El otoño llega tarde en Alabama. Incluso en Halloween, se pueden guardar las sillas del porche sin necesidad de abrigarse mucho. Los crepúsculos son largos, pero la oscuridad llega de repente: el cielo cambia de un naranja opaco a un azul oscuro en cuestión de segundos, y, al irse con la luz el último rayo de calor del día, empieza a refrescar. El otoño era su estación favorita.
“Ve y pon un centinela” (2015) – Harper Lee.

Me gusta el frío, como te acaricia a primera hora de la mañana, para mi es la sensación mas potente que puedes sentir de estar vivo, de encogerte como para abrazar tu calor interior. Me gusta combatirlo con el calor de una calefacción o de un manta abrigada. Pero lo que mas me gusta es como se abre paso del verano, como tiñe la vida en ocre desde el amanecer, como los rayos de sol calientan tímidos, como con vergüenza.
Me gusta rodar a primera hora con los primero rayos de sol, parece que el frio tiende a ralentizar la vida, el tiempo es mas lento por un lado y más rápido por otro al tener menos horas de luz. He quedado con Dani para hacer una ruta de 131 kilómetros por la zona de las vegas de Madrid. Me gusta esta zona. 
Dicen que es la Toscana de España, salvando las diferencias, lo cierto es que un autentico paraíso para el gravel con multitud de variantes y pistas para perderse, rodar y disfrutar de una paisaje cambiante, radical y variopinto que no dejara de sorprenderte. La ruta según esta diseñada te hace entrar en calor según comienzas y drena tus fuerzas desde el comienzo, es como en una corrida de toros cuando el picador mide la bravura del animal para dosificar sus fuerzas. En ciclismo el picador son las subidas y las vegas sin ser largas, son duras, muy duras como la de las Vallequillas.
Pero como todo tiene su recompensa y bajo un cielo azul, tras una bajada divertida ruedas por una pista de lujo, podíamos decir que premium. Entre campos de olivos y vigilados por la cementara de Morata de Tajuña, tomamos la vía verde del Tajuña. Una vía remodelada que luce una aspecto juvenil como nunca antes la había visto y que es una gozada rodar.
Dejamos atrás el Tajuña para ascender por la vía verde de los 40 días que comparte protagonismo y recorrido con el camino de Uclés. Subida entretenida que por vía verde entre campos de cultivo nos dejará en Estremera. La zona que toca recorrer con los túneles y las trincheras ferroviarias es para mi la zona más bonita de la ruta, cuando piensas que todo esto se construyo en 40 días aproximadamente para abastecer de víveres y suministros a Madrid durante la guerra civil.

De las vías verdes pasamos a rodar por cañadas y caminos naturales. Pistas de sube y baja, de tramos infinitos de arena blanca, de colinas con cuevas que te vigilan desde la altura. De cultivos de regadío que moján al pasar. La ruta te acerca a canales de riego, a fabricas de cemento, al paso del Tajo por Madrid y su preciosa zona de meandros.
Rodamos por pistas perfectas, pistas decentes, caminos de sirga y una zona del GR-113 algo agreste pero tremendamente divertida, que nos dejará en Villamanrique de Tajo en donde comimos comprando viandas en Charcutería Jarabo, una pequeña tienda de pueblo que nos trataron de auténtico lujo. A estas altura de la ruta los tres dígitos asuman en el contador de kilómetros. La ruta nos da una gran tregua pero de vez en cuando muestra que puede ser cruel con algunas subidas exigentes.
Llegando a Titulcia el otoño da un toque de color espectacular en su arboleda y a la salida por el puente sobre el río Jarama su atardecer es un espectáculo sobre unas aguas que son un espejo para el cielo. El sol empieza a dar signos de cansancio, vuelva a tomar su tono anaranjado del atardecer, se despide del día como nosotros nos despedimos de una ruta espectacular si te gusta rodar largas distancias y disfrutar de caminos. Ya nos lo dejó escrito Paulo Coelho en “ El peregrino de Compostela” El camino es el que nos enseña la mejor forma de llegar y nos enriquece mientras lo estamos cruzando.




