El Valle de Otal.

Una vez más comprendí hasta qué punto la felicidad terrena está hecha a la medida del hombre. No es un ave rara a la que debemos perseguir un momento en el cielo y al siguiente en nuestra mente. La felicidad es un ave doméstica que se encuentra en el patio de nuestra propia casa.

Nikos Kazantzakis


Cada vez me cuesta más madrugar y estando de vacaciones tendría que ser delito. Me gusta la rutina diaria del camping. Abrir los ojos, ajustar un poco más el saco para sentir todo su calor y a los diez minutos salir corriendo para atender la llamada de la naturaleza.

Me planteo varias rutas pero hay una de la que he oído hablar maravillas pero con poco entusiasmo, como si esta muy bien pero mejor vete a Ordesa que te gustará más y eso para un alma inquieta y curiosa como la mía es invitación para conocer esta zona.

El camino para llegar a San Nicolás de Burjaruelo es una auténtica pasada, se trata de una pista de 7 kilómetros que lo separan del puente de los navarros  bien acondicionada con multitud de cascadas y saltos del río que te dejan maravillado amén del espectáculo que brinda las montañas que se abren mostrándonos su rincones más íntimos.

Un primer camping con pinta de ser para familias se encuentra a mitad de camino, pero el bueno, el Grandioso, el mega cutre para perdidos de la vida como servidor se encuentra al final del camino a orillas del río Ara y bajo un paisaje de ensueño, estoy seguro que al despertar se necesita uno cerciorar que aún no esta dormido.

Aparco el coche, una pareja de ancianos me pasa, su ritmo es frenético, estos en una Marathon me sacan mínimo una hora, menudo paso el de los yayos.

El track que tengo no es muy claro sobre el inicio de la ruta, tres alemanas de infarto que salen del camping me sacan de dudas, a la mierda el track voy a hacer caso a mi padre, en caso de dudas la más tetuda.

Me dejo guiar por esos tres cuerpos forjados por el frío continental, hasta que me dejan atrás, si es que me puede el ansia.  En el giro del camino en el que dejo de ver las bellezas alemanas me encuentro junto a una fuente a la pareja de abuelos refrescándose. Le pido consejo para la ruta, ha andado por toda la zona y se la conoce como su casa. Le digo que tengo que elegir entre le valle de Ordiso y el de Otal, se lo piensa, supongo que para el es como elegir entre dos hijos, pero al final tras una breve reflexión me recomienda Otal.

Al salir me recomienda subir por la pista y no por el GR, le digo que yo soy más de sendero y me responde con un “… ya y seguro que te gustaría llegar a mis 70 y poder seguir andando por estas montañas, ¿verdad? Pues tu mismo pero mírame a mí. Un consejo pista y disfruta de las vistas que los 10 minutos que te ahorras son los que pierdes de esta maravilla y al final serán más años de senderismo.” Me despido de mi maestro Yoda de las montañas y no lo dudo, pista, pista.

Una puerta metálica marca el final de la subida y la entrada al mundo mágico de Otal, tan solo cruzo la puerta doy cuatro pasos y se me escapan dos lágrimas de emoción. El espectáculo que tengo ante mí supera todas mis expectativas, estoy en un lugar maravilloso, por fin puedo vivir uno de esos fondos de pantalla por los que sueñas alguna vez corretear. Montañas, Valle, Río que lo cruza, vacas, nevero y pienso en ella con gran melancolía.

Lo feliz que sería  rodando por esa pista rumbo a la cabaña del fondo del valle, en pocas rutas de senderismo he añorado a mi gordita tanto como en esta.

A un lado del camino hay un nevero con unos 20 cm de nieve, estoy a 1.620 metros de altura y a 14 de Julio con nieve en mi mano, este sitio es impresionante.

Según me voy acercando a la cabaña descubro enormes cascadas que brotan de la montaña para caer sobre el nevero horadado un túnel bajo la nieve.

Coronando una pequeña cima sobre la cabaña descubro una cascada que con furia pega un buen salto, subo hasta su nacimiento para descubrir que el río sale de un nevero inmenso y este a horadado un túnel de más de 2 metros de alto y algo mas de un metro de ancho con un buen grosor de cúpula, no puedo dar crédito a lo que veo.

Veo gente que continua por la senda que yo tenía, el abuelo que me había dicho que podía llegar a Panticosa pero no tengo intención, posteriormente me dijeron que podía haber unido los valles de Otal y Ordiso lo que para mi hubiese sido la gran ruta.

Me doy la vuelta y regreso por donde he subido. En la bajada me encuentro con un matrimonio de franceses, hablan español ya que son descendientes de aragoneses. Me confirman como unir los dos valles pero me piílla muy lejos para dar la vuelta e intentarlo, demasiado lejos y cansado par intentarlo.

Me despido de ellos en la fuente del principio de la ruta, esta vez para retornar al coche me decanto por la senda del otro lado del río. Como es la hora de comer y una pradera de pasto verde parece invitarme a tumbarme en ella no lo dudo.

El río besa la orilla verde, el agua cristalina deja ver el fondo nítido, me descalzo y ando sobre su lecho de piedras, el agua me llega por las rodillas, siento el agua helada que calma mis piernas, siento el beso de la naturaleza en mi alma.

Bajo unas vistas impagables, el calor del sol invita a una siesta reparadora de unos minutos que no dudo en realizar.

Dejo el valle de Burjaruelo con pena,  pero también con alegría ya que dejo pendiente por descubrir lugares maravillosos en este lugar encantador del pirineo, y quien sabe tal vez haga caso a las palabras de Nozawa Setsuko Otoño en las montañas. Tantas estrellas y tantos lejanos antepasados. Gracias vida por días como este.

Vídeo con todas las fotos de la ruta.

Track de la ruta

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Un paseo por Ordesa: Fajas de Racón- Petazals y Los canarellos

La soledad es un consuelo para un alma entristecida, que aborrece a los que la rodean igual que un ciervo herido abandona su rebaño, para refugiarse en una cueva en la que sonará o morirá.

Khalil Gibran


Mientras preparo el desayuno un pajarillo se posa en el respaldo de la silla, en su pico trae un cortapichas que me ofrece a cambio de la napolitana de chocolate que tengo para desayunar, pero no hay trato y emprende el vuelo con su desayuno proteínico en el pico en busca de otro campista.

Para mi primer día de vacaciones en el pirineo he decido subir a Ordesa, mi idea inicial era subir a la faja de las flores pero al ir solo me da miedo pasar la zona de la clavijas, por lo que me decanto por una ruta mas sencilla sin complicaciones. La idea principal de este viaje era subir a Monte perdido pero me informa en el parque que se precisa Crampones y Pilotees que me he dejado en Alcorcón por lo que no puedo subir a su cumbre.

Una vez el autobús me deja en la pradera, tomo dirección hacia el circo de la Carriata para recorrer la faja Racón y la de Canarellos para volver a la pradera por el bosque de las Hayas. La primera sensación que tengo  es la de estar solo en Ordesa y eso es un milagro ya que siempre hay colas para coger los autobuses, en esta ocasión el que me ha subido a mi no lleno ni el 75% de las plazas y eso me gusta.

La entrada al circo de la Carriata es como una invitación a entrar en un mundo mágico en el que los sueños se pueden hacer realidad. La senda asciende  sin llegar a ser asfixiante, andas sobre raíces, pasos espectaculares en los que el verde es el protagonista cubriendo troncos, rocas y tierra, la luz apenas penetra en la senda, un lugar idóneo para encontrar a la ninfa de mis sueños, esa mujer de espíritu libre que le apasione la montaña, descubrir, vivir nuevas sensaciones en busca del contacto puro de la naturaleza, pero en su lugar me encuentro con una pareja de vascos muy simpáticos con los que compartiré a la postre gran parte de la ruta. El Tozal del Mallo se deja ver entre la maleza como diciendo, “este es mi reino “con el circo de la Carriata a su espalda vigilando todo el gallinero.

En un par de giros del sendero  la Faja de Racón se nos ofrece y esta vez en forma llana. Una mini cascada se deja caer sigilosa por la pared de piedra, como queriendo pasar inadvertida, para unos cientos de metros después quedarme con la boca abierta con el alma asomada en ella ante la majestuosidad de la cascada de Cotatuero que desciende bramando furia desde lo alto de su circo y dejando su huella en la pradera de Ordesa en forma de saltos de agua espectaculares.

Como me he separado un poco de mis nuevos compañeros de ruta, decido comer frente a la cascada y escuchar el rumor del agua. No encuentro mejor lugar para reponer fuerzas que este gran espectáculo que me brinda la naturaleza, me siento  feliz.

Un puente nos permite salvar la cascada, la senda nos invita a remontar unos metros la altura perdida para enlazar con la faja Petazals y esta con la de Canaralleos que si la anterior había sido buena, esta simplemente es alucinante. Ordesa me sorprende en cada visita y esta vez ha superado todas mis expectativas, al pensar que por no hacer la faja de las flores recorrería dos fajas sencillas con poco encanto estaba totalmente confundido, Ordesa es pura belleza. El año pasado  volví enamorado  al recorrer la senda de los cazadores con la Faja pelay terminando en el circo de Soaso pero ahora que me ha mostrado algo más de escote y se va dejando meter mano, no descarto acariciar las sendas que me dejen en Monte Perdido, Brecha de Rolan o Taillón.

La faja nos deja en el Bosque de las hayas, bajamos unos metros, repongo fuerzas junto con mis compañeros de ruta en la cascada del Estrecho. Tras la comida tan solo nos quedará una agradable paseo hasta la pradera en donde nos sorprenderá un pequeño zorro que sale corriendo al vernos y una pareja de sarrios que pastan tranquilos aprovechando el silencio de una ruta que suele estar muy transitada.

El autobús nos dejara de nuevo en Torla, ellos a su hotel y yo a mi hogar de Tela a orillas del río Arga, tumbado bajo la luna con el mp3 puesto y escuchando a marea su canción corazón de mimbre

“…Amaneció, la vi irse sonriendo, con lo puesto,
por la puerta del balcón, el pelo al viento
diciéndome adiós, porque decidió que ya
estaba hasta las tetas de poetas de bragueta y revolcón,
de trovadores de contenedor.”

Suena a historia de mi vida, en fin mañana más terapia montañera.

Ver todas las fotos de la ruta.

Track de la ruta

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Viaje a Torla: La puerta de Ordesa

He llegado a un paso de todo. Y aquí me quedo, lejos de todo, un paso.

Antonio Porchia


Una guitarra española suena de fondo, sus acordes se funden con los del río Ara a su paso por el camping al que da nombre.

Por fin me ha tocado tomarme unas semanas de vacaciones, en el momento justo cuando mentalmente y físicamente estaba totalmente agotado. Para disfrutar estas dos semanas tenia grandes planes que el destino y una estado de forma califiquemos de dudoso ha ido modelando a buenos planes.

He decidido huir del calor sofocante de Madrid buscando la paz y el sosiego que el año pasado encontré en Ordesa y tanto anhelo para poner en orden muchas casas de mi cabeza.

Salgo tarde de Madrid para ver si los atascos han llegado a su lugar de trabajo pero mi gozo en un pozo, las obras permanentes de la A-2 me retrasan cerca de 2 horas. Pero estoy de vacaciones y eso me evita estresarme, si además me hubiese tocado la lotería lo viviría con una sonrisa.  Una vez dejo Guadalajara mi Sandero rueda libre y feliz hacía el pirineo Aragonés.

Para mí un viaje comienza cuando lo planificas y termina cuando sacas el último calcetín sucio de la mochila el día que regresas, disfrutando en ese intervalo cada segundo con toda intensidad.

Una vez que dejas la autovía y esta se transforma en carretera, un puerto precioso te interna en otro mundo, en el de las montañas, en el de los sueños de un año que ahora toca vivir despierto. Una vez que comienzas a trepar por sus faldas las carretera se angosta, la penetra la montaña por túneles larguísimos que te sacan a valles de ensueño entrando en el maravilloso mundo de Ordesa.

Sobre las 18:00 llego al camping, monto la tienda sobre un colchón de césped y apenas dejo todo listo me voy a dar una vuelta por los alrededores buscando la información que necesito del parque nacional.

En la recepción del Camping me han dicho que una senda preciosa lo comunica con el pueblo. El sendero es de piedra precioso, las rocas verdosas por el musgo lucen frías, abrazadas por la vegetación que  lo cobija del sol agobiante que pega de lo lindo, bajo laatenta mirada del parque nacional de Ordesa, algo maravilloso para no perderse.

Me doy una vuelta por las calles empinadas del pueblo, se respira un gran ambiente montañero, del bueno, del que ama la montaña y las respeta.

Se ven grandes grupos de jóvenes extranjeros, alemanes, holandeses, Franceses, se nota que en su educación la naturaleza tiene un papel importante y la saben vivir.

Regreso al camping por el sendero mágico a dos luces, ceno tranquilamente y con un forro polar puesto escribo esta crónica. Con la silueta de Ordesa en el horizonte, el cric cric de los grillos y arrullo del río Arga de fondo me invitan a meterme en la tienda y conciliar un sueño reparador. Recuerdo una frase de Henry Ward Beecher El amor es el río de la vida en el mundo y yo amo este rincón del pirineo.

Links con información sobre esta zona:

Parque Nacional Ordesa y Monte perdido.

Mapa IMG para receptores Garming de la zona de Ordesa Gracias a el gps.com

Mapa  calibrado Gracias a Tierra Vertical

Camping río Ara

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Por las sendas del Monte Aguirre y de la Raya

Los espíritus melancólicos reposan al reunirse con otros espíritus afines. Se unen afectuosamente, como un extranjero al ver a un compatriota suyo en tierras lejanas. Los corazones que se unen por la tristeza no serán separados por la gloria de la felicidad.

Khalil Gibran


Me siento muy afortunado de tener los amigos que tengo, ya en ocasiones he hablado de alguno de ellos de manera especial y en esta ocasión le toca a mi amigo Totapillao, Víctor para los amigos.

Estoy seguro que en ocasiones la vida nos saca de la autopista por la que caminamos inexorablemente hacia el peaje final para meternos por carreteras secundarias, es en estas ocasiones cuando te encuentras con personas extraordinarias, con las cuales el tiempo pasa volando, aprendes y disfrutas. Tota es de estas personas que en su mochila carga  mucho mundo, con muchas historias, aventuras y sobretodo sabiduría. Es un vagabundo de la libertad que busca sentirse bien consigo mismo, ser feliz y que te sientas participe de ello. Hace unas semanas ha regresado de un viaje increíble por Marruecos,  teníamos una cita pendiente para contarme su experiencia y para disfrutar de unas bajaditas de las que nos gustan a los dos con mucho flow.

Le voy a buscar a su casa y nos dirigimos hacia la fuente del cura lugar en el que aparcamos, el cielo esta encapotado en la capital y en gran parte del camino pero tenemos la esperanza que algo de luz y calor nos acompañe en el camino. Con las primeras pedaladas y sin apenas haber entrado en calor nos topamos con un escarabajo enorme de pinzas amenazantes, me parece precioso y me da pena que esta en el camino con riesgo de ser pisado. Tota que es todo un experto en el arte de la fotografía le saca unos primero planos de impresión que estoy deseando ver.

Una vez dejamos a nuestro gran escarabajo en lugar seguro reanudamos nuestra subida, Tota sube sobrado, tiene fuerza y resistencia, el viaje le ha dejado en estado de forma ideal para disfrutar de la bici y verme con la lengua fuera sudar la gota gorda por intentar seguir su rueda. Adelantamos a un grupo que se preparan para tirarse por una senda que nos llama mucho la atención, pero estamos cerca ya de la que quiero enseñarle a mi amigo y les dejamos reagrupándose. La pista por la que rodamos nos recuerda mucho a los dos a un del pirineo que nos dejo en un pueblo abandonando precioso, que gran escapada la de aquel finde.

La noche anterior ha tenido que caer una buena tromba de agua ya que el terreno esta delicioso para rodar, pelin pestoso en algún punto pero ideal para nosotros.

La pista deja paso a un sendero espectacular que en un descenso sin mucha inclinación nos hace rodar sobre piedras y raíces, con algunos escalones, pasos complicados y mucha diversión.  En un paso con piedras espectacular yo me bajo y víctor se tira sin pensárselo gritando de la emoción. Estamos en un paraje mágico, espectacular, parece como un gran escenario dispuesto para nosotros, para nuestro disfrute y lo aprovechamos.

Le digo a víctor que este era mi primer regalo de bienvenida, que aún queda otro. Paramos a comer en el puesto de vigilancia de la Hoya de san Blas, mis fuerzas están justas y acuso la ruta del anterior por la bola del Mundo, Tota también salio con un gurú del MTB Tunin, dice que esta pelin cansado pero yo no se lo noto. Unas gotas nos hacen dudar, si tenemos que mojarnos nos mojamos pero si podemos evitarlo no lo dudamos, decidimos abortar lo que queda de ruta y cambiar ese sendero por el que tomo el grupo que pasamos en la subida hacia la Morcuera.

Enlazamos la pista en subida de nuevo, disfrutamos de sus rampas que se dejan hacer y la zona de las “eses” hasta plantarnos de nuevo en el desvío del sendero el cual tomamos bajo la atenta mirada de unas vacas.

La senda la conocía Tota ya que Tunin se la había enseñado en una ocasión, para mi era la primera vez y la disfruto a tope. La bajada es sencillamente maravillosa, sin complicaciones técnicas salvo las piedras en algún tramo pero que se pasan bien. Eso si la bajada es larga y te deja agotado, pero con la adrenalina, los niveles de felicidad y una sonrisa de oreja a oreja que no se nos va a borrar en varios días.

Llegamos a una hora genial al coche para regresar a comer, tras haber disfrutado de una ruta corta pero intensa y haber compartido sobre todo una mañana que hacia mucho tiempo estábamos buscando en la que compartir ruta. Gracias Víctor por ser como eres, esa alma libre que se alimenta de buenos momentos.

Para mi este fin de semana a sido glorioso, disfrutando de unas trialera magníficas, no si al final Ding Ling tendría razón cuando dijo “ Encontramos la felicidad luchando en el medio de una rabiosa tormenta, no tocando el laúd a la luz de la luna, o recitando poesías en medio de la flores.”

P.D.: Cuando volvíamos vimos que un ciclista de carretera había sufrido una caída en la primera curva de Miraflores y lo estaban asistiendo, le deseo una pronta recuperación y que pronto pueda estar disfrutando de su deporte favorito, animo.

Track de la ruta.

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Mi corazón es Patio por las sendas de la Barranca.

El miedo a envejecer nace del reconocimiento de que uno no está viviendo la vida que desea. Es equivalente a la sensación de estar usando mal el presente.

Susan Sontag


He puesto estas palabras encabezando la crónica  porque comienzo a sentirme viejo, y no es que sienta miedo a envejecer, la alternativa a no hacerlo no me atrae para nada, pero creo que si bien es algo que no podemos evitar si esta en nuestra mano hacerlo más o menos rápido.

Tal vez por eso desde hacia un par de semana me rondaban por la cabeza un par de rutas clásicas que me pedía el cuerpo rodar o más bien despedrolar.

Mi compañero para este tipo de rutas descabonizantes es mi viejo amigo Mon, de los pocos del sureños que he conocido que disfruten bajando entre piedras y raíces tanto como yo. Por eso en cuanto le propuse la ruta la cerramos en 5 minutos, para estas cochinadas en bici el siempre dice si.

La barranca presente un aspecto inusual para ser sábado, le falta algo, a si coches. Por lo que aparcamos a nuestras anchas donde queremos. Es la primera vez que salgo a rodar por mi patio de juegos desde que no tengo la casa en Becerril, la echo tanto de menos, seguramente parte de culpa de mi patético estado de forma la tenga el que ya no ruede tanto por montaña y si por pista. Rodamos tranquilamente de charla hasta el Ortiz en donde un guía le explica a su grupo que se van a encontrar en el recorrido, esto cada vez se parece más a un parque de atracciones. La senda Ortiz es una maravilla dentro de la sierra de Guadarrama, personalmente creo que es mucho más divertida de subida que de bajada. A medida que vas ascendiendo se va quitando ropa dejándonos ver los encantos que guarda bajo su blusa de pinos. Una vez ruedas por su cintura, desnuda de vegetación arbórea, puedes contemplar entre jadeos por el esfuerzo realizado en sus últimos pasos técnicos por mantener vivo el orgullo de haber coronado sin poner un píe al suelo, como la meseta Madrileña se rinde a tus píes. El esfuerzo de subir hasta la explanada donde esta enterrado el antiguo hospital de Walpurgis esta recompensado con una bajada increíble que el Foromtb siempre han llamado Bambi y que con las nuevas trazadas es mucho más humana y disfrutona. Es mi primera trialera de la temporada y aún me falta valor para afrontar su final, me siento como el león en busca del reino de Oz.

Dejamos la Barranca para adentrarnos en terrenos más endureros, mientras cruzamos la valla vemos como dos bikers se lanzan a por la trialera del miedo, el último va con protecciones y el primero a pelo, bueno no, con una cestita del decatlón y una pata de cabra, quien dijo miedo.

Subimos el calvario dejándonos el alma por no ser cabezones y no poner un pie a tierra en los momentos más complicados y duros de la ascensión. Para esta salida me he comprado unos pantalones de Enduro, pero me están grandes y voy enseñando la hucha en la subida.

Conseguimos coronar, sin despeinarse Mon, hay que ver lo bien que le sienta a uno encontrarse a gusto en el trabajo y casi en coma otro, vamos el que escribe. Tras un breve descanso nos penemos pie al pedal e intento subirme la rampa de las escaleras, y como no podía ser de otra forma gatillazo en la segunda pedalada, pero en mi defensa diré que esta vez fue más por falta de fe en conseguirlo que por escasez de fuerzas, bueno dejémoslo hay.

La subida a la bola es un tormento, en las primeras rampas Mon se escapa, quiere hacer un buen tiempo de subida, a mí con coronar vivo me vale. Mientras mi compañero lucha con la pendiente endiablada a mi me toca también luchar con mi pantalón, parezco el niño del Domún pidiendo  caridad en bici. Al final consigo coronar toda la subida a 10 minutos de mi compañero y repito mi  juramento de siempre “… no vuelvo a subir a la bola en bici” y ya van unas cuantas desde la primera vez.

Dejamos la bola y nos lanzamos hacia las cabrillas con más pena que gloría por una senda con unas piedras como melones. Al final de la bajada nos encontramos con viejos amigos que se disponen a dar buena cuenta de la misma bajada que vamos a disfrutar Mon y yo. Quiero destacar que hizo mucho ilusión encontrarme con Medinense, un grande en esto del MTB, yo quiero ser de mayor como el.

Les dejamos un poco de espacio para que no se sientan presionados y tras ellos nos tiramos nosotros, no hay color, ellos bajan más rápido pero nosotros con más arte, con ese huy permanente en los labios de los senderistas que a modo de banda sonora vamos dejando tras nosotros.

Describir la bajada de la senda de la variante de la tubería es algo complicado ya que se trata de pura emoción, de un sinfín de sensaciones que se apelotonan mientras buscas mantener la verticalidad y la trazada a la vez que disfrutas del paisaje a modo de flash. Llegar a la pista y ver la sonrisa en la cara de tu compañero no tiene precio.

Le regalo a Mon otra mini bajada divertida y rápida la de la senda de Mingo y nos lanzamos a disfrutar de la senda alakan, me da vergüenza escribirla.

Esta senda es algo maravilloso, sublime que no pude disfrutar a tope ya que cumpliendo la tradición de las últimas rutas al pasar un arroyo pinché y a la salida en pleno esfuerzo de subida y pedaleando sobre la llanta me fui al suelo sin consecuencias.

Mientras completamos los últimos senderos comienza a llover, el tiempo nos da tregua para cargar las bicis en el coches y dejar atrás el patio de mi recreo y me viene a la memoria uno de los grandes poemas de Marcos Ana

La tierra no es redonda:
es un patio cuadrado
donde los hombres giran
bajo un cielo de estaño…

Track de la ruta

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