo, para compensar el esfuerzo nos tomamos un bocadillo y continuamos pedaleando por unas calles en las que esta prohibido circular en el sentido que lo hacemos salvo “tracción animal”, como Borja y yo animales somos un rato entendemos que podemos ir en este sentido. En una de las calles me encuentro con un muñeco colgado en una fachada crucificado sobre una cruz con al cara quemada como de un disparo y una escopeta colgada sobre el, hay cosas en los pueblos que es mejor no preguntar, vemos la torre y salimos corriendo.

Hemos decido rodar hasta Caudiel, vía comienza a tomar algo de inclinación. Damos una vuelta por el pueblo y al retomar el camino de vuelta vemos que en la entrada del pueblo junto a la vía verde han puesto una ducha para quien quiera darse un refrigerio. Una pareja de vejetes de los del plan E, los que explican las obras, nos dan una charla y nos venden el pueblo como una maravilla para vivir, nos despedimos de ellos y esta vez en bajada agradecida nos plantamos en nada en el cruce con la localidad de navajas en donde nos desviamos hasta el embalse para tomar el margen izquierdo del río Palancia y disfrutar de una bajada divertida hasta unas pequeñas sendas que nos dejaran en el área del Salto de la novia con sus cascadas y sus pequeños lugares maravillosos en los que me quedaría medía tarde disfrutando de ellos.

Tras las cascadas una sucesión de sendas maravillosas nos dejan en Segorbe a la altura de la fuente de los cincuenta caños, con los escudos heráldicos de cada provincia Española, y como no podía ser de otra forma ya aprovecho para coger agua en Madrid que esta muy rica.

Durante nuestro viaje habíamos visto unos árboles sin hoja que tenían un fruto sin recoger en gran cantidad de huertos y plantaciones, nos informamos y resulta que son kakis que por su bajo precio los han dejado en el árbol y nosotros no podíamos dejar la oportunidad de probarlos, son dulces y muy ricos, y ya puestos un par de naranjas para la merienda.

De Segorbe hasta la vía verde es un rodar tranquilo por los caminos asfaltados de servicio a las fincas sin apenas tráfico hasta llegar hasta el coche de nuevo en donde damos por concluida la ruta.

Recogemos y al hostal en donde tras una ducha y una vuelta por el pueblo nos preparamos para degustar unos platos de nuestro magnífico chef Patrick que esta vez nos deleita con un pastel de carne soberbio y un salmón a la naranja que es un poema al paladar, Encontrar este hostal ha sido todo un acierto en el viaje, Moliére dijo una vez El verdadero anfitrión es el que da la cena. Pagamos por sus servicios, pero el trato que nos están dispensando no se puede pagar con dinero.

Track de la ruta

Vídeo con Todas las fotos de la ruta

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