El hombre que condiciona su felicidad al cumplimiento de un objetivo se hace esclavo de éste.
Doménico Cieri Estrada
Hay fines de semana que se complican y este ha sido de lo más complicado para poder disfrutar de la bici. El viernes estaba literalmente agotado después de una semana agotadora, dormir 5 horas diarias no puede ser bueno y el fuerte viento fue la escusa perfecta para disfrutar de 2 horas de siesta que pasaron en un suspiro.
El sábado tenia comida familiar, jugar con mi sobrina, una bicho de 5 años con una energía inagotable,es algo realmente más duro que una ruta, por lo que aposte todo el entreno del fin de semana a un día, el domingo. Renunciando a montar con el grupo de globeros de la sierra que era lo que verdaderamente quería. Pero como reza la frase de la entrada me estoy convirtiendo en un esclavo de mi objetivo, alcanzar la meta del soplao renunciando al placer de montar con amigos por cumplir unas horas de entrenamiento semanales y unos kilómetros, algo que me he dado cuenta no puede ser.
Hoy quería rodar 120 km con la choni y puse el despertador para que sonara a las 7:00 de la mañana, y puntual suena mi canción preferida para levantarme el fin de semana mientras una voz me da el parte meteorológico «la temperatura actual es de 0 grados» ,genial, pero al intentar alcanzar el móvil siento un fuerte dolor en el cuello, me cuesta una barbaridad girarlo.Se me ha jodido el entreno de hoy.
Dos horas después siento mejoría en mi cuello, aún dolorido veo que tiene algo más de recorrido y decido salir con la rígida para dar una vuelta hasta donde pueda. Miro la pantalla del teléfono y veo el símbolo de alerta meteorológica por fuerte viento en mi zona estimada para dos horas. Hay días que todo son buenas noticias.
Con las primeras pedaladas las sensaciones no son nada buenas, apenas puedo girar la cabeza en los cruces o en las rotondas para ver si viene algún coche y me siento como un burro con orejeras intentando alcanzar una zanahoria. Salvo el cuello me siento de lujo sobre la bici, me siento feliz porque noto que los entrenamientos dan su fruto, estoy cambiando mi forma de pedalear, siento una aceleración y una cadencia que nunca había tenido antes y por primera vez olvido lo de entrenar por sensaciones y dejo que Polar me valore por los datos que voy metiendo en el personaltrainer y así ajustar la intensidad de las sesiones.
Opto por ir hacia la Casa de Campo, este año tengo que superar el mal rollo que tengo en este gran pulmón verde de Madrid si quiero superar con existo una locura que tengo en mente. El ir bien de piernas me permite disfrutar subiendo, a mi ritmo claro, e ir buscando senderos como los de cuatro vientos en lugar de la aburrida recta principal del parque pero que con los primeros baches me doy cuenta que no es buena idea por el dolor que me provocan en el cuello. Opto en simplemente salir a disfrutar de la bici y dejar el pulsómetro con el corazón en la zona de quemar grasas que hay combustible para tirar millas, el polar FT7 es una pasada.
La casa de campo en esta época del año esta preciosa, si fuera una mujer le diría que la veo más delgada, pero bueno es verdad. El verde intenso del suelo delimita los senderos dibujando su trazada sobre el terreno como si estuviesen dibujados sobre el. Como ya he dicho muchas veces soy un inútil total en la CDC y me pierdo con tan solo salo salir del carril bici. Tengo cargado desde hace tiempo un track con senderos en el gps que intento seguir pero es una locura ya que son bucles y no hay forma de seguirlos al no tener claro el sentido si son de subida o de bajada. El cuello cada vez me molesta más y el viento comienza a ser un buen incordio por lo que decido meterme por uno que tire hacia arriba y ya llegare a algún sitio.
Y madre mía el sendero que seguí, maravilloso, no lo conocía y ha sido como transportarme a otro lugar por unos minutos, no tenia la sensación de encontrarme en una gran ciudad hasta que alcance su cumbre y alcanzar la puerta de la tapia que da acceso a Somosaguas en donde se termino el encanto. Demasiados perros, demasiada gente y muy pocas ganas de aguantar más el dolor que me va torturando.
Pero como la bici en ocasiones es como el sexo la vuelta me tocaba una de sadomasoquismo con todos sus complementos incluido el látigo en forma de viento. Pero primero y para dar más emoción a la vuelta casi me empapa una operario de limpieza del ayuntamiento que recriminado por su jefe se justifica con un “.. me he liado con la palanca “ es lo que tienen los planes de estudio modernos que tres años para aprender a manejar una manguera son claramente insuficientes y desde aquí pido mayor formación para estos operarios.
Y menos mal que no me empapo ya que la subida hacia Alcorcón con un viento gélido de cara fue toda una tortura acrecentada por el estúpido placer de sentir el dolor de las piernas mientras subes intentando mantener los 16-18 km/horas contra el viento, me siento como un yonki de las endorfinas.
El sendero final de entrada a Alcorcón siempre alegra por muy cansado o jodido que llegues y eso que hoy el viento golpeaba con fuerza en este tramo. Ha sido un fin de semana malo en lo que se refiere a mi plan de entrenamiento y elegir entrenar en lugar de disfrutar con mis amigos, tan solo compensado por lo bien que me lo pase el sábado con mi familia. Me gusta la reflexión de Luis Ferre Cuando me pongo a pensar en todo este panorama, me doy cuenta de que he sido un ser muy afortunado y con infinidad de bendiciones de Dios, empezando por unos padres magníficos y ahora con una familia de la que me siento inmensamente orgulloso.


























