El zumo de cereza amarga (Tart Cherry): El recuperador de moda.

Posiblemente hayas visto en los finales de etapa a los ciclistas tomar una bebida de color rojo oscuro o violeta, justo al cruzar la linea de meta. Si te preguntas que contiene esa botella, la respuesta es sencilla, zumo de cereza amarga.

El jugo de cereza ácida o amarga, comúnmente llamado «Tart Cherry» o cereza Montmorency (por la variedad específica que se usa en los concentrados), se ha vuelto cada vez más popular en el ámbito deportivo debido a sus efectos positivos sobre el rendimiento físico. No es raro ver a ciclistas en grandes competiciones bebiendo ese “líquido rojo” al finalizar una etapa.

Si buscas una forma natural de optimizar tu recuperación, mejorar tu calidad de sueño y reducir el dolor muscular tras entrenamientos intensos, el zumo de cereza amarga es el suplemento ideal para ti. «Tart cherry», es el término en inglés para la cereza ácida, es diferente de las cerezas dulces que solemos consumir frescas. Con un sabor más agrio, las cerezas ácidas se usan comúnmente en la cocina para preparar tartas, mermeladas, zumos y otros productos.

El zumo de cereza ácida ha ganado atención en los últimos años debido a sus posibles beneficios para la salud, ya que es rico en propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. También tiene compuestos beneficiosos que mejoran la salud, como polifenoles, vitamina C, vitamina A, potasio y fibra.

14 estudios publicados en 2021 encontraron que el zumo de cereza amarga tiene un efecto significativo en la reducción del dolor muscular y la pérdida de fuerza en comparación con un placebo. Esto sugiere que consumir productos que contienen cereza ácida, como Zumo, puede ayudar en el proceso de recuperación después del ejercicio intenso, restaurando la función muscular más rápidamente. 

En 2022 otro estudio demostró que el jugo de cereza ácida reduce significativamente la concentración plasmática de proteína C reactiva, uno de los mediadores inflamatorios en el cuerpo. 

Los estudios sugieren que consumir alrededor de 200 a 480 mililitros de jugo de cereza ácida por día y beber aproximadamente una o dos horas antes del entrenamiento o después del entrenamiento puede ayudar a mejorar naturalmente la recuperación muscular y el rendimiento.

Ten encuentra este consejo importante, no todos los Zumos de cereza ácida son iguales algunos pueden tener azúcares añadidos o aditivos artificiales que pueden restarle beneficios así que cuando elijas probar zumo de cereza asegúrate de elegir uno que sea zumo 100% puro sin azúcares añadidos extra ni aditivos añadidos.

Principales beneficios del zumo de cereza en recuperación

A partir de los estudios revisados, estos son los efectos más relevantes:

Reducción de la pérdida de fuerza post‑ejercicio

    • Consumir zumo de cereza antes y después de ejercicios que dañan músculos (por ejemplo, ejercicios excéntricos) ayuda a que la pérdida de fuerza (por ejemplo, en contracciones voluntarias máximas) sea menor que en quienes no lo usan. 

Disminución del daño oxidativo

    • Marcas como proteína carbonilada (protein carbonyls), radicales, etc., muestran menores incrementos tras ejercicio cuando se consume zumo de cereza. Esto indica que hay menor “estrés oxidativo”.

Disminución de inflamación sistémica

    • Algunas medidas como la proteína C reactiva (CRP) se reducen (o su aumento tras ejercicio es menor) con la suplementación con zumo de cereza. Esto se ve especialmente en ejercicios de resistencia / largos. 

Menos dolor y molestias musculares (“soreness”)

    • Varios estudios muestran que quienes toman zumo de cereza sienten menos dolor muscular varias horas/días después del ejercicio intenso.

Mejor recuperación funcional

    • No solo menos dolor, sino que los músculos funcionan mejor: mejor rendimiento en saltos, contracciones máximas, etc., tras un periodo de recuperación más corto. 

Relación dosis‑tiempo importante (“precovery”)

    • Un hallazgo clave es que comenzar a tomar zumo de cereza varios días antes del esfuerzo físico (generalmente 3‑7 días) produce mejores resultados que empezar justo el día del ejercicio o después.
    • Continuar durante los días posteriores también es lo habitual según se indica en los estudios. 

 

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Viaje a la Alcarria Salvaje en Bikepacking.

La Alcarria es un hermoso país al que a la gente no le da la gana ir.

Viaje a la Alcarria. Camilo José Cela.

No es un secreto mi pasión por la alcarria, por el bikepacking y algo menos conocido por Camilo Jose Cela. Uno de estos autores que son capaces de llevarte a su mundo a lo que viven con la maestría de su narración. Eso me paso a mi con “Viaje a la Alcarria” uno de mis libros de cabecera. 

Jorge quiere recorrer de norte a sur España recorriendo la ruta del Santander-Mediterraneo,   y le propuse testar el equipo en un finde semana loco de vivac por Guadalajara. Nuestra primera opción era el alto Tajo, uno de esos rincones olvidados y maravillosos que podemos disfrutar en la infravalorada Guadalajara. Pero problemas con los refugios nos hicieron cambiar de opinión y optamos dibujar nuestra aventura por la Alcarria Salvaje.

Salimos de Trillo disfrutando de sus saltos de agua, muy cuidados y espectaculares. Estamos poco tiempo, es tarde y dejamos la localidad que alberga la central Nuclear pagando su peaje en forma de duras subidas. Nuestro primer objetivo ver las Tetas de Viana.  El recorrido transcurre por una pista rota en tramos pero que se deja rodar. Es dura, hace calor y poco a poco las Tetas de Viana se van dejando ver en el horizonte. Don Camilo dijo en su viaje «Las dos Tetas son casi exactamente iguales vistas desde el norte, quizás la de poniente sea algo más alta. Tienen forma de cucurucho cortado antes de la punta y terminan, cada una, en una mesa de bordes rocosos y cortados a pico que deben ser difíciles de escalar”. Una vez que llegamos al desvío para acceder a ellas, comenzaremos la bajada hacia Viana de Mondejar. Encontramos una fuente repleta de renacuajos, reponemos agua y continuamos nuestro descenso hacia la Puerta que nos regala uno de esos paisajes alcarreños típico que te cautivan el corazón. Paredes de roca rojiza con tonos blancos rodeados de un verde intenso a la orilla de un río. Para mis son recuerdos de infancia.

Dejamos atrás el pueblo de La Puerta y la pista se vuelve una gincana, unos surcos tremendos por las rodadas de un tractor hacen que la pista sea casi intransitable, el surco es lo suficientemente ancho para rodar, pero toca bajarse para ir sorteando las zarzas que de vez en cuando invaden la trazada. Poco a poco va mejorando el camino hasta dar con una pista que a su vez se va difuminando en senda. Valoramos el ir hacia la carretera ya que vemos que subir el cerro hacia Cereceda va a ser un hike a bike de los buenos. Por suerte mi instinto de explorador me lleva a seguir un leve senda que termina dando en un puente, todo un regalo, que nos deja en la carretera para subir a Cereceda, algo que ya aviso no sale gratis y las pendiente, sumado al calor asfixiante nos deja exhaustos.

En el pueblo nos tomamos un descanso, reponemos agua y comemos de la comida que portamos ya que no hay un bar donde tomarse algo frío con un buen bocata lomo queso que es lo que nos apetecía. Tras reponer un poco las fuerzas ya maltrechas, seguimos subiendo. Ahora si estemos a las puertas de la Alcarria salvaje, un into de wild a toda regla. Nos adentramos en el Monte de la Peña de la Loba, un pinar fabuloso, solitario. Puedes sentir esa conexión con la naturaleza, con el silencio del bosque, su aroma y esta vez si un Hike a bike de los buenos ya que no es una pista para gravel, es una ruta de MTB. 

El descenso a Pareja es rápido pero con mucha precaución ya que la pista esta muy bacheada y suelta. En Pareja asaltamos una tienda de comestibles y cae una coca-cola helada, el calor es infernal. Nuestro Track sortea la carretera por los montes, pero las piernas ya no dan para más y optamos ir hacia el Azud de Pareja y tomar la carretera que nos dejará en Sacedón.

Aquí compramos la cena y reponemos agua, subiendo hacia el dique del embalse de Entrepeñas, disfrutamos de una vistas y el comienzo de un atardecer fabuloso.

Cruzamos el dique y vamos hacia el lugar de vivac que ya teníamos visto. Un pequeño remanso de paz sacado del mismo paraíso con acceso a su playa privada, uno de esos Spot que si fuera un camping de pago, serian de los caros. La noche transcurre tranquila y me despierto a tiempo para disfruta de un amanecer increíble con baño incluido, son uno de esos regalos de la vida que hay que disfrutar.

La ruta continua ascendiendo hacia Alocén, el pueblo del ganchillo, en donde reponemos agua en su fuente y como no, desayunamos nuestro café con tostadas. Una vez desayunados y las vistas desde la altura del impresionante Embalse de Entrepeñas, cruzamos el viaducto y ponemos rumbo a Trillo por una pista dura, con buenas pendientes pero en perfecto estado con una vistas del Tajo inolvidables. Un final de etapa con vistas escénicas que te dejaran un recuerdo increíble de la Alcarria.

Llegamos a la hora de comer a Trillo, fin de semana disfrutado a tope y con la sensación de haber vivido una gran aventura en al naturaleza. Como dejo plasmando en Viaje a la Alcarria Camilo José Cela ,«El viajero va lleno de buenos propósitos: piensa rascar el corazón del hombre del camino, mirar el amia de los caminantes asomándose a su mirada como al brocal de un pozo. Tiene buena memoria y quiere deshacerse de la mala intención, como de un lastre, al dejar la ciudad. De dentro de su pecho salen en voz alta, rodando sobre las baldosas de la acera, los versos de don Antonio —el hombre de cuerpo más sucio y alma más limpia que, según alguien dijo ya, jamás existió.»

Track de la ruta.

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Una cerveza que surgió del ciclismo, la Radler.

En toda la documentación referente a la Radler que he leído, todo el mundo parece coincidir con su origien. Aunque la escritora bávara Lena Christ ya mencionaba esta bebida en un libro de memorias en el año 1912, la teoría más aceptada del nacimiento de la cerveza Radler surgió fruto de la casualidad y, a veces, como es en este caso de la necesidad de una pausa en una ruta en bici.

Al concluir la Primera Guerra Mundial, Alemania vivía un periodo de crisis económica, transformaciones sociales y nuevas dinámicas urbanas. La bicicleta se convirtió en un medio de transporte esencial: barato, accesible y confiable. Fue en este contexto cuando se construyó uno de los primeros carriles bici de larga distancia en Europa, el trazado que unía Múnich con Deisenhofen, al sur de la ciudad.

Durante la década de 1920, Múnich, como muchas ciudades alemanas, experimentaba un fuerte crecimiento demográfico y urbanístico. La expansión hacia las localidades periféricas exigía nuevas soluciones de movilidad. Los tranvías conectaban algunos barrios, pero eran insuficientes y caros para los trabajadores. La bicicleta, en cambio, se consolidaba como el vehículo de masas.

Las autoridades bávaras comprendieron que, para garantizar seguridad y fluidez, era necesario separar a los ciclistas del creciente tráfico motorizado en las principales arterias. Así nació la idea de habilitar un camino exclusivo para bicicletas, uno de los primeros de su tipo en Europa.

Un sábado de junio de 1922, un club de ciclistas frenaron sus bicicletas y pararon a tomar su ganado avituallamiento en Kugler Alm, la taberna que Franz Xaver Kugler, un trabajador del ferrocarril reconvertido a tabernero, había levantado en Deisenhofen, por el que pasaba curiosamente este carril bici. Este idílico lugar de Baviera lleno de frondosos bosques estaba situado a una veintena de kilómetros al sur de la capital bávara, Munich. Su fantástico paisaje lo había convertido en un destino idóneo para los excursionistas que buscaban relax, aire puro lejos de la ciudad y una buena cerveza.

Hasta su taberna, aquella tarde de junio, se acercaron multitud de ciclistas demandando cerveza para saciar su sed e hidratarse después del ejercicio. Todo iba de maravilla hasta que el señor Kugler se percató de que su reserva de cerveza comenzaba a disminuir, en proporción inversamente proporcional a la llegada de ciclistas sedientos.

Así las cosas, el hostelero bávaro se puso manos a la obra y comenzó a mezclar cerveza con limonada para no dejar a ningún cliente sin refrigerio. Las jarras que se sirvieron aquel día contenían una mezcla formada por un 50% de cerveza y un 50% de limonada, una bebida de la que sí tenía alto stock ya que la clientela, habituada a la cerveza, le daba poca salida. De esta manera nació lo que Kluger llamó Radlermass. Radler, que deriva de la palabra , te la pongo aquí que yo soy incapaz de decir esto “fahrradfahrer” (utilizada en el alemán coloquial para referirse a los ciclistas) y Mass, que es el vocablo referido a las jarras de cristal de un litro, muy típicas en Baviera. De este modo, todos los clientes quedarían satisfechos pudiendo consumir una cerveza que antes jamás habían probado, habían nacido las Radler.

La popularidad de la Radlermass de Krugler corrió como la pólvora y, en poco tiempo, no hubo ‘una sola taberna de Munich que  no contase con ella. Con el tiempo, esta exitosa combinación ha cruzado fronteras y podemos degustarla con normalidad y frecuencia.

7 curiosidades sobre la cerveza Radler

1. En la zona norte de Alemania, esta cerveza se conoce como Alsterwasser, que significa ‘agua del Alster’, el pequeño río afluente del Elba que atraviesa Hamburgo. Mientras que en Baviera la Radler se suele asociar con el ciclismo al aire libre, incluyendo motivos de ciclismo en sus etiquetas, la Alsterwasser suele evocar imágenes del mar y los deportes de navegación como la vela.

2. No es lo mismo que las Shandy. Aunque actualmente en muchos sitios también se conoce así a estas cervezas con limón, lo cierto es que en sus orígenes una Shandy era una mezcla de cerveza y cerveza de jengibre. Su procedencia es británica y se le atribuía su invención al mismísimo Enrique VIII (octavo). En los últimos años la Shandy también se mezcla con otros refrescos.

3. La cerveza Radler no llegó oficialmente a España hasta 2013, hasta entonces lo más habitual era que la gente pidiera una clara -o clara con limón porque esta mezcla también se hacía con gaseosa-, una ‘pica’ en el País Vasco, una ‘lejía’ concretamente en Guipúzcoa y ‘champú’ en Cataluña.

4. Por norma general, la composición de las Radler es de 60% de cerveza y 40% de zumo de limón.

5. En un principio la combinación siempre se realizaba con la variedad de cerveza  lager, pero actualmente también se emplean otras variedades de cerveza, e incluso sin alcohol, pero siempre indicando en el nombre esta variación específica.

6. El BJCP – Beer Judge Certification Program las incluye en el estilo Fruit Beer especificando que no hay que identificar la variedad de cerveza si se trata de un estilo clásico, pero siempre hay que indicar la fruta empleada.

7. La Craft Radler limón de Arriaca se diferencia de las propuestas existentes en el mercado por la calidad de sus componentes, cerveza artesana y limonada con zumo de limón natural, que aportan al producto final una amalgama de matices maltosos, lupulados y cítricos – en especial naranja, mandarina y sobre todo limón- tanto en sabor como en aroma, muy alejados de la artificialidad habitual en las versiones industriales de este producto.

Pronto la Radler se extendió por el mundo y la podemos encontrar llamada con diferentes nombres:

Refajo en Colombia y se obtiene de la mezcla de cerveza con gaseosa. En Uruguay la costumbre es una mezcla de cerveza (70%) y gaseosa (30%) y se le suele llamar “cerveza cortada”.

En Suiza, en Italia y en Francia se llama Panaché, término francés que significa mezcla. En Suiza se puede pedir agria, con agua mineral en lugar de limonada.

Se pueden pedir dulces con limonada, ácidas con agua mineral, y las también conocidas como Soda-Radler. A veces la cerveza también se mezcla con cola y se llama Diesel. Si, yo la he visto servir en un pub de Alemania.

En España no apareció la Shandy hasta los años 80 (pero en versión cerveza con refresco de limón), siendo en los últimos años cuando ha tomado ventaja la Radler, esta vez sí, elaborada exclusivamente con cerveza y zumo de limón natural. Pongamos dos grandes ejemplos: San Miguel Especial Radler y La Sagra Radler.

La diferencia entre Radler y Shandy se centra en que esta última es una mezcla de cerveza con aromas de limón, con muy baja graduación en alcohol (menos del 1%). La shandy se aproxima más a un refresco que a una cerveza.

Así, en cada sorbo de Radler no solo encontramos el frescor del limón y el carácter de la cerveza, sino también el espíritu de aquellos ciclistas bávaros que, sin saberlo, pedaleaban hacia la creación de una leyenda.

Y tú, ¿eres de clara, radler o prefieres la cerveza pura? Déjalo en los comentarios.

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La Historia del Buje Chris King: Innovación, Pasión y el Sonido Inconfundible del Ciclismo.

Chris King no es solo una marca, es un ícono, y su buje es más que un componente; es un testimonio de la pasión y el arte del ciclismo. Cada vez que suena el característico «zumbido», sabemos que estamos ante una pieza de pura perfección. 

En los años 70, cuando el mundo del ciclismo estaba experimentando una revolución técnica, un joven llamado Chris King comenzó a preguntarse cómo podría mejorar una de las partes más cruciales de una bicicleta: el buje. En una época donde los componentes de gama alta eran limitados y, a menudo, carentes de la precisión y durabilidad que los ciclistas demandaban, Chris King decidió que era hora de crear algo nuevo, algo único. Y así, en 1976, nació Chris King Precision Components.

Los Primeros Pasos: La Búsqueda de la Perfección

Chris King no era un fabricante de componentes cualquiera. Su enfoque no solo se basaba en hacer piezas funcionales, sino también en transformar la experiencia de conducción misma. Para él, cada componente debía ser sinónimo de durabilidad, precisión y un rendimiento incomparable. El buje, en particular, sería el centro de su atención.

A lo largo de los años, los bujes habían evolucionado poco. Muchos seguían siendo ruidosos, imprecisos y de corta vida útil. Chris King vio en esto una oportunidad para marcar la diferencia, creando bujes que no solo destacaran por su rendimiento técnico, sino también por su estética y su «personalidad sonora».

La Magia del Sonido: El Buje que zumba.

Si hay algo que distingue a los bujes Chris King, es su característico “sonido de “zumbido”. Esta tonalidad inconfundible no es casualidad, sino resultado de años de innovación y experimentación. El diseño del buje, con su sistema de trinquete, permite que las ruedas giren con mayor eficiencia, pero también genera un ruido distintivo que, para muchos ciclistas, se convierte en una especie de «firma sonora» de su bicicleta.

El sonido de un buje Chris King es más que un simple ruido: es una declaración de calidad y precisión. En el mundo del ciclismo, este sonido se ha convertido en un símbolo de excelencia. Es como si la propia bicicleta te estuviera diciendo que ha sido montada con lo mejor de lo mejor.

La historia del sonido comienza con el “sistema de trinquete” patentado por Chris King. Este sistema permite que el buje transfiera la potencia de manera eficiente, sin pérdidas de energía, a la vez que genera un sonido que no pasa desapercibido. Y, lo que muchos no saben, es que este sonido ha sido cuidadosamente afinado para ser el más armonioso posible, logrando ese equilibrio perfecto entre eficacia y un ruido que no es molesto, sino más bien satisfactorio para el oído.

El Secreto Detrás del Sonido.

El famoso «zumbido» de los bujes Chris King no es solo un subproducto del diseño, sino una parte integral de su ingeniería. El sistema de trinquetes funciona gracias a pequeñas palas de acero que se ajustan con extrema precisión. Cuando pedaleas, estas palas se enganchan y desencajan con un «clic» perfectamente afinado, generando ese sonido que tanto caracteriza a los productos de la marca.

Este sonido también es una forma de confirmar al ciclista que el buje está funcionando perfectamente. Para los puristas del ciclismo, es como escuchar el latido de un motor de precisión. Y es que, al final, todo está diseñado para que el buje Chris King ofrezca un rendimiento duradero y sin compromisos. Los materiales de alta calidad, como el aluminio anodizado y las aleaciones resistentes, permiten que cada componente del buje resista las exigencias del ciclismo de alto rendimiento.

Pero sabias que en sus orígenes este buje tenia que ser silencioso. En una entrevista Chris King comento que el buje trasero comenzó con un embrague de rodillos, y los embragues de rodillos son silenciosos, así que me gusta mucho la idea de algo que fuera realmente silencioso, y eso es lo que buscábamos. El problema era que los embragues de rodillos, tal y como eran, tenían un defecto inherente que les llevo varios años descubrir como arreglarlo y pasaba por que tuviese un rebote sonoro.

Chris tenía una idea del trinquete para el buje en su cabeza desde que estaba en el instituto y pensó que ahora era el momento de probarla y se le ocurrió añadir otra pieza, una pequeña espiral.  Así que pensó: «Bueno, voy a juntar esas dos ideas y ver si ahora podemos hacer que el trinquete cree un sistema de acoplamiento para el buje que fuera a funcionara bien. Lo bueno era que era tan positivo y relativamente fácil de fabricar que se podía hacer con materiales muy ligeros, por lo que el peso del del buje se redujo drásticamente y la fuerza del acoplamiento, aumentó diez veces la cantidad de par que se puede aplicar. Pero aún quería que fuese silencios, así que los bujes originales venían con aceite, lo cual no era suficiente, así que empezaron con un proyecto de engrase para en última instancia, controlar la acústica con un poco de grasa y llegar a la mitad del proyecto, consiguieron que la grasa funcionara desde el punto de vista de la lubricidad y luego al tratar de lograr las propiedades acústicas para que volviera a ser silencioso. Los ingenieros le dijeron «¿Qué? No, no, nos gusta ese ruido, lo queríamos así», y Chris pensó: «¿Me estáis tomando el pelo? ¿Estáis bien?, y decidieron dejarlo con el zumbido que hoy en día es una de los sellos distintivos de la marca.

La Filosofía de la Durabilidad y la Personalización

Desde sus inicios, Chris King se destacó por su enfoque en la **durabilidad**. A diferencia de otros bujes en el mercado, los bujes Chris King están diseñados para durar toda la vida de una bicicleta, o incluso más. La marca se enorgullece de ofrecer productos que no solo son reparables, sino también personalizables.

Con el paso de los años, Chris King ha logrado que sus bujes sean altamente cotizados no solo por su fiabilidad, sino también por las infinitas opciones de personalización que ofrece. Los ciclistas pueden elegir entre una variedad de colores y acabados, haciendo que cada bicicleta sea única y, al mismo tiempo, un reflejo del estilo personal de su dueño.

La Cultura y las Anécdotas: Un Sonido que Conecta

Las historias de los bujes Chris King van más allá del simple hecho de ser un componente técnico. Para muchos ciclistas, la experiencia de montar una bicicleta con un buje de esta marca es como ser parte de un club exclusivo.

En una anécdota famosa, un ciclista profesional, tras años de usar otros componentes, decidió cambiar a Chris King. La primera vez que montó su bicicleta y escuchó el zumbido característico del buje, no pudo evitar sonreír. Para él, ese sonido era una señal de que había encontrado el compañero perfecto para sus entrenamientos más exigentes. En la cultura del ciclismo, el sonido de un buje Chris King es tan importante como el propio rendimiento: es un símbolo de perfección y dedicación al detalle.

Hoy en día, los bujes Chris King siguen siendo una referencia en el mundo del ciclismo. Aunque la marca ha evolucionado y diversificado su línea de productos, el buje sigue siendo el componente insignia que define la filosofía de la empresa: calidad, durabilidad, precisión y, por supuesto, el sonido que une a ciclistas de todo el mundo.

El famoso zumbido no solo es un recordatorio de la ingeniería impecable detrás de cada buje, sino también de una historia de pasión, dedicación y amor por el ciclismo. Y como todo gran mito en el mundo del deporte, el sonido de un Chris King sigue siendo una leyenda viva, que pasa de generación en generación, como un símbolo de lo que significa realmente ser parte de la élite ciclista.

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Fisura del cuadro Megamo Jakar.

En la filosofía de vida japonesa, hay un concepto denominado wabi-sabi. Es la comprensión de que nada dura para siempre, de que todo llega a su fin. La verdad es que pensé que mi bicicleta duraría algo más de tiempo, que rodaríamos juntos más kilómetros. Pero la vida de su cuadro ha tocado a su fin y se ha fisurado.

Os quiero contar cómo llegué a mi bicicleta modelo Megamo Jakar, como mi bicicleta preferida. Yo comencé en el gravel hace muchos años, cuando se decía que era una moda pasajera. Pero a mí me enganchó terriblemente. Mi evolución ciclista comenzó en el MTB rígido con una bicicleta de MTB modelo GT Avalanche con la que recorrí media España, parte de Europa y que tiene sus buenos caminos de Santiago recorridos. De Hay pasé a las dobles, a mi 9.2 de Decatlón, una bici que me llevó a recorrer las mejores sendas permitidas por aquellos años locos de mi iniciación al ciclismo de montaña. Descubrí el flow, fluir por las sendas, sentir y leer el terreno. Las rutas por Aínsa, los intentos de completar el Soplao, que siempre se me ha resistido, más por falta de cabeza que de piernas. Una caída gorda en Denia me llevó a dejar el MTB, no volví a encontrar el flow y me pasé al ciclismo de carretera. Disfruté muchísimo subiendo puertos míticos, tanto de España como de Francia. Pero cuando vienes del MTB y has sentido el flow, tarde o temprano lo quieres; es una droga que no tiene un mono inmediato, te deja tu tiempo, pero te termina llamando.

Un día vi una buena oferta de una bicicleta gravel, el modelo GT Grade, y me la compré en UK; descubrí el bikepacking y volví a sentir ese flow que había perdido tras el accidente.

Volvía a disfrutar rodando por sendas reviradas, en bajadas sin piedras, pero con su emoción en las trazadas. Con los kilómetros de montaña, me di cuenta de que esa bici le faltaba un punto de disfrute para llegar al flow.

Un día, estando en el trastero de mi edificio, un vecino entró con su Megamo Jakar y me enamoré de su bicicleta. Fue un amor a primera vista, un cuadro moderno, ruedas anchas que te permitían sacar más jugo a los senderos y las pistas.  En plena pandemia, donde apenas había bicis y las de segunda mano se vendían en modo express, me decidí a vender la GT Grade y me compré la Megamo Jakar, creo en la misma semana.

Quería el color azul Bianchi, pero era imposible, todo agotado; tan solo la encontré en color negro, online y en Murcia. Me llegó con un pequeño golpe de transporte, pero no había más; era ella o nada. Los dos tenemos taras, podía vivir con ello y hasta la fecha actual, el resto está todo documentado en el canal de YouTube, desde su primera ruta hasta la última.

Vamos con la fisura.

En la última ruta que realicé con ella, la extraordinaria vuelta al Pardo, al subir a casa y ver el reflejo del cuadro en el cristal del ascensor, me di cuenta primero de un agujero en el cuadro y, al fijarme más, vi que se estaba fisurando hacia los lados, siendo una de esas fisuras muy evidente.

El cuadro de mi bicicleta, una Megamo Jakar, en su parte inferior, cerca del eje del pedalier, tiene dos salidas de cables, ya que estos van por el interior del cuadro. Al romperse el puente interior entre las aperturas, el cuadro comenzó a rajarse hacia el exterior. Había muerto.

Escribí a mi Ciclos Currá, donde compré la bici, y me indicaron que tenía que llevarla a un distribuidor Megamo, en donde ellos mandarían las fotos a la fábrica y se encargarían de tramitar la garantía, cobrando tan solo la mano de obra; según Ciclos Currá, al pasar los tres años, se cobra el montaje y desmontaje.

Contacté con Escapa en Madrid y, tras dejarles la bicicleta, me tramitaron la garantía. Megamo aceptó enviar un cuadro nuevo y me indicaron que el único que tenían en stock era el verde claro; lo acepté y, al volver de vacaciones, ya lo tenían listo.

Cuando vendes una bicicleta o decides cambiarla, es porque hemos llegado a un punto en el que buscamos algo más que nuestra compañera no puede darnos. Es un adiós menos doloroso que cuando la separación es por una rotura. Con el cuadro se van muchos kilómetros de risas, de felicidad y de sufrimiento. Toca empezar de nuevo y esperemos que esta vez por algo más de tiempo.

A mi vieja Jakar negra, antes de llevarla al taller, salimos para darla su última salida, su último video. Como dijo Federico Moccia en su libro “Esta noche dime que me quieres”: La miraba como vencido, buscando en ella alguna esperanza, un atisbo, la posibilidad de seguir viviendo su amor…

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