No hay motivos para buscar complicaciones. Si oyes un galope, buscas caballos, no cebras.
«El camino difícil» (2006), Lee Child

Desde hace algunos años esta ruta me rondaba la cabeza, pero la dureza de algunas ediciones siempre me había tirado para atrás. Esta es una ruta que desde el principio te pone el listón muy alto, por las expectativas la “Strade Bianche” de Madrid y la propia zona que me encanta, la hacían un objeto de deseo para rodar.
La suerte es que en esta edición de 2025 su recorrido se adaptaba mas a mi condición física y mental, podía realizarla y quería rodarla. Por suerte se unió a mi Alejandro y junto Partimos de San Martín de la Vega para rodar las sendas blancas Madrileñas.
Salimos del polideportivo de San Martín de la Vega en busca el Jarama por pistas que invitan a rodar rápido, tal vez por la sugestión de pensar que vas a rodar por un escenario mítico ciclista italiano te hace ver o sentir algunos tramos como si rodases por Italia, o lo que las películas me han idealizado como tal. Para mi pasar por el tramo del canal de Jarama me llevo a sentir esa sensación. Un breve tramo por carretera nos llevara a cruzar el río por el puente Bayona, para una vez en la otra orilla ya en Titulcia ir en busca de la senda Galiana hacia Aranjuez, a la que no llegaremos ya que dejaremos la pista de tierra blanca para tomar otra mas mundanal y en subida hacia Villaconejos, población reconocida por sus excelentes melones. Cuenta la leyenda que fue un soldado a su vuelta de África quien trajo las primeras semillas, fue a finales del siglo XIX cuando empezaron a sembrarse en las fincas del municipio.
Salimos por carretera y tras unos pocos kilómetros saldremos por el camino de Mira El Río, Este tramo se encuentra algo roto, pero no se rueda mal y resulta divertido a pesar de su pendiente y tener que ir tirando algo de técnica buscando la mejor trazada. Como siempre la recompensa en forma de paisaje al llegar a lo alto. Rodamos hasta Chinchón donde no podemos dejar de visitar su famosa plaza y continuamos por una larga recta hasta Colmenar de Oreja y de hay un por una pista muy divertida entre viñedos hasta Belmonte de Tajo, en donde tras dejarnos un poco de nuestras fuerzas en la subida alcanzamos al comarcal M316, una de esas carreteras de ensueño para los ciclistas que apenas tiene tráfico y parece dibujada entre los campos de cultivo.
Villarejo de Salvanés nos recibe en fiestas, sin olor a galleta pero con el Mercadona abierto para degustar los dos últimos serranitos que había en la estantería. Tras comer, dejamos el pueblo por otra de esas carreteras maravillosas y tranquilas de la zona, con olor a orujo y ante nosotros y largo descenso comedido hasta encontrarnos con el río Tajuña y la vía verde de la Jara, pero no sin antes disfrutar de las vistas del Valle con Tielmes de fondo.
Rodamos por la vía verde de la jara, la cual la están adecentando y dejando realmente bien hasta la altura de Perales de Tajuña que continuamos por las sendas blancas junto al río, un recorrido que no conocía y se ha convertido en opción preferida en lugar del aburrido tramo de la vía verde hacia Morata de Tajuña. Salir de Morata de Tajuña se hace duro,
muy duro. Primero la calle del calvario hasta alcanzar las tres cruces y después los dos kilómetros con pendientes del 8% y del 10% con ya ochenta kilómetros en las piernas, pican un poco. Pero la penitencia de esta subida tiene una ligero descanso mientras pones rumbo a la cementera para después si, en una bajada muy divertida volver a reencontrarte con el parque regional del Sureste y la zona de las Valequillas ya de nuevo en las orillas del Jarama. El track nos invita a descubrir nuevos caminos para entrar en San Martín pero estamos llenos de kilómetros, de emociones y de buen gravel, a la par que vacías las piernas ya sin fuerzas para afrontar nuevos retos, por lo que concluimos los últimos cuatro kilómetros por carretera.
León Tolstói escribió en “Guerra y paz “ … para ser feliz es necesario creer en la felicidad. Para mi es disfrutar de la bici y en rutas como esta.



