Por la Senda de los Cazadores, Ordesa 2012.

Libertad es búsqueda de libertad. Nunca la alcanzaremos completamente. La muerte nos advertirá que hay límites a toda historia personal. La historia, que perecen y se transforman las instituciones que en un momento dado definen la libertad. Pero entre la vida y la muerte, entre la belleza y el horror del mundo, la búsqueda de libertad nos hace, en toda circunstancia, libres.”

Carlos Fuentes

Ordesa para mi es como un refugio espiritual, el lugar en donde recargo las pilas del alma para ir tirando un temporadilla y he de reconocer que cada vez tengo que volver antes. He hablado con el dueño del camping para ver si merecía la pena volver en Otoño y me ha dicho que este año no, que la hoja apenas pasará del verde en el árbol al suelo y el ocre queda para otros años con menos crisis hídrica, vivimos malos tiempos para todo.

Lo bueno de mediados de septiembre es la poca afluencia de gente que te encuentras, el autobús que me lleva a Ordesa esta prácticamente vacío y al llegar la mayoría opta por seguir la ruta directa a la cola de caballo. Camino en solitario hacia la senda de los cazadores, aún continuo con los auriculares y la música puesta, cuando me los voy a quitar comienza a sonar Guaranteed de Eddie Vedder “…el Viento en mi pelo, Me siento parte de todos los lugares por debajo de mi existencia, hay una ruta que ha desaparecido.” La ruta hacia la libertad, hacia volver a sentirte parte de una naturaleza que te abre los brazos para que la descubras y la respetes.

Hace un par de años recorrí la senda de los cazadores por primera vez con Isra y guardo con gran cariño ese día y los buenos momentos que pasamos.  La senda de los cazadores es una subida impresionante bajo la espesura del boque que gracias a una sucesión interminable de z alcanzas uno de los miradores más bonitos de todo el parque.

En mi ascensión he alcanzado a una familia y a una par de parejas que han salido en el autobús anterior, disfruto un buen rato del paisaje desde el balcón del mirador, repongo fuerzas con algo de fruta y continuo por la senda que esta vez sin cobertura arbórea la puedes ver dibujada en la pared de la montaña. Todo el esfuerzo de subir hasta aquí se te olvida cuando andas embriagado por un paisaje maravilloso, me siento tremendamente feliz y más aún cuando pienso lo que estaría haciendo en estos momentos encerrado entre cuatros paredes con luz artificial 9 horas al día.  Guy Pearce dijo que En el momento en que una cosa te turba, ya eres esclavo, en vez de ser señor. No hay en el mundo señor más tirano que el disgusto o tormento. Como muchos yo también arrastro la cadena de la hipoteca que me tiene amarrado a mi silla y no pedaleando por el mundo, esclavo del estado del bienestar.

En información de Torla me repitieron hasta la saciedad que no había agua en toda la ruta salvo la de la propia cascada y una fuente a la mitad de la bajada, pero yo se que hay y la encuentro manando como hace dos años, fresca y riquísima. Cada vez que llego al desvío hacia monte perdido me entra una angustia terrible ya que sueño con hacer una travesía por los refugios de la zona y sus picos, la brecha de Rolando y algún Ibón curioso de Bujaruelo, pero tendrán que esperar. He vuelto a mi pasión, la bici y en los próximos años tendrá prioridad. La cascada de la cola de caballo apenas trae agua pero sigue siendo bonita , hay poca gente, tengo tiempo de sobra y es hora de comer por lo que disfruto un buen rato largo, comiendo y disfrutando del agua, de su sonido, del su frescor con los pies sumergidos en una pequeña poza.

Toca retomar la marcha, y disfrutar del valle esta vez desde su base, me cuesta mucho emprender el camino de regreso y mi alma pide quedarse, adora este rincón del pirineo.

El fondo del valle no se disfruta como años atrás. Las cascadas están muy pobres de agua, no son tan espectaculares como en primavera cuando bajan ruidosas y cargadas de agua, ahora bajan tímidas como disculpándose por su bajo caudal intentado pasar desapercibidas pero es imposible.

Bajo en absoluta soledad por la pista y me acuerdo de mi ninfa de Gavarnie y la imito lanzándome a la carrera con lo brazos abiertos, siento el aire puro del bosque, una libertad increíble a la que solo pone limites el corazón que a mil me pide parar, recuperar el resuello y descubrirme en una sonrisa de esas que te llenan de vida, cierro los ojos y siento paz, una paz como nunca, como me gustaría poder embotellar estos momentos y poder disfrutarlos cuando el estrés de la vida cotidiana te agobia .

Al llegar al aparcamiento apenas tengo que esperar unos minutos para subirme al autobús, esta vez va más cargado pero sin llegar a llenarse. Decido bajarme en Torla y seguir paseando hasta el camping por su preciosa vereda que te deja en el puente sobre el río Ara. Ducha, cena y la noche de nuevo bajo mi tienda, con el continuo susurro del agua del río y siempre en estas situaciones me pregunto si es el momento de intentar buscar una pareja, me pongo de nuevo el Ipod y esta vez la voy buscando, de nuevo Guaranteed y una frase demoledora para contestar a dudas impertinentes, “… los círculos crecen y se tragan a la gente, la mitad de sus vidas le dicen buenas noches a una esposa que nunca conocieron. Tengo una mente llena de preguntas y a un profesor en el Alma y así continúa….”

Galería de Fotos ( próximamente)

 

 

Eddie Vedder – Guaranteed + letra en español e inglés

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El día que descubrí mi purgatorio: Col du Soulor a Col D´Aubisque

¿Qué hace falta para ser feliz? Un poco de cielo azul encima de nuestras cabezas, un vientecillo tibio, la paz del espíritu.

André Maurois

Dos Grandes puertos de montaña y un gran paseo por el circo de Gavarnie me han dejado totalmente agotado, creo que no logro entender bien el concepto de vacaciones, o eso dicen mis compañeros de trabajo. En mis planes tenia quedarme un día más en Francia para subir en bici hasta el circo de Troumouse pero tal y como me encuentro no creo que fuese capaz de llegar ni al cruce que deja la carretera a Gavarnie, por lo que decido recoger tranquilamente la tienda y dedicar el día a descansar, disfrutar del viaje hasta Torla en donde pasar una tarde Tranquila.

El día es esplendido, luce un cielo azul increíble y la temperatura es agradable para alguien que como yo detesta el calor. Dejo el Camping de Luz St-Sauveur rumbo de nuevo a España, a la salida del pueblo comienzo a cruzarme con carreteros que van buscando el Tourmalet y los circos cercanos, cicloturistas como caracoles que recorren en ambos sentidos los pirineos, otro de mis sueños húmedos de verano que no me importaría intentar en breve.

Dejo atrás la población de  Aucun y la carretera comienza a picar hacia arriba, haciendose mucho mas acusada cuando paso Arrens. Aquí comienza el puerto de Soulor otro de los grandes colosos y puertos míticos de esta zona con 7 km de ascensión y una pendiente media del 7% música celestial para quien la bici no es un potro de tortura sino un medio para disfrutar de la vida.

Una pareja sube muy despacio el puerto, rondan los 50 años de edad pero lucen una sonrisa de 25 cuando te miran y ven los ánimos reflejados en mi rostro. Subo despacio disfrutando de un puerto maravilloso y maldiciendo no tener piernas para dar la vuelta, aparcar el coche y subir esta maravilla. Corono el puerto y aparco en la cumbre para disfrutar de las vistas. Veo una oveja dentro de una cabina, seguramente espera la llamada de algún familiar lejano, mientras los burros descansan al sol tendidos sobre la verde pradera que extiende como una alfombra a los pies de las cumbres.

Del Col Du Soulor al Col D´Aubisque hay una ligera pendiente, la carretera esta bordada en un paraje alucinante, Sobre un valle espectacular y cumbres no tan lejanas que te invitan a ser exploradas. Siento las piernas cansadas pero no puedo más, se que me arrepentiré sin hago este recorrido y al llegar al Col d´Aubisque aparco, me pongo el culote, el maillot y bajo a la Choni del coche para recorrer el tramo que une los dos puertos. El comienzo es en bajada, estoy en el puerto más alto a 1.709 metros y tengo que descender hasta los 1.474 metros del col de Soulor. Creo que pocas veces he estado tan feliz de hacer lo que me gusta, bajo disfrutando  veloz por una carretera solitaria en un paraje que no olvidare en la vida, estoy seguro que los ciclistas cuando morimos y nos dan a elegir opciones de donde pasar el resto de la eternidad esta es una de las que están en opción y sin duda la marcaré sin pensarlo. Seguramente dentro de unos años cuando ruede por otro sitio similar pensaré lo mismo pero hora, este es el paraíso que me pilla más cercano y en el que puedes sentir tu alma interior gracias a  la paz que reina. Llego en un suspiro a Soulor dándome la vuelta par tras una ligerísima bajada comenzar a disfrutar de la subida a Aubisque. Madre mía, si esto lo hubiese podido leer hace años no me creería que yo voy buscando la subida de un puerto para disfrutar y es que el recorrido es como un sueño materializado en carretera, disfruto con cada pedalada, el paso de los túneles que  te sumergen durante unos segundos en la más absoluta oscuridad con la única referencia de la  luz que  indica la salida o la entrada al paraíso. Voy rodando embriagado por mis cinco sentidos, en lo que estoy seguro no pasaría una prueba antidoping de felicidad,  sentir esto no puedo ser legal seguramente.

A un kilómetro del puerto veo como un grupo de ciclistas franceses me han puesto como objetivo y se van dejando la piel por alcanzarme, son como lobos hambrientos en busca de una presa herida, pero decido dar lo poco que me queda y hacerles sufrir un poco más, aprovecho uno de los giros en los que no me ven para bajar piñones y pedalear de pie, sentándome cuando  me tienen a la vista, noto que algo no les cuadra, se han dado cuenta que voy más rápido y un par de ellos se descuelgan, tres continúan tras mi culito y a cien metros de alcanzar la línea de fin de puerto corono con apenas unos metrosde ventaja del mas fuerte de ellos que me grita un good, good riéndose porque sabia que no me había dejado pasar. Con el corazón en la garganta asomándose para ver el paisaje me cambio de nuevo, dejo a la Choni descansar en su soporte y me doy una vuelta para disfrutar de las enormes bicicletas que coronan la cima y unas vistas increíbles a una estación de esquí.

La bajada del Col D´Aubisque en el coche es un sufrimiento en el alma por lo que me estoy perdiendo al no poder bajar con mi Choni y sufrir por no tener fondo ni fuerzas para subir este puerto “asesino” como lo calificó Octave Lapize en 1910. Ver las caras de los que subían en sus bicicletas sufriendo esas rampas infernales era todo un poema y la síntesis de porque amamos este deporte. Se que este puerto lo subiré algún día, me gustaría que fuese en compañía de algún amigo como embarrao, José o Jaime, pero si el destino quiere que nos enfrentemos en un cara a cara también estoy dispuesto para aceptar el reto.

Tan solo me falta subir el Portalet otro que tengo en la lista para coronar por  las dos caras y entrar en España rumbo a Torla en donde tengo en mente acampar.

Me había propuesto un día de transición tranquilo en mis vacaciones y me ha salido una jornada gloriosa en la que he disfrutado como un niño. Sentado frente a mi tienda, a los pies de Ordesa, con Torla iluminada a mi Derecha y la luna en lo alto me uno al sentimiento de Alfonsina Storni cuando dijo (…) Porque mi alma es toda fantástica, viajera, y la envuelve una nube de locura ligera cuando la luna nueva sube al cielo azulino.

Track de la ruta 

 

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El circo de Gavarnie.

“La felicidad no es un bien que puede atesorarse; es una manera de pensar, un estado de ánimo. No es que algunas veces no nos sintamos deprimidos; pero también conocemos momentos que escapan al reloj y se hacen eternos.”

Daphne du Maurier

 

Tras subir Luz Ardiden me encuentro cansado, pero tras la ducha y una buena comida me niego a rendirme una tarde más y pasarla tranquilamente en la tienda durmiendo la siesta y leyendo. Estoy en Francia, en un lugar maravilloso que guarda un montón de rincones para visitar, no puedo dejarme vencer por la pereza y desperdiciar una tarde maravillosa. A una media hora de mi tienda se encuentra el circo de Gavarnie, no me lo pienso y cambio el traje de faena ciclista por el de senderista para cumplir uno de mis sueños y visitar digamos la otra cara de mi querido Ordesa.

Al llegar al pueblo de Gavarnie la carretera se termina y tan solo te quedan dos opciones, dar la vuelta y regresar o pagar el impuesto revolucionario por aparcar en el pueblo, pero bueno cuando una sonrisa encantadora te pide 4 euros y ves como se queda un hueco libre a escasos metros de la entrada no te importa mucho.

Me gusta la paz que se respira en esta pueblo a pesar de ser un lugar muy turístico. Las caras de las gentes desprenden felicidad, les ves desfilar cansados pero felices de haber disfrutado un gran paseo. Tengo un track para seguir pero es demasiado largo para unas piernas tan casadas como las mías, opto por la versión turista y me dejo caer hacia el río con la inercia de los que me rodean que no son muchos, supongo que no es lo mejor temporada para visitar Gavarnie y tampoco la hora ayuda. Veo que el río baja muy tristón en agua, es septiembre y el año no ha sido precisamente húmedo tampoco en el pirineo, unas gallinas buscan alimento a la orilla del río mientras me pasa una pareja que ha decido realizar el recorrido a caballo, una de las opciones que te ofrecen al entrar en esta maravillosa ruta.

Algunas cascadas se descuelgan tímidas de la montaña como si las sorprendieses en ropa interior, la verdad es que cuando ves la montaña con su belleza bajo mínimos es como recorrer un centro comercial a ultima hora del día tras las rebajas, con las últimas unidades en los estantes donde solo quedan lo que no ha querido nadie, productos con envoltorios rotos o tallas imposibles. Se que este sitio en primavera o invierno es espectacular por las fotos que he visto tantas veces y no vengo a juzgarlo, se que en esta época es cuando esta más feo pero me gusta.

Un camino perfectamente acondicionado para el turismo se abre paso por el valle, las montañas al fondo nos muestran el final del camino y nuestro objetivo del día la gran cascada.

Cuando vamos llegando a La Hotellerie du Cirque el camino se pone más agreste, el paisaje mejora, el valle se cierra y la pista deja paso a una senda. Desde la Hotellerie se puede ver a lo lejos la cascada y para la mayoría de paseantes de montaña este es punto más alejado de la civilización que se pueden permitir, visita al bar y vuelta. Por eso la senda se vuelve más intima, ahora camino en solitario, somos pequeños puntos de color distanciados unos de otros para los ojos cansados de los que se quedan en el bar y con una cerveza en al mano nos ven seguir progresando por la montaña, con un “que ganas”.

Desde el Hotel la senda va cobrando una pequeña pero constante pendiente que comienza a pesar en mis piernas hasta el punto de hacerme desistir de llegar a la base de la cascada. Un gran nevero ha resistido todo el verano y continua alimentado un pequeño arrollo que cobra va cobrando gran velocidad apenas se pone a zigzaguear por entre las rocas. Me paro para hacer unas fotos y una mujer de mediana edad me alienta con una sonrisa y un “ avant, avant”. Las medio cabra-oveja esta rara del pirineo francés pasta tranquilamente mientras veo el subidón que me espera para lograr alcanzar la base de la cascada, estoy muerto de cansancio y lograr superar esa pendiente se me hace como escalar el Everest. Pero bueno ya que estoy no me voy a dar la vuelta sin sufrir hasta el final y tras un esfuerzo titánico superando la fuerte pendiente consigo llegar a la base de la cascada y dar bueno todo el esfuerzo, simplemente espectacular.

Mientras disfruto de la cascada veo que una joven francesa de unos 45 años (jejeje) trapa hasta casi el chorro de la cascada, se desmelena y se deja empapar por el agua que salpica con los abrazos abiertos, arqueando su cuerpo hacia la cascada empapando su camiseta rosa.

Me siento un rato para disfrutar del frescor del agua, del rugir de la cascada y de uno entorno maravilloso. Mientras recojo para irme veo que mi ninfa francesa de rosa se tendido sobre una roca para secarse. Yo comienzo el descenso que me cuesta tanto como la subida y una vez en la senda simplemente me dejo llevar por la inercia tremendamente feliz por haber optado en hacer la ruta y no quedarme en el camping.

Cuando llego al hotel me encuentro con una pareja de vascos que me preguntan si hablo español, les digo que algo y me sorprende con la pregunta: ¿merece la pena ir a ver la cascada o mejor nos quedamos en el bar? Les digo que si han venido a dar una vuelta el circo la  cascada ya la ven, pero si han venido a ver la cascada aún les queda un buen trecho. Se quedan mirando los dos como preguntándose a que han venido y optan por el bar.

Mientras voy deshaciendo el camino andado a la altura del bosque me adelanta corriendo la ninfa de rosa, pasa a una pareja más y con la pista toda para ella abre los brazos como si volase y se pone a zigzaguear ondeando su melena al viento mientras canturrea en alto, creo que si la libertad tuviese una bandera no encontraríamos una mas bella que esa melena el viento. No será la última vez que la vea unos minutos después me cruzare con los caballos que hacen la ascensión turística que por las noches los suben a la pradera y enganchado al cuello de uno de ellos la veo susurrándole palabras en francés, sin duda era toda una bella ninfa de las montañas en estado puro.

Gavarnie me ha cautivado, enamorado y dejado con una deuda pendiente, volver cuando luzca sus mejores galas primaverales. El pirineo por ambas vertientes me tiene tremendamente enganchado ya lo dijo Stendhal Con las pasiones uno no se aburre jamás; sin ellas, se idiotiza.

Fotos de la ruta.

Track recomendado gracias a Sobreruedas

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Luz-Ardiden una montaña rusa con la Choni.

“La perseverancia es un gran elemento del éxito, si tocas el tiempo suficiente con la fuerza necesaria la puerta, estarás seguro de despertar a alguien”.

Henry Longfellow Wadsworth

Amanece un día fantástico en Luz St Sauveur, la mañana es fría como a mi me gusta en el que es preciso buscar en las primeras horas del día el abrigo de un forro polar. Tengo que ser de los pocos españoles que prefieren y les gusta el clima frío a nuestro “agradable” para muchos clima horroroso mediterráneo. He elegido el camping que este mejor ubicado para las rutas en bici de carretera justo en el cruce de los grandes puertos y en apenas medio kilómetro ya me encuentro en la subida de Luz Ardiden y las primeras indicaciones con porcentaje y distancia a cima me indican que estoy ascendiendo un puerto Tour.

Esta carretera apenas tiene tráfico y las vistas de Luz St Sauveur según vas ganando altura son increíbles comprendiendo el lugar tan maravilloso donde esta enclavado este pueblo pirenaico. La ascensión a diferencia del Tourmalet no tiene el regalo de un paisaje espectacular una vez pasas el pueblo de Sazos, la vegetación es muy espesa y te centras mas en el sufrimiento al que estas sometiendo a tus piernas. A medida que el sol va ganando altura el calor es hace notar y rompo a sudar, me pasan dos franceses una pareja que me saludan dándome ánimos. La pendiente entre los pueblos de Sazos y Grust es terrible entre un 8% y un 9% de forma constante, sin una tregua en la que poder ganar un poco de cadencia y dejar respirar a tus piernas pero lo peor viene una vez que pasas Grust la carretera comienza a retorcerse en la montaña y la media de los 7 kilómetros restantes de ascensión no bajara del 9% con puntos en los giros del 12%.

El puerto se me esta atragantando terriblemente, quiero parar, bajarme de la bici, descansar y meditar si esto son las vacaciones que quiero, pero no hace falta parar ni bajarse de la bici para contestarme a mi mismo un sí rotundo, mayúsculo mientras goterones de sudor recorren los cristales de mis gafas. Para evadirme de la agonía de la subida veo como una senda marcada como un GR cruza la carretera en multitud de ocasiones, y deseo que al llegar al puerto la Choni se transformara en mi doble y disfrutar una bajada que por los tramos que podía ver tiene que ser grandiosa.

Superar la zona de rampas graciosas tiene un premio increíble, la montaña se abre, corre un telón maravilloso al girar una curva para mostrarte su sexo, sus cumbres, sus valles, todos los placeres que la tierra puede modelar para saciar la lujuria de los que amamos la montaña. La carretera te da un respiro y se pone a 7% lo que para mi supone casi un llano con el que poder dar un pequeño descanso a mis piernas con algo de cadencia.

Pero al igual una perversa amante la montaña se muestra desnuda ante ti, con todas sus curvas mostrándote por donde has de acariciarla para lograr besarla y cuando lo ves es simplemente maravilloso. Yo que antes veía una subida y prefería rodearla que afrontarla me veo subida en una bici de carretera de 12 kilos, arrastrando mis buenos 15 kilos de sobre peso con una sonrisa de oreja a oreja y buscando el “me gusta” para pulsarlo. Hace apenas un año en Noruega me pensé seriamente dejar la bici y dedicarme solo al senderismo pero ha sido imposible, este deporte es altamente adictivo y cada vez busco más tiempo de donde sea para estar montado sobre una de ellas.

Cuando apenas me falta dos kilómetros para coronar veo que alcanzan dos ciclistas hablando en castellano y al estar a mi altura uno de ellos me grita, “anda tu eres de mi equipo” y al ver su bici me dí cuenta, montaba otra Choni.

Le digo que si al comprar las bicis le decimos que son para ir a subir puertos Tour nos toman por locos, jajaja pero no señor, el ayer como yo corono el Tourmalet y hoy mano a mano, los dos con nuestras bicis básicas del decatlón estamos apunto de coronar otro de estos colosos superando sus 1030 metros de desnivel acumulado El Luz-Ardiden.

Sin dejar de hacernos sufrir hasta el final vamos llegando hasta la explanada final en donde toca inmortalizar la llegada y poder disfrutar desde la altura de una de esas carreteras que solo disfrutas en sueños y que cada vez la ves en fotos piensas quiero subir. Pero esta vez no, esta vez tremendamente feliz disfrutas de lo que has subido, de lo que has sufrido y de los momentos maravilloso que este deporte te regala a pesar de ser el mas lento y llegar siempre el último arrastrándote hasta la cima.

Decido bajar tranquilo, disfrutando de cada curva de cada giro y de la fantástica mañana que Francia me ha regalado. La escritora india Shakti Gawain lo expreso mucho mejor Todos los sentimientos son parte de la maravillosa y siempre cambiante sensación de estar vivo. Si amamos a todos los diferentes sentimientos, se convierten en otros tantos colores del arco iris de la vida.

Track de la Ruta

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…Y la Choni corono el Tourmalet

«No hagas de tu sueño algo perdido: nunca sabrás lo que vale hasta que lo veas dando frutos en la realidad».

Zenaida Bacardí De 

Al despertar tengo una sensación extraña, tengo miedo de la ruta de hoy, miedo a no poder coronar el puerto, a tener que darme la vuelta y resignarme a dar vueltas por el anillo ciclista con al choni. Cuando salgo de la tienda la veo inquieta, pero sonriente se siente orgullosa de donde esta y quiere comenzar a disfrutar algo que una bici de sus características rara vez consigue, hoy es el día en el que juntos intentaremos coronar el Tourmalet.

Fuera la temperatura es de 12 grados y el tiempo nublado, no voy a tener mucho sol por lo que es un quebradero de cabeza que ponerme para subir y para bajar, con lo sencillo que es llevar mochila. Las nubes van dejando ratos de sol cuando dejamos el Camping de Luz St Sauver. No tarda en pasarme una bici, es una risueña rubia, pequeñita con coleta que sube casi a mi ritmo pero esos piñones traseros grades marcan la diferencia para que me vaya sacando poco a poco distancia. Comienza el puerto y la carretera me da una pequeña tregua hasta Esterre la pendiente se mantiene un 5 % algo que ha he aprendido subiendo un puerto son buenas noticias. Dos ciclistas con fabulosas Treck de carbono me pasan con dificultad, poco después me pasara una furgoneta de Treck travel que les hace de apoyo del que se bajaran varios más todos con sus flamantes Terek de lujo. Este grupo que se baja no tarde en pasarme y una voz femenina que precede de dos preciosas piernas que contemplo me saluda, continuo mi ascensión por esa piernaza fuerte, robusta tal y recuerdo el consejo que dio el padre a Gengis Kan para buscar esposa, al llegar al maillot me encuentro con unos pechotes de talla XXL, no quiero pero tengo que seguir mirando. Subo la mirada y la ostia, rubiaca, con trenzas, sonrisa del tamaño de sus pechos que me dice no se que parrafada en su lengua que claro esta yo me tomo como un cuando lleguemos arriba hablamos. Lastima que para cuando yo llegue ella estará fría y yo sin sangre ni aliento.

Las rampas duras no tardan en llegar, el 9% en los carteles y doy gracias a la Choni por tener triple plato  lo que me permite subir mucho más cómodo pero no si sufrimiento, mi piñón grande parece el hermano pequeño de los piñones superiores con los que suben los jodios franceses.

Pasar Baréges es un regalo, que te dan a la salida con una rampa de las que te hacen reír, pero la verdad es que subir este puerto no te duele tanto gracias al paisaje que te entretiene y te maravilla al punto de que sin darte cuenta llegas a la estación de esquí en donde ya se pueden ver toda la subida que queda y el final, a lo alto escondido entre la niebla en mi caso.

Pero decido solo mirar un poco más alta y ver como pequeños puntitos progresan por la montaña y grandes autocaravanas me dan una pista hacia donde conducen mis pedaladas. Paso La Gauble los nombres de grandes del ciclismo aparecen tatuados en el asfalto, uno más recientes otros casi irreconocibles pero mucho nombre español y nuestra bandera pintada en el asfalto de este coloso pétreo coronado como el Olimpo de las montaña por la comunidad ciclista.

Los kilómetros van pasando y las piernas comienzan a quejarse, quiero subir del tirón, lento pero sin una sola pausa. Junto a mi suben dos franceses que me pasan, paran, me pasan ya quiero subir a mi ritmo y sin poner pie a tierra, no como ellos que cada dos kilómetros les ves como peces fuera del agua suplicando por cada bocana de aire. Miro hacia abajo y veo decenas de ciclistas subiendo, esto es todo un espectáculo que hay que vivirlo por lo menos una vez en la vida si te gusta la bicicleta.

Paso por la señal de 1 km para puerto y su 10 % de pendiente, en el GPS puedo ver ya el punto de final de ruta y solo quiero parar, pero estoy tan cerca de ver cumplido mi sueño que aún subiendo a 4 km/ lo puedo conseguir. En la última rampa de los dos franceses que han estado haciendo la goma uno peta y pone pie a tierra, el otro que ha parado hacia poco siento como me va alcanzando, en los últimos metros al francés que había parado se repone y me pasa coronando, antes del giro final cuando ya ves la escultura del ciclista el otro francés se me pone al lado igual que ese famoso final en la bola en el que Narko y yo esprintamos a dos km/h pero esta vez no, esta vez no quiero rendirme y bajo un piñón cuando el francés lo esculla me dice “olalala”, tarde yo estoy pedaleando de pie hacia la cumbre dejándole clavado, un gran final de etapa a lo globero.

Respiro hondo y dejo descansar a la choni en el mismo altar del ciclismo, se que sonríe y ahora cuando nos pasen todas las princesas de carbono ella se sentirá orgullosa de haber perdido su virginidad en un gran puerto como el Tourmalet.

La bajada me la tomo con calma, mucha calma disfrutando cada giro, cada cara descompuesta por el esfuerzo, cada escotazo que te regalan las ciclistas en estas subidas que ya no se que picos mirar. Estoy feliz, tremendamente feliz de haber cumplido un sueño o queda mejor en las palabras de Facundo Cabral Haz sólo lo que amas y serás feliz, y el que hace lo que ama, está benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar, porque lo que debe ser será, y llegará naturalmente.

Track de la Ruta.

Galería de Fotos.

 

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