Un paseo por la senda el Sotillo a orillas del Guadarrama.

«Abandonar un sueño es como morirse por fascículos. Con la diferencia de que ésta colección no la acabas tú, sino que probablemente sea ella la que acabe contigo.»

Risto Mejide

 

Tras una semana en la que no he podido coger la bici, una llamada de suguss me animo a intentar un viejo sueño, salir a correr por lo menos un par de veces por semana. Salí con él dos veces a correr y si bien las sensaciones fueron buenas termine con dolor en la plata de un pie y en la pierna derecha, así como un buen resfriado. Reunía todas las papeletas para pasar un fin de semana tranquilo en casa, pero el domingo me sentía tan atrapado que necesitaba salir a dar una vuelta.

Me he dado cuenta que montar en bici o hacer senderismo es una escusa para estar al aire libre, estoy seguro que si saliese simplemente a dar una vuelta paseando, o sentarme bajo un árbol a leer un libro sentiría el mismo efecto de paz interior que busco cada vez que salgo.

Relativamente cerca de mi casa, corta para ruta en bici y demasiado larga para ir andando esta la senda El Sotillo en el patio trasero de la urbanización el Bosque. Esta senda simplemente es una autentica delicia si lo que buscas es un paseo tranquilo y agradable en el que disfrutar de la naturaleza, sentir el frío, la humedad del río, los colores del otoño y en gran medida dependiendo del día algo de soledad. Tras dejar el coche en el aparcamiento comienzo la senda bajo un cielo encapotado que me amenaza en minutos descargar una buena tromba de agua sobre mí, pero necesito este paseo y además quiero estrenar mi nueva cámara de fotos.

Me encantan las sendas que quedan muy marcadas en el terreno, la de el Sotillo es toda una costura sobre la verde pradera que nos deja ante un trozo de historia, El puente de Brunete, un proyecto del arquitecto Mateo Gil que no se sabe si llego a construirse y del cual tan solo queda un tramo de calzada elevada en la zona recreativa. El otoño ha cubierto la senda de hojarasca que en combinación con el agua caída han dejado la senda resbaladiza con alto riesgo de caída. En este punto me encuentro un padre montando en bici con su hija de no más de 7 años detrás con una cara de felicidad tremenda disfrutando seguramente de sus primeras pedaladas por barro y charcos. Tras ellos se incorpora otro padre con sus dos niños, la niña más mayor porta una hoja de color amarillo intenso mientras el niño se ayuda de un palo para bajar la cuesta resbaladiza que dibuja la senda junto al río. El padre les cuenta que el de pequeño venia a este punto del río a bañarse con sus amigos. Algo que a los niños no les importa un bledo por la atención que prestan a la historia.

La senda tiene una gran cantidad de árboles con todo tipo de hoja, la mayoría se muestran ya desnudos mientras otros intentan mantener vivas las cuatro hojas que le quedan suspendidas entre sus ramas. Me gusta mucho el contrate cromático de esta zona donde el verde y el amarillo le dejan escribir unos párrafos a un rojo-rosado intenso precioso dando un gran toque de color a la escena.

Las pasarelas de madera nos facilitan un paseo en el que reina el silencio, el río baja pensativo, talvez algo aun dormido por su descanso estival, desperezándose para comenzar a crecer con el invierno y sobre todo el final de este dando paso a una primavera que es toda una revolución en este paraje y siempre me ha dejado con la boca abierta.

Alguna gota comienza a darme golpecitos en la espalda avisando que en breve comienza a caer con fuerza. Me da el tiempo justo para guardar la cámara y alcanzar por la pista el área recreativa para en los últimos metros mojarme un poco antes de llegar al coche.

Muchas veces he pensado en vender mi piso e irme a vivir a la sierra, pero cuando me pongo a valorar lo que Alcorcón me ofrece y los pequeños lujos pone a mi alcance es una idea que pierde mucha fuerza, tener lugares tan maravillosos como este a 15 minutos de casa en los que poder evadirte es un verdadero lujo, aunque sean paraísos de un hora. Mi paseo no ha aclarado muchas de las dudas que quería meditar, pero he sacado muchas fotos que algo es algo. Creo que mi paseo otoñal con un gran resfriado encima se puede traducir en la definición que dio Rosa Elvira Peláez  a  la Melancolía, extraña dolencia del alma que agujerea al cuerpo; de sabor agridulce. Un poeta le otorgó un pico voraz y dolorosamente tierno. Otro poeta la llamó rosa del aliento y damisela soledad. Para el sujeto desprevenido, la melancolía puede ser -en definitiva suena así y origina confusiones varias- un dulce tentador. Ingerir en grandes proporciones puede ocasionar trastornos serios en los recuerdos y desequilibrar la dieta de vida de cada jornada. Es improbable que un animal sentipensante pueda existir sin haber paladeado alguna vez un poco de melancolía.

Track de la ruta

 

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El día que fui caballo loco

Por mi parte, hice un esfuerzo y aclaré mis ideas. Una vez que pude hacer frente a los hechos con frialdad se me ocurrió que, por terrible que fuera nuestra situación, no había aún motivo para desesperar del todo.

Herbert George Wells

 

Suena el despertador a las 8:00 y lo apago con un rápido movimiento que tengo muy entrenado y el silencio vuelve a reinar en mi habitación, pero no en mi cabeza. Han vuelto las voces, las putas voces que no me dejan pasar tranquilamente un domingo en la cama disfrutando del calor de la manta y el edredón, las putas voces que disfrutan verme sufrir sobre una bicicleta y en el fondo se que se descojonan por lo patético de los resultados. Intento no hacerlas caso dando vueltas en la cama pero se que estoy perdido, tengo que salir a montar o me van a volver loco.

Me tomo mi tiempo para desayunar y prepararme, tengo pocas ganas de salir y lo demoro hasta que las voces me dan un ultimátum en plan “la que se avecina” con la clásica frase motivadora de “qué somos leones o Huevones” y claro esta leones, leones.

Comienzo a pedalear a las 9:40 con la música puesta de casa, como banda sonora la de siempre, la que no defrauda concierto de Marea 2800 puñaladas para vencer al frío matutino y a una pereza por hacer cualquier cosa que últimamente se esta apoderando de mi. Entro en el parque de las presillas mientras suena en los auriculares “…y en los nogales acuesto al beso que te empaña los cristales, el que ha escrito con mierda entre los matorrales que va a morir en un barrizal,…” sonrío mientras mi rueda delantera deja un buen surco en el suelo arcilloso del parque, voy a20 km/h, decido intentar el anillo verde, pero se que llegare tarde a comer de nuevo nunca he conseguido hacerlo en menos de 5 horas. El recorrido de Alcorcón al anillo tiene algún tramo curioso, las salida por el parque de las presillas a primera hora tiene un encanto especial, tan solo superado por  sus magníficos atardeceres, me doy cuenta que últimamente paso mucho tiempo sobre la bici, esta claro para sustituir el sexo, chocolate o pedaladas y ya estoy lo suficientemente gordo como para caer en el chocolate y encima tener que elegir entre blanco o negro que los dos me apasionan.

El parque de las piqueñas siempre me regala maduritas correteando antes de desayunar, me las quiero imaginar en plan protagonistas de sexo en Nueva York, pero en su versión Carabanchel alto más almodorianas y me gusta. Dos despojos adolescentes regresan de una dura, por su aspecto durísima noche de marcha pero yo ya estoy enfilando la avenida de los poblados a toda caña, mientras canto el hijo de la Inés. Entrecanción y canción me doy cuenta que me encuentro de lujo, las piernas me funcionan como nunca y me voy sintiendo feliz. Miro por primera vez el GPS y veo que tengo un media de 22 km/hora, algo lógico siendo bajada pero cuando dejo el parque lineal del Manzanares con las primeras subidas piernas quieren rock&roll y decido continuar, el pulsómetro va en mínimos, tal vez sea el día de intentarlo. Me doy cuenta que voy bien cuando apenas subo un piñón en la subida del parque lineal de palomeras, voy tan a gusto y tan bien que siempre para en lo alto a descansar y tomar un refrigerio y esta vez no lo necesito quiero rodar, tan solo he perdido un kilómetro por hora en este tramo y voy pasando a ciclistas, sin que me pase ni uno, Canillejas en bajada y llaneando lo hago a promedios de 26 km/hy 30 km/hno puedo ir más rápido par el tráfico de bicis y patinadores, nunca están las banderas azules de doblados cuando las necesitas. Un biker con una edad parecida a la mía y de tonelaje similar no le sienta bien que le pase y me pasa, con la primera subida que nos encontramos le paso y el me pasa en la bajada donde yo regulo, le paso de nuevo en subida, el se resiste y me mete la rueda , la noto como avanza a cámara lenta hasta que desaparece, giro la cabeza y le veo agachado en la bici rendido, otro día me quitaras las pegatinas hoy no, hoy soy caballo loco, volando sobre el carril bici con mi corcel de aluminio. Dejo atrás el km 0 otro de los puntos en los que suelo parar, no quiero dejar de ver ese 21 y 22 de velocidad media en mi pantalla, creo que si paro no volveré a pillar ritmo y me gusta la sensación de estar rodando de verdad. Pero el cansancio comienza a aparecer y necesito comer algo, paro en uno de los sitios habilitados por la zona de Montecarmelo, y cambio de música Weezer  es la opción para afrontar la parte dura de la ruta en la que ahora es la cabeza la que tiene que tirar de las piernas. Este grupo lo he descubierto hace poco y me concentro en sus letras We’ve reached the finish line, honey Now we can go home
I’m losing my mind I’m going insane.
Me cuesta llegar la casa de campo pero continuo con mis21 km/h en la pantalla, me doy otro respiro antes de afrontar a subida final hasta Alcorcón y es donde me hago las dos únicas fotos de la ruta. La salida dela CDC hasta alcanzar el puente de Aluche se me atraganta pero la supero con mucha dignidad, la larga recta hasta la plaza de Aluche me hace perder el 2 en decenas de la velocidad y la media comienza a resentirse, los20 km/H se mantienen pero mi pulsómetro ya hace tiempo que esta tonteando con el 90 % y veo que la ilusión de llegar a casa con20 km/h de medio se escapa. Las presillas terminan de rematarme y justo al salir del puente a menos de1 km de mi casa pierdo los 20 de media.

Pero no estoy triste, si ya salir a montar hoy fue todo un triunfo ver que puedo lograrlo si me lo propongo me motiva para seguir entrenando y salir a rodar por las noches, que poco a poco se va notando. Napoleón Hill un gran escritor norteamericano de libros de superación Personal dice “…Un deseo ardiente de ser y de hacer es el punto inicial desde el que el soñador debe lanzarse. Los sueños no están hechos de indiferencia, pereza, ni falta de ambición.” Y los míos que son muchos tienen la firme alianza de las voces de mi cabeza que me obligan cada día a salir de la cama y disfrutar de la vida.

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El Castañar del Tiemblo 2011: Globeros en la niebla.

Tú vives siempre en tus actos. Con la punta de tus dedos pulsas el mundo, le arrancas auroras, triunfos, colores, alegrías: es tu música. La vida es lo que tú tocas.

Pedro Salinas

 

Decidir ir al castañar del Tiemblo en otoño y proponer una fecha para compartir una ruta con tus amigos es algo más complicado de lo que parece. Primero tienes que elegir una fecha en la que los castaños estén vestidos de gala y el suelo lo suficientemente decorado de otoño para que la ruta sea atractiva, después tienes que cuadrarlo con un fin de semana o festivo y que este no llueva, vamos algo demasiado complicado que intente sin existo creando un evento en Facebook, algo que esta claro no me sale nada bien.

Al final he quedo tan solo con Jaime para hacer la ruta aprovechando un festivo de la comunidad de Madrid, con un pronóstico de lluvia a partir de las 16:00 que no nos creemos ninguno de los dos pero como escusa para ir nos vale. La verdad es que resulta un tanto descorazonador, madrugar, ponerte en camino y a la mitad del trayecto hasta el punto de destino te caiga una buena tromba de agua.

Al llegar al Tiemblo el tiempo es seco, esta nublado, las alturas lucen un sombrero a modo de niebla y hace frío. Vamos lo que podemos denominar un día ideal de otoño para montar en bici para dos frikis del MTB. Con las primeras pedaladas comienzo a sentirme a gusto en la bici, lejos ha quedado la aversión a dar pedales que incube en Noruega y poco a poco voy disfrutando cada vez más de la bici. Jaime sigue aburriéndose con mi ritmo patético pero como ahora me pongo pulsómetro me puedo justificar algo jejeje.

Dejamos el tiemblo para ir ganando altura por el camino dela Artezuela, el comienzo es sencillo y la pista con hormigón se deja subir bien hasta que deja paso a la tierra y con ella las rampas, no muy pronunciadas pero constantes que poco a poco te van minando la moral. Ir charlando hace que los kilómetros y los esfuerzos pasen más rápido, subo bien y un tanto desorientado sin saber aún lo que queda me permito el lujo de decir que esta vez me ha parecido menos dura, que ingenuo, al final voy pidiendo la zona llana y ver el aparcamiento del Castañar.

Al llegar al Castañar comienza a llover ligeramente, los castaños no protegen de la lluvia que apenas nos moja mientras la oímos con resuena sobre nuestras cabezas. Rodar por el castañar en esta época el año es adentrarte en un mundo de fantasía, de luces, de colores de aromas, de sensaciones que vives a flor de piel y te deja una paz interior como pocos sitios son capaces de lograr. El poeta francés Paul Verlaine dijo una vez Los sollozos más hondos del violín del otoño son igual que una herida en el alma de congojas extrañas sin final. Hemos tenido suerte y podemos disfrutar del castañar en su plenitud, cuando cientos de hojas muertas yace cubriendo el camino sobre nuestras cabezas en la cúpula arbórea de un bosque encantado, el otoño tiñe de ocre el olvidado verano empapándonos de hojas doradas que son ofrecidas por el viento. Rendimos culto al abuelo visitándolo como cada año y continuamos rodando por las sendas que ofrece un bosque que ha decido deleitarnos con la niebla ofreciéndonos un espectáculo grandioso, asombroso. Da la sensación que ahora empieza el espectáculo y aparecerán ninfas correteando por entre los castaños o druidas preparando pócimas al tomar un giro del camino.

Al que si nos encontramos es a Adrián, lector del Blog y del foromtb que se presta amablemente a sacarnos una foto, muchas gracias, charlamos brevemente y continuamos rodando hasta ver donde termina la senda. Nos encontramos unas escaleras artesanales que suben hasta plataformas en los árboles, no cabe la menor duda que tiene que ser un mirador maravilloso un día despejado para disfrutar del castañar en toda su magnitud. La senda parece divertida pero se va perdiendo y cerrando entre la maleza como la niebla, por lo que decidimos dar media vuelta y emprender el camino de regreso al coche, tal y como esta el día subir al pozo es una tontería ya que no se vería nada.

La bajada hacia el tiemblo por la Sendade San Gregorio es un maravilla, disfrutona, hasta que por una limpieza de monte me confundo, pierdo el track y nos toca recuperarlo monte através con la bici al hombro unos metros. Como anécdota diré que Jaime con su permanente sonrisa me mira y me dice “… bueno por lo menos no esta lloviendo” y según termina la frase comienzan los goterones gordos a sonar contra el casco y fue un no parar de llover hasta el coche al que llegamos con una buena chupa de agua.

El castañar nunca defrauda pero he de confesar que hoy ha sido una de las visitas que mas me ha enamorado, me quedo con una gran frase de Doménico Ciere Estrada Advertir la vida mientras se vive, alcanzar a vislumbrar su implacable grandeza, disfrutar del tiempo y de las personas que lo habitan, celebrar la vida y el sueño de vivir, ése es su arte. Y  tal vez el secreto para disfrutar de la vida sea ese, tomarla a sorbitos, de día, uno a uno, siempre con buena cara, siempre con buen humor, que al final siempre nos regalan días como este en el que el alma ha cerrado los ojos para sentirse ella misma.

Track de la ruta 

 

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Arroz y Buñuelos

Y vivir sin tener preocupaciones
ni aguantar a un idiota que te toque los cojones
y mear en un árbol y marcar mi territorio
visitar a los colegas y montar algún jolgorio
 “

Poncho k (Un perro como tú)

 

La empresa me ha obligado a coger un día festivo de mis vacaciones porque han decidido hacer puente, vamos como si me invita a comer y me pasa la cuenta antes de irnos, para que luego digan que la empresa no tiene sentido del humor.

JJ también tiene puente, el de forma voluntaria y restregándome que aún le quedan muchos días de vacaciones en diciembre mientras yo consumo el último mío y forzado. El día es agradable, el típico frescor matutino de finales de octubre (si estamos a finales de noviembre pero no tengo tiempo de actualizar el blog y estar al día, perdón) que una vez el sol se pone a repartir candela hace que sobren todas las prendas de abrigo. Salimos de la urbanización Vista Real para dirigirnos hacia el pueblo de Becerril y esta vez le propongo a JJ dar una nueva oportunidad al sendero que hace años yo intente y estaba perdido, pero que un pajarito me había dicho que se habían currado de nuevo y ahora era ciclable. Como JJ en esto de la bici es como Kim basinger en “ella siempre dice sí”  nos adentramos por una puerta tamaño S para unos cuerpos tamaño L que aparentan una buena XL, pero bueno solo es cuestión de perspectiva y meter tripa. Y nuestra sorpresa fue mayúscula cuando nos encontramos que el sendero ha sido arreglado y es espectacular, magnífico hasta que JJ me saca de mi nirvana con un “no será por hay”  y un vistazo rápido al GPS me confirma que será por hay. El sendero bonito se ha transformado en una rampa hacia el cielo, que nos obliga a poner pie a tierra y empujar la bici los50 metrosde un rampón imposible, total pa na ya que una vez llegas a arriba los vuelves a bajar y sigues llaneando hasta que otro rampón te recuerda que eres un globero en esto del MTB y te vuelves a bajar, pero bueno para eso hemos venido y esta vez será el último y el resto del camino, senda, a ratos trialera merece la pena ya que bordeas totalmente el pueblo, evitas la carretera y vas a dar a parar al final del circuito cola cao en donde optamos por cambiar de rumbo e ir a buscar el sendero Renault que tanto nos gusto el otro día pero nos pillo en el sentido malo y esta vez le queremos disfrutar como se merece.

En este punto veréis que el track sube un poco más de lo normal y fue solo porque queríamos ver una casa espectacular que han construido y de verdad merece la pena verla y babear un poquito. Cuando llegamos a la entrada del sendero justo en la puerta un grupo de vacas nos están esperando, no me gusta como nos miran notaba rencor en sus ojos por haber comido alguna de sus hermanas, JJ tampoco lo tiene nada claro pero le echamos valor, un par de huevos y con el culo pegado a la valla y con la bici a cuestas las bordeamos para no molestarlas, total ellas están en su casa y nosotros somos invitados. Una vez tenemos la senda libre de bichos con cuernos que miran mal, solo queda disfrutar y sentir el mtb en la venas con un buen chute de sendero espectacular que termina con alguna rampita dura pero como la ves venir y tienes la adrenalina a tope la subes sin esfuerzo si no eres JJ claro, que esta vez me mira refunfuñando, “joder que sobradito vas hoy, no como el fin de semana pasado”. La ruta nos deja en un tramo divertido, en bajada hasta las vías del tren terminar subiendo hasta el pueblo y volver a subir hasta el deposito de aguas de collado mediano en la que la gasolina de mis piernas marca la reserva para subir haciendo el cabra, pero que administro de forma genial para terminar culminando la entrada del sendero de Roblepoyo sin que me pite el pulsímetro como me pasó con Jaime en el mismo punto.

El sendero nos deja en Reajo del Roble, se respira ambiente a laboral y los dos pensamos lo bien que se podría vivir sin trabajar, disfrutando tan solo de la vida, de la bici, de la montaña. Recorremos la senda de la presa y decidimos volver ya que se nos ha hace tarde para preparar la comida, subimos hacia el camino de santiago pero los ladridos de un perro que por su tono no nos suenan a amistoso y si a tamaño oso nos hacen cambiar de opinión y ampliar un poco la ruta cogiendo el sendero desde la barranca, no hay nada como la voz de la naturaleza para ir enlazando sendas chulas.

El empalme de ruta que hago le encanta a JJ que se lo apunta para sus salidas de entreno ilegal con el único fin de poder sacarme los ojos los domingos y disfrutamos de una bajada divertida por el camino de santiago de nuevo hasta vista real en donde nos damos cuenta que ninguno de los dos ha cambiado la hora y no llegamos tarde, mas bien pronto, jajaja.

Aprovechaos para cubrir la piscina de con la lona y degustar un exquisito y sublime arroz a lo JJ, sin coñas una maravilla con unos buñuelos de postre.

Tal vez hemos ingerido más calorías de las que hemos quemado, pero tomare prestada la frase de Thomas Jefferson La vida carece de valor si no nos produce satisfacciones. Entre éstas, la más valiosa es la sociedad racional, que ilustra la mente, suaviza el temperamento, alegra el ánimo y promueve la salud, pues lo dicho si eso quedamos otro día y le damos otro ratito.

 

 

 Track de la ruta

 

 

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Entre Sendas y Trialeras.

“Aprendí pronto que al emigrar se pierden las muletas que han servido de sostén hasta entonces, hay que comenzar desde cero, porque el pasado se borra de un plumazo y a nadie le importa de dónde uno viene o qué ha hecho antes.”

Isabel Allende

Volver a quedar en el aparcamiento de la estación de collado de mediano es inundar mi memoria de recuerdos, de grandes días en los que nos juntábamos 15, 20, 30 bikers para hacer una ruta. Días en los que uníamos los cuatro o cinco caminos que conocía y diseñaba una ruta que dejaba un buen sabor de boca a todos los que asistían descubriéndoles una sierra diferente, donde la pista era el mal necesario para enlazar una trialera o disfrutar de un buen sendero.

Ahora el aparcamiento esta vacío y se que no se llenará de viejos amigos, he vuelto a retomar mis salidas serranas en bici con ganas, pero solo espero que se llene una plaza más con el coche de Jaime, que no tarda en aparecer. Una vez más los dos comenzamos a pedalear juntos una nueva ruta casi desde nuestra aventura noruega, Jaime es de una paciencia infinita y aguanta mi ritmo cansino con resignación. Pero esta vez es diferente, siempre me he conformado con ser el último, el vagón de cola de un pelotón al que ralentizaba en exceso, pero en esta nueva versión 2.0 de mi etapa ciclista quiero disfrutar más de la bici y para ello he de estar más en forma, ahora salgo con el pulsómetro y voy regulando el esfuerzo de forma que pueda llegar agotado al coche y no entero como antes. Los últimos días he notado que he progresado, me encuentro más a gusto pedaleando y a pesar que sufro como un perro subiendo la gran cuesta del deposito del agua consigo mantener mi corazón dentro de  los limites del infarto y sin poner pie a tierra como lo hubiese puesto hace apenas un par de semanas.

Dejamos la pista que nos conduce a la urbanización Reajo del Roble para comenzar a ascender por una senda que va empeorando por momentos, ya no solo por el tipo de terreno, más técnico, sino también por la inclinación, el esfuerzo se nota  y esta vez si salta la alarma de pulsaciones lo que me obliga a bajar un poco el ritmo, solo ha sido un aviso de que esto es la sierra y las cuestas son mi asignatura pendiente. Pero el tramo de sufrimiento es realmente corto en comparación con el que nos toca disfrutar hasta enlazar de nuevo con la pista, un sendero muy revirado, muy estrecho, muy divertido.

De Reajo del Roble pasamos al cerro de la Golondrina para ir ganando altura esta vez por pista, primero dejando a nuestra Izquierda la Ermita de San Antonio y posteriormente las instalaciones del campo de tiro a nuestra derecha mientras las vacas nos miran sin dejar de comer. Lo que hace grande a esta ruta es el tramo que enlazo en la bajada, ya que desde esta pista que nos dejaría en la rotonda de bajada a Cercedilla  le enseño a Jaime una senda a media altura que nos dejara en la rotonda de la Fonda Real y sin tocar asfalto. Encontrar el inicio de la senda es complicado y es más un acto de fe el seguir mi track que ver claramente una senda que apenas tiene el ancho del caminar de una vaca. La entrada se intuye, se ya que esta muy cerrada y merece la pena perder unos minutos en encontrarla ya que  pasados unos metros esta se hará muy evidente abriéndose mucho más. Lo divertido de esta senda bautizada como Senda JJ, es que  se pedalea sin mayor problema ya que tiene muy ligera pendiente no hay una sola piedra, ni rama, ni tocón que te impida avanzar y en sentido contrario es toda una gozada.

Jaime queda encantado con al senda al ver donde nos encontramos, al final del camino nos toca saltar la valla ya que la puerta de acceso queda algo más retirada. Una vez en la fonda real le propongo a Jaime crear un track de sendas raras, de poco uso y este acepta, le aviso que el tramo que vamos a rodar tiene algo de empuja bike, sobre un 10% del total y no le importa. Este 10% de empujar la bici se encuentra precisamente en el principio de la senda, muy sucia, con mucha pendiente y rodar complicado pero como todo en esta vida tiene su recompensa para los que persisten y una vez superado un repecho de la peña Antón Real, toda una senda paralela a la carretera esta dispuesta para ser disfrutada por bikers con algo de experiencia en montaña y que sepan mantener el equilibrio con el palto pequeño piano, piano. Vamos que es un tramo para los enamorados de la montaña y la bici que no les importe patear por disfrutar de 250 metros de autentico MTB, que le vamos hacer, frikis hay en todos los lados  y nos hemos juntado dos, solo falta el tarao de Samuel que esta trabajando .

Una vez alcanzada la pista de la Barranca decido continuar la ruta por al antigua pista no la moderna, siendo fiel al espíritu innovador que le estamos dando y ascendemos por la ladera del chiquillo hasta enlazar con el tramo de la senda Ortiz de esta vertiente de la montaña que pocos conocen y disfrutan ya que tanto en subida como en bajada es apasionante, mucho mejor que la aburrida y pestosa pista. En el desvío de la senda Ortiz con el mirador del antiguo hospital paramos a descansar y tomar un plátano que nos lo hemos ganado. Desde que hemos comenzado la ruta ha sido prácticamente todo subir y subir, ahora toca la recompensa, el disfrute máximo del ciclismo de montaña, la bajada trialera.

Y esta es la senda Ortiz, una bajada muy sencilla en el que el máximo cuidado hay que tenerlo con los senderistas a los que hay que respetar sin asustarles y bajando la velocidad al cruzarnos con ellos hasta casi el punto de pararse en caso de ver que no nos han visto.

La bajada la disfrutamos divertida consiguiendo máxima velocidad en muchos tramos ya que tenemos la suerte de no encontrarnos con nadie y al llegar de nuevo a la pista optamos por remontar esta unos metros hasta la fuente de la campanilla en donde nos refrescamos y tomamos la segunda parte de la bajada divertida, la conocida en los círculos más sucios del MTB como Senda alakan. Esta si que la disfrutamos al máximo, adrenalina, diversión y grandes sonrisas para culminar uno de los mejores regalos de la barranca con los que gozar de la montaña, y como guinda al pastel el impresionante paisaje de las presas con la Maliciosa al fondo reinando un valle que es la niña de mis ojos.

Dejamos la Barranca por la carretera de acceso ya que las sendas están muy «embarracagadas» por las vacas y la retomamos en el hospital tras un kilómetro con algunos cientos de metros por pista para seguir disfrutando de una senda muy divertida y preciosa que nos dejará en el inicio de la trialera del pueblo de Navacerrada que la disfrutamos a tope y en la Jaime se anima a tirarse por la cuesta infernal que a mi me da caquita.

Ya en Navacerrada la ruta la ruta se tranquiliza y el llano bordeando la presa nos regala un descanso para las piernas, para el corazón con un disfrute para la vista por la presa y por una morena que nos dejo con la boca abierta al lucir un buen culo a lo Jenifer López, prieto bien definido por unas mallas negras que nos hizo aullar como los lobos a la luna.

Al terminar de recorrer el sendero de la presa tan solo nos queda bajar hasta collado mediano, pero es pronto y teniendo la posibilidad de meternos un buen rampón, para que irte a casa con las ganas, así que optamos por ir en busca de una última trialera y para ello nos toca enfrentarnos a las grandes rampas de las laderas del castillo, que están  muy rotas por la erosión del agua. Yo las hago empujando mi bici y Jaime como buena mula que es se la mete para el cuerpo entre pecho y espada, bueno mejor dicho, entre pedal y biela. Alguno se preguntará si merece la pena el esfuerzo, y la respuesta es si, merece la pena. Ya que la trialera de bajada es fabulosa, muy divertida y en la que apunto estoy de meterme una muy gorda al perder el control de la bici y recuperarlo justo cuando Jaime ya me veía comprando una buena parcelita. Risas al llegar a la pista y como no quería irme con ese sabor agridulce remontamos un poquito y me saco otra trialera cortita del bolsillos para esta vez si sonreír al llegar al mirador, al encontrar un atajo entre dos casas y al regresar al coche tras haber disfrutado de una ruta con autentico aroma a MTB del bueno.

Seguramente esta ruta estará prohibida dentro de nada si no lo esta ya, lo dijo Ortega y Gasset Quien en nombre de la libertad renuncia a ser el que tiene que ser, ya se ha matado en vida: es un suicida en pie. Su existencia consistirá en una perpetua fuga de la única realidad que podía ser.

Track de la ruta 

 

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