Y Brindamos a 2.161 metros por el nuevo año.

No poseo nombre: pero nací hace dos días. ¿Cómo te llamaré? Soy feliz. Me llamo alegría.”

William Blake


Mientras terminamos de prepararnos mi primo Borja y servidor, un grupo de senderistas joviales terminan de felicitarse el año y se pierden por entre los pinos rumbo a la Fuenfría. Apenas hay coches aparcados y la verdad es que el día no invita a salir de casa, pero a los “contecho” con alma de vagabundos que no vemos en la semana el día se sentir la libertad del viento en la cara, nos da lo mismo el húmedo beso de la lluvia o el calido achuchón de un baño solar tenue de Enero para salir de casa, que bueno, puestos a elegir uno siempre tendería al solecito que los huesos ya van pa viejos.

Esta vez hemos decido que el tiempo marque el rumbo y el ritmo de la ruta, solo ponemos un primer destino y el resto improvisamos. Por eso optamos por una subida original, nada comentada en este blog, un tal Camino viejo de Segovia. Esta vereda que me apasiona cuando la bajo sobre la bicicleta hace las delicias de mi primo. Hasta la altura de cruzarnos con la “actual” calzada romana apenas encontramos algo de nieve y cuatro gotas se le han escapado a la mañana que tan solo ha falta que retumbase en el valle un “uy perdón” a alguna nube con problemas de perdidas.

Desde la calzada nuestros pies no dejaran de pisar nieve que se encuentra perfecta para caminar. En el puerto de la Fuenfría optamos por ponernos las polainas y comenzamos nuestra ascensión al cerro Minguete, el cual nos recibe con una tempestad de nieve que apenas durara lo que tardamos en cruzar el pequeño collado que hay entre el montón de trigo y el cerro. Cuando esta comienza a remitir nos cruzamos con una pareja que baja del pico y nos saludan con unas sonrisas de anuncio de blanquéate y un “Feliz año” por parte de la fémina escondida tras unas gafas de espejo de ventisca para la nieve y enfundada en un traje de trekking rojo de los caros que la hacían una figura de perder el sentido, madurita pero de las que los años la hacen cada vez más atractiva. Para que luego muchas se quejen por cumplir años.

La niebla no nos deja ver el pico, pero la algarabía que se escucha nos indica que la cumbre esta cerca. En apenas dos giros nos encontramos al grupo de senderistas que vimos por la mañana, nos invitan a barquillos y que nos unamos a ellos para brindar con champán por el nuevo año. Algunos si que saben divertirse y disfrutar los momentos que da la vida plenamente, hace frío y mientras ellos dejan el pequeño refugio al viento formado por las rocas, nosotros hacemos cima con una copa de champán en la mano, Al llegar a la cumbre brindamos por la cima, por el nuevo año y por estas pequeñas sorpresas que nos da la vida.

Decidimos no subir a la Pinareja ya que el tiempo es muy malo y tampoco tenemos grandes vistas, por lo que optamos en poner rumbo hacía el collado Marichivas y una vez allí tomar una decisión. En el bajada nos encontramos con una senderista aficionado que nos pregunta por como esta el camino para ascender el montón de trigo. No dejaría de ser una persona más de las muchas que te preguntan algo en cualquier otra ruta si no fuera porque me vi reflejado plenamente en el.

Sin nada de marca, con la mayoría de la ropa y  accesorios del Lidl, guiado con su mapa se enfrenta en solitario a la montaña sin temor al mal tiempo o al hielo, que para eso tenia calzados sus crampones, quiero imaginar que sigue el rumbo que le marcan sus sueños, sus ganas de disfrutar de la vida, de la naturaleza o tal vez como dijo Tagami Kikusha  “Mi único credo. La montaña del tesoro, las flores de seis pétalos de la nieve.” Me cuesta creer que soy el último romántico.

Bajamos hacia el collado Marichivas desde el cerro Minguete disfrutando de unas vistas maravillosas, gracias a que la mañana corrió el visillo de la niebla para que disfrutásemos de la vistas. Una vez en el collado no tenemos muchas ganas de subir pero si de pasear, la mañana no es tan mala y se puede estar al aire libre. Optamos por pasear hasta el cruce de la bajada de la Piñuela para continuar por la senda hasta las Dehesas donde damos por concluida nuestra primera salida anual de senderismo, en el que hemos aprendido algo, o mejor dicho comenzado una bonita tradición que es subir a un pico en los primeros días tras el comienzo del nuevo año  para  brindar por el, Feliz 2011.

 

 

 

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Siete Picos por Navidad

“Vamos a trepar a la copa de este sol de enero,
y a hacer un nido en su ramaje,
y allí reírnos viendo como a cada minutero
se lo devora el oleaje,
que cuando entre mis brazos resuenen cañonazos
yo iré perdido entre tus dunas
dejándolo todo, quemando los tronos donde reinen dudas.”

Letra que se Joda el viento de Marea


Frente a nosotros el camino Smith se nos ofrece engalanado con su traje de invernal. Teresa estrena botas de invierno, quería algo de nieve para disfrutarlas pero no tanta, como diría José “… esto es lo que hay” y no vamos a desaprovecharlo.

Me gusta caminar sobre la nieve  dibujar la pisada sin hundirte demasiado, sentir el crujido de esa capa carameleada en hielo que nos ha regalado la madrugada y andar sobre un mar de nubes que nos ha regalado esta semana la montaña.

Los árboles congelados en su copa y tronco se muestran fantasmagóricos, la luna se difumina en el azul sereno de la mañana retirándose casi de puntillas sin llamar la atencíon. La senda que se oculta bajo el manto blanco se deja intuir ofreciéndonos un viaje hacia los sentidos, me gusta la nieve porque en ella reina el silencio, ahora que tengo que oir tantas tonterías a lo largo del día es un placer que me cuesta creer sea aún gratuito. Me gusta la nieve porque es un desierto de agua helada, efímera, de dunas que te engullen hasta la cintura. Lienzo en blanco donde dibujar ángeles con el pincel de tu cuerpo y sentir la soledad de la montaña, el frío, lo efímero de un copo frente al correoso témpano que se aferra a la roca.

Vamos recorriendo despacio, en fila de a uno,  El camino Smith alucinados por una de las mejores estampas que nos podía dejar la navidad. En nuestra mente esta  intentar recorrer la zona de siete picos si la nieve nos lo permite. José comienza a resentirse de sus rodillas, pero es demasiado testarudo como para rendirse y pedirnos  volver por el camino fácil, además esta disfrutando con la nieve como un niño con zapatos nuevos y eso que la que estrena botas es Teresa. Como la senda para ascender a los picos esta perdida, oculta bajo la nieve, seguimos unas huellas que nos dan buena espina. O coronamos siete picos o encontramos el cadáver de nuestro predecesor, hay suerte y tras sufrir lo nuestro conseguimos coronar el primer pico. La nieve cansa y los kilos ganados en las fiestas aún más.

El Paisaje en la cumbre es soberbio, adoro ver todas nuestras montañas engalanadas de invierno, la huellas del viento dibujando la piel de las crestas y ciñendo los árboles en ajustados corsés de hielo. La alegría de los excursionistas con los que nos cruzamos, cuando uno esta a gusto y en paz no puede ocultarlo en el rostro, vivir este momento es mágico.

La travesía es sencilla  pero el sube y baja continuo nos va pasando factura a Teresa y a mi ,que somos los que tenemos las fuerzas más justas mientras José se dedica a dejar sus huellas por las zonas vírgenes de pisadas, a deslizarse por las grandes losas con algo de pendiente y romper las crestas de nieve saltando sobre ellas, amen de tener que esquivar alguna que otra bola de nieve, y eso que para sus desgracia estaba demasiado suelta poder crear munición.

Mientras bajamos nos cruzamos con un matrimonio,  que cargan con el  niño pequeño en una mochila sobre la  espalda del padre y la mujer le sigue unos pasos atrás. Teresa me dice que ella se pedífi,a a los reyes una hombre así que disfruta de la montaña con su familia y dispuesto a cargando con su hijo por dura que sea la subida, no me queda más remedio que darla la razón mientras acompaño la mirada con el acompasado caminar de la femina. Yo me pedía a la Madre que el niño le había salido estupendo, como ella.

Cuando llegamos al puerto, el mundanal ruido reina en el ambiente de un aparcamiento testado de coches con el portón trasero abierto, una mesa frente al maletero repleto de refrescos, fiambre y tortillas con los que disfrutar de una comida dominical en tiempos de crisis, bajo cero.

Mientras veo como la  caravana  de coches que intentan alcazar el puerto llegaba hasta el ventorrillo y espera su turno para disfrutar de la nieve, nosotros dejamos la montaña atrás, feliz por los momentos y las sensaciones vividas, deseando volver, que pase pronto la semana para poder disfrutar de otra dosis de libertad, que ya lo dijo Moshe Dayan La libertad es el oxígeno del alma.

Todas las fotos de la ruta.

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Integral de la pedriza Fallida

“Estudia, aprende, pero guarda un poco de ingenuidad. Tiene que estar dentro de ti, como el deseo de beber del borracho o el amor en el amante.”

Henri Matisse


Resulta gratificante llegar a la pedriza y tener que elegir donde dejar el coche, la mañana se ha levantado fresca, todos sabemos que en Madrid nunca hace frío, y los cielos luchan por lucir azules pero la nubes esta vez creo que tienen las de ganar.

Nos hemos juntado JJ, Borja y el que escribe para intentar hacer una ruta que tengo en mente desde hace muchos años, se que esta frase la he repetido miles de veces pero no podéis ni imaginar la de rutas que tengo en mente y pendientes de realizar. Se trata de la integral de la pedriza, una ruta larga que no sabemos si seremos capaces de completar con luz solar.

Al llegar al último aparcamiento de la pedriza una placa de hielo nos sorprende y apunto estamos de irnos los tres al suelo, como al entrar en la zona de piedras esto continúe así veo complicado intentar la vuelta completa.

La pedriza posterior es una de mis asignaturas pendientes y el sendero que tomamos para acceder al collado del cabrón me encanta, me sorprende que el otoño aún consiga dar algunas pinceladas de ocre cuando el invierno ya esta listo con la brocha gorda para pintar todo de blanco en una de las zona más bonitas de Madrid

La senda comienza a ponerse cada vez más inclinada y las rocas de grandes tamaños se hacen con el paisaje completamente. Un senderista solitario que va a buen paso nos da alcance, ha dormido en canto cochino en su furgoneta, nos comenta que la pasada noche fue estupenda, apenas bajo la temperatura y algunos copos le arroparon. Me da una envidia tremenda ya que tener una de estas furgonetas en las que poder viajar y dormir es uno de mis sueños más preciados.

Subir tanto andando como en bici no es lo mío y me voy quedando atrás, lo que me permite de vez en cuando echar la vista atrás y poder disfrutar de lo que mis pasos van tejiendo.

La senda nos obliga a trepar por la zona del collado de la romera, la vistas son espectaculares, las nubes le han ganado el pulso al día y la niebla viendo que sus parientes se hacen fuertes en el firmamento se crece y va siguiendo nuestros pasos. Los buitres nos miran progresar desde sus atalayas, una cabra Montesa sale corriendo ante nuestra presencia dejando a sus dos crías en lo alto de una gran roca mientras ellas nos vigilan a distancia. El camino comienzo a ponerse cada vez más complicado, progresar sobre las rocas mojadas es complicado ya que resbalan solo con mirarlas, lo que nos obliga en algún caso a dar un pequeño rodeo ya que el hielo nos impide subir por el recorrido marcado.

Al llegar a un paso antes de los tres cestos tenemos que superar una paso muy complicado. Las presas para poder trepar están rotas y tan solo quedan los tornillos, me apoyo en ellos como puedo y logro superar el paso. Borja sigue mis apoyos y lo pasa, pero JJ encuentra problemas para poder superarlo. La niebla nos ha dado alcance, me doy una pequeña vuelta para ver si veo otra opción para que suba JJ y me topo con los tres cestos, impresionantes apenas perceptibles por la niebla, pero no quiero disfrutar de esto yo solo y me vuelvo con mis compañeros, voy resbalando y veo que esta la cosa complicada. Decidimos abortar y darnos la vuelta, podemos subir a JJ pero si nos encontramos con otra dificultad mayor en el recorrido darnos la vuelta sería muy complicado ya que descender ese paso es mas complicado que subirlo. Borja y yo nos dejamos caer reuniéndonos con JJ para descender unos metros y ver si podemos retomar la ruta un poco más abajo. Cuando llegamos a la zona marcada la niebla no nos deja situarnos, no podemos ver que tenemos delante y la senda nos marca un camino entre rocas de lo más peligro tal y como esta el día.

Decidimos tomarnos un tentempié y con el sabor de la navidad a modo de polvorón en la boca optamos por abortar y buscar un camino de vuelta bonito hacia el coche sin repetir recorrido.

Bajamos por una zona boscosa alucinante por la zona de los llanillos. El sol ha conseguido vencer a la nubes y la niebla toca a retirada rápidamente dejando una tarde estupenda. La senda nos va sorprendiendo con arroyos cantarines y juegos de luces y sombras que dejan unas estampas impresionantes. La opción elegida para el descenso es la más acertada ya que en uno de los giros la senda nos deja frente a una roca verde impresionante, nunca había estado en un mazacote de piedra con una pared tan vertical y tras ella una preciosa cascada en un rincón de cuento.

En ocasiones el destino no te deja hacer lo que planeas pero te regala pequeños guiños a modo de compensación para que lo siguas intentando una y otra vez hasta que consigas cumplir tus sueños.

Una vez alcanzada la zona de la autopista de la pedriza, la soledad de la montaña se pierde para compartir el entorno con los urbanitas menos aventureros.

He pasado una jornada de lujo con dos grandes amigos, no hemos completado la ruta original pero nos ha quedado una muy apañada y bonita. JJ siente que no hayamos podido completar la ruta, yo no. Para mi es mas importante disfrutar de su compañía que completar una ruto o que diría  Carlos Fuentes Lo que no tenemos lo encontramos en un amigo. Creo en este obsequio y lo cultivo desde la infancia. No soy en ello diferente a la mayor parte de los seres humanos. La amistad es la gran liga inicial entre el hogar y el mundo. El hogar, feliz o infeliz, es el aula de nuestra sabiduría original pero la amistad es su prueba.

Feliz 2011

Track de la ruta

Galería con todas las fotos de la ruta.

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Por los Senderos del Escorial

No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda, y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños. Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento.

Mario Benedetti


La niebla apenas me deja unos metros de visión, los suficientes para poder ver salir a Mon del portal de su casa empujando su bici, una sonrisa y un buenos días como a los que a mi me gustan “… esto no nos va a asustar ¿verdad?”, bien sabe mi amigo que la pedalada más dura cada fin de semana se da al levantarse uno de la cama un sábado a las 7:30 de la mañana y no cuando se monta en la bici o cuando levanta la persiana y el alba brilla sobre las aceras brillantes por el agua caída.

Los dos tenemos pocas fuerzas y muchas ganas de montar, pasarlo bien y disfrutar un buen rato en compañía de amigos. Cuando atravesamos el embalse de Valmayor el día nos regala un cielo azul precioso, uno de estos días que sueñas disfrutar durante toda una semana y se ve cumplido.

Llegamos al punto de encuentro un poco tarde, pero nuestro amigo Totapillao que nos esta esperando entiende nuestro retraso, el apenas acaba de llegar también si es que somos del club de los perros.

Para esta ocasión cargo en el GPS varias rutas, no tenemos claro que hacer, no sabemos como estará el terreno ni hasta donde aguantarán nuestras piernas, ante tanta dura decido ver que tal esta un track que tengo desde hace tres años en la recamara y nunca me ha dado por recorrerlo, su nombre los senderos del Escorial, atractivo ¿verdad?

La temperatura es muy agradable y anima a pedalear si ir encogido por el frío, el primer tramo es como un kilómetro por carretera, un mal menor teniendo en cuenta lo que nos regala por sufrirla. En cuanto empezamos a sentir el salpullido del asfalto, toda una pomada balsámica a modo de sendero divertidísimo, técnico, tendiendo a bajar pero en el que hay que dar pedales para disfrutar a tope de la bici no solo nos hacen entrar en calor, también comienza a dibujar en la comisura de los labios el esbozo de una sonrisa de las buenas. Dejamos atrás Peralejo para tomar una senda que esta vez nos toca en subida, muy ligera y disfrutonas con sus buenos charcos y sus pasos entretenidos que nos deja en Zarzalejo Estación.

Como ya he dicho nos hemos juntado cuatro perros de los buenos Mon, Totapillado y Tiny, Creo recordar poder encontrar una bajada divertida tras una tapia en Zarzalejo pero nos tacaría ir hasta el pueblo y ascender unos metros, pero como para nosotros cualquier escusa es buena para no subir o subir lo menos posible, un sendero picarón nos tienta y resulta ser entretenido.

En el horizonte Madrid aparece envuelto en mar de nubes, una densa niebla envuelve la capital dejando una estampa de foto, ya que tan solo se ven las torres de la antigua ciudad deportiva de Madrid desafiando a la naturaleza.

El camino que tomamos nos deja en la silla de Felipe II, pero nosotros vamos de senderitos y disfrutamos uno muy cortito pero disfruton de los buenos, de los que das gracias a Díos por tatuar en el planeta delgadas sendas de felicidad que poder disfrutar sobre dos ruedas. La mini senda tiene su continuidad en una trialerita de bajada, no muy técnica salvo un paso un tanto de valor pero que sin ser una cañera te deja el cuerpo bien servido en emociones.

El entorno de la silla esta precioso, un mar de hojas cubren el suelo mientras las sombras de las ramas desnudas juguetean entre ellas, el contraste de la hoja seca con el verde de los troncos deja un toque en el paisaje sensacional. Pero tanta belleza no puedo ser bueno para un biker que comienza a acumular kilómetros en sus piernas y el sendero cuesta pasa una factura enorme que nos obliga a reponernos antes de ir retornando hacía el Escorial.

Salimos de la pista para tomar una senda junto al quitamiedos que nos dejará en el cruce del escorial con la carretera de la cruz verde, la cual abandonaremos en unos metros para continuar ganando altura cerca de las casas del Valle, en donde una pista con unas vistas maravillosas nos dejara en las puertas del Escorial, pero es pronto y el GPS nos dice que aun nos queda tela por cortar, surgen dudas ya que tenemos que dejar la pista para meternos por una senda tentadora pero hacia arriba. Optamos por seguir y las z del sendero me sacan los colores, las piernas ya son dos palos insensibles sin apenas fuerzas para afrontar las zonas más duras.

Una vez en la zona más alta una senda en medio bajada nos hace disfrutar un rato hasta cruzarnos con una rampa de la buenas, de las caras, nos la quedamos mirando sin dar crédito a lo que el cabrón del garmin nos dice, que la rampa es para arriba, nos ha jodio, como el no da pedales.

Mon nos plantea una cuestión o dos cervezas en el bar si nos tiramos todo para abajo, o una si continuamos, yo no me encuentro con fuerzas, pero la curiosidad me mata y terminamos subiendo la rampa de las narices.

Una vez arriba rodamos un trecho hasta que de nuevo el GPS nos marca otra subidita cuando tenemos que frenar a Mon que continuaba pista hacia abajo. Esta vez nos lo pensamos un poco más, pero vuelve a triunfar el espíritu aventurero, bueno más bien nadie que dijera, “yo os espero en el Bar” y esta vez se obro el milagro.

Tras una breve y nada intensa subida, una senda alucinante, maravillosa, disfrutonas y bellísima nos va sorprendiendo con cada pedalada, culminando en un orgasmo puro cuando la senda nos sorprende con un paso bajo un árbol caído y tras el una cascada maravillosa entonando la oda a los decididos, a los entregados a la causa del disfrute y el buen rollo.

Con una sonrisa de oreja a oreja y el sentir de haber recorrido una gran ruta de disfrute, terminamos en el bar disfrutando de nuestras bien merecidas cervezas.

Que razón tenía Domenico Cieri Estrada cuando dijo Advertir la vida mientras se vive, alcanzar a vislumbrar su implacable grandeza, disfrutar del tiempo y de las personas que lo habitan, celebrar la vida y el sueño de vivir, ése es su arte.

Track de la ruta

 

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Una vuelta por la albufera de Valencia.

“Éramos yo y el mar. Y el mar estaba solo y solo yo. Uno de los dos faltaba.”

Antonio Porchia


Las vacaciones tocan a su fin y antes de volver a casa hemos decido visitar la albufera de Valencia. Hay mucha gente que no puede vivir sin el mar, lo necesita tanto como yo la montaña y he confesar que a mi me aburre mucho pero cuando me encuentro frente a el tras unos cuantos años sin sentir su caricia en mi piel y el embrujo de su melodía costera algo me cautiva.

Comenzamos la ruta desde el Palmar, pueblo enclavado en la misma albufera, Según aparcamos comienzan caer unos goterones de escándalo que animan al resto a unirse a la fiesta de la lluvia. La ruta del día anterior me había desanimado un poco y esta ruta por la albufera con el día que hacía no prometía mucho. Nos tomamos un café en un bar haciendo tiempo al mal tiempo y retornamos de nuevo al coche. Al poco de estar pensando opciones veo que deja de llover y en un arrebato de locura le digo a Borja que ahora o nunca, y al poco comenzamos a rodar bajo un tímido chaparrón que se aferra a una nube con más ganas de irse al interior que de quedarse en la costa.

Para mi la albufera de valencia es la serie que veían mis padres cuando yo era pequeño “Cañas y Barro” basada en la obra de Blasco y Ibáñez, fruto de la fama de esta serie aún quedan embarcaderos que ofrecen los servicios de paseos por barca bajo este nombre. He de confesar que rodar por la albufera no estaba entre mis opciones de rutas preferidas, pero cuando me lo propuso Borja me llamo la atención y fue tan solo rodar unos kilómetros por ella para caer rendido a su orilla por lo fascinante del entorno. Rodar por lenguas de tierra que se meten entre lagunas de agua que son plantaciones de arroz, el mar a escasos metros y de fondo las montañas me dejan fascinado, es una lástima no haber planeado mejor esta ruta y haber disfrutado todo un día en la albufera buscando alguna puesta de sol que prometen ser espectacular. El barro se ha apoderado de nuestras ropas y monturas, pero el cielo azul asoma entre las nubes y la temperatura invita a rodar en maillot largo sin chubasquero ni abrigo.

El desconocimiento de la zona nos obliga a seguir el track por lo que pronto nos saca de la albufera y rodamos por pistas mas secas que las anteriores pero con escaso interés salvo el de ir alternando huertos con cultivos de Naranjas u olivos.

Al llegar a la zona del puerto de Valencia comenzamos a cambiar de rumbo dirigiéndonos de nuevo hacia la albufera, tres prostitutas bailan en la entrada de una fábrica mientras nosotros hacemos malabarismo por no caernos en el barro de la zona. Desde que hemos dejado la albufera la ruta ha ido perdiendo encanto hasta llegar a aburrirnos un poco, hasta el punto de picarnos con una vespino pilotada por un vejete que nos miraba de cara de sorprendido al vernos adelantarle como posesos. Pero como toda ruta tiene su sentido, el objetivo de tanta vuelta inútil no era otro que hacer hambre para un final increíble. De repente dejamos las pistas aburridas por un carril bici maravilloso que pegadito a la orilla del Mar, nos hace olvidar los últimos kilómetros basura.

Los pinos vuelven a hacer su aparición y un cartel nos anuncia que entramos en algo maravilloso, Itinerario de los Sentidos. Y tanto, ya que vamos alternando carril bici con sendas increíbles, muy estrechas y cerradas en algunos casos, llenas de arena en otros pero todas divertidas y disfrutonas. La lluvia vuelve  a hacerse notar, estamos apenas a tres kilómetros del palmar y decidimos ir a toda máquina para concluir la ruta antes de quedarnos empapados y helados ya que esta vez la lluvia  cae con ganas.

Al llegar al coche cesa, lo que nos permite secarnos y cambiarnos tranquilamente, disfrutando de un buen bocata para poner el colofón a nuestra jornada ciclista.

Ha sido una pena no haber elegido mejor día para disfrutar de esta zona, una maravilla ya no solo la albufera, también la playa del Saler y su entorno alucinante. Ha sido un gran broche para las vacaciones, me voy con un  buen sabor de boca, a mar, o como diría Jenniley Bonilla Hace algún tiempo persiguen tus recuerdos mis caminos y sudan bajo el sol, tras mis talones los días más felices ya vividos.

 

Track de la ruta. Gracias a RutaDura

Galería de fotos

 

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