Los ancianos de antes eran menos desdichados y estaban menos aislados que los de hoy: aunque, al permanecer en la tierra, hubieran perdido a sus amigos, poca cosa más había cambiado a su alrededor; eran ajenos a la juventud, pero no a la sociedad. Ahora, un rezagado en este mundo no sólo ha visto morir a los hombres, sino que ha visto morir las ideas: principios, costumbres, gustos, placeres, penas, sentimientos, nada se parece ya a lo que él conoció. Es de una raza diferente de la especie humana en medio de la cual acaba sus días.
François René De Chateaubriand

En noviembre del año pasado Jorge y yo rodamos aventuras por solitario.El apostó ir de Madrid hasta Zaragoza por El camino Real de Aragón, que hemos bautizado como el camino Olvidado, yo aposté por la vía verde de los Ojos Negros en gravel abandonando por avería. Aprovechando los tres dias festivos por san Isidro. Jorge me propuso rodar por el tramo central del camino que es el tramo más espectacular de la ruta. Esta es mi historia contada en tres episodios.
El Camino Real de Aragón, unía Madrid con Zaragoza, era un «camino de rueda» (o para carruajes), discurra desde Madrid hasta Alcolea del Pinar, para continuar por Anguita, Luzón, Maxanchón, Barbacil, Anchuela, Concha, Tartanedo, Tortuera y Embid; y, ya en Aragón, por Used, Balconchán (Venta del Puerto); Daroca y Cariñena, en su itinerario hacia Zaragoza. Distancia entre Madrid y la capital de Aragón que, de no mediar paradas para descanso u otros compromisos de estancia, así como nevadas o graves contratiempos meteorológico, podía cubrirse en siete u ocho jornadas. Era el camino principal en los siglos XVI-XVIII.
También se utilizaba el del valle del Jalón (por Calatayud), aunque éste, hasta 1828, era «camino de herradura»; por tanto, de menor relevancia.
Nuestro tren sale de Chamartin a las 9:15. Curiosamente usamos el mismo medio de transporte que terminó con el uso de la ruta que queremos recorrer. La estación engulle por sus accesos a las plataformas cientos de viajeros madrileños en la diáspora de San Isidro. La ciudad no es para mi versión festivo. Anuncian vendaval, lo que nos obligó a cambiar el sentido de la ruta para luchar lo menos posible contra el viento. Llegamos Calatayud a eso de las 12:20. Parada en el Mercadona para cargar agua y la comida de bocadillo del día.
Tras él avituallamiento comenzamos el viaje por una definida pero no mantenida vía verde Santander – Mediterraneo, otra de esas vías verdes que nacen para morir en el olvido una vez se agotan las subvenciones, toda una lástima.
Esta zona es una encrucijada de caminos, donde se cruza el camino del Cid, el camino de la Vera cruz y la vía verde por donde rodamos.
El camino a tramos está más acondicionado cuando han decido aunar pista lateral y vía. En uno de los tramos de los más malos de esta etapa el balasto a un hace acto de presencia siendo incomodo de rodar, por primera vez desde que montó la alforja de horquilla, está sale volando, la verdad, estaba mal puesta, culpa mía.
Comemos en Morata de Jiloca junto a un mural bonito pero poco agraciado en lo que a dibujar caballos y personas se refiere. La vía verde nos guarda una grata sorpresa. La pista en un giro ante un puente pasado Montón Villafeliche y Murero , torna a regalo regalo en forma de senda pegada al río con vistas y pasos que nos hacen disfrutar a tope el recorrido, da igual el sentido. Si podéis hacedlo, que seguro lo disfrutáis a tope.
Con el buen sabor de boca por el sendero, las piernas algo cansadas ya, adelantamos tarea pendientes y entramos en Daroca por el túnel de la mina. 
La Mina de Daroca es una de las obras públicas más importantes del siglo XVI en toda Europa. Se trata de un largo túnel de 600 metros de longitud, 6 de anchura y entre 7 y 8 de altura que atraviesa el cerro denominado de San Jorge.
La calle Mayor de Daroca coincide con el fondo de un barranco, por lo que las avenidas torrenciales de agua, discurrían por el centro de la ciudad, siguiendo el trazado de la calle y ocasionando gravísimos daños.
Con asiduidad, el concejo tenia que enviar a varios hombres a recoger las puertas de la Puerta Baja, una de las dos principales de Daroca, porque se las había llevado las riada, arrastrándolas casi hasta el río Jiloca, que fluye a más de un kilómetro de la ciudad.
Ya en Daroca y alojados, una ducha y paseo por el pueblo que aún nos quedan dos días de pedaleo y muchos kilómetros por disfrutar.
Mario Quintana escribió,No había huellas de pasos en el día en que por acaso lo descubrí: piedras y malezas iban cubriendo todo. El camino agonizaba, moría solito…Yo vi…¡Porque son los pasos los que hacen los caminos!. Los caminos solo mueren o se olvidan cuando dejamos de recorrerlos. Bien por necesidad, por ocio o por vivir la experiencia en los tiempos modernos de la bicicleta, los seguiremos manteniendo vivos para las próximas generaciones.
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