
Hubo una época donde el sufrimiento y el tesón por lograr la meta eran recompensados, pero con el tiempo surgió un ciclista o más bien un pequeño grupo de ciclistas que tenía como objetivo no llegar entre los primeros, participaban en el Giro de Italia para poder llegar los últimos para poder lucir con mucho orgullo lo que en su momento se llamó el maillot negro o la maglia nera. ¿Pero por qué un ciclista aspiraría a llegar el último?, la respuesta es simple, para poder ganar algo de dinero. Quédate y te cuento esta historia.
El color negro de la maglia es por un homenaje a Giuseppe Ticozzelli, unos de estos personajes curiosos que se hacen un hueco en la historia y que en este canal somos muy aficionados.
Giuseppe era un jugador de fútbol que jugaba en el Casale, equipo cuya equipación, curiosamente es negra. Nuestro personaje además de futbolista, era un apisonado del ciclismo y se plantó en la salida del Giro de Italia de 1926 (competición aún muy lejos de ser profesional) como ciclista independiente.
Se cuenta que Ticozzelli solía parar a almorzar y rara vez llegaba con menos de media hora de diferencia respecto a los últimos clasificados. Esto, si llegaba. Disputó cuatro etapas de la ronda italiana, en una de ellas consiguió estar fugado por delante del pelotón, tal y como cuenta Pastonesi. Una gesta que le valió el reconocimiento del público a su sacrificio.
Tanto fue así, que la dirección del Giro de Italia en 1946, impresionada por las andanzas de Ticozzelli, decidió honrar su figura con un nuevo premio. En honor a aquel futbolista del Casale, llevaría cada etapa un maillot de color negro, además de una cuantiosa suma de dinero para quien llegase a la última etapa en Milán con laMaglia Nera.
Para contar esta historia nos tenemos que ir a la Italia de 1946, es el año de renacimiento para toda Italia que salía destruida de una guerra.1946 fue, el año del primer Giro de Italia de la posguerra, una vuelta a Italia que atravesó la península por unas carreteras destruidas en condiciones a menudo difíciles.
El ciclismo era el deporte más seguido, no el fútbol. Demostró de una manera muy física, pero también muy popular, la voluntad italiana de recuperarse tras la destrucción de la guerra.
Las cosas volvieron a la normalidad en ese Giro, participaron muchos campeones, pero hubo dos que enardecieron a las multitudes en ese momento Gino Bartali por un lado y Fausto Coppi por el otro.
Pero en aquel Giro de Italia entre los 80 ciclistas que tomaron la salida con todas las dificultades había campeones que aspiraban a la victoria final, pero también había muchos que estaban allí para traer algo de pan a casa. Uno de ellos se llamaba Luigi Malabrocca, nuestro gran protagonista de esta historia.
Luigi no era profesional, había ganado más de 140 carreras entre aficionados. No estaba al nivel de Coppini o de Bartali, pero aun así era un ciclista que podía dar que hablar en el Giro. Bueno, si no podías aspirar a ganar la clasificación final y llevarte el dinero a casa, podías intentar ganar algunas clasificaciones intermedias como finales de etapa de montaña, ya que estos finales tenían premios. A veces en metálico y otras veces en especie cono una botella de aceite, alimentos, zapatos. En definitiva, premios que de alguna manera podrían ayudar a sacar adelante a la familia en estos momentos tan difíciles.
Malabrocca que aspiraba a estos pequeños resultados, en una etapa había parado y
pinchado siendo adelantado por todos los demás ciclistas y al reemprender la marcha no había podido alcanzarlos, por esta avería se había encontrado acabando el último.
Pero el destino le tenía guardada una sorpresa, en aquella edición de 1946, el último en llegar no solo recibía un maillot especial llamado maillot negro, que se entregaba a los que en la clasificación general eran últimos y por supuesto también al final recibía premios tanto metálicos, como premios simbólicos, pero que en definitiva era lo que estaba buscando.
Cuando Malabrocca se enteró de que al llegar último había conseguido llevarse a casa más de lo que había recaudado en las primeras etapas, encontró su posición en la carrera, decidió luchar por este puesto.
Así que al día siguiente lo experimentó y trató de quedarse atrás, cuando los demás aceleraban, él reducía la velocidad, cuando el grupo parecía reducir la velocidad él se detenía completamente fingiendo un pinchazo Y dado que las carreteras estaban en mal estado los pinchazos estaban a la orden del día porque obviamente no había cámaras continuamente siguiendo a los ciclistas y así no costaba nada. La tarde siguiente consiguió llegar el último y confirmar su maillot negro.
Malabrocca había encontrado su lugar en la carrera y como él mismo dijo Si no era capaz de arrebatar el papel de líder de la carrera a Coppi, con quien era amigo, o a Gino Bartali, podía hacerse otro hueco y sin ninguna vergüenza dejo a un lado sus expectativas y sus objetivos, incluido, por supuesto, el de llegar entre los primeros para llevar a casa algo de dinero y comida, lo que en 1946 representaba sin duda una buena inversión.
Cuentan que durante el Giro de 1946 Malabrocca, último clasificado, fue el sexto hombre que más dinero ganó en premios.
Pronto los comentaristas se dieron cuenta de que estaba llegando demasiado atrás para sus posiciones clásicas y se dieron cuenta de que lo hacía a propósito, hasta el punto que en los noticiarios de la época empezaron a aparecer imágenes de él siendo increpado por sus compañeros y le empujaban hacia delante para que reiniciara la marcha.
En 1948, Malabrocca no fue invitado al Giro y no pudo ganar su premio. Ese año la maglia nera la ganó un auténtico héroe, Aldo Bini, un toscano que sufrió una caída tremenda durante las primeras etapas y se empeñó en acabar como fuera. Con una mano rota, ascendió los puertos de los Alpes a pie, empujando la bicicleta. Bini llegaba a la meta cuando el ganador de la etapa ya se comía los postres. En ocasiones, solo lo esperaban cuatro periodistas, impresionados por su tesón.
En la edición de 1949 poco antes del Giro de Italia comenzará, un equipo se encontró sin un corredor que había caído enfermo en el último minuto y decidió llamar a un no profesional llamado Sante Carolo.
Era un constructor de profesión, un ciclista de pasión. En una llamada de última hora, se le pidió que reemplazara a Fiorenzo Magni, que había sufrido una infección estomacal y no podía competir. Sin embargo, coincidencias del destino, Carolo se dio cuenta de que no podía competir con los otros ciclistas y en su lugar centró su atención en ganar la
prestigiosa Maglia Nera, había surgido un rival para Malabrocca y un duelo por la lucha en los maillots tanto por la Maglia Rosa en la cabeza del pelotón, como en la cola del mismo.
Se empezaron a contar anécdotas increíbles, como que en un momento dado había sido invitado por unas personas a parar a comer y él, evidentemente, se había detenido para perder tiempo, o que incluso una vez había salido delante de todos y para que nadie le viera, en un momento dado había encontrado un seto trepando por él, en otra ocasión decidió esconderse en el tanque de agua de un granjero, cuando se le preguntó sobre lo que estaba haciendo, Malabrocca respondió «montando el giro», el granjero, asombrado, comentó ¿en mi tanque de agua?. Malabrocca pronto se convirtió en un personaje, su nombre aparecía a menudo en los periódicos y llegó un momento en que la gente le seguía, esperando su llegada en la línea de meta. Podéis pensar que es algo sencillo llegar el último, pero no es así. Tenía que calcular cuando llegaba del primero a meta y entrar el último, pero dentro del tiempo límite que da la organización y precisamente este puesto fue lo que termino con la participación de Malabrocca en el Giro.
Con el Giro sentenciado a favor de Coppi, todo el mundo seguía el duelo por la Maglia nera, como el escritor Dino Buzzatti, que cubrió esa edición del Giro como periodista dijo. “El último se convierte un poco en la bandera de todos los desheredados e infelices de esta tierra. En el último clasificado encuentra una especie de hermano”.
En la penúltima etapa se disputó una contrarreloj. Buzzatti siguió atentamente esa contrarreloj sin sentido, pues los corredores no se podían esconder y se limitaban a ir lo más lento posible. “El rubio Carollo, absolutamente tranquilo, mira hacia atrás por si vía a Malabrocca, que ha salido cuatro minutos después. Aunque Carollo se bajara de la bicicleta y caminará, no lo atraparían”, escribía un Buzzatti sorprendido por ese espectáculo grotesco.
En la última etapa Carollo era el último con un colchón de dos horas y para asombro de muchos, Malabrocca comenzó el último día rápidamente. Reclamó un premio en efectivo por ser el primero en uno de los cuatro pasos cronometrados, después de lo cual literalmente desapareció. La carrera continuó, Malabrocca todavía no se veía por ningún lado. Se había desviado a un bar, donde le invitaron a comer y beber. Un aldeano local se ofreció a mostrarle su equipo de pesca, No lo he comentado Malabrocca era de profesión pescador y como no tenía prisa se presto a ver la colección.
El Giro de 1949 sería ganado por Fausto Coppi en la parte de cabeza, Bartali en segundo lugar. Y por Sante Carolo en la cola del pelotón y no por Malabrocca, quien reclamo su codiciada Maglia Nera.
Malabrocca cruzo la meta dos horas y veinte minutos después de Carollo, pero los jueces, cansados, ya se habían ido, asignándole el mismo tiempo que al pelotón. En consecuencia, Malabrocca acabó a ocho horas del ganador, su amigo Coppi. Y Carollo, último, a diez horas. Esa fue su última experiencia en el ciclismo de élite. Luigi Malabrocca dejaría el ciclismo de carretera después del giro de 1949. Y por méritos propios, se convertiría en un campeón mundial de ciclocross, dos veces.
En 1950 la maglia nera la ganó Mario Gestri, todo un currante del pelotón conocido como il carro-botte del Giro, ya que se pasaba las etapas duras arriba y abajo, transportando
bidones a Fiorenzi Magni. Gestri ganó porque acababa las etapas destrozado, sin picaresca alguna. Aunque fue más justo, vivir un Giro sin duelos de pícaros dejó un vacío entre el público, así que la organización subió el premio por quedar último en 1951.
En 1951 cuando ganó Pinarello, alias Nane. Pinarello supo perder tiempo y logró dar la vuelta de honor al lado de Magni, sin saber entonces que se trataba de la última maglia nera. Con el dinero ganado, le permitió crear una fábrica de bicicletas, pero eso ya es otra historia.
En 1952, la presión de muchos ciclistas, cansados de fantochadas y que los últimos ganasen mucho más dinero, propició el fin de la maglia nera. Curiosamente, en esa edición participo por última vez Malabrocca. Fuera de forma y sin la motivación de ganar la maglia nera, se retiró en las primeras etapas.
Si te gusta el contenido de mi blog te animo que te suscribas al canal y al blog ya que me apoyas a seguir creando contenido 😉.


