El Escorial-Valdemorillo por la senda de los molinos o casi.

Crear visiones de lugares venideros y saber que siempre serán lejanos, inalcanzables como todo ideal. Huir lo viejo. Mirar el filo que corta un agua espumosa y pesada. Arrancarse de lo conocido. Beber lo que viene. Tener alma de proa.

Ricardo Güiraldes

La mayoría de las veces puede más el deseo de rodar y rodar que los kilómetros que hay en mis piernas pueden aguantar. Desde hace un par de años comparto dos pasiones, el senderismo y la bici. El año pasado deje muy de lado a mi vieja compañera de grandes aventuras la bicicleta hasta llegar a destrozar mis primeras botas de trekking por los pirineos y la sierra de Madrid. Este año la he prometido estar más con ella y disfrutar de nuevo juntos por nuevas rutas, senderos y veredas dedicándola más mimos y cuidados.

Febrero nos esta regalando primaveras o mejor dicho fiándolas que luego seguro se las cobra con semanas de mal tiempo cuando ya empezamos a lucir los pantaloncitos cortos. Últimamente dado que no tengo vida, solo trabajo y duermo tengo que decidir los viernes a última hora que ruta hacer y esta vez me he dibujado una que promete con 50 km de falso llano para ver como anda mi fondo bicicletero. Me acompaña Borja aún con el resfriado a cuestas que no termina de dejarle en paz.

Mis planes son salir del Escorial para enlazar con Valdemorillo, tras pagar el peaje de asfalto imprescindible para disfrutar de los senderos de peralejos.

En esta senda hay un paso que desde hace 5 años soy incapaz de superar, siempre lo intento y siempre termino frenando antes de intentarlo siquiera. Creo que no lo superare nunca, tal vez sea también por eso que me encanta esta senda y hacerla un par de veces al año, solo para encontrármelo y ver que los dos seguimos tan cabezones como siempre, ya lo dijo Henry Ward Beecher La diferencia entre perseverancia y obstinación es que una viene de una fuerte voluntad, y el otro de un fuerte no.

Al tomar la vía pecuaria y antes del cruce de la senda que baja a Valmayor

Y la que sube a Zarzalejo estación nos encontramos con cinco coches patrulla de los forestales y unos 10 agentes que están montando un control en la vía pecuaria con los coches cruzados y las señales de stop y a 20 kilómetros/hora, como estoy alucinando en colores les pregunto por el operativo y me dicen que es un control para las motos de campo.

Nosotros nos tiramos la senda de la izquierda la que da a Valmayor, mientras disfruto de una bajada muy divertida no puedo quitarme la imagen del control con los forestales y pensar que dentro de poco todo ese operativo será para pillarnos a nosotros por las sendas de la sierra.

Hasta Valmayor la ruta alterna pista con bajadas rápidas y algunos pasos curiosos. Dejamos atrás Valdemorillo y nos ponemos rumbo a uno de los objetivos primordiales del día que es recorrer la senda de los molinos, de la que he oído maravillas.

Dejamos atrás cerro Alarcón y a la altura de la cola de su embalse tomamos una senda muy estrecha que promete diversión a raudales y unas vistas extraordinarias. Dos parejas de jóvenes parejas con bellas mozas, de esas que da gusto encontrarse en la montaña nos advierten que la senda no es para bicis, pero como ya he oído tantas veces esa frase decido hacer oídos sordos y continuar.

Al principio la senda esta muy marcada si bien tenemos que estar bajándonos cada dos por tres ya que es imposible hacer los pasos, hasta el punto que tenemos que hacer una cadena para poder bajar las bicis por lo complicado de la bajada. A medida que el paisaje va ganando en belleza, la senda se va difuminando hasta desaparecer en medio de una maraña de vegetación y rocas por el que nos cuesta portear la bici, y digo portear, no empujarla.

Borja se queja por tener que cargar la bici y no ve el fin de este sufrimiento, menos mal que el trayecto fue corto unos 2 kilómetros de pura exploración y senderismo. Una vez alcanzamos la carretera me doy cuenta de mi error y la senda del molino no era la que habíamos recorrido sino la que tenemos que recorrer, Borja lee en el panel informativo que no es apta para las bicis y se niega a recorrerla, por lo optamos en rodear el tramo por la opción A de la senda que si es cicladle y retomar el track más adelante según nos informa un amable aldeano. Pero como el día estaba juguetón nos pasamos el cruce, nos metemos para el cuerpo un cuestón para terminar disfrutando del mirador de Navalagamella. Tras unos momentos de desazón, optamos por bajar y tras consultar con un pastor nos damos cuenta del error y enseguida volvemos a iluminar nuestros rostros fatigados con la sonrisa de estamos en track. Pero claro la alegría en casa del pobre dura lo que dura y lo nos encontramos con lo que temíamos toda la ruta, tener que vadear un río que trae agua hasta la pantorrilla. Yo opto por quitarme los calcetines, coger carrerilla y vadear el río, Borja me observa y ve que lo consigo metiendo dos veces los pies en el agua para pedalear. Como el esta muy resfriado, le digo que se ponga las bolsas de plástico en los pies y lo intente, el resultado casi fue bueno si no llega a ser por una roca que le obligo a meter un pie en el agua, el único que se mojo.

Yo seco un poco las zapatillas y me pongo los calcetines, resultado de momento píes secos. Y así se mantendrán durante una hora más o menos en los que comienzo a sentir la humedad y el frío, fruto también de que el sol esta ya a punto de irse a dormir y las nubes no le deja calentar como por la mañana.

Tras el vadeo tan solo nos queda volver a retomar la vía pecuaria donde estaban los forestales por la mañana y todo por pista retornar al Escorial por la preciosa calzada que hay bajo la zona de la silla.

Llegamos al Escorial a eso de las 18:30 con la última claridad del día, sin gota de agua y con un hambre atroz, tal que nos metimos en un bar para dar cuenta de unos bocadillos que nos supieron a gloria, al final nos han salido 52 km con 730 metros de desnivel que nos han dejado exhaustos, buen test para saber como estamos de forma, mal bastante mal. George Sand dijo que La simplicidad es lo más difícil de conseguir en este mundo, es el último límite de la experiencia y el último esfuerzo del genio. Para muchos que montan en bici esta ruta será un paseo, nuestro tiempo infame y decir que llegas exhausto una exageración , pero yo estoy feliz por haber pasado un día de primavera en uno de  invierno, por haber visto un atardecer y haberme sentido vivo, que más se le puede pedir a la vida.

Track de la ruta

 

 

 

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Azuqueca-Los Santos con frío Siberiano

“Creo que estoy en libertad para sentir y para amar. Creo que tengo lo que pedí, no me lo dieron, yo lo conseguí. Y aunque ahora siento un poco de frío, creo que el tiempo me traerá el abrigo.”

Celeste Carballo

Cuando estoy apunto de salir del trabajo para ir hacia la estación de tren en donde he quedado con Lorenzo para dar una vuelta en bici como me he propuesto los viernes, un compañero me mira y me dice “… tú no has salido hoy a la calle ¿verdad?, hace un viento gélido que te pasma, como para ir a montar en bici”, cierto desde hace 6 horas que estoy en el curro no he visto la luz del sol ya que trabajo en un zulo, pero después de levantarme a las 6 de la mañana para cargar la bici en el coche y preparar todo no voy dejar de salir por un par de grados negativos.

La verdad es que esta vez ya en la calle y poniéndome los calcetines, el buff y los guantes me lo pensé dos veces esto de cambiar bici por siesta que es lo que tendría que estar haciendo en un día como hoy es para mirárselo.

Lorenzo es otro aventurero de la bici, con el culo pelado de hacer kilómetros y un montón de anécdotas, kilómetros de pedaladas y aventuras que ha vivido como para no aburrirte en unas cuantas rutas.

Para esta jornada me ha propuesto ir hacia los Santos de la Humosa ya que me quiere enseñar una zona que esta muy bonita en este tiempo. Salimos de la estación para ir entrando en calor rodamos a buen ritmo paralelos a la vía del tren, le comento a Lorenzo que menos mal que ha parado el aire que se rueda de lujo ahora, a lo que me responde con una sonrisa de oreja a oreja “si, si ya veras cuando volvamos si ha dejado de soplar, ahora lo tienes de culo, te esta empujando y parece que no sopla pero veras la vuelta. Y no me mintió, fue llegar a la estación de Meco para cruzar la A-2 por el puente y apunto estuvo el aire de tirarnos a los dos, madre mía con Eolo.

La zona por la que rodamos es la misma que hace algo menos de una año me enamoro cuando la recorrí por primera vez con Israel, le comento que mi tío siempre venia por esta zona a traerme raíz de Palulu que me encanta y le pregunto de donde la sacan ya que en esta zona abunda y lo que son las cosas levanto la mirada y veo a un hombre con un azadón al que saluda mi compañero con un “ que tal, sacando raíz de Palulu” je jeje, así es como se aprende con la practica, ¿quien dijo que la bici no es cultura?. Mientras rodamos junto a las escarpadas paredes del monte que sustenta los santos de la humosa mi compañero me va contando que los agujeros que hay en la pared son de bala ya que los militares hacían prácticas de tiro en esta zona.

Comenzamos a subir por pistas en perfecto estado, hace frío y se agradece la subida, hasta que mi termostato interno rompe a sudar y el de las piernas comienza a decir que un descansito no vendría nada mal.

El descansito lo tomaríamos al llegar al mirador que hay en lo alto de los santos con una vista impresionante del pueblo y del corredor del Henares, el día esta despejado y se ve claramente el Ocejón y la sierra Madrileña.

El frío hace que las paradas sean cortas, apenas cruzamos cuatro palabras con un biker que descansas también en el mirador cuando enseguida nos ponemos en marcha para disfrutar de un senderito muy breve pero muy disfrutón que enlaza con una zona de breves subidas y bajadas divertidas alternado pista con pequeños trozos de senda que nos dejará frente a la vías del AVE y ante unas praderas verdes, preciosas que lucen magníficas bajo un cielo azul gélido de enero.

La verdad es que el frío nos ha tocado un poco y las ganas de estar sobre una bici no son tantas como cuando el calorcito anima más a disfrutar sobre una bicicleta. Nos tomamos con calma la vuelta hacia los Santos de la Humosa para una vez bien abrigados afrontar una bajada divertida, muy rápida en la que tienes que estar vigilando constantemente una rodera una tanto traidora.

La vuelta como nos temíamos la hacemos sufriendo un aire helado en contra justo cuando las piernas ya están pidiendo el descanso.

Antoine de Saint Exupery dijo Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo, sino que primero has de evocar en los hombres el anhelo de mar libre y ancho. Para Lorenzo y para mi el barco son las piernas, ponerlas fuertes para poder recorrer caminos y caminos, el anhelo de mar libre y ancho es lo que trabajamos los viernes navegando por estos mares de verde cereal.

Track de la ruta

Elevation Profile

 

Actividad: mountain bike

Distancia recorrida: 33,65 kilómetros
Altitud min: 560 metros, max: 883 metros
Desnivel acum. subiendo: 599 metros, bajando: 546 metros
Grado de dificultad: skill Fácil
Tiempo: 2 horas 41 minutos

 

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Circular por el Ingeniero.

“..Y cuando las estrellas salen
ya estoy colgado del jirón de un sueño,
el mundo entero no me vale,
ayer por la noche me estaba pequeño,
y plantao en un tiesto sin tierra
me invento otro mundo de puertas abiertas,
en donde los besos no sepan a mierda….”

Letra de Marea – El perro verde


Cuando el invierno nos regala días de primavera envueltos en fríos propios de la estación en la que estamos es difícil resistirse a no salir y disfrutar de días tan maravillosos. Borja me había propuesto volver a la zona del Rascafría pero durante esta semana he soñado con el ingeniero , me apetecía ir antes de que la nieve y el hielo nos cierren esta preciosa vereda hasta la primavera.

Borja no se encuentra hoy muy fino, un resfriado de última hora le tiene las fuerzas mermadas y las primeras rampas le dicen a sus piernas que hoy no funcionan tan bien como otras veces. Como siempre me pasa en zonas que controlo no miro el GPS y cuando ya hemos subido un buen trecho me doy cuenta que estoy recorriendo la ruta en sentido contrario al que me había propuesto, algo que para Totapillao no sería ninguna novedad. Decidimos continuar la ruta en este sentido, es el más duro pero también el que para mi gusto más se disfruta del paisaje y de la misma vereda.

Una vez que alcanzamos la vereda del ingeniero, esta  tiende a ganar un poco de altura , alternandose zonas rodadoras con subidas técnicas duras y pequeñas bajadas para dibujar sonrisas en rostros marcados por el esfuerzo. Un grupo de tres moteros nos pasan por la vereda, es una pena  ver como van dejando su rastro por un terreno húmedo que nos deja un agarre perfecto menos en las zonas de raíces y rocas que esta muy peligroso. Se que muchos opinan que las motos no tienen lugar en la montaña, que destrozan el paisaje rompiendo con el ruido de sus motores la calma y la paz que se respira en cuanto te alejas un poco de las pistas y zonas de recreo. Personalmente creo que es una cuestión civismo y sentido común, se que por una minoría al final termina pagando un grupo que esta tan interesado como el resto de nosotros en que con nuestra presencia no  se altere ni un ápice  nada de lo que disfrutamos para poder compartirlo con las generaciones futuras. De nada sirve que la historia nos deje por escrito lecciones como el poema  de Martín Niemöller

“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,…”

Algún día no muy lejano nos tocara a los ciclistas cargar la cruz que ahora cae sobre los moteros y no tardando terminaran siendo los senderistas, que  de todo hay en la villa del señor.

A  medida que vamos completando la vereda del ingeniero la luz se va haciendo más presente, iluminando la senda y dejándonos unas vistas hacia una meseta helada de escándalo .

Dejamos la vereda unos cientos de metros antes de su comienzo para disfrutar una bajada divertida, rápida y muy sencilla por pista, pegados al arroyo del Boquerón. Antes de entrar en el Espinar nos desviamos para bordear el pueblo por su zona alta y enlazar con una red de senderos maravillosos que arropados por un Sol ya de medio día esplendido hacen que las pedaladas cuesten menos a pesar que a estas alturas de la temporada aún las piernas están en periodo de rodaje.

Rodamos bajo árboles desnudos, sobre un manto de hojas marchitas que este invierno se encargara de regenerar para que vuelven a las alturas de esas copas que  hoy nos permiten disfrutar de un cielo azul hermoso, limpio, pleno.

Nos desviamos unos metros para ver la charcona, pequeña retención de agua en una zona rocosa que resulta curiosa, sin ser una maravilla, pero como es pronto y hemos decido acortar la ruta por el malestar de Borja nos apetecía este pequeño rodeo.

Me ha encantado regresar a este lugar mágico, en invierno ya lo recorrí hace un par de años con Toni andando, disfrutando de la nieve y estoy seguro regresare para hacer una ruta larga en primavera cuando la naturaleza despierte la belleza que duerme el sueño invernal y me de tiempo a recuperar la forma que no hace mucho me permitía disfrutar de su belleza en toda su plenitud sin ir sembrando de jadeos cada cuesta del camino, vamos la esencia de esta gran reflexión de  David Hume La oscuridad es efectivamente penosa para la mente, como lo es para el ojo, pero sacar la luz de la oscuridad, por el esfuerzo que sea, ha de ser deleitable y producir regocijo.

Track de la ruta

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Ruta de los Repetidores: Azuqueca-Chiloeches

Si en la lid el destino te derriba; si todo en tu camino es cuesta arriba, si tu sonrisa es ansia insatisfecha, si hay faena excesiva y vil cosecha, si a tu caudal se anteponen diques… Date una tregua ¡pero no claudiques!

Rudyard Kipling


El pasado viernes volví a la senda que nunca debí de abandonar, la de disfrutar los viernes de la naturaleza, desconectar del trabajo y pedalear, disfrutar de unos rayos de sol que saben a gloría, de unos cielos azules maravillosos, abrir mis ojos, mis pulmones y mi corazón a un aire libre que es mi pasión.

A pesar de que termino literalmente agotado los viernes, física y mentalmente he decido relajarme sobre una bici dando pedales, tranquilamente sin mayor preocupación que la de disfrutar de un entorno, el de la zona del Henares, descubriendo sus caminos, sendas y trialeras que estoy seguro están y me van proporcionar grandes alegrías. Tras comer en mi mesa cerrando los últimos marrones del día, cambiarme y aparcar el coche en el Eroski de Azuqueca, enciendo mi GPS y comienzo mi gran aventura de los viernes al sol, esto no es la sierra de Madrid, mi querida Barranca, ni JJ mi fiel escudero de andanzas me espera para acompañarme, esto es el Henares, territorio inexplorado por un servidor que ha decido dejar su huella por estos caminos.

Dejo el centro comercial y tras cruzar un puente sobre la A-2 me encuentro rodando por caminos hacia Chiloeches, un pueblo desde el que salen gran cantidad de track y todos hablando de sendas y trialeras por esa zona, dejo el camino para tomar una carretera y veo que tras de mi rueda un biker a buen ritmo, me alcanza y comenzamos a hablar. Se llama Lorenzo y es natural de Azuqueca, se conoce la zona y esta encantado de haberse encontrado conmigo, y yo con el claro, me pregunta cuales son mis intenciones y mi ritmo, le cuento lo que pretendo y que mi ritmo esta entre patético e irrisorio, a el le vale a si podemos hablar y su propuesta me suena a gloría “… déjame que te enseñe una ruta que te va a encantar”, joer con lo que me gusta a mi esa frase y acepto encantado el ofrecimiento.

Pronto dejamos la carretera para por camino entrar en Chiloeches.

El pueblo es precioso pero en su corazón guarda una de esa subidas que un ciclista gordito nunca olvida, mi compañero de ruta me avisa, meto todo, esto aprieta, y cuando levanto la vista lo que aprieto es culo para ir por las patas abajo de lo peazo cuesta que me tiene preparada, “ es para entrar en calor”. Cuando estoy apunto de coronar, me dice en “… la raya donde termina el hormigón, la cuesta suaviza “y fue cierto, pero demasiado poco. Si la subida era una especial las tres siguientes eran de primera categoría.

Mientras voy sufriendo como un perro, sonrío, al salir pensé “ojala encuentre una zona de buenas subidas para ponerme fuerte” y el destino que ya sabemos en ocasiones convierte mis deseos en realidad esta vez si tenía cobertura. Apuntito estaba de darme por vencido en la subida poniendo píe a tierra mientras pensaba donde abrían comprado en este pueblo tanto  cuesta arriba veo como Lorenzo me espera animándome a completar la subida.  Ha sido duro pero ha merecido la pena, estamos en lo alto el cerro, en un paraje serrano fabuloso rodeado de pinos y con una calma maravillosa de esas que abría que pagar el minuto por disfrutarlas. Bajamos un poco, para volver a subir por caminos de labor algo embarrados que te agarran que abrazan nuestros neumáticos dejándonos una tracción plena. Ya en el repetidor y disfrutando de unas vistas maravillosas de chiloeches a mis pies, mi anfitrión me sorprende con una senda, estrecha, de las de neumático de moto y medio, con algo de piedra y una inclinación graciosa que me hacen gritar de placer, todo un orgasmo de sensaciones, una paz interior y una sonrisa de oreja a oreja que hacen dar gracias al señor por el momento vivido. Dejamos la senda para ascender de nuevo unos metros por la carretera y volver a pegarnos una buena bajada rápida por pista ya que el estado de las sendas es pésimo por el barro. De nuevo en Chiloeches, recorremos el camino andado para regresar a Azuqueca dando por concluida mi primera exploración por esta zona maravillosa, mi primera salida de nuevo los viernes , mi primera ruta con Lorenzo que espero no sea la última y me enseñe todos esos caminos que el conoce por la zona seguramente.

He aprendido que para descansar ya tendremos tiempo hay aprovechar el momento, VIVIR o como decía Gabriela Mistral Tengo un día. Si lo sé aprovechar, tengo un tesoro. Y puedo decir que yo hoy lo he encontrado. Gracias Lorenzo.

Track de la Ruta.

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Rascafría Lite.

“Buscar lo que uno está preparado para hacer y encontrar una oportunidad para hacerlo, es la clave de la felicidad.”

John Dewey

Antojeras, es lo que llaman en algunos pueblos a la pieza que se pone a las bestias para que no puedan mirar hacia los lados, solo hacia delante, y eso es lo que yo últimamente tenía puesto en la mirada, tan solo veía rutas por los caminos que estoy saciado de recorrer, menos mal Borja me mando un mail quitándome la antojera y pude ver algo más allá de Cotos, Rascafría.

Ya el año pasado hice algunas incursiones y la verdad es que el resultado me gusto, pero desde entonces lo tenía totalmente olvidado, la propuesto de mi primo era la cascada de purgatorio que a pesar de la gran cantidad de veces que he pasado frente al desvío jamás me dio por visitarla y eso era algo que tenía que solventar.

El día no da mucha confianza, invita más a quedarse en casa que salir con la bici, hace frío a pesar de que ya esta bien entrada la mañana, esta vez la pereza ha podido con nosotros y comenzamos a rodar tarde. Salimos de Rascafría por el Carril bici o andadero para alcanzar el puente del Perdón.

Salvo dos parejas de Senderistas no encontramos a nadie, da gusto rodar por esta zona si las aglomeraciones que se producen en primavera y verano. Disfrutar del río Lozoya que baja bravo frente a un monasterio que descansa con las montañas nevadas de fondo que hacen de divisoria con Segovia y se despereza con el frío helado que baja de la sierra de la Morcuera.

No estoy nada en forma y cada cuesta me saca los colores, ya no solo por el esfuerzo, también por la vergüenza que siento cuando no hace tanto podía subir estas cuestas sin esfuerzo y eso que salía desde Becerril o cotos. El camino que nos conduce a la cascada del purgatorio es muy técnico y esta completamente empapado por lo que resulta complicado hacer esfuerzos para superar las rocas y raíces que resbalan constantemente al intentar superarlas montado. Borja se queja de la poca ciclabilidad del terreno, pero a mí no me importa, estoy disfrutando con una senda maravillosa y el continuo canto del Arroyo Aguilón tarareando su monótona cantinela de jóvenes aguas bravas. La cascada no me defrauda y la puedo disfrutar con fuerza y buen caudal de agua. La vuelta es algo más ciclable y disfrutona, lo que se agradece.

Para no desandar todo el recorrido anterior veo en el GPS que no es necesario retornar a la pista que traíamos al principio de la ruta ya que una vereda nos acorta unos cientos de metros el camino hacía la pista superior que es la que tenemos que tomar, acertando de pleno en el intento, da gusto no perder ni un metro de altura.

La subida por la pista que nos conducirá hasta Morcuera no tiene una inclinación que te haga sudar la gota gorda, pero se hace larga y pesada, contando que el día anterior callo una buena durante todo el día, por lo que el terreno se  encuentra algo “gomoso”. Lo que más odio de este recorrido es esa bajada traicionera que te hace perder unos metros de forma gratuita para luego volver a vendértelos hasta alcanzar el refugio en el pinganillo.

Toda la sierra de la Morcuera esta completamente nevada y baja un frío que da fe al apellido del pueblo que alimenta con sus aires. El pronostico que barajamos es tormentas o chubascos a primeras horas de la tarde y por lo que vemos las nubes sobre la cuerda que pensamos recorrer ya están tomando posiciones para calarnos de lo lindo.

Optamos por abortar la subida y retornar al coche, hace demasiado frío como por mojarse. Le propongo a Borja investigar hacía donde va la pista que sale del refugio según subes a la derecha, acepta y nos ponemos a ello.

Voy feliz y no dejo de repetírmelo mientras mastico mi corazón que late ensangrentado en mi boca, la subida en este tramo es corta pero intensa, que duro es el trabajo de explorador. Pero como todo tiene una recompensa igual o superior al esfuerzo empleado en conquistar su cima y disfrutamos de una pradera llamada el canchal inundada de agua que luce varios grandes charcos en los que se ve reflejada la zona de Peñalara y claveles.

La bajada por el cortafuegos resulta muy divertida dejándonos justo antes de la bajada traicionera de la mañana. Para completar mi jornada exploradora decido tirarme por una senda que se dibuja muy interesante por la izquierda de la pista según bajas y nos lanzamos sin dudarlo. La senda se alterna con medio pista para transformarse en sendero ratonero preciosos, alucinante y muy divertido si no buscas sensaciones trialeras.

La senda nos deja en bajadas rápidas y praderas magníficas de un verde intenso para terminar enlazan por sendero con las sendas del río Angostura hasta llegar de nuevo a las presillas, en donde decidimos retornar a rascafría por senda pero terminamos chapoteando en el barro de unos caminos un tanto perjudicados por tanto lluvia.

Como es pronto y la ruta se nos ha quedado un tanto corta nos damos un paseo por los caminos naturales arreglados del Lozoya que son toda una pasada hasta que nos damos cuenta de la vertiente segoviana baja agua para aburrir.

Nos da el tiempo justo para regresar a Rascafría, cargar las bicis y cambiarnos cuando al arrancar el coche comienza a descargar con furia.

James Dean dijo No puedo cambiar la dirección del viento, pero sí ajustar mis velas para llegar siempre a mi destino y el nuestro era hoy terminar secos y contentos por haber encontrado algo que no había encontrado en los mapas, una senda para evitar la pista y el Flow que hacía tiempo no sentía, voy camino de encontrar la senda de la felicidad en mi vida.

Track de la ruta

Todas las fotos de la ruta.

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