Primera ruta con la Choni: Tres Cantos – Soto del Real

Conozco los secretos del alma del paisaje, y sé lo que entristece, y sé lo que consuela, y el viento traicionero y el bárbaro oleaje conocen la invencible firmeza de mi vela.

Francisco Villaespesa

Nos ha costado madrugar a la choni y a mi, no era muy tarde las 9:00 de la mañana cuando dejábamos Alcorcón con los gritos de emoción escapando de algunas casas “han venido los reyes”,la M-40da un poco de miedo a estas horas sin un alma, pero se agradece circular en solitario. Las palomas nos observan desde las farolas aún desperezándose. Salimos algo tarde de la estación de Tres Cantos rumbo primero a colmenar Viejo por el carril bici. La choni tiene todo metido y en la primera subida nos da la risa a los dos cuando empezamos a subir piñones más rápido que la prima de riesgo, que optimistas.

Una vez en el carril y con el corazón en la boca mete de nuevo el plato, la sensación de velocidad es formidable pero con la primera mini subida nos relajamos y bajamos al mediano que tampoco es plan de ir de carreritas, es mi primera ruta con la flaca y quiero disfrutarla. En el carril bici no hay nadie rodando a estas horas y lo primero que nos encontramos es un hombre de color, negro por si os lo preguntáis el color, pero negro betún y lo se porque me fije bien ya que a pesar de no hacer un día de frío intenso pensé que corría con mallas y no, camiseta de tirantes y pantalón corto, impresionante.

Cuando el carril se empieza  empinar la choni me dice que no le quedan más piñoncitos que subir y mis piernas comienzan a estar durillas, me dice la choni de poner el plato pequeño y me niego a no ser que venga uno con una mountabike que nos quiera adelantar, nos pasa una flaca a cámara lenta, tampoco va muy fino, hace algo de viento y se nota. En menos de un kilómetro todo remordimiento por bajar un plato se me quita y decido ver que tal se sube con el pequeño y la historia cambia, mucho más cómodo ande va a parar, y eso que mantenemos los dos dígitos en la pantalla del velocímetro por vergüenza torera.

Por fin corono mi primera cima a lomos de una flaca, Cima Xavi Tondo en homenaje al ciclista fallecido, no es un gran hazaña pero a mi me sabe a gloría. Desde este punto el terreno se vuelve llano y retomo el plato grande pero nada más pasar el puente me doy cuenta que es imposible, apenas puedo avanzar y si dejo pedalear literalmente me paro como si frenase, bajo al plato mediano y con todo puesto me cuesta un mundo avanzar.

Frente a mi las montaña que la choni mira asombrada, le cuento que con sus hermanas he recorrido gran parte de ellas viviendo grandes aventuras, me pregunta si ella podrá algún día subir alguna y no quiero engañarla a los dos nos sobran demasiados kilos como para intentarlo, la recuerdo una frase de Maurece Herzog No es más quién más alto llega, sino aquel que influenciado por la belleza que le envuelve, más intensamente siente, y a los dos nos quedan muchos kilómetros por sentir. Llegamos a Soto del Real verdaderamente exhaustos, me queda mucho por rodar antes de meterme en mayores proyectos por lo que decido dar la vuelta, unas fotos para inmortalizar el momento y de vuelta a tres cantos esta vez si con el viento a favor, un tanto escorado, por lo que de vez en cuando la choni mueve un poco el culete. Esta vez si nos encontramos gente, mucha gente que rueda en grupo para protegerse del viento y que ocupan casi todo el carril, la choni me pide que hagamos una prueba de velocidad en llano con aire a favor y al alcanzar los50 km/h tengo que frenar por un cruce. Llegar a Soto me pareció eterno pero la vuelta fue un visto y visto. Una vez en Colmenar disfrutamos de la bajada y esta vez la choni me pide caña y logramos unos decentes64 km/h otra vez frenando por un giro cerrado que casi nos pasamos ya que mi choni lo de frenar no lo lleva muy bien.

Regresamos al coche antes de la hora prevista pero muy contentos, hemos disfrutado de nuestra primera rutilla juntos y sin lugar a duda habrá más.

Ya lo dijo John F. Kennedy, Nada es comparable al sencillo placer de montar en bicicleta.

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La princesa y la Choni.

“La sencillez consiste en hacer el viaje por la vida, solo con el equipaje necesario.”

Charles Dudley Warner

 

Desde hacía mucho tiempo tenía una idea o más bien un capricho rondándome la cabeza y era comprarme una bicicleta de carretera para entrenar por la zona de mi trabajo. Azuqueca es una zona genial para la bici de montaña, pero también dependiendo los meses con largas temporadas de barro pastoso casi igual que en el sur, por lo que considere la opción de entrenar por la carretera secundaria de la zona.

Desde hacía varios meses tenía elegida una flaca que empecé a cortejar y me fui enamorando, pese a la voz de mi conciencia mi buen amigo Mon, que no se ha cansado de repetirme una y otra vez que esa flaca no era para mi, que tenía que buscar una con digamos mejores componentes. Y el día que fui a Decathlon a por mi flaca económica me encontré con una monada de carbono rebajada un 20 % haciéndome ojitos y con las largas puestas y claro yo me puse, le quería tirar los tejos a Loles León y se me pone a tiro Scarlett Johansson. Me deje llevar por mi otro cerebro y opte por el pivón flaco de cuero negro (carbono), estilizada y con unas curvas de infarto dejando a un lado a mi primera elección mi flaca choni, con su chándal rojo, sus kilitos de más poniéndome morritos y haciendo pucheros. He tenido un día en casa la hermosura de carbono y al día siguiente al verla me dí cuenta que nuestro amor era imposible y teníamos que romper sin habernos catado, yo soy un ciclista globero del tres al cuarto que busca disfrutar de la montaña y la flaca solo es para salir un par de veces e intentar ganar algo más de forma para disfrutar el doble por nuestras sendas, demasiada bicicleta para tampoco ciclista y con la compañía de Suguss decido devolverla e ir en busca de mi verdadero amor, de mi choni, de mi Barbie de extrarradio con su chándal rojo y sus playeras con calapies.

Hoy hemos salido los dos para conocernos, para sentirnos y nos hemos enamorado, ella al principio se ha mostrado un tanto distante, pero pronto a descubierto que los dos queremos lo mismo rodar, la he metido un poco mano, bajando la tija y acercando el sillín hasta acoplarnos, pronto la he sentido sonreír y rodar con alegría.

Mi choni es una Triban 3 de aluminio con horquilla de carbono, con sus 10 kilos dice ella largos, pero bueno las mujeres siempre se quitan alguno, es un tanto escandalosa y la gusta hacerse notar, es muy lanzada, tanto que la cuesta detenerse, eso es algo que tenemos que hablar y me ha encantado que me pida marcha.

Nos hemos prometido darnos un tiempo para conocernos y consolidar nuestro amor, la he cambiado sus playeras de plataforma con calapies por unos taconcitos Look automaticos que la han encantado, arreglada pero informal.

Adoro las bicicletas y me gusta tratarlas como una mujer se tratase, una vez le dije a Raquel que tenía que hablar a su bici para encontrarse a gusto con ella y me tomo por loco, que algo atontao estoy seguro. Con mi Choni solo busco pasar unos buenos ratos entresemana, los dos en solitario, sin hacer grandes rutas, solo kilómetros y contarnos nuestras cosas, por eso la he creado una sección en el blog para la bici de carretera, el rincón de la choni, en donde contare mis aventuras con la flaca y bueno tal vez ella tome nota de las palabras de Pierre Augustin Beaumarchais La mujer más despreocupada siente una voz interna que le dice: «sé bella si puedes, sé sabia si quieres, pero sobre todo trata de ser estimada: es necesario».

Muchos no entenderán el cambio, pero yo puedo asegurar que ahora si estoy a gusto y completamente feliz con mi elección.

 

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Feliz Año Nuevo

«Cierra los ojos, piensa en todo lo que te hizo sonreír en el año que termina y olvídate de lo demás… Ojalá esas sonrisas se te multipliquen por 2012. Feliz año nuevo!» 

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Un paseo por la senda el Sotillo a orillas del Guadarrama.

«Abandonar un sueño es como morirse por fascículos. Con la diferencia de que ésta colección no la acabas tú, sino que probablemente sea ella la que acabe contigo.»

Risto Mejide

 

Tras una semana en la que no he podido coger la bici, una llamada de suguss me animo a intentar un viejo sueño, salir a correr por lo menos un par de veces por semana. Salí con él dos veces a correr y si bien las sensaciones fueron buenas termine con dolor en la plata de un pie y en la pierna derecha, así como un buen resfriado. Reunía todas las papeletas para pasar un fin de semana tranquilo en casa, pero el domingo me sentía tan atrapado que necesitaba salir a dar una vuelta.

Me he dado cuenta que montar en bici o hacer senderismo es una escusa para estar al aire libre, estoy seguro que si saliese simplemente a dar una vuelta paseando, o sentarme bajo un árbol a leer un libro sentiría el mismo efecto de paz interior que busco cada vez que salgo.

Relativamente cerca de mi casa, corta para ruta en bici y demasiado larga para ir andando esta la senda El Sotillo en el patio trasero de la urbanización el Bosque. Esta senda simplemente es una autentica delicia si lo que buscas es un paseo tranquilo y agradable en el que disfrutar de la naturaleza, sentir el frío, la humedad del río, los colores del otoño y en gran medida dependiendo del día algo de soledad. Tras dejar el coche en el aparcamiento comienzo la senda bajo un cielo encapotado que me amenaza en minutos descargar una buena tromba de agua sobre mí, pero necesito este paseo y además quiero estrenar mi nueva cámara de fotos.

Me encantan las sendas que quedan muy marcadas en el terreno, la de el Sotillo es toda una costura sobre la verde pradera que nos deja ante un trozo de historia, El puente de Brunete, un proyecto del arquitecto Mateo Gil que no se sabe si llego a construirse y del cual tan solo queda un tramo de calzada elevada en la zona recreativa. El otoño ha cubierto la senda de hojarasca que en combinación con el agua caída han dejado la senda resbaladiza con alto riesgo de caída. En este punto me encuentro un padre montando en bici con su hija de no más de 7 años detrás con una cara de felicidad tremenda disfrutando seguramente de sus primeras pedaladas por barro y charcos. Tras ellos se incorpora otro padre con sus dos niños, la niña más mayor porta una hoja de color amarillo intenso mientras el niño se ayuda de un palo para bajar la cuesta resbaladiza que dibuja la senda junto al río. El padre les cuenta que el de pequeño venia a este punto del río a bañarse con sus amigos. Algo que a los niños no les importa un bledo por la atención que prestan a la historia.

La senda tiene una gran cantidad de árboles con todo tipo de hoja, la mayoría se muestran ya desnudos mientras otros intentan mantener vivas las cuatro hojas que le quedan suspendidas entre sus ramas. Me gusta mucho el contrate cromático de esta zona donde el verde y el amarillo le dejan escribir unos párrafos a un rojo-rosado intenso precioso dando un gran toque de color a la escena.

Las pasarelas de madera nos facilitan un paseo en el que reina el silencio, el río baja pensativo, talvez algo aun dormido por su descanso estival, desperezándose para comenzar a crecer con el invierno y sobre todo el final de este dando paso a una primavera que es toda una revolución en este paraje y siempre me ha dejado con la boca abierta.

Alguna gota comienza a darme golpecitos en la espalda avisando que en breve comienza a caer con fuerza. Me da el tiempo justo para guardar la cámara y alcanzar por la pista el área recreativa para en los últimos metros mojarme un poco antes de llegar al coche.

Muchas veces he pensado en vender mi piso e irme a vivir a la sierra, pero cuando me pongo a valorar lo que Alcorcón me ofrece y los pequeños lujos pone a mi alcance es una idea que pierde mucha fuerza, tener lugares tan maravillosos como este a 15 minutos de casa en los que poder evadirte es un verdadero lujo, aunque sean paraísos de un hora. Mi paseo no ha aclarado muchas de las dudas que quería meditar, pero he sacado muchas fotos que algo es algo. Creo que mi paseo otoñal con un gran resfriado encima se puede traducir en la definición que dio Rosa Elvira Peláez  a  la Melancolía, extraña dolencia del alma que agujerea al cuerpo; de sabor agridulce. Un poeta le otorgó un pico voraz y dolorosamente tierno. Otro poeta la llamó rosa del aliento y damisela soledad. Para el sujeto desprevenido, la melancolía puede ser -en definitiva suena así y origina confusiones varias- un dulce tentador. Ingerir en grandes proporciones puede ocasionar trastornos serios en los recuerdos y desequilibrar la dieta de vida de cada jornada. Es improbable que un animal sentipensante pueda existir sin haber paladeado alguna vez un poco de melancolía.

Track de la ruta

 

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El día que fui caballo loco

Por mi parte, hice un esfuerzo y aclaré mis ideas. Una vez que pude hacer frente a los hechos con frialdad se me ocurrió que, por terrible que fuera nuestra situación, no había aún motivo para desesperar del todo.

Herbert George Wells

 

Suena el despertador a las 8:00 y lo apago con un rápido movimiento que tengo muy entrenado y el silencio vuelve a reinar en mi habitación, pero no en mi cabeza. Han vuelto las voces, las putas voces que no me dejan pasar tranquilamente un domingo en la cama disfrutando del calor de la manta y el edredón, las putas voces que disfrutan verme sufrir sobre una bicicleta y en el fondo se que se descojonan por lo patético de los resultados. Intento no hacerlas caso dando vueltas en la cama pero se que estoy perdido, tengo que salir a montar o me van a volver loco.

Me tomo mi tiempo para desayunar y prepararme, tengo pocas ganas de salir y lo demoro hasta que las voces me dan un ultimátum en plan “la que se avecina” con la clásica frase motivadora de “qué somos leones o Huevones” y claro esta leones, leones.

Comienzo a pedalear a las 9:40 con la música puesta de casa, como banda sonora la de siempre, la que no defrauda concierto de Marea 2800 puñaladas para vencer al frío matutino y a una pereza por hacer cualquier cosa que últimamente se esta apoderando de mi. Entro en el parque de las presillas mientras suena en los auriculares “…y en los nogales acuesto al beso que te empaña los cristales, el que ha escrito con mierda entre los matorrales que va a morir en un barrizal,…” sonrío mientras mi rueda delantera deja un buen surco en el suelo arcilloso del parque, voy a20 km/h, decido intentar el anillo verde, pero se que llegare tarde a comer de nuevo nunca he conseguido hacerlo en menos de 5 horas. El recorrido de Alcorcón al anillo tiene algún tramo curioso, las salida por el parque de las presillas a primera hora tiene un encanto especial, tan solo superado por  sus magníficos atardeceres, me doy cuenta que últimamente paso mucho tiempo sobre la bici, esta claro para sustituir el sexo, chocolate o pedaladas y ya estoy lo suficientemente gordo como para caer en el chocolate y encima tener que elegir entre blanco o negro que los dos me apasionan.

El parque de las piqueñas siempre me regala maduritas correteando antes de desayunar, me las quiero imaginar en plan protagonistas de sexo en Nueva York, pero en su versión Carabanchel alto más almodorianas y me gusta. Dos despojos adolescentes regresan de una dura, por su aspecto durísima noche de marcha pero yo ya estoy enfilando la avenida de los poblados a toda caña, mientras canto el hijo de la Inés. Entrecanción y canción me doy cuenta que me encuentro de lujo, las piernas me funcionan como nunca y me voy sintiendo feliz. Miro por primera vez el GPS y veo que tengo un media de 22 km/hora, algo lógico siendo bajada pero cuando dejo el parque lineal del Manzanares con las primeras subidas piernas quieren rock&roll y decido continuar, el pulsómetro va en mínimos, tal vez sea el día de intentarlo. Me doy cuenta que voy bien cuando apenas subo un piñón en la subida del parque lineal de palomeras, voy tan a gusto y tan bien que siempre para en lo alto a descansar y tomar un refrigerio y esta vez no lo necesito quiero rodar, tan solo he perdido un kilómetro por hora en este tramo y voy pasando a ciclistas, sin que me pase ni uno, Canillejas en bajada y llaneando lo hago a promedios de 26 km/hy 30 km/hno puedo ir más rápido par el tráfico de bicis y patinadores, nunca están las banderas azules de doblados cuando las necesitas. Un biker con una edad parecida a la mía y de tonelaje similar no le sienta bien que le pase y me pasa, con la primera subida que nos encontramos le paso y el me pasa en la bajada donde yo regulo, le paso de nuevo en subida, el se resiste y me mete la rueda , la noto como avanza a cámara lenta hasta que desaparece, giro la cabeza y le veo agachado en la bici rendido, otro día me quitaras las pegatinas hoy no, hoy soy caballo loco, volando sobre el carril bici con mi corcel de aluminio. Dejo atrás el km 0 otro de los puntos en los que suelo parar, no quiero dejar de ver ese 21 y 22 de velocidad media en mi pantalla, creo que si paro no volveré a pillar ritmo y me gusta la sensación de estar rodando de verdad. Pero el cansancio comienza a aparecer y necesito comer algo, paro en uno de los sitios habilitados por la zona de Montecarmelo, y cambio de música Weezer  es la opción para afrontar la parte dura de la ruta en la que ahora es la cabeza la que tiene que tirar de las piernas. Este grupo lo he descubierto hace poco y me concentro en sus letras We’ve reached the finish line, honey Now we can go home
I’m losing my mind I’m going insane.
Me cuesta llegar la casa de campo pero continuo con mis21 km/h en la pantalla, me doy otro respiro antes de afrontar a subida final hasta Alcorcón y es donde me hago las dos únicas fotos de la ruta. La salida dela CDC hasta alcanzar el puente de Aluche se me atraganta pero la supero con mucha dignidad, la larga recta hasta la plaza de Aluche me hace perder el 2 en decenas de la velocidad y la media comienza a resentirse, los20 km/H se mantienen pero mi pulsómetro ya hace tiempo que esta tonteando con el 90 % y veo que la ilusión de llegar a casa con20 km/h de medio se escapa. Las presillas terminan de rematarme y justo al salir del puente a menos de1 km de mi casa pierdo los 20 de media.

Pero no estoy triste, si ya salir a montar hoy fue todo un triunfo ver que puedo lograrlo si me lo propongo me motiva para seguir entrenando y salir a rodar por las noches, que poco a poco se va notando. Napoleón Hill un gran escritor norteamericano de libros de superación Personal dice “…Un deseo ardiente de ser y de hacer es el punto inicial desde el que el soñador debe lanzarse. Los sueños no están hechos de indiferencia, pereza, ni falta de ambición.” Y los míos que son muchos tienen la firme alianza de las voces de mi cabeza que me obligan cada día a salir de la cama y disfrutar de la vida.

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