Una huida hacía el alto tajo: Día 2 (Chequilla-Taravilla-Salto de Poveda)

“No conoceré el miedo. El miedo mata la mente. El miedo es el pequeño mal que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino. Allí por donde mi miedo haya pasado ya no quedará nada, sólo estaré yo.”

Frank Herbert

Fuera del saco hace frío, por lo que cierro un poco más la apertura de la cabeza y me acurruco en su interior, no hay despertador, no hay hora para levantarse, no hay prisas. Tan solo recoger todo el tenderete y partir rumbo a mi hogar para retomar la rutina de mi vida cotidiana, pero esta vez con la cabeza más despejada y lo principal, el alma en paz. Se que me durara poco y pronto tendré que volver a huir, pero por el momento me quedo con la frase de José Ángel Buesa La vida será tuya si sabes que es ajena, que es igual ser montaña que ser grano de arena, pues la calma del justo vence el furor del bravo.

Me despido de mis vecinos valencianos, un tanto ruidosos por las noches pero buena gente. La recepcionista del camping es preciosa, “… ayer te encontraste con mi hermano” me dice con una gran sonrisa mientras le confirmo que nos encontramos en la pista de la ermita. Le cuento mi plan del día y me recomienda una ruta “te va a encantar” me dice mientras la dibuja con trazo firme sobre el mapa, le doy las gracias, pago y comienzo mi ruta turística de regreso a casa.

Mi primera parada es Chequilla, un pueblo que me ha recomendado visitar. La entrada al pueblo es espectacular con dos grandes rocas que te dan la bienvenida, los viejos reunidos bajo la sombra de dos grandes árboles a la entrada del pueblo son el mejor punto de información y turismo. Aparco y al salir del coche me encuentro unas grandes bragas tendidas al sol, suspendidas por una cuerda de la higuera a la casa con un gran roca roja de fondo, son bragas de cuello alto, de señora mayor a modo pendón familiar. El pueblo es pequeño y no cuesta nada encontrar la entrada de la ciudad encantada. Tengo que visitar la única plaza de toros en piedra de España, me sonrío al verla. Parece que por un instante te transportas a esa España rural de postguerra que nos han contado en las películas, Bienvenidos a las fiestas luce cual graffiti una de las grandes rocas que hace de grada. El recorrido es corto pero precioso. Al salir me cruzo con una señora mayor, me pregunta si me ha gustado la ciudad y le doy mi aprobación, cuando voy a sacar una foto a una antena que esta en lo alto de una gran roca me grita que no la saque fotos, que esta muy fea, je jeje cuanta coquetería.

Vuelvo al coche y veo que las bragas se han transformado en sábanas de un blanco inmaculado, la casa termina en pico y se asemeja a un gran bote varado entre las rocas.

Me han recomendado una carretera que me acorta mucho el camino y me han dicho los lugareños que es muy bonita, era una pista forestal que han asfaltado, como han visto mi bicicleta colgando del coche enseguida han atado cabos “… esa carretera pa hacerla en bicicleta es muy bonita, muchos la hacen” y doy fe que la carretera es toda una pasada para hacerla en bicicleta, tranquilamente recorriendo un paisaje formidable que te dibuja una gran sonrisa en la cara y te carga el alma, me voy sintiendo cada vez más feliz y agradeciéndome a mi mismo haberme regalado esta gran escapada.

En peralejo de las truchas recojo la última información que necesito para completar mi jornada cultural y me informan de una pista forestal que dejara en la laguna de Taravilla y una vez que termine de ver todo el entorno la continúe para llegar a mi último objetivo del día por visitar Molina de Aragón.

La pista para ir a la Lagunade Taravilla es de las de ir despacio y ya no solo por los baches, es una pista sin asfaltar y estrecha, es por el paisaje maravilloso y el entorno tan espectacular que te rodea que te resulta difícil conducir sin estar parando cada dos por tres para deleitarte con el Tajo, con sus aguas verde esmeralda totalmente cristalinas que te invitan a tomar un baño a formar parte de el, sentí como el verbo del poeta Juan Ortiz se hizo carne  De pronto sentí el río en mí, corría en mí con sus orillas trémulas de señas, con sus hondos reflejos apenas estrellados. Pocas veces me he sentido tan maravillado y unido a un paisaje como en esta ocasión.

El entorno de la laguna de Taravilla esta repleto de coches, apenas hay un hueco para dejar el mío cuando una pareja me hace una señal de que se van para que ocupe su lugar, justo frente a la laguna, el karma esta hoy conmigo.

Visito la laguna y me pongo el bañador para ir a recorrer la senda que me conducirá al salto de Poveda. Han construido un puente que salva el río y no hace necesario su vadeo, esta prohibido usarlo pero en España si esta hay que usarlo y se puede acceder por el agujero de la valla. Yo decido vadear el río, hace calor y es una delicia caminar por su lecho arenoso. La senda que te conduce al salto de Poveda es una delicia, por la sombra y el paisaje que con el que te deleita el camino. Al llegar al salto de Poveda el reciclaje se hace arte merece la pena pararse a disfrutar de las esculturas que algún artista anónimo ha decido colocar en el entorno.

El salto de Poveda es un salto de agua producido por la rotura de una presa que deja una cascada en forma de cola de caballo espectacular que hay que visitar si estas por la zona. Me encanta el sonido del agua y como tranquilamente a la sombra, que gran acierto regalarme un día de turismo.

A la vuelta no puedo evitar la tentación y me doy un gran baño en las aguas del tajo, estoy sencillamente en la gloría. Mientras me estoy secando dos parejas se ponen a mi lado, uno de ellos con grandes rastas se despelota y lanza al agua, frente a mi hay un árbol justo en la orilla al otro lado del que cuelga una cuerda para trepar y subirse a las ramas desde las que te puedes tirar al río a modo de trampolín.

Las primeras carcajadas vieron cuando vemos al pobre perro flauta intentar subir por la cuerda en pelotas con el culo en pompa con grandes esfuerzos, sus amigos le dicen que lo deje y el grita “… pero quien me va a ver” justo cuando a mitad de su ascensión veo como cuatro piraguas con dos familias se dirigen hacia el, las madres de la primera piragua al ver el espectáculo engañan a las niñas pequeñas señalando el otro lado de orilla gritando “… mirad que mariposas más bonitas” mientras una de las madres le lanza un “.. lo que hay que ver” al alocado Tarzán que ocultando sus vergüenzas a los ojos censores de la madre por fin ha logrado ganar las ramas desde las que tirarse y al ver que tras las madres llegan los padres con los niños se lanza en bomba, al caer un padre se asusta y el niño le grita “ papa, papa, esta desnudo” el padre me mira buscando mi confirmación a lo que le digo “si en pelotilla picada” y el padre les da una explicación a los niños de unos 7 u 8 años, “ es que acaba de nacer del árbol y no le ha dado tiempo de comprarse ropa” los niños callan y ríen mas por la explicación del padre que por el hombre desnudo que sale buscando su toalla mientras sus amigos se retuercen de risa con lágrimas en los ojos.

Mientras vuelvo a vadear el río pienso en lo ocurrido y no me puedo creer las cantidad de anécdotas y situaciones graciosas que me ocurren viajando.

Fresquito por el baño dejo la preciosa Laguna de Taravilla y me dispongo a disfrutar de mi última parada, un paseo por la preciosa localidad de Molina de Aragón con sus calles llenas de historia, su precioso puente viejo y su muralla. Veo que esta localidad requiere un poco más de tiempo y prefiero dejarla para una visita algo más calmada y con más información para disfrutar la con fundamento.

He pasado dos días geniales en el alto tajo, Octavio Paz dijo una vez Todos los hombres, en algún momento de sus vidas, se sienten solos. Y lo están. Vivir es separarse de lo que fuimos para acercarnos a lo que seremos en el futuro. La soledad es el hecho mas profundo de la condición humana.

Este viaje me ha permitido dejar atrás el estrés de un trabajo agobiante, vuelvo a tener la sonrisa en los labios y las agujas de tejer los sueños junto a los ovillos de nuevas aventuras locas para cuando el cántaro de mi paciencia vuelva a rebosar de nuevo. 

 

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Una huida hacía el Alto Tajo: Día 1

Tenemos que aprender a no asombrarnos de habernos encontrado, de que la vida pueda estar de pronto en el silencio o la mirada.

Julia Prilutzky

Cada día las jornadas de trabajo se me hacen mas agotadoras e interminables, el año pasado puede escapar de la depresión profunda gracias a que las vacaciones las pedí en el momento justo, este año esta siendo demasiado duro, ahora si estoy seguro que una ardilla podría cruzar España de los pirineos al Atlántico sin tocar el suelo saltando de tonto en tonto. El Barón de Holbach dijo una vez La ignorancia y el error son manantiales de mal humor, y por desgracia llevo una semana manando mal humor por cada poro de mi piel.

Para darme una cura he decidido cargar todo mi equipo de acampada, de senderismo, de MTB y según den las dos salir pitando del trabajo en dirección contraria a mi casa, a mi mundo, he decido huir hacia el alto tajo y refugiarme en Orea, sin conocidos, sin cobertura y sin nadie que me pueda perturbar. Como trabajo en Azuqueca de Henares, en muy pocos minutos estoy rodeado de campo y una vez que me salgo de la autovía comienzo a sentirme más libre, me pongo la banda sonora de Hacía rutas salvajes, me relaja muchísimo y me ayuda a evadirme aún mas del mundo que me roda evocando escenas de la película y soñando con rutas de largas jornadas pedaleando que nunca podré realizar pero su música las mantiene vivas en mi alma, latentes, siempre frescas esperando ser consumidas con la misma ilusión como las recreo en mi mente.

Tras una hora conduciendo subo un puerto de estos castellanos, con unas grandes vistas de la meseta, una gran mancha marrón que la tiño de verde primavera porque me apetece, últimamente voy a destiempo a todas las rutas y siempre es por culpa de lo mismo. Se esta preparando una buena tormenta y el viento corretea por los campos avisando con olor a vida, que me evoca a mi infancia alcarreña, ir buscando refugio para lo que se avecina. Tras una buena sucesión de pueblos y un paisaje espectacular llego al camping de Orea al tiempo que en un minuto se oscurece de tal forma que comienzan a caer granizos como garbanzos del cielo tiñendo en cinco minutos todo el camping de blanco invernal. Durante una hora y media espere que cesase para poder montar la tienda y justo cuando pienso ponerme a cenar se nos presenta otra como la que le pillo a Noe hace años. Al final me toca cenar en el coche, leer un poco con el frontal y en un claro meterme en el saco para disfrutar de un sueño de los que me gustan, arropadito en el saco y sentir la lluvia golpeando la lona de la tienda mientras Morfeo me besa.

La mañana amanece con los cielos plagados de restos de la fiesta nocturna. Un cielo encapotado pero ganas de abrir y dejar lucir el sol para que yo disfrute de mi ruta mañanera en bici. He decidido subir el montecito que esta al lado del camping, visitar la ermita, bajar al pueblo y visitar la laguna de la salobreja. La ruta se presenta interesante ya que el camping esta enclavado en un lugar maravilloso, la hoz seca lo bordea y las cumbres más altas así como los sitios de interés están a tiro de piedra.

Sigo las indicaciones de me han dado en el camping para llegar por pista hasta la ermita de san Cristóbal, pero a mitad de la subida me encuentro con un rebaño inmenso de ovejas que baja por ella, como tengo muy mala experiencia con estos bichos, bueno más bien con los perros que las pastorean decido darme la vuelta y buscar por con el GPS un ruta alternativa que encuentro y pienso me deja en el mismo lugar que la pista que me habían indicado pero al llegar al punto en el que según el mapa partía una senda me encuentro que esta no existe y en su lugar varias rodadas de vehículos que se han abierto camino por entre un matorral muy denso. Como puedo rodar con facilidad  me resulta hasta divertido continuo por las rodadas hasta una explanada en donde me encuentro puestos de tiro y el fin de mi camino. Veo que estoy muy cerca del punto en donde me tenia que dejar la pista ovejera y como una senda casi perdida toma ese rumbo por lo que no me lo pienso y empujo la bicicleta senda arriba, decisión que resulto ser maravillosa ya que primero espante a dos corzos preciosos y cuando estaba apunto de llegar a la pista sentí como vibraba el suelo ante la carrera de una pequeña manada de otros corzos que huían asustados.

La ermita esta en la zona más alta del monte y se disfrutan de unas vistas espectaculares, la temperatura es magnífica y disfruto de un día de MTB maravilloso. Como algo en la ermita y al ir a retomar la ruta me doy cuenta que tengo la rueda trasera pinchada, toca reparar y tomárselo como un castigo del señor por reírme de la cantidad de velas que había amontonadas en la entrada fruto de una buena vigilia supongo. Tras reparar bajo como un loco por la pista atajando por las pequeñas veredas moteras que la empalman entre pinos hasta que noto como la rueda delantera hace raros, no me lo puedo creer, he vuelto a pinchar, lo que significa que me quedo sin cámaras para continuar la ruta. Reparo el pinchazo en un momento, disfruto del curioso río de piedras que desciende por la ladera y en un suspiro me planto en la entrada del pueblo de Orea en el que cuatro viejos se están poniendo hasta las cejas de Higos con vino, a mi paso puedo escuchar como le dice una vieja a la otra “…te se va poner el azúcar a 100, jijijij” a lo que la responde la otra también risueña “… pues átate el refajo que tu marido esta dejando la bota coja, jajá” esta juventud de la tercera edad no hay quien haga carrera de ellos, pronto empiezan con el “botajon”.

El cielo comienza a dar señales que a la tarde el dios del trueno se va a dar un paseo por el pueblo, decido darme prisa, bueno hago lo que puedo subiendo hacia el camping ya que la laguna esta en lo más alto de la cuesta antes de bajar hasta la tienda cogiendo un pequeño desvío en el que anuncian la ciudad encantada de Orea, pero como yo de estas cosas ya estoy muy escarmentado ni la busco. El recorrido hasta la laguna es tendiendo a subir por pistas con buen paisaje y entretenidas,la Lagunadela Salobrejase encuentra tras una buena bajada trialera pero me han avisado que no merece la pena bajar en bici porque toca subir empujando, como tengo el candado la dejo atada a un árbol y me bajo a ver la famosa laguna que la verdad me dejo un tanto desencantado, pero bueno si he de decir que el lugar en el que se encuentra es una delicia y creo que en primavera puede ser uno de esos sitios mágicos que te dejan sin habla por la explosión de color, aromas y sonidos que lugar de ofrecer.

Se me hace muy tarde y el cielo cada vez anuncia que pronto va dejar caer otro diluvio sobre nuestras cabezas, por lo que regreso al camping sin ver la hoz seca, dejándolo para otra ocasión.

Apenas me dio tiempo a ducharme, comer y tomar un café cuando se desata de nuevo una tormenta que duro toda la tarde. Buscaba un retiro de paz pero con tiempo seco, leches. Estoy fuera de forma y me cuesta un mundo mover la bici en cuanto se presenta una rampa, quiero huir del mundo que me rodea pero me doy cuenta que no tengo fuerzas, por lo que decido no quedarme un día más como tenía pensado y regresar a casa, a mi hogar. Fuera llueve con fuerza, el olor a humedad me llena de nostalgia y leo esta preciosa reflexión del escritor japonés Haruki Murakami A veces, el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva, eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir cruzándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí sólo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta. Tiene razón Haruki al final siempre llega un lunes y te toca enfrentarte a la tormenta, paso a paso, llamada a llamada.

Track de la ruta 

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Una terapia natural para volver a la rutina, Montes de Valsaín.

¿Qué murallas derriba tu voz en el sigilo de la noche? Esa distancia que cae como un telón entre el vacío y la memoria ardiente de los días.

Marlene Pasini

 

Esta vez no quería volver a caer en el mismo error del año pasado y sumirme en una tremenda depresión en mitad de la montaña, por eso la oportunidad de salir con José y Teresa dando un buen paseo por la sierra se me presentaba como una oportunidad única para hacer la transición paraíso, patio de casa.

Se que los próximos meses me voy a sentir como Marcos Ana cuando escribió su famoso poema “Mi corazón es Patio” en el que decía

 Mi reja es el costado
de un sueño que da al campo.

Pero mi reja es mi cabeza, son miedos atados por sentimientos y cada vez mas me siento como una cometa altiva, sujeta a este entorno por un fino hilo que evita siga el rumbo del viento hasta que cese y caiga. Pero por suerte aún me quedan amigos con los que poder evadirme y disfrutar de buenos momentos.

José y Teresa son una pareja singular, estoy seguro que si fuese guionista de televisión crearía unos personajes basados en ellos, en esta ocasión se han traído solo una mochila y como José es un fiel defensor de la igualdad de sexos le ha propuesto Teresa ir portando la mochila una vez cada uno cada 15 minutos. Hemos aparcado en la pradera de Navalhorno, en el centro de interpretación y caminamos por sendas pista asfaltada hasta la granja. Hace calor a pasar de ser primera hora de la mañana pero la cubierta vegetal de los montes de Valsaín hace que se este de lujo bajo su manto. Los primeros 15 minutos pasan volando y pronto José suelta la mochila para cedérsela a Teresa, un trato es un trato y José no cede ante las protestas de Teresa que le pide sea el quien cargue con el peso y la trate como una reina, pero José libre de la pesada mochila ya corretea senda arriba canturreando feliz lo bien que se va a la montaña sin peso.

Pasamos por la tapia trasera del palacio de la granja para alcanzar los fantásticos senderos de Dos cabañas que son una delicia en cualquier época del año, y esta vez si me doy cuenta que hay pocos lugares en el mundo en el que podamos disfrutar de unas sendas tan bonitas, tal vez les falte la espectacularidad de una entorno más salvaje en el paisaje pero casi mejor así ya que quedaran más en familia y eso se traducirá en que podamos disfrutarlas como están algo más de tiempo.

Llegamos al desvío de la silla del rey y el moño de la tía Andrea pero hace calor y lo que queremos es perrear, por lo que encaminamos nuestros pasos hasta el punto que habíamos designado para comer que era la chorranca y tras una agradable bajada y una senda divertida alcanzamos nuestro objetivo que estaba sin nadie, algo que al menos yo celebro.

Comemos y nos tumbamos en las rocas Teresa y yo mientras José juguetea con el curso del arroyo mandando más agua a un lado u otro de la cascada viendo cual es más espectacular. Al final convencemos a José que el arroyo y hay que dejarlo como uno se lo encuentra y accede a desmontar su obra hidráulica. Este chico si algún día se reencarna en animal será castor fijo.

Tras la chorranca el calor nos castiga de nuevo y optamos por perrear otro poco en la fuente del ratón, me encanta su agua ya que esta siempre helada, por mucho calor que haga.

De la fuente del ratón al aparcamiento hay un paseo tranquilo, dejamos todos los bártulos senderistas en el coche y nos vamos a disfrutar de unos buenos refrescos al bar que nos lo hemos merecido.

He pasado un gran día en la montaña con dos buenos amigos, no me he sentido tan frustrado y deprimido al volver a mi entorno como el año anterior, tal vez tenga razón Henry Frederic Amiel cuando dice La vida es un aprendizaje de renunciamiento progresivo, de continua limitación de nuestras pretensiones, de nuestras esperanzas, de nuestra fuerza, de nuestra libertad. Pero solo tal vez, sigo siendo esa comenta en el cielo al que hoy le han dado un poco más de cuerda.

P.D por un problema informático he perdido todos los track del mes de agosto.

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Viaje a Noruega Días 13, 14 y 15: El final del viaje, Oslo.

Paseaba por un sendero con dos amigos – el sol se puso – de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio – sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad – mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza…”

Edvard Munch sobre el Grito.

De nuevo el tiempo radiante nos facilita el poder disfrutar de este magnífico país. Nos toca disfrutar  de Oslo y nuestro primer objetivo es conseguir el Oslopass, un pase para entrar en los principales museos de la ciudad y usar el transporte público durante 24 o 48 horas. Salimos desde el camping dando un agradable paseo por el magnifico parque que disfrute el día anterior, las vistas son fabulosas desde este punto.

Lo que más te llama la atención de la ciudad, no ya solo de Oslo, sino del país en general es la limpieza de sus calles, no ves un papel o colilla ni vas sorteando caca de perro por las aceras, algo que si me gustaría ver en mi entorno, pero la educación no se exporta y los campos de cultivo en España no dan los frutos deseados en este aspecto.

En la plaza cerca del centro de información me encuentro un magnifico camión vivienda con una moto clásica que es una maravilla en la parte trasera y en la delantera dos bicis de infarto, y para completar el conjunto de babeo incesante  una pegatina I travelled the alaskan higway and survived, no podía sentir mayor envidia sana por el propietario de esa maravilla.

Una vez con el Oslopass en el bolsillo visitamos el museo de los premios Nobel de la paz y tomamos un barquito con el que cruzar al  otro extremo del fiordo para visitar un grupo interesante museos.

Lo primero que disfrutamos es el Museo popular Noruego en donde se encuentra  la Iglesia medieval de madera de Gol, trasladada hasta aquí en 1885 es una autentica joya siendo su visita altamente recomendable, ya no solo por la iglesia sino por el paraje donde este enclavada toda una delicia que para darle más protagonismo la han acompañado con un poblado antiguo de la edad media ambientado con personajes reales que le dan un toque al montaje increíble, nosotros entramos en una de las casas en donde estaban todos comiendo y se estaban poniendo las botas.

Continuamos con el Museo Vikingo flipando con los restos de barcos antiguos, armas y demás utensilios que conservan de esta apasionante cultura. Y tras el, uno de los museos que más me gustaron de Oslo, tal vez por inesperado o por desconocer por completo la historia de la expedición Kon-Tiki. En el museo podemos disfrutar con la reconstrucción de las dos barcas de juncos que usaron a tamaño real, por lo bien que esta ambientado y la magnifica información que te ofrecen para no perderte un detalle. A modo de apunte esta expedición Kon-tiki fue el nombre de la balsa utilizada por el explorador noruego Thor Heyerdahl (1914-2002), en su expedición de 1947 por el océano Pacífico desde Sudamérica hasta la Polinesia.

Y ya metidos en aventuras visitamos otro museo, el Fram Museum en donde se puede visitar tal vez el barco más famoso de toda la historia Noruega, El Fram. Que guardan como una joya dada la importancia de este barco, pieza crucial para la conquista de los polos dada su increíble resistencia. La visita al barco de por si justifica entrar al museo pero disfrutar de la historia de las expediciones a los polos que rodean al barco es toda una delicia que lo hace grande.

Mientras Jaime se empapaba bien de la historia de Amundsen. Samuel y yo nos salimos a la terraza del museo para disfrutar del fiordo y ver como un Noruego con reminiscencias de vikingo de verdad, salía a zarpar con su niño pequeño en un barco diminuto, a vela que manejo el solito sacándolo del embarcadero a remo, espectacular.

Tras la visita al museo regresamos al centro de Oslo donde devoramos una deliciosa hamburguesa para depues con las fuerzas recuperadas tomar primero el metro y después el autobús con el objetivo de disfrutar de la plataforma de salto de esquí de Oslo.

Como anécdota diré que en las paradas te marca el tiempo que tarda en llegar el autobús y que cuando este esta a punto de llegar te lo indica en un correcto castellano no queda “ná”.

Desde ahora cada vez que vea a un saltador de esquí subido en lo más alto de la rampa sentado en la tablita tiene toda mi admiración porque hay que tenerlos cuadraos para saltar por semejante rampa, es increíble la altura desde la que se tiran y la inclinación de la rampita. Otra anécdota de este sitio es que para bajar hay que esperar cola y cuando llego nuestro turno lucia el gracioso cartelito en el monitor de “out Of. order” Fuera de servicio, pero bueno al final funciono, sería humor noruego.

Que para humor es el famoso parque Vigeland toda una pasada, altamente recomendable de ver y disfrutar tranquilamente, claro esto lo dice uno que lo visito con sol y calorcito, Je jeje. La gracia de este parque esta en sus estatuas de niños, hombre y mujeres desnudos, lo más espectacular su monolito.

Con el parque damos por concluida nuestro primer día en Oslo, cansados de tanta cultura y tanto paseo. De vuelta al camping, Jaime y yo nos sentamos detrás de una pareja de jóvenes adolescentes noruegos, bueno no tanto, y pudimos disfrutar de lo que es su cortejo o preliminares públicos de apareamientos y quedamos totalmente defraudados, el solo la acariciaba el pelo y dio como dos conatos de beso antes de un tímido y frío piquito. Le doy la razón a Jaime cuando me dijo que la frase “… cuando un hombre acaricia el pelo de una mujer piensa que la hace mimos, mientras ella piensa, este ya me esta manchando el pelo” y la rubiácea lo tenia de escándalo.

La mañana siguiente amaneció tristona, era nuestro último día Oslo y teníamos que terminar de amortizar el Oslopass, visitamos el Museo Munch que me encanto y quede mucho más enamorado de su obra, para mi Munch ahora será algo más que el grito, No voy a pintar más interiores con hombres leyendo y mujeres tejiendo. Voy a pintar la vida de personas que respiran, sienten, sufren y aman.

Tras Munch una visita al Museo Natural y despuésla GaleríaNacionalpara ver el Grito y ya cansados de tanto arte, pasamos a tirarnos al césped y disfrutar un poco de la escultura real noruega que esta bien rica.

Nuestro último museo del día fue el de la resistencia que es curioso y merece la pena verlo, ya que este enclavado en una especie de fortaleza digan de ver.

Como era la etapa clave del Tour de Francia, Samuel y Jaime no quieren perderse la etapa y nos damos el único lujo del viaje tomándonos un café en una cafetería para ver el transcurso de la carrera en un monitor gigante.

El viaje se termina, tan solo nos queda preparar las mochilas, guardar las bicis en las cajas y donar a nuestros amigos marroquíes las sobras de nuestra escasa despensa y el gas para cocinar.

El despertar es triste, llueve a mares y desayunamos en la zona de los fregaderos, esperamos un buen rato a que escampase y en un ligero chispear recogemos y nos vamos al aeropuerto bajo un diluvio.

Noruega nos despide al igual que nos recibió lloviendo, pero entremedias nos ha regalado días maravillosos.

Entregamos el coche y pasamos como podemos unas cuantas largas horas esperando que saliese nuestro vuelo, justo al embarcar nos enteramos de la noticia más triste de nuestro viaje, el atentado de Oslo y después la posterior matanza. Ninguno nos podíamos que creer que en el paraíso también había manzanas podridas que podían empañar la imagen de un país que de verdad hemos visto como idílico. Ahora cuando han pasado ya unos meses pero el recuerdo lo tengo vivo, lo añoro, y sueño con volver, se que algún día volveré y la lastima es que no será para quedarme. Me quedo con las palabras de René Rebetez Me zambullí como en una gran copa de champaña, en un mar de estrépitos y fragancias. Por eso jamás pude llevar la rutina de un intelectual y mis lecturas nunca tuvieron una disciplina demasiado rigurosa. Escribir y leer tenían que ser placeres. Hay escritores que interponen un escritorio o una biblioteca entre ellos y la vida. Yo tomé el camino del regocijo. Escribir era parte del viaje y yo me estaba asumiendo como viajero.

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Viaje a Noruega Día 12: .. y por fin llegamos a Oslo.

 

Pide que el camino sea largo. Que sean muchas las mañanas de verano en que llegues, ¡con qué placer y alegría! , a puertos antes nunca vistos.

 

Konstantinos Kavafis

 

 

Los buenos días de la mañana están acompañados de una serie de chaparrones que apenas nos da para guardar la tienda entre diluvio y diluvio sin llegar a calarnos.

 

El viaje toca a su fin y ya vemos más cerca el día de regresar a casa, pero aún nos queda llegar a Oslo y verlo, así como los que nos encontremos por el camino y sea digno de visitar que total tenemos tiempo de sobra.

 

El tiempo no nos da mucha trague ya que llueve continuamente pero a medida que vamos hacia Oslo el horizonte nos da la esperanza de cielos despejados. La localidad más emocionante de ver en nuestro descenso hacia Oslo es Lillehammer, la sede de los juegos olímpicos de invierno de 1994 y decidimos dar una vuelta por ella con la suerte de justo en la entrada dar con una tienda de bicis que están precisamente desembalando para la exposición por lo que nos quitamos, bueno me quito un peso de encima cuando conseguimos las tres cajas para poder viajar con nuestras bicis en el avión. Para poder meter las cajas nos toco sacar todo del coche, acomodar las cajas con pliegues precisos y volver a meter todo el equipaje, vamos una obra de ingeniería.

 

Como tenemos un Kiwi al lado aprovechamos para comprar la comida y nos damos el lujo, bueno la verdad es que el precio nos lo permitía comprar salmón para comer.

 

Con todos los deberes del día hechos nos damos una pequeña vuelta por la zona olímpica y nos metemos en el coche para completar nuestro tour en coche por noruega llegando al Ekeberg Oslo city camp donde nos alojamos.

 

Para cuando llegamos a Oslo el tiempo había dado un vuelco y de lluvia pasamos a un precioso sol que nos permite estar en manga corta, comer y disfrutar de una agradable siesta. Tras dormir un poco Samuel y Jaime se bajan a Oslo para dar una vuelta por la ciudad como más le gusta, en bici. Pero esta vez yo me niego a dar una pedalada más y me quedo en el camping leyendo. Pero la tarde es tan buena y el camping esta rodeado de una especie de casa de campo con unos sendas y unos paisajes preciosos con Oslo de fondo que me animo a dar un largo paseo, es una delicia meterte por esos senderos donde reina casi la oscuridad en un país donde la luz no cesa, el mar de fondo brillando y un verde intenso que te llena de vida, tras casi hora y media regreso al camping coincidiendo casi con mis compañeros.

 

Mañana me queda descubrir Oslo, la ciudad de Munch y la sede de los premios nobel de la paz, la verdad es que tengo ganas.


 

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