Camino de Santiago Francés 2012 Etapa 9: Villafranca del Bierzo – Sarria 84 km

La vida es como un viaje por la mar: hay días de calma y días de borrasca; lo importante es ser un buen capitán de nuestro barco.

Jacinto Benavente

Tras dormir de lujo en el albergue de la piedra, descubrimos que la mañana nos regala un día plomizo con una temperatura fresca pero ideal para montar en bici, nos toca subir el mítico o Cebreiro y las primeras pedaladas nos las tomamos con calma, mucha calma. Tanta como la que reina en el camino, apenas hay caminantes, tan solo vemos un par de ciclistas de los no habituales, solitarios como nosotros pero más metidos en su mundo interior, cruzamos saludos y sonrisas pero su camino es otro. En estos días puedo decir que me he cruzado con todo tipo de peregrinos, he tenido la suerte de poder compartir habitación con uno de los mitos del camino, el peregrino a caballo y en los andaderos de Vega de Valcarce nos encontramos con el más difícil de encontrar, el peregrino en burro.

En Ruitelan nos encontramos con un grupo de peregrinos en bicicleta de alicante con los que compartimos unas pedaladas hasta y con nuestros amigos polacos y el guiri que a nos hacen pasillo en la ascensión del puerto a modo de Tour de Francia. Pero algo en mi interior no cuadraba, esta carretera tan cuidada, un desnivel tan llevadero y a la mitad de camino me doy cuenta que estamos subiendo por la antigua nacional hacia Piedrafita do Cebreiro no hacia la Faba, paramos para decir David y yo que hacer, si descender hacia las Herrerías y subir por el camino ciclista precioso de Laguna de Castilla o continuar por la sencilla carretera hasta Piedrafita y llegar a O Cebreiro sin la gloría peregrina de haber subido lo más cerca del camino tradicional ciclable que existe. Paulo Coelho dijo que La locura es la incapacidad para comunicar tus ideas. Como si estuvieras en un país extranjero, viendo todo, entendiendo lo que pasa a tu alrededor, pero incapaz de explicarte y ser ayudado porque no entiendes la lengua que hablan allí. Eso es lo que sentíamos David y yo al ver las caras de los alicantinos al vernos descender por subir por donde queríamos y no por el camino fácil al igual que los Polacos y el guiri. Se que durante el descenso en algún momento sonreí, seguramente por orgullo, por ser tan estúpido de perder unos kilómetros preciosos y una altura ganada a pulso por cumplir un deseo el de hacer el camino porla Laguna de Castilla.

Una vez en la herrería y por el camino correcto David entiende mejor porque decía que ese no era el camino, ahora el río nos saluda, la tierra mana agua a chorros por los bordes del camino y una vez pasadala Faba, el verde intenso, las paz se respira en cada pedalada que esta vez si se resiente por las duras rampas del camino y ascendemos, cada uno a nuestro ritmo. Mi rodilla comienza a resentirse del esfuerzo, de los kilómetros, de las locuras a la que las someto y decido bajar el ritmo de subida hasta el punto de disfrutar del momento, del entorno de las primeras gotas con las que Galicia nos recibe. En laguna de Castilla me encuentro con una agradable sorpresa, en una lado del camino la pareja de Toledo fuman un cigarrito mientras descansan de la larga subida, me alegro por ellos porque están viviendo el camino autentico con toda su belleza y toda su dureza superando cada etapa con sobresaliente, me Dicen que David ha tirado y continuo mi ascensión hasta O Cebreiro, a menos de un kilómetro para coronar el frío y la lluvia son intensas, como en mi primer camino y al igual que hice el primer año refugie en el Bar para entrar en calor con un buen café caliente y en donde me encuentro a David. Decidimos continuar cada uno a nuestro ritmo, tengo la rodilla tocada y voy a poder seguir su marcha, nos despedimos y vuelvo al camino, a continuar subiendo hacia el alto de San Roque, me encuentro con una pareja ella luce la bandera de la comunidad de Madrid en su bici y el la de Extremadura, son simpáticos pero el día no esta para charlas. Corono por fin el alto do Poio con un vendaval de aire, frío y lluvia tremendo, normal que la figura del peregrino que corona el puerto se sujete el sombrero.

La bajada hacia Triacastela la hago por carretera, la lluvia va cesando poco a poco pero el viento es fortísimo, tanto que con la bici cargada, el plato grande metido, el piñón pequeño y bajando el puerto apenas puedo mantener los 20 km/hora al punto de llegar a pararme si dejo de pedalear en plena bajada. Al llegar a Samos como si fuese un regalo divino el cielo se abre por momentos, cesando el viento y la lluvia por lo que puedo disfrutar de esta joya del camino y alto obligado si optas por al bajada de carretera.

Me duele la rodilla, estoy calado y tengo hambre, Sarria esta cerca, es pronto para dejar de pedalear pero creo que por hoy he tenido suficiente, En Sarria busco un albergue que me recomendaron la noche anterior y fue un acierto absoluto el Albergue A pedra es como quedarte en tu propia casa con hospitalero de lujo y lo mejor una vez guardada la bici dejar las zapatillas en la chimenea con los calcetines para que se sequen todo un lujo en el camino, además me toca una habitación con dos literas par un americano y para mí, creo que son las pequeñas recompensas que Santiago te otorga los días que han sido duros de verdad.

Pequeño paseo por el pueblo, charla amena con el hospitalero que me pide el favor de entregar una credencial en Palas de Rei sellando antes Portomarín, como no me cuesta nada me hago cargo de ella y me voy a cenar compartiendo mantel con una catalana peregrina solitaria muy simpática con la que compartí una grata sobremesa. Al final del día me meto en el saco, cansado pero feliz del día vivido,  Samuel Smiles dijo Nuestros deseos, con frecuencia, son precursores de las cosas que somos capaces de hacer. Y mientras escuchos a pereza de nuevo deseo que los dos días que me quedan en el camino sean tan maravillosos como este en el que me he vencido a mi mismo para lograr mi objetivo.

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Camino de Santiago Francés Etapa 8: Astorga-Villafranca del Bierzo 80 km

“La vida es lucha y tormento, decepción, amor y sacrificio, atardeceres de oro negro y de tormentas.”

Sir Laurence Olivier

 

Nos despertamos pronto, pero nos lo tomamos con calma desayunando tranquilamente en la cocina del albergue, hoy nos toca puerto y tenemos que meter gasolina al cuerpo. Al salir nos encontramos con nuestro amigo Fabio, el simpático siciliano con el compartimos algunos kilómetros, su ritmo es más tranquilo disfrutando de cada rincón del camino.

El día nos ha salido frío pero no llueve, el cielo se debate en si vestirse de gris o dejar algo de escote primaveral para deleitarnos con unos agradables y calentitos rayos solares. Las carreteras solitarias de esta zona nos invitan a rodar por ellas, el camino embarrado es tentador pero los kilómetros pasan factura al culo y las piernas buscan la comodidad del asfalto, del pedaleo redondo, con cadencia que busca ir entrando en temperatura.

La población del Ganso es la puerta a la montaña, donde poco a poco el camino comienza a ganar altura y en donde comienzas a encontrarte con las típicas fotos que ves en las guías del camino como el mesón cowboy.

Rabanal del camino nos espera y el paisaje comienza a ganar enteros, a lo lejos las montañas lucen sus cumbres blancas, el verde intenso del campo contrasta con los árboles desnudos y algunos con restos de sus ropajes del año anterior. En Rabanal paramos a tomar un café antes de subir el puerto, David esta nervioso ya que es su primer puerto de importancia, “de esos que tienen postes en las cunetas”, yo ya lo he subido en dos ocasiones y somos viejos conocidos. El comienzo es sencillo, se deja subir y disfrutar de las vistas para poco a poco ir sacando su carácter, pero no es tan fiero como lo pintan y lo subimos del tirón. En la cumbre nos

encontramos con el matrimonio Polaco una agradable sorpresa y mientras ellos retoman la marcha nosotros nos hacemos las fotos de rigor y gracias a que recordé que cogí una piedra en Irache podemos dejar nuestra ofrenda en la cruz con nuestros nombres.

La niebla se va tragando poco a poco la montaña y el frío intenso nos hace abrigarnos a conciencia. En el descenso para en Manjarín un pueblo de una casa el albergue sin servicios mas pintoresco del camino que merece una parada. El paisaje montañoso es asombroso, mientras bajo por la carretera veo las sendas que acarician las lomas, sortean cortados y serpentean por la alfombra verde de la montaña, me dan ganas de soltar las alforjas y disfrutar de ellas, de la bici, del frío, de la libertad de un día para ser vivido con todos los sentidos a flor de piel. El acebo es una pausa en la bajada, una pausa en la historia, un rincón para disfrutar de su paz, de sus calles de piedra de sus balcones.

Tras la pausa gratificante más para el alma que para el cuerpo del acebo continuamos bajando hasta Molinaseca en donde cruzamos el puente de los peregrinos que salva el río Miruelo para por carretera y cómodo descenso llegar hasta Ponferrada en donde hacemos una breve parada en el castillo de los templarios y en donde las lluvia nos invita a buscar algún sitio donde comer y dejar que pase el chubasco.

Tras comer continuamos nuestro camino destino Villafranca del Bierzo, alternamos la carretera con algunas pistas en buen estado, en cacabelos precioso pueblo donde dormí mi anterior ruta jacobea esta vez nos atiende un mal educado hospitalero, y eso que solo queríamos sellar. Cansado por la jornada llegamos a Villafranca en donde optamos por pagar un poco más y disfrutar de un albergue de lujo, con habitación para los dos y unas instalaciones fantásticas, alberguela Piedra.

Tras la ducha nos damos una vuelta por el pueblo, realmente precioso con algunos rincones maravillosos como la calle de la casa del escultor Arturo Nogueira.

Al final terminamos la jornada cenando en la plaza junto al matrimonio de polacos que se han unido a nosotros para disfrutar de una agradable cena en inglés. En la calle del escultor A Nogueira había un trozo de madera grabado con una frase suya Allí donde mis sueños echen raíces y la libertad sea un muro de luz y aire puro, esa sí será mi tierra.  Yo creo que se donde esta mi sitio pero antes de echar las raíces me gustaría disfrutar algo más de los vientos de libertad que alimentan mis velas.

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Camino de Santiago Francés etapa 7: Mansilla de Mulas – Astorga 73 km

Emprenderemos viaje, con el secreto dolor de que no habrá regreso a ninguno de los sitios en que fuimos felices.

Mario Payeras

Apenas pedaleo un centenar de metros desde la puerta del albergue hasta el puente sobre el río Esla en donde me encuentro sonriente como siempre a Fabio, el afable Italiano con el que compartí la subida a los montes de Oca enla Riojame lo vuelvo a encontrar cinco días después en la provincia de León.

El día se ha amanecido formidable, frío pero soleado, el viento apenas molesta y se rueda muy bien por el arcén de la carretera ya que el camino esta de barro hasta las trancas. De Mansilla de Mulas a León apenas hay21 kmen ligero ascenso que pasan muy rápido gracias a la compañía y la amena charla de Fabio que me cuenta cosas de su hogar al píe del Etna.

Una vez rodamos por los polígonos de León nos da alcanza el mañico, David que se une a nosotros para así poder disfrutar juntos de la catedral y de León. Al llegar a la entrada a la ciudad nos encontramos con el guiri, un ciclista que no sabemos su nombre ni su procedencia pero con el que hemos compartido algunos ratos, a la entrada de León el camino marca cruzar un puente y así lo hacemos, el guiri se adelanta y mientras nosotros avisamos a la pareja de Toledo para que no continúen por la carretera ya que se meterían de lleno en la autovía el guiri nos dice que el puente no tiene salida. David y yo no nos lo creemos continuando por el puente mientras vemos como el resto del grupo se adentra en la autovía que da acceso a León.  El camino por el puente algo mal señalizado si tiene continuidad y nos deja de lujo en las calles de León que nos conducen a una mercadona en donde desayuno. Tras reponer fuerzas nos volvemos a reencontrar todos frente a la catedral en donde nos repartimos por grupos para cuidar de nuestras bicis mientras el resto visita la catedral.

El guiri y Fabio deciden quedarse en León, David Y yo optamos por continuar viaje desando llegar pronto a Astorga punto que hemos puesto como fin de etapa dado que el cielo da señales de lluvia. Salir de León es un incordio como todas las grandes ciudades y por primera vez me equivoco de camino tomando el antiguo arcén dela N-120en lugar del desvío de lujo que he tomado las ocasiones anteriores y peor señalizado que ahora, en fin cosas de la edad.

Gracias a mi aplicación de tormentas del móvil veo que se acerca un chubasco bueno y nos da tiempo refugiarnos en una gasolinera lo que evita que terminemos calados y así compramos el pan para la comida. De León a Hospital de Órbigo hay poco que contar salvo el monótono rodar por el arcén de a nacional mientras vemos como los chubascos danzan a nuestro alrededor evitándonos.  Un buen tramo de subida hasta Villadangos del Páramo lo hacemos en compañía de un ciclista que ha salido a estirar un poco las piernas y se interesa por nuestro viaje.

Cerca de Hospital de Órbigo retomamos el camino para entrar por su largo puente de piedra que tal y como cuenta la leyenda fue protagonista de lances amorosos y torneos feudales. Esta población me trae gratos recuerdos de cuando dormí con Samuel y Jaime en su albergue disfrutando de una agradable tarde por sus calles, pero esta vez es pronto y queremos dormir en Astorga, nuestra siguiente parada. Hacemos un breve tramo por carretera pero el destino nos hace cambiar de opinión al punto de retomar el camino en el punto idóneo para disfrutar de unas vistas excepcionales de Astorga desde el mirador.

La ciudad nos recibe con una enorme concha símbolo del camino y su precioso palacio episcopal obra de Gaudí. Es pronto, muy pronto para dejar de pedalear pero estamos cansados y hambrientos. Astorga tiene un buen paseo y cosas que ver por lo que optamos por quedarnos en el albergue de San Javier, en donde tras ducharnos comemos tranquilamente y nos damos una vuelta disfrutando del palacio episcopal, de la catedral y su ayuntamiento. Al regresar al albergue nos encontramos con gran cantidad peregrinos que conocemos como el guiri, Fabio y un matrimonio de polacos de lo más simpático. Al volver de cenar con David nos encontramos con los Andorranos que se han dando una buena paliza y se les ve cansados que van buscando alojamiento para quedarse también en Astorga.

El Albergue de San Javier es una delicia con una especie de chill out en donde nos relajamos en compañía de más ciclistas en esta ocasión alicantino con los que compartimos las anécdotas y sitios que hemos disfrutado los últimos días cada uno desde nuestro punto de vista.

Estoy disfrutando de este viaje más de lo que me había imaginado disfrutando cada minuto, cada estancia y cada pedalada en compañía de gente maravillosa que ni me hubiese imaginado llegar a encontrar cuando inicias un viaje en solitario, ya lo dijo Voltaire La más feliz de todas las vidas es una soledad atareada.

 

 Fotos de la Jornada

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Camino de Santiago Francés Etapa 6: Frómista – Mansilla de Mulas 100 km

“El viento juega en la loma acariciando el trigal, y en el viento la paloma practica su libertad.”

Víctor Jara

De nuevo despierto en Frómista, pero esta vez es diferente a las anteriores, cuando mi destino era continuar el canal y veía con dolor en el alma como los peregrinos tomaban el camino hacia Carrión de los Condes. Pero está vez no, esta vez voy de peregrino y giro hacía la derecha la calle que tantas veces tome en sentido contrario, esta vez un cielo encapotado, algún peregrino perezoso y las calles mojadas me despiden de este gran pueblo que adoro.

Con los primeros kilómetros algunos claros me dan esperanza de disfrutar un día sin lluvia pero el viento se hace notar y se que quiere ser el protagonista del día. Castilla es para devorar kilómetros sobre la bici y avanzar veloz por sus grandes llanuras y sus eternas rectas, pero esta vez el viento se va a convertir en el peor de los puertos cuando no hay montañas cerca.

Los largos andaderos de esta zona del camino te permiten reflexionar, pensar, tal vez sea lo que llaman hacer tu camino interior y me viene muy bien para poner en orden mis ideas y sentirme feliz con cada pedalada que voy dando, con cada peregrino que saludas y te responde con una sonrisa cómplice de estar formando parte de algo que hacemos juntos, de peregrinos con sombreros naranja fosforito que se ven cientos de metros de distancia. Rodando porla VíaAquitanaen una de las áreas de descanso me encuentro de nuevo con mis compañeros de viaje en Andorranos y retomamos nuestras pedaladas juntos, ya se sabe que cuando hay viento lo mejor es rodar en grupo.

La lluvia por momentos hace acto de presencia, por el camino me vuelvo a encontrar a la pareja con la que coincidí en el alto de Mostelares, al final va resultar que el camino es un pañuelo. Dejamos atrás la provincia de Palencia para iniciar nuestras primeras pedaladas peregrinas en la provincia de León.  Sahagún con su espectacular puerta nos regala una de las típicas fotos peregrinas que sueles ver en la mayoría de blog sobre el camino, pero hace frío, llueve y Alexis prefiere rodar mas que estar posando para la posteridad. A la salida de Sahagún vemos venir un buen aguacero que lo evitamos bajo un puente, el viento es cada vez más fuerte y cada pedalada es un sufrimiento al punto de llegar a frenar la bici si no pedaleas y eso que el camino perfectamente asfaltado es en ligera bajada.

Las fuerzas se van debilitando así como la moral, nos hemos puesto un objetivo y es llegar a Mansilla de Mulas en donde pondremos fin a nuestra jornada peregrina. En calzada de coto hemos comprado la comida pero no encontramos un área de descanso a cubierto del viento y del agua en la que poder parar a comer.

Las tormentas nos rodean, pero tenemos la suerte de ir evitándolas mientras vemos como las columnas de agua riegan los campos de alrededor.

Al final en reliegos encontramos el soportal del ambulatorio en el que poder refugiarnos del viento y comer tranquilos, Mansilla de Mulas esta a un paso y no tenemos prisa. Mis compañeros de viaje se van en busca de un hostal mientras yo me alojo en albergue municipal de peregrinos.

Albergue muy sencillo, sin lujos pero de un trato muy agradable que compensa los “lujos” que puedan tener otros. En este albergue me encuentro con una pareja de peregrinos de Toledo que son todo pundonor, es su primer viaje cicloturista y están cometiendo errores de novatos, hoy lo han pasado muy mal llegando casi congelados al albergue, mientras me he dado una vuelta por el pueblo ellos ha visitado el médico y se han comprado unos buff y material para la lluvia. El camino les esta poniendo a prueba pero ellos son fuertes, donde muchos habrían puesto el punto final al viaje ellos han puesto un punto y aparte, nada que una noche de descanso y un ibuprofeno no puedan arreglar para al día siguiente ponerse en ruta.

Ceno con mis compañeros de ruta en su hostal y me retiro pronto a mi litera, cundo llego al límite de la hora de silencio la mayoría duerme en sus literas incluida la pareja toledana. Juan Rulfo dijo una vez ¿La ilusión? Eso cuesta caro. A mí me costó vivir más de lo debido. Y estoy seguro  que ellos el precio que hoy han pagado de sufrimiento les parece calderilla cuando se vean en Santiago a los pies de la catedral con su sueño cumplido, solo deseo que lo consigan.

 

 Fotos de la Etapa 

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Camino de Santiago Francés Etapa 5 : Burgos-Frómista 70 km

Me gusta rodearme de recuerdos, de igual modo que no vendo mis trajes viejos. A veces subo a verlos al desván donde los guardo y recuerdo los tiempos en que aún estaban nuevos y en todas las cosas que hice cuando los llevaba.

Gustave Flaubert

Los trajes viejos que tengo en mi vida son los caminos ya recorridos que de vez en cuando me llaman, esta bien conocer nuevos paisajes, vivir nuevas experiencias, pero con el tiempo te das cuentas que revivir viejos lugares con la experiencia que te da los años es como degustar un buen vino acunado por el tiempo.

Los alemanes que han dormido en mi zona de literas me han despertado a las 5:30 de la mañana, supongo que lo que tendrían que contarse no podía esperar a una hora más prudente. Burgos amanece entre sol y nubes, tengo ganas de rodar, de volver a revivir mi camino original de hace muchos años. La ilusión me embriaga, me siento tremendamente feliz. Los recuerdos comienzan a amontonarse en la memoria, el tiempo ha cambiado cosas pero no el suficiente como para no recordar lo vivido aquel verano. Entre Villalbilla y Tardajos adelanto a los dos Madrileños que conocí la noche anterior, apenas cruzo una par de palabras con ellos y continuo mi camino en busca del Bar en el que desayune en el 2004 y lo encuentro abierto en Tardajos, a orilla de la carretera en el desvío del camino. Desayuno un café con leche y dos donuts, que le den al colesterol por un día, me alimento de recuerdos pero el cuerpo necesita algo más sólido.

Tras desayunar y mientras me preparo para continuar la marcha, un orondo norteamericano saca un caja de plástico con una pegatina de la bandera de su país. La caja es una farmacia por la cantidad de píldoras y pastillas que contiene. El Grueso peregrino va cogiendo una a una cada tira de pastillas tomando una cada vez y dejando de forma ordenada la tira sobre la caja, lo hace de forma mecánica, sin pausa, sin mirar fruto de lo que seguramente han sido muchos años maltratando el estómago para hacer seguir funcionando el resto de su cuerpo, llegue a contar la ingesta de 12 pastillas que terminaron de entrar en su cuerpo con un largo trago de agua tras el cual guardo todas las tiras en orden de nuevo en la caja y me dirigió una sonrisa mientras se disponía a degustar un café solo con porras. Y yo me cojo de tener que tomar una pastillita al día, eso si que es el desayuno de los campeones. Pero lo mejor de todo es que viaja solo, tal vez sea una nueva lección que me da el camino, los miedos hay que vencerlos, no hay que dejar de disfrutar de la vida porque esta se nos ponga complicada, hay que luchar por nuestros sueños, por guiar nuestros pasos día a día hacía donde nosotros queremos, hacer realidad nuestras ilusiones o como mínimo intentar llevarlas a cabo.

La subida hacia Hornillos del camino la hago tranquilo, recuerdo como en el 2004 padecí tremendamente estas rampas y ahora las subo sin dificultad, me encuentro un bote de agua perdido por en el camino, lo engancho en las alforjas y un par de kilómetros después en lo alto de una de las subidas encuentro a sus dueños, un matrimonio catalán que agradece el detalle, “… siento que subieras con algo más de peso extra” me dice el marido a lo que le responde que así lo ha querido el santo, jejeje. En lo alto de la cuesta y con Hornillos del camino de fondo repito la foto que hace años decora una pared De mi habitación, me pasa un matrimonio belga con su hija, ellos mayores y ella estrenando los cuarenta seguramente, nos miramos unos momentos y sonreímos, como si el destino nos hubiese citado en esa colina, a esa hora, por un momento creí en los flechazos.

En la bajada les paso de nuevo, ellos bajan casi parados y yo demasiado rápido, nuestras miradas se buscan, se encuentran, se sonríen y se pierden juguetonas entre los verdes cultivos que alfombran la llanura castellana.

El camino juego a ser senda deliciosa para rodar en bici y disfrutar, pedaleo alegre, estoy disfrutando como nunca por una camino fantástico que me deja a los pies del monasterio derruido de San Antón, donde  dice la tradición que los peregrinos que pasaban bajo sus  arcos mejoraban su salud. Leyendas a un lado, es de las delicias que te encuentras en el camino que merece una parada para disfrutar de estas ruinas.

Al llegar a Castrojeriz, comienzan los nervios, tengo una cita con la historia, un reto conmigo mismo que he de saldar 8 años después, el Alto de Mostelares. En el camino del 2004 la cuesta me derroto apenas comenzó el camino a empinarse y me subí todo el alto arrastrando la bici, las alforjas y el orgullo jurando que volvería, más fuerte, mejor preparado y con ganas de venganza.

Mientras me acerco veo como el cielo comienza a ponerse negro, el alto quiere jugar sucio, pero me da lo mismo esta vez tengo kilómetros de sufrimiento en las piernas para defenderme. La cuesta es un kilómetro y medio al 12% que cargado con las alforjas es harina de otro costal, comienza fuerte, con un buen rampón como diciendo anda bájate, pero lo supero. Esta vez el camino está más arreglado y se sube mejor, me cuesta un mundo cada pedalada, el corazón me late en la boca y me siento morir, por un momento pienso en poner pie a tierra pero no, mi vida ciclista esta cosida a base de pequeñas derrotas, de pequeñas heridas que al final se transforman en grandes cicatrices y no estoy dispuesto a lucir esta sobre mi piel. La subida da un pequeño descanso en el pulso que mantenemos cuando me pasa un ciclista catalán que me da ánimos, comienza a chispear pero estamos cerca de la cumbre y veo como el ciclistas que ya ha alcanzado ha derrotado al monstruo desde arriba me anima mientras me graba con su cámara, aprieto los dientes en los últimos cien metros y corono el alto sin poner un pie a tierra, feliz como nunca, casi a punto de llorar me siento tremendamente orgulloso de mi mismo, de hacer lo que hago y de vivir la vida como la siento.

Mientras llueve de forma algo más generosa como al abrigo del refugio construido en lo alto, cuando cesa de chispear decido continuar y a la que salgo comparto unos kilómetros con un catalán que esta recorriendo el camino desde Cataluña, todo un máquina al que deseo buen camino al tener ritmos muy diferentes.

A la altura de de Itaro de la vega me encuentro con David un Mañico del que me han hablado los Madrileños y por fin coincidimos en el camino, vamos juntos hasta Boadilla del Camino en donde el ha decidido quedarse a dormir, yo decido comer en uno de esos rincones que tengo guardado en la memoria y me encantan, la noria de agua manual para que salga del caño de Boadilla, su esculturas de hierro y la compañía de uno de esos hospitaleros con carácter que aún intentan mantener el romanticismo del camino, pero que te hacen pasar un rato divertido y agradable.

Al terminar de comer veo que el cielo no me va a dar mucha tregua y ponga neumáticos en polvorosa para llegar seco a Frómista.

De nuevo el Canal de Castilla me acompaña, solitario, silencioso me regala unas bonitas vistas. Me alojo en el albergue estrella del camino, en donde te tratan como en casa, un albergue excepcional que no hay si te cuadra no puedes dejar pasar la oportunidad de dormir en el. Ducha reconfortante y toda una tarde en la sala común, junto a la chimenea calentito mientras fuera se desata una tormenta terrible.

Más tarde llegaran los peregrinos madrileños, y el matrimonio Belga con su hija, el destino ha querido que durmamos en literas contiguas, pero el amor es caduco y la tormenta ha rota la magia del camino, recuerdo una frase de Dostoievski La miré fugazmente. Todos los días sueño que por fin voy a encontrar a alguien. ¡Si supiera usted cuantas veces he estado enamorado de esa manera!

Fotos de la ruta

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